(IV. La agricultura de los “kuslares”—V. Establecimientos
grandes y pequeños—Ingresos de los Gustares)
El censo por familia de los kustares patronos y pequeños patronos contiene interesantes datos acerca de la agricultura de los mismos. He aquí esos datos, reunidos en el Estudio por subgrupos:
Corresponden a cada familia Porcentaje de familias Desiatinas Sin ca- Sin Subgrupos sembradas Caballos Vacas ballos vacas 1. Productores de mercancías 7,1 2,1 [390•* 2,2* 7,4 5 2. Artesanos ............. 6,2 1,9 2 I 9,0 6 3. Trabajan para mayoristas 4,5 1,4 1,3 16,0 13 6,3 1,8 2,0 9,5p Así, pues, cuanto más acomodados son los kustares como industriales, más ricos son como agricultores. Cuanto más débil es el papel que desempeñan en la producción, más se reduce su importancia como agricultores. Por lo tanto, los datos del censo de kustares confirman plenamente la opinión expresada ya en la literatura, de que la diferenciación de los kustares en la industria es paralela a su diferenciación como agricultores. (A. Volguin, Fundamentación del populismo, etc., págs. 211 y siguientes.) Como 391 los obreros asalariados de los kustares se encuentran a un nivel más bajo (o no más alto) que los kustares que trabajan para los mayoristas, tenemos derecho a deducir que entre ellos es mavor aun el número de agricultores arruinados. Como hemos indicado va, el censo por familias no se ocupa de los obreros asalariados. En todo raso, inclusive los datos aportados muestran con elocuencia cuan divertida es la afirmación del Estudio, de que “la propiedad comunal de la tierra garantiza por igual la independencia del trabajo industrial tanto al patrono de la empresa kustar como a su obrero asalariado".
p La falta de datos detallados acerca de la agricultura de quienes trabajan solos, así como de los peaueños y grandes patronos, se deia sentir con fuerza especial en los datos eme examinamos. Para llenar esa laguna, aunaue sólo sea en parte, debemos recurrir a los datos relativos a distintas industrias; a veces encontramos datos cobre el número de obreros agrícolas que emplean los propietarios [391•* . pero en el Ef.tudio no hay un resumen general sobre el particular.
p Los curtidores agricultores, por ejemplo, tienen 131 haciendas. Emplean 124 obreros agrícolas asalariados, tienen 16.9 desintinas de sembrados por familia, 4,6 caballos v 4.1 vacas fnág. 71). Los obreros asalariados (73 aue trabajan todo el año y 51 temporarios) reciben un salario de 2.492 rublos, es decir, 20,1 rublos por persona en tanto aue el salario medio de un obrero de la industria del cuero es de 52 rublos. Por lo tanto aauí, vemos también un fenómeno romún a todos los países capitalistas: una situación peor de los obreros en la agricultura que en la industria. Los “ kustares" curtidores son, evidentemente, el tipo más puro de burguesía campesina, y la famosa “unión de la industria con la agricultura”, tan alabada por los populistas, consiste en que los acomodados propietarios de los establecimientos comerciales e industriales trasladan el capital del comercio y la industria a la agricultura, pagando a sus braceros salarios increíblemente bajos [391•** .
392p Veamos el caso de los kustares fabricantes de aceite. Hay entre ellos 173 agricultores. Por cada hacienda corresponden 10,1 desiatinas de sembrados, 3,5 caballos y 3,3 vacas. No hay haciendas sin vacas y sin caballos. Tienen noventa y ocho obreros agrícolas (que trabajan todo el año y temporarios), con un salario total de 3.438 rublos, es decir, 35,1 rublos por persona. “Las tortas de orujo obtenidas como residuos de la producción de aceite son el mejor forraje para el ganado, gracias a lo cual es posible abonar con estiércol los campos en mayor escala. En esta forma, la hacienda recibe un triple beneficio de la industria: los ingresos que proporciona la propia industria, los que reporta el ganado y mejores cosechas en los campos" (pág. 164). “Su agricultura [la de los fabricantes de aceite] adquiere grandes proporciones, y muchos de ellos no se limitan a los nadiel asignados por persona, sino que, además, arriendan tierras de las haciendas menos acomodadas" (pág. 168). Los datos relativos a la difusión por distritos de las siembras de lino v cáñamo muestran “cierta ligazón entre la extensión de los sembrados de lino y cáñamo, y la difusión de la industria del aceite en los distritos de la provincia" (pág. 170).
