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V
EL SEÑOR MIJAILOVSKI Y LA RENUNCIA DE LOS “DISCÍPULOS”
A LA HERENCIA
 

p Para concluir volveremos de nuevo al señor Mijailovski y al examen de su afirmación sobre el problema que nos interesa’ El señor Mijailovski sostiene, tío sólo que “esta gente [los discípulos]” no quieren tener ningún lazo con el pasado y renuncia decididamente a la herencia” (loe. cit., pág. 179), sino además, que “ellos” [juntamente con otras personas de las más diversas tendencias, incluidos los señores Abrámov, Volinski y Rozánov] “arremeten contra la herencia con desusada maldad" (180). ¿De qué herencia habla el señor Mijailovski? De la herencia de la década del 60 al 70, de aquella de la cual ha renegado y reniega solemnemente Moikóvskie Viédomosti (178).

p Ya hemos señalado que si ha de hablarse de la “herencia” que se nos ha legado a los hombres contemporáneos, deben distinguirse dos herencias: una, la de los ilustrados en general, gente absolutamente hostil a todo lo anterior a la Reforma, v que se pronunció en favor de los ideales europeos y por los intereses de la vasta masa de la población. La otra, la herencia del populismo. Ya hemos dicho que sería un craso error confundir estas dos cosas diferentes, ya que todo el mundo sabe que hubo y hay gente que guarda “las tradiciones del 60”, sin tener- nada en común con el populismo. Todas las observaciones del s’éñor Mijailovski reposan pura y exclusivamente, en una confusión deístas herencias, distintas desde todo punto de vista. Y como el señor Mijailovski no puede ignorar esa diferencia, su afirmación adquiere un carácter completamente definido, no solamente absurda, sino también calumniosa. ¿Sólo contra el populismo arremetía Moskóvskie Viédomosti? En absoluto: no menos, sino más, atacó a los ilustrados en general, y Viéstnik Evropi, completamente ajeno al populismo, no está considerado menos enemigo de éstos que el populista Rússkoie Bogatstvo. Morkóvskie Viédomosti, claro está, no estaría de acuerdo en muchas cosas con aquellos populistas que renegaron de la herencia con más firmeza, como, por ejemplo con lúzov, pero es muy poco probable que se lanzara contra él con tanta furia, y en última instancia ya lo harían objeto de sus elogios por aquello que lo distingue de los populistas que desean conservar la herencia. ¿ 534 Atacaron el señor Abrámov o el señor Volinski el populismo? En absoluto. El primero es populista: ambos atacaron a los ilustrados en general. ¿Arremetieron los “discípulos rusos" contra los ilustrados rusos? ¿Renegaron alguna vez de la herencia que nos leró una innegable hostilidad hacia el modo de vivir anterior a la Reforma y a sus supervivencias? No sólo no arremetieron, sino todo lo contrario: desenmascararon la tendencia de los populistas a sostener algunas de estas supervivencias debido al miedo pequeñoburgués ante el capitalismo.

p ¿Atacaron acaso, alguna vez contra la herencia aue nos ha legado los ideales europeos en! general? No, no sólo no atacaron sino que, por el contrario, denunciaron a los populistas que, en muchos y muv importantes problemas, habían ima trinado remplazar los ideales europeos por toda una serie de absurdas invenciones acerca del carácter peculiar de Rusia. ¿Atacaron alguna vez la herencia que nos legó la preocupación por los intereses de las masas trabajadoras de la población? No sólo no atacaron, sino que por el contrario, denunciaron a los populistas por su inconsecuencia en la «tención de dichos intereses (ya aue se empeñan en confundir la burguesía rural con el proletariado rural); han mostrado que el bsneficio de esas preocupaciones se encuentra reducido por sus sueños sobre lo que podría ser, en vez de prestar atención sobre lo que es; que sus preocupaciones son extremadamente estrechas, ya que jamás supieron valorar como es debido las condiciones ( ecorómicas v otras) que facilitan o dificultan la posibilidad que tienen eros hombres de ocuparse de su propia suerte.

