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IV
LOS ILUSTRADOS, LOS POPULISTAS Y LOS “DISCÍPULOS”
 

p Ahora podemos hacer el resumen de nuestros ^paralelos. Trataremos de definir brevemente la correlación existente entre las tres corrientes del pensamiento social mencionadas en el subtítulo.

p El “ilustrado” tiene fe en un desarrollo determinado de la sociedad, por cuanto no advierte las contradicciones que le son propias. El populista temé dicho desarrollo, por haber notado ya estas contradicciones. El “discípulo” cree en el actual desarrollo social, poroue ve la garantía de un futuro mejor sólo en el pleno desarrollo de estas contradicciones. La primera y la última corriente tienden por eso, a apoyar, acelerar y facilitar el desarrollo por oí camino dado, a eliminar tod’os los obstáculos eme lo traban v lo frenan. El populismo, por el contrario, tiende a detener y paralizar este desarrollo, teme destruir algunos obstáculos que se oponen al desarrollo del capitalismo. La primera corriente v la última se caracterizan por lo que se puede llamar,Qptimismo histórico; cuanto más lejos y más rápidamente, vayan lasucosas tal como están marc hando, tanto mejor. El populismo, por el contrario, cae naturalmente en el pesimismo histórico; cuanto más lejos vayan las cosas, tanto peor. Los “ilustrados” no plantearon para-nada el problema del raráf tf r del desarrollo posterior a la Reforma v se limitan con exr Imividad a luchar contra las supervivencias del régimen anterior, a la tarea neffativa de desbrozar el camino para una evolución a la europea en Rusia. El populismo planteó el problema del capitalismo en Rusia, pero sacó la conclusión de que tiene un carácter reaccionario y no pudo, por eso, recoger íntegramente la herencia ríe los “ilustrados”. Los populistas siempre combatieron contra los hombres que tendían a la europeización de Rusia desde el punto de vista general de la "unidad de la civilización”, y lo hacían no sólo porque no! podían limitarse a los ideales de esos hombres (en _al caso la lucha sería justa), sino porque no querían marchar tan lejos en el desarrollo de esa civilización, es decir, del capitalismo. Los “discípulos” consideran el capitalismo en Rusia como un proereso; por eso pueden y deben recoger íntegramente la herencia de los “ilustrados”, complementándola con un análisis de las contradicciones del capitalismo desde el punto de vista de los productores 532 que no son propietarios. Los ilustrados no prestaron atención especial alguna, a ninguna clase de Ja población; hablaban, no sólo del pueblo en general, sino también de la nación en general. Los populistas deseaban representar los intereses del trabajo, sin distinguir, sin embargo, entre los determinados grupos que componen el sistema de economía contemporáneo; en la práctica sustentaban siempre el punto de vista del pequeño productor convertido en productor de mercancías por el capitalismo. Los “discípulos” no sólo toman como criterio los intereses del trabajo, sino que se refieren además, a los grupos determinados de la economía capitalista, es decir, los productores que no son propietarios. La primera corriente y la última responden, por el contenido de sus aspiraciones, a los intereses de las clases que el capitalismo crea y desarrolla; el populismo responde a los intereses de la clase de pequeños productores, de la pequeña burguesía, que ocupa un lugar intermedio entre las otras clases que componen la sociedad actual. Por eso, la actitud contradictoria del populismo ante la “herencia” no es en modo alguno, una casualidad, sino la resultante necesaria del propio contenido de la concepción de esta corriente: hemos visto que uno de los rasgos fundamentales de la concepción de los ilustrados era su fervorosa aspiración de europeizar a Rusia; mientras que los populistas no pueden, sin dejar de ser lo que son, compartir plenamente esta aspiración.

En resumidas cuentas hemos llegado, por lo tanto, a esta conclusión que más de una vez formulamos ya en diversas oportunidades: Jos discípulos son guardianes de la herencia mucho más consecuentes y mucho .más fieles que los populistas. No sólo no reniegan de la herencia, sino que, por el contrario, consideran que una de sus principales tareas es refutar los recelos románticos y pequeñoburgueses que obligan a los populistas, en muchos y muy importantes puntos, a renunciar a los ideales europeos de los ilustrados. Pero de por sí se entiende que los “discípulos” no guardan la herencia como los archiveros conservan los viejos documentos. Salvaguardar la herencia no significa ni mucho menos, limitarse a ella; y a la defensa de los ideales generales europeos los “discípulos” unen el análisis de las contradicciones que nuestro desarrollo capitalista lleva implícitas v la apreciación de dicho desarrollo, desde el punto de vista específico anteriormente señalado.

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Notes