p Por consiguiente, las empresas comerciales e industriales se dedican en este caso a los llamados cultivos industriales, cuyo desarrollo caracteriza siempre el progreso de la agricultura comercial y capitalista.
p Veamos el caso de los molineros propietarios. La mayoría de ellos son agricultores: 385 sobre 421. Por cada hacienda corresponden 11 desiatinas de sembrados, 3 caballos v 3,5 vacas. Tienen 307 obreros agrícolas con un salario total de 6.211 rublos. A semejanza de la fabricación de aceite, “la molienda es, para los dueños de los molinos un instrumento que les permite vender en el mercado de los productos de su propia hacienda en la forma más ventajosa para ellos" (pág. 178).
p Creo que estos ejemplos son suficientes para demostrar que es absurdo querer designar con la denominación de "kustar agricultor" una realidad homogénea, idéntica a sí misma. Todos los agricultores mencionados pertenecen a la pequeña burguesía 393 rural, y agruparlos con el resto del campesinado, incluidas las haciendas arruinadas, significa ocultar los rasgos más característicos de la realidad.
p Al final de su descripción de la industria aceitera, los autores del Estudio intentan refutar la “doctrina capitalista”, que ve en la diferenciación de los campesinos una consecuencia de la evolución del capitalismo. Esta tesis se basaría en “la afirmación completamente arbitraria, según la cual dicha diferenciación es un índice evidente de los tiempos más recientes y constituye un claro síntoma del rápido desarrollo del régimen capitalista de jacto en los medios campesinos, a pesar de existir de jure el sistema de posesión comunal de la tierra" (pág. 176). Los autores objetan que la comunidad jamás ha excluido ni excluye las diferencias de fortuna, pero “no las afianza, no crea clases”; “en el trascurso del tiempo, estas diferenciaciones transitorias no se agravaron, sino que, por el contrario, fueron atenuándose gradualmente" (pág. 177). Como es lógico, semejante afirmación, para corroborar la cual se citan los arteles (de ellos hablaremos más adelante, en el § VII), las particiones familiares (sicl) y los nuevos repartos de tierra (!), sólo pueden provocar una sonrisa. Calificar de “arbitraria” la tesis según la cual la diferenciación se desarrolla y se acentúa en el seno del campesinado, es querer ignorar el hecho archiconocido de que gran número de campesinos se quedan sin caballos y abandonan la tierra, al mismo tiempo que se registra “un progreso técnico en la agricultura" (véase Las tendencias progresistas en la explotación agrícola, del señor V. V.), que la entrega de los nadiel y el hipotecamiento de los mismos se hace más frecuente a medida que se elevan los arriendos, que la cantidad de empresas comerciales e industriales aumenta paralelamente con el de los asalariados migratorios que son los trabajadores temporarios, etc., etc.
p El censo de kustares por familia debía haber proporcionado abundantes datos aceroa de un aspecto en extremo interesante: la relación existente entre los ingresos y salarios de los kustares agricultores y los ingresos de los kustares no agricultores. Los cuadros estadísticos contienen todos los datos de este tipo, pero en el Estudio, no se hace un resumen de ellos, y nosotros mismos hemos tenido que hacerlo tomando las informaciones contenidas en el libro. Ese resumen se basa, en primer lugar, en los datos del Estudio acerca de algunas industrias. Sólo hemos tenido que agru- 394 par los correspondientes a las distintas industrias. Mas en el cuadro estadístico, el resumen no incluye todas las industrias. A veces comprobamos errores o erratas, resultado natural de la falta de totales comprobados. El resumen se basó, en segundo lugar, en la selección de las cifras contenidas en la descripción de algunas industrias. En tercer lugar, por falta de una y otra fuente, nos vimos obligados a recurrir directamente a los cuadros estadísticos (por ejemplo, en lo que se refiere a la última industria “ extracción de minerales”). No es difícil comprender que esta disparidad de materiales! de nuestro resumen no podía dar otro resultado que errores e inexactitudes. Consideramos que, aunque los totales generales de nuestro resumen) no podían coincidir con los del cuadro, sin embargo, las deducciones que se sacan pueden servir plenamente al objetivo propuesto, pues las magnitudes y proporciones medias (las únicas que utilizamos para nuestras conclusiones) sufrirían modificaciones en extremo insignificantes al efectuarse cualquier rectificación. Por ejemplo, según el balance de los cuadros que figuran en el Estudio, el ingreso global por obrero asciende a 134,80 rublos, en tanto que en nuestro resumen es de 133,30 rublos. El ingreso neto por obrero familiar es de 69 y 68 rublos, respectivamente, y el de cada obrero asalariado, de 48,7 y 48,6 rublos.