p El señor Mijailovski puede no admitir que estas revelaciones son justas y, como populista, por supuesto no estará de acuerdo con ellas; pero decir que "la herencia del 60 y del 70" ha sido objeto de “mordaces” críticas por parte de quienes en realidad critican “mordazmente” sólo al populismo, que lo critica sólo por no haber sabido resolver en el espíritu de esta herencia, y sin contradecirla, los nuevos problemas planteados por la historia posterior a la Reforma; decir algo semejante significa de hecho tergiversar las cosas.

p Es divertido ver al señor Mijailovski indignarse contra los “discípulos”; confunde maliciosamente “nosotros” (es decir a los publicistas de Rússkoie Bogatstvo) ron los populistas y otras perdonas aienas a Rússkoie Bogatitco (pág. 180). Esta curiosa tentativa de diferenciarse de los “populistas”, conservando al mismo 535 tiempo todas sus concepciones fundamentales, sólo puede provocar risa. Todo el mundo sabe que los “discípulos rusos" emplean los términos “populista” y “populismo” en el amplio sentido de estas palabras. Nadie ha olvidado ni negado que entre los populistas hay muchos matices diferentes: ni P. Struve, ni N. Beltov, por ejemplo, han “confundido” en sus libros al señor Mijailovski con el señor V. V., ni siquiera con el señor luzhakov, es decir, no han ocultado la diferencia en las concepciones, de ambos, ni atribuido a uno las concepciones del otro. Struve señaló, inclusive directamente, la diferencia entre las concepciones del señor luzhakov y las del señor Mijailovski. Una cosa es confundir las diversas concepciones y otra generalizar y clasificar en la misma categoría a los escritores que, pese a las diferencias en muchos problemas, son solidarios en los puntos fundamentales y principales contra los cuales se alzan precisamente los “discípulos”. Para éstos lo importante no es demostrar, por ejemplo, que las concepciones que diferencian a un señor lúzov de los demás populistas no sirven, sino refutar las concepciones que son comunes al señor lúzov, al señor Mijailovski y a todos los populistas en general, es decir, la actitud que asumen frente al desarrollo capitalista de Rusia, su modo de examinar los problemas económicos y sociales desde el punto dg vista del pequeño productor, la falta de comprensión del materialismo social (o histórico). Estos rasgos constituyen el patrimonio coinún de toda una corriente del pensamiento social que ha desempeñado un importante papel histórico. Esta vasta corriente encierra los más diversos matices; tiene flancos de derecha y de izquierda, se encuentra en ella gente que ha descendido hasta el nacionalismo yel antisemitismo, etc., y hay otra que no puede ser culpada de eso; hay quienes desprecian muchos legados de la “herencia” y otros que tratan, dentro de lo posible (es decir, dentro de lo posible para un populista) de preservarla. Ninguno de los “discípulos rusos" ha negado esa diversidad de matices; el señor Mijailovski no podría acusar a ninguno de ellos de haber atribuido las concepciones de un populista de un cierto matiz a las de un populista de otro matiz. Pero si estamos en contra de las concepciones fundamentales que son comunes a todos esos matices, ¿para qué nos vamos a ocupar de las diferencias de detalle de una corriente general? ¡Es una exigencia que carece totalmente de sentido! El hecho de que los escritores que están muy lejos de ser solidarios en todo sustenten las mismas concepciones sobre el capitalismo ruso, sobre la “comunidad” rural, sobre la 536 omnipotencia de la llamada “sociedad”, ha sido señalada más de una vez en nuestra literatura, mucho antes de la aparición de los “discípulos” y no sólo ha sido señalada, sino también ensalzada como una feliz particularidad de Rusia. El término “populismo”, en el amplio sentido de la palabra, fue también empleado en nuestra literatura mucho antes de aparecer los “discípulos”. El señor Mijailovski no sólo colaboró muchos años en la misma revista junto al “populista” (en el sentido estrecho de la palabra) señor V. V., sino también compartió con él los rasgos fundamentales, anteriormente señalados, de esas concepciones. Al refutar en las décadas del 80 y del 90 las diversas conclusiones del señor V. V., y rechazar por incorrectas sus incursiones en el campo de la sociología abstracta, en esos mismos años, el señor Mijailovski, sin embargo, hacía la salvedad de que su crítica no iba dirigida, ni mucho menos, contra los trabajos de dicho señor sobre temas económicos, y que se solidarizaba con él en las concepciones fundamentales sobre el capitalismo ruso. Por eso, si ahora los pilares de Rússkoíe Bogatstvo que tanto han hecho por el desarrollo, afianzamiento y divulgación de las concepciones populistas (en el amplio sentido de esta palabra), piensan librarse de la crítica de los “discípulos rusos" mediante la simple declaración de que no son “populistas” (en el estrecho sentido de la palabra), que constituyen una “escuela ético-social" completamente distinta, ello, por supuesto, sólo puede provocar la burla justificada ante personas tan valientes y al mismo tiempo tan diplomáticas.