_p Veamos los resultados de ese resumen, que determinan el monto de los ingresos globales, de los ingresos netos y de los salarios de los obreros asalariados, divididos en grupos y subgrupos.
p He aquí los resultados principales de este cuadro: [Véase en la pág. 395. Ed.]
_p 1) La población industrial no agrícola tiene una participación incomparablemente mayor en las industrias (en proporción a su número) que la población agrícola. Por el número de obreros, los no agricultores son menos de la mitad que los agricultores. Por la producción global constituyen casi la mitad y proporcionan 1.276.772 rublos sobre un total de 2.655.007, es decir, el 48,1 por ciento. En cuanto a los ingresos de la producción, o sea, a los ingresos netos de los propietarios más los salarios de los obreros asalariados, los no agricultores predominan inclusive sobre los agricultores, arrojando 647.666 rublos sobre 1.260.335, es decir, el 51,4 por ciento. Resulta, por consiguiente, que a pesar de encontrarse en minoría por su número, los kustares industriales no agricultores no ceden a los agricultores en cuanto al volumen de la 395 396 producción. Este hecho tiene extraordinaria importancia para juzgar la doctrina populista tradicional que ve en la agricultura el “ principal pilar" de la llamada industria kustar.
p De este hecho se desprenden, por supuesto, otras conclusiones:
p 2) La producción global de los no agricultores (ingresos globales) por obrero es considerablemente mayor que entre los agricultores: 192,20 rublos contra 103,8, es decir, poco menos del doble. Como veremos más adelante, el período de trabajo de los no agricultores es más largo que el de los agricultores, pero esta diferencia no es tan grande, ni mucho menos, de modo que es imposible poner en duda la mayor productividad del trabajo de los no agricultores. Esta diferencia es menos sensible en el tercer subgrupo, entre los kustares que trabajan para los mayoristas, cosa completamente natural.
p 3) El ingreso neto de los grandes y pequeños patronos no agricultores es más de dos veces superior al de los agricultores: 113 rublos contra 47,1 (casi 21/2 veces). Esta diferencia se observa en todos los subgrupos, pero es mayor en el primero, entre los kustares que trabajan para la venta libre. De por sí se entiende que esta diferencia puede ser^explícada menos todavía por la duración distinta de los períodos de trabajo. No puede caber la menor duda de que se debe a que los vínculos con la tierra hacen descender el ingreso de los kustares industriales: el mercado influye sobre el ingreso que los kustares perciben de la agricultura, y los agricultores se ven obligados a conformarse con salarios más bajos. A esto hay que agregar, probablemente, que entre los agricultores son mayores las pérdidas en la venta, mayores los g-istos que origina la compra de materiales y mayor su dependencia respecto de los comerciantes. En todo caso, es un hecho que los vínculos con la tierra hacen descender los ingresos del kustar. No tenemos por qué extendernos en mostrar la enorme importancia de este hecho, que explica la verdadera significación del “poder de la tierra" en la sociedad actual. Basta recordar que los bajos salarios contribuyen fuertemente a perpetuar los métodos de producción primitivos y la servidumbre, retardando el empleo de las máquinas y Rebajando el nivel de vida de los obreros [396•* .
397p 4) Entre los no agricultores el sonrio de los obreros es en todas nortes roas elevado oue entre los agricnltorps: PTO esta difpronria est’í leios de ser tan marcada romo en los ingresos de los patronos. En general, en los tres snbpnirtos. el obrero asalariado pana 43 n’blos ron el patrono agrimltor v 57.8 fon el no agricultor, es de^ir, un t°roio irás. Esfa difWpT-í^ mtt>flf> H<-b°rcp. pn erran mpdirla (r>?ro. además, no por comnlato^ a la diferencia de tr-1 ibaios <MQcnt°dos en rada período. No podemos inzpar si d^^0^^P°nde o no de los vínculos ron la tierra, nnes no tenemos datos sobre los o^r^ros asolanados de los arrricpltorps y de los n" -rrnVnltores. A’l«rnás de la influencia del período de trábalo, el riv^l d’ffT?nte r’e las necesidades desempeña tnmbién, por cierto, un papel.
p 5”) La diferpncia. entre el ingreso de los patronos v la remuneraHón de los obreros asalariados es incomr)ir^blsm°nte mavor entre los no agricultores ane entre los agricultores: en los tres subgrüpos. los ingresos del patrono, entre los no agrimltores, pon casi <^l rloble de los salarios del obrero asalariado (113 rublos contra 57.80), mientras que entre los agricultores, los ingresos del narro"o son superiores en una suma insignificante: \4,1 nMon M7.1 v 43,0 respectivamente)! Si estas cifras resultan sorprendentes, más asombrosas aun son las relativas a los artesanos agricultores (I, 2), ¡entre los cuales los ingresos de los propietarios son inferiores a los de los obreros asalariados! Sin embargo, este fenómeno será comprendido plenamente cuando citemos más adelante los datos que muestran las enormes diferencias existentes entre los ingresos de los grandes establecimientos y de los pequeños. Al elevar la productividad del trabajo, los grandes establecimientos permiten abonar un salario superior a los ingresos de los kustares nobres que trabajan solos, cuya “independencia” resulta complet mente ficticia, ya que están sometidos al mercado. Esta enorme diferencia entre los ingresos de los establecimientos grandes v 398 pequeños se manifiesta en ambos grupos, pero es mucho más acentuada entre los agricultores (’debido a la mavor degradación de los pequeños kustares). La diferencia insignificante entre los ingresos del pequeño patrono y los del obrero asalariado muestra de manera palpable que los ingresos de un pequeño kustar agricultor que no emplea trabajo asalariado no son superiores, y con frecu?ncia, son inclusive inferiores a los del obrero asalariado. En efecto, la magnitud de los ingresos netos del patrono (47,1 rublos por obrero familiar) es el promedio de todos los establecimientos grandes y peoueños, de los fabricantes v de los botares que trabajan solos. Es comprensible que, entre los grandes patronos, la diferencia entre los ingresos netos del patrono v el salario del obrero no sea de 4 rublos, sino de 10 a 100 veces mayor: ello significa aue los ingresos del peaueño kustar que trabaja solo son considerablemente inferiores a 47 rublos, es decir, aue no son mayores u, con -frecuencia, inclusive fon inferiores al salario del obrero. Los datos del censo de kustares referentes a la división de los establecimientos por sus ingresos netos (véase más adelante, § V) confirman por completo esta deducción, en apariencia contradictoria. Pero se refieren a todos los establecimientos en general, v no establecen diferencias entre los agricultores y no agricultores, y por eso tiene especial importancia para nosotros el resultado del cuadro precedente: sabemos así que el ingreso más bajo corresponde precisamente a los agricultores, que “los vínculos con la tierra" reducen el ingreso en enorme proporción.
p Al hablar de la diferencia que existe entre el ingreso de los agricultores y de los no agricultores dijimos va que no puede ser explicada por la diferencia de los períodos de trabajo. Examinemos, pues, los datos del censo de kustares al respecto. Sesún nos explica la “introducción”, en la planificación del cenro figuraba investigar “la intensidad de la producción en el curso del año. tomando como base la cantidad de kustares con familia v de obreros asalariados mensuales dedicados a la producción" (pac. 14). Como el censo se hizo por familias, es decir, cada establecimiento fue investigado por separado (desgraciadamente no se adjunta al Estudio el formulario), hay que suponer que se recogieron d;>tos mes por mes sobre la cantidad de obreros o sobre los meses trabajados en el año en cada establecimiento. Tales datos están reunidos en el Estudio en un cuadro (véase págs. 57 y 58), en el cual se señala para cada subgrupo de ambos grupos la cantidad 399 de obreros (familiares y asalariados juntos) ocupados mensualmente durante el año.
p La tentativa del censo de kustares de 1894-1895, de determinar con tanta exactitud los meses de trabajo entre los kustares, es muy instructiva e interesante. En efecto, sin esos pormenores, los datos relativos a los ingresos y salarios serían incompletos y los cálculos estadísticos resultarían apenas aproximados. Por desgracia, los datos relativos al período de trabajo están muy insuficientemente elaborados: aparte de ese cuadro general, sólo hay informaciones de algunas industrias acerca de la cantidad de obreros mensuales, divididos en grupos unas veces y otras sin esa división; en cuanto a la subdivisión en subgrupos, no existe en ninguna industria. Habría tenido particular importancia, en este caso, señalar por separado los grandes establecimientos, pues tenemos pleno derecho a suponer —a prioti y de acuerdo con los datos de otros investigadores de la industria kustar—que los períodos de trabajo de los grandes y pequeños kustares no son iguales. Además, el propio cuadro de la página 57 contiene, al parecer, errores o erratas (por ejemplo, en los meses de febrero, agosto y noviembre; las columnas segunda y. tercera del Grupo II han sido, evidentemente, trastrocadas, pues el número de obreros en el tercer subgrupo es mayor que en el segundo). Aun después de rectificar esas inexactitudes (rectificación a veces aproximada), dicho cuadro suscita no pocas dudas, que hacen riesgosa su utilización. En efecto, al examinar los datos; por subgrupos, vemos que en el subgrupo 3⊙ (Grupo I) el máximo de obreros ocupados corresponde a diciembre, y asciende a 2.911. Sin embargo, el Estudio cuenta en total 2.551 obreros en el subgrupo 39. Lo mismo ocurre en el subgrupo 3⊙ del Grupo II: máximo 3.221 obreros, aunque su cantidad efectiva es de 3.077. A la inversa, las máximas por subgrupos de obreros ocupados en uno de los meses son menores que la cantidad efectiva de obreros. ¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Quizá porque no se reunió datos de todos los establecimientos sobre esta cuestión? Es muy probable que así sea, pero en el Estudio no se dice ni una palabra sobre el particular. En el subgrupo 2*? del Grupo II, no sólo el máximo de obreros (febrero) es mayor que la cantidad efectiva de los mismos (1.882 contra 1.163), ¡¡sino que el promedio de obreros ocupados en un mes (es decir, el cociente obtenido al dividir por 12 el total de obreros ocupados en los 12 meses) es mayor que la cantidad efectiva 400 de obreros (1.265 frente a 1.163)!! Se puede preguntar: ¿qué cantidad de obreros consideraban válido los estadísticos: el promedio anual o de cierto período (por ejemplo, el invierno) o la cantidad efectiva durante un mes determinado del año? El análisis de los datos referentes a la cantidad de obreros mensuales en las distintas industrias no ayuda a aclarar todas estas confusiones. En la mayoría de las 23 industrias a que corresponden estos datos, el máximo de obreros ocupados en uno de los meses del año es inferior a la cantidad efectiva de obreros. En dos industrias, este máximo es superior a la cantidad efectiva de obreros: artículos de cobre (239 contra 233) y de hierro forjado (Grupo II: 1.811 contra 1.269). En otras dos industrias, el máximum es igual a la cantidad efectiva de obreros (cordelería y fabricación de aceite, pertenecientes al Grupo II).
p En estas condiciones, es imposible utilizar los datos relativos a la distribución de los obreros mensuales para compararlos con las sumas de los ingresos, el total efectivo de obreros, etc. Lo único que puede hacerse es tomar estos datos sin relacionarlos con los demás, y comparar la máxima y la mínima de obreros ocupados en los distintos meses. Así se hace en el Estudio, pero se comparan meses diferentes. Nosotros consideramos más acertado comparar el invierno y el verano, pues en ese caso podremos ver en qué grado la agricultura aparta de la industria a los obreros. Hemos tomado como norma el promedio de éstos que se encuentran ocupados en invierno (de octubre a marzo), y aplicando esta norma al número de los ocupados en verano obtuvimos el total de meses estivales de trabajo. La suma de los meses de invierno y de verano nos dio el número de meses de trabajo por año. Expliquémoslo con un ejemplo. En el subgrupo 19 del Grupo I, durante los seis meses de invierno estuvieron ocupados 18.060 obreros; es decir, en un mes de invierno trabajaron, término medio (18.060: 6 = ), 3.010. Durante el verano estuvieron ocupados 12.345, o sea, el período de trabajo estival es de (12.345 : 3.010) 4,1 meses. Por consiguiente, el período de trabajo del subgrupo 1° del Grupo I equivale a 10,1 meses por año.
p Este método de elaboración de los datos nos pareció más acertado y conveniente. Más acertado, porque se basa en la comparación de los meses de invierno y de verano, y permite determinar con exactitud hasta qué punto la agricultura aparta a los obreros de la industria. Los meses de invierno fueron 401 determinados exactamente; lo prueba el hecho de que precisamente desde octubre hasta marzo, para los dos grupos el número de obreros es superior al promedio anual. El número de obreros aumenta más de setiembre a octubre, y disminuye en mayor proporción exactamente entre marzo y abril. Digamos de paso que la elección de otros meses modificaría muy poco las conclusiones.
_p Consideramos más conveniente este método porque muestra el período de trabajo con una cifra exacta, y permite comparar en este aspecto los grupos y subgrupos.
He aquí los datos obtenidos por este procedimiento:
GRUPO I GRUPO II Er. ambos grupos Período de trabajo en meses Subgrupos j Total Subgrupos Total 123 23 10.1 9,0 10,5 10 10,4 10,9 10,5 10,2p Estos datos permiten llegar a la conclusión de que la diferencia entre el período de trabajo de los agricultores y el de los no agricultores es pequeñísima: para éstos es superior sólo en un 5 por ciento. La insignificancia de esta diferencia hace poner en duda la exactitud de las cifras. Para verificarlas hemos efectuado algunos cálculos y resúmenes de los datos diseminados en el libro y llegamos a las siguientes conclusiones:
p Sobre un total de 43 industrias, el Estudio contiene datos de 23 que se refieren a la distribución de los obreros según los meses. En 12 (13) [401•* industrias, se dan estos datos por grupos, cosa que no se hace en las otras 10. Resulta que en tres (brea y pez, teñido y fabricación de ladrillos), la cantidad de obreros es mayor en verano que en invierno: en los seis meses de invierno, trabajan en estas 3 ramas, 1.953 personas; en los seis meses de verano, 4.918. En estas industrias, la cantidad de agricultores predomina en enorme proporción sobre los no agricultores, y representa el 85,9 por ciento del total de obreros. Como se comprenderá, unir en un total general por grupos estas industrias estivales, por así decirlo, con las demás, es completamente erróneo, pues significa unir cosas heterogéneas y aumentar de modo artificial el número de verano en 402 todas las industrias. Hay dos medios para subsanar el error a que esto da lugar. El primero, restar los datos correspondientes a estas tres industrias de los totales del Estudio relativos a los grupos I y II [402•* . Obtendremos así un período de trabajo de 9,6 meses para el Grupo I y de 10,4 meses para el II. En este caso, la diferencia entre ambos grupos es mayor, pero de todos modos, muy pequeña: 8,3 por ciento. El segundo medio para subsanar el error consiste en hacer un resumen de las cifras relativas a las 12 industrias que figuran en el Estudio con datos sobre la distribución de los obreros por meses en los grupos I y II por separado. Semejante resumen abarcará al 70 por ciento del total de kustares, y la comparación entre los grupos I y II será más correcta. Y he aquí los resultados: en estas 12 industrias, el período de trabajo en el Grupo I es solamente de 8,9 meses; en el II, de 10,7 meses, y en ambos juntos, de 9,7 meses. En este caso, el .período de trabajo de los no agricultores es un 20,3 por ciento más largo que el de los agricultores. Estos últimos interrumpen el trabajo en verano durante 3,1 meses, en tanto que los no agricultores lo hacen sólo durante 1,3 meses. Si tomamos como norma la proporción máxima entre los períodos de trabajo de los grupos II y I, veremos que no sólo la diferencia en la producción global de los obreros de los grupos I y II, o el ingreso neto de sus establecimientos, sino ni siquiera la diferencia en los salarios de los obreros empleados por los agricultores y los no agricultores, puede ser explicada por la diferencia de los períodos de trabajo. Por consiguiente, mantiene su vigor la conclusión extraída antes, de que el vínculo con la tierra hace descender los ingresos de los kustares.
p Por eso, hay que considerar errónea la opinión de los autores del Estudio, que buscan explicar la diferencia en los ingresos de los agricultores y los no agricultores por la diferencia entre los períodos de trabajo. Este error se debe a que no intentaron expresar con cifras exactas esta diferencia por lo cual se desorientaron. Por ejemplo, en la pág. 106 del Estudio se dice que la diferencia entre los ingresos de los curtidores agricultores y no agricultores "es determinada principalmente por el número de días de trabajo consagrados a la industria”. Pero los ingresos de los no agricultores superan en esta industria en 2-4 veces los de los agricultores 403 (65 y 280 rublos, respectivamente, por obrero familiar en el primer subgrupo, y 27 v 62 en el segundo), a pesar de que el período de trabajo de los primeros es más largo sólo en un 28,7 por ciento (8,5 meses contra 6,6).
p El descenso de los ingresos, consecuencia de los vínculos con la tierra, no pudo pasar inadvertido tampoco para los autores del Estudio, quienes, sin embargo, lo expresaron con la acostumbrada fórmula populista exaltando las “ventajas” de la forma kustar sobre la capitalista: “al unir la agricultura con la industria, el kustar [... 1 puede vender sus artículos más baratos que los fabricantes" (pág. 4); en otras palabras, puede conformarse con menos ingresos. ¿Pero dónde están esas “ventajas” de los vínculos con la tierra, si el mercado domina ya a tal punto toda la producción fiel país, que influye sobre esos vínculos y hace disminuir los ingresos del kustar agricultor? ¿Dónde están esas “ventajas”, si el capital sabe aprovecharse de dichos “vínculos” para ejercer una mayor presión sobre el kiis^r agricultor, menos capaz de defenderse, de elegir otro propietario, otro comprador, otra ocupación? La reducción del salario (v de los ingresos industriales en general) cuando el obrero (y el pequeño industrial) tiene un pedazo de tierra es un fenómeno común a todos los países capitalistas, un fenómeno que conocen perfectamente todos los empresarios, quienes han valorado hace mucho las enormes “ventajas” que representan los obreros fijados a la tierra. Pero en el Occidente putrefarto se llama a las cosas por su verdadero nombre, mientras CTU.-Í pn nuestro país se considera “ventaja” de la “producción popular”, “que une a la agricultura con la industria”, la disminución de los salarios, el descenso del nivel de vida de los trabajadores, el retardo en la utilización de máquinas y el reforzamiento de toda servidumbre...
p Para terminar este análisis de los datos contenidos en el censo de kustares de 1894-1895 sobre el período de trabajo, debemos lamentar una vez más la insuficiente elaboración de los mismos y desear que este fracaso no desanime a otros estudiosos de tan interesante problema. Debe reconocerse que el método de investigación—determinar la distribución de la mano de obra por meses—ha sido elegido con gran acierto. Ya hemos citado los datos sobre el período de trabajo por grupos y subgrupos. Hemos podido verificar en cierto grado los datos por grupos, pero no hemos podido hacer lo mismo para los subgrupos pues la obra no tiene 404 la menor información sobre la diferencia entre el período df trab io en los distintos subgrupos. Por eso, al exuoner estos datos, Vio^prnos Ja salvedad de que es imposible garantizar su tot°l exactitud, v si hacemos deducciones es únicamente para plantear la cuectfón v llamar la atención de los investigadores.
p La conclusión más importante es que la diferencia menor entr^ los períodos de trabajo de los grupos I y IT se observa en el subsrupo 1⊙ (en total un 1 por ciento: 10.1 v 10 meses); es decir, one quienes menos se apartan de la agricultura son los kn^tares má« acomodados v los agricultores más importantes v ryidientes. T.a diferencia, mayor se observa entre los artesanos (subffrupo 2°: 95 v 10.4 meses), es decir, entre los artesanos industriales v los agricultores medios menos afectados por la economía mercantil. Parece entonces que si los agricultores acomodados se separan menos de la agricultura se debe a que sus familias son más numerosas, a que explotan más el trabaio asalariado en su rama de la industria, a que contratan trabaiadores agrícolas; y que si los artesanos se separan más de la agricultura es porque están menos diferenciados como agricultores, nue conservan meior las relaciones patriarcales y que trabajan directamente para los consumidores poricultores, quienes restringen sus pedidos durante el verano [404•* .
p Los “vínculos con la agricultura”, seffún los d^tos del censo, e^tán estrechamente relacionados con el nivel cultural de los kustares; por desgracia, no se ha hecho la misma invest’nación con respecto a los obreros asalariados. Resulta que la población no agrírola [404•** es considerablemente más culta que la agrícola, propordó^i cine se observa en todos los subgrupos sin excepción, tanto ™itr° los hombres como entre las mujeres. He aauí, in extenso, los datos del censo sobre este punto, en porcentajes (pág. 62): [Véase el cuadro en la pág. 405. Ed.]
Es interesante señalar que, entre la población no agrícola, la cantidad de personas alfabetas aumenta con mucha mavor rapidez ’"ntre las mujeres que entre los hombres. El porcentaje de hombres alfabetos es, en el Grupo II, de 11/2 veces a 2 veces 405 mayor que en el I, en tanto que el de mujeres es de 2 1/2 a 5 3/4 veces mayor.
Grupo I (agricultores) Grupo II (agricultores) \ 3 1 Subgrupos C3 “o H Subgrupos co £ 123 123 Porcentaje de las personas ( Varones alfabetas en relación con el\ total 1 Mujeres 32 33 20 31 41 45 33 39 33 9 6 4 7 17 22 14 17 9 Porcentaje de las personas (varone alfabetas en relación con los I 37 17 26 4 36 10 44 57 53 21 51 23 49 40 30 19 que participan directamente] Mujeres en la producción Porcentaje de familias con personas alfabetas 43 34 44 55 63 50 55 47_p Para resumir las conclusiones que ofrece el censo de kustares de 1894-1895 acerca de “la agricultura en su vinculación con la industria”, podemos comprobar que:
p 1) mantienen las formas más atrasadas de la industria y frenan el desarrollo económico;
p 2) hacen disminuir los salarios e ingresos de los kustares, de modo que los subgrupos más acomodados de agricultores patronos, por no decir nada de los patronos no agricultores, ganan en conjunto y por término medio, menos que los subgrupos de obreros asalariados peor retribuidos entre los no agricultores. Inclusive en comparación con los obreros asalariados del Grupo I, los agricultores de ese mismo grupo tienen ingresos muy bajos, que sólo en pequeñísima proporción son superiores al salario de los obreros, y a veces inferiores;
p 3) obstaculizan el desarrollo cultural de la población, cuyo nivel de necesidades es inferior al de los no agricultores y cuya instrucción está muy rezagada con respecto a la de éstos.
p Estas conclusiones nos serán útiles más adelante cuando analicemos el programa de los populistas en materia de política industrial.
p 4) Entre los kustares agricultores se observa una diferenciación paralela a la de los kustares industriales. Con una particularidad: que las categorías superiores (por el grado de vida 406 acómodada) de agricultores constituyen un tipo puro de burguesía campesina, que basa su economía en la contrata de braceros y jornaleros agrícolas.
5) El período de trabajo entre los agricultores es más corto que entre los no agricultores, pero la diferencia es muy pequeña (5 por ciento-20 por ciento).
Notes
[390•*] En el Estudio hay, evidentemente, una errata en estas cifras (véase pág. 58), corregida por nosotros.
[391•*] Se sabe que entre los campesinos, se obliga con frecuencia a los obreros industriales a efectuar trabajos agrícolas. Véase La industria kusíar, III, peí?. 7.
[391•**] En la agricultura el obrero temporario recibe siempre más de la mitad del salario anual. Supongamos que, en este caso, los obreros temporarios perciben solamente la mitad del salario de un obrero que trabaja todo el año. Entonces, el de este último será í (2.492 : (73 -)——)) = 25,5 rublos. Según los datos del Departamento de Agricultura, en diez años (1881-1891), el salario medio de un obrero agrícola que trabaja todo el año alimentado por el patrono fue en la provincia de Perm de 50 rublos.
[396•*] En relación con este último punto (el primero en importancia), señalaremos que en el Estudio no hay, por desgracia, datos sobre el nivel de vida de Jos agricultores y de los no agricultores. Mas otros investigadores han señalado que en la provincia de Perm se da también el fenómeno corriente de un nivel de vida incomparablemente más elevado entre los campesinos industriales no agricultores que entre los “toscos” agricultores. Véase Informes y estudios relativos a la industria de los Gustares en Rusia, ed. del ministerio de Agricultura y Bienes del Estado, t. III, artículo de Egúnov. El autor señala el nivel de vida absolutamente “urbano” en algunas aldeas cuyos habitantes no tienen tierras, el afán de.l kustar no agricultor de vestirse y vivir “como la gente" (ropa europea, incluida la camisa almidonada; samovar, gran consumo de té, azúcar, pan blanco, carne de vaca, etc.). El autor se basa en los presupuestos de las publicaciones estadísticas de los zemstvos.
[401•*] La industria de artículos de asta tiene sólo un Grupo I.
[402•*] La división de los obreros de estas tres industrias entre los grupos I y II es aproximada, y se toma como norma 85,9 por ciento para el I.
[404•*] Hay una excepción: en la industria del teñido, que es exclusivamente artesanal, predomina el trabajo de verano sobre el de invierno.
[404•**] Recordamos que en el Estudio figura sólo una ciudad (y. además, cabeza de distrito) con carácter excepcional: de los 4.762 obreros familiares del grupo II, sólo 1.412, es decir, el 29,6 por ciento viven en la ciudad.