p En la página 182 de su artículo, el señor Mijailovski saca a relucir en contra de los “discípulos” este otro argumento descomunal. El señor Kárnenski ataca insidiosamente a los populistas   [536•* ; esto, ténganlo en cuenta, “es síntoma de que está enojado, pero no tiene derecho alguno a ello [¡ ¡síc!!]. Nosotros, los que somos Viejos subjetivistas’, así como los ’jóvenes subjetivistas’, sin entrar en contradicción con nosotros mismos, no nos permitimos esta debilidad. Pero los representantes de la teoría ’justamente orgullosa de su inexorable objetividad’ ([expresión de uno de los “discípulos”] se hallan en otra situación)”.

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p ¿¡Qué significa esto!? Si la gente reclama que las concepciones sobre los fenómenos sociales se basen inexorablemente en un análisis objetivo de la idealidad y de la verdadera evolución, ¿¡hay que deducir de ello que no tiene derecho a enojarse!? ¡Esto es simplemente un galimatías, un absurdo! ¿No ha oído usted, señor Mijailovfki, que el famoso tratado sobre El capital es considerado como uno de los mejores modelos de objetividad inexorable en la investigación de los fenómenos sociales? Para numerosos sabios y economistas, el defecto más grave y fundamental de este tratado es precisamente su inexorable objetividad. Y sin embargo, en ese extraordinario tratado científico hallarán ustedes tanto “corazón”, tantas ardientes y apasionadas agudezas polémicas contra los representantes de las concepciones atrasadas, contra los representantes ríe aquellas clases sociales que, a juicio del autor, frenan el desarrollo cocial... El escritor que con inexorable objetividad ha demostrado que las concepciones, digamos, de Proudhon son el reflejo natural, comprensible e inevitable de los puntos de vista y del espíritu del petit bourgeois francés, “ha arremetido”, sin embargo, con ira y ardor apasionados contra ese ideólogo de la pequeña burguesía. jNo supondrá el señor Mijailovski que aquí Marx "se contradice"? Si una doctrina determinada exige a todo militante sorial que la acepta un análisis inexorablemente objetivo de la realidad y de las relaciones que sobre la base de esta última se forman entre las diversas clases, ¿mediante qué milagro se puede extraer de aquí la conclusión de que ese militante no debe simpatizar con esta o aquella clase, que "no tiene derecho" a ello? Es hasta ridículo hablar aquí del deber, puesto que ningún ser viviente puede colocarse al margen de una u otra clase (tan pronto haya comprendido la correlación mutua entre ellas), no puede dejar de alegrarse con el éxito de esa clase, ni dejar de sentir amargura por sus fracasos; no nuede dejar de sentir indignación contra los que se manifiestan hostiles a ella, contra los que ponen trabas a su desarrollo difunr^nc’o concepciones atrasadas, etc., etc. La fútil argucia del señor MijailovFki sólo demuestra que hasta hoy se ha orientado mal en el muy elemental problema de saber lo que distingue el determinisrro del fatalismo.

p “¡El capital está en marcha! es indudable—escribe el señor Mijailovski-, pero [¡¡sioü] el problema está en saber cómo recibirlo” (pág. 189).

p El señor Mijailovski descubre América, señala un “problema” 538 en el cual los “discípulos rusos”, evidentemente, ni siquiera habían pensado! ¡Sin duda no es la discrepancia sobre este problema lo que separó a los “discípulos rusos" de los populistas! Sólo se puede “tener” dos actitudes con respecto al capitalismo que se está desarrollando en Rusia: reconociéndolo como fenómeno progresista o como fenómeno regresivo; como un paso adelante en el verdadero camino o como una desviación de éste; apreciándolo desde el punto de vista de clase de los pequeños productores, a los que el capitalismo aniquila, o desde el punto de vista de clase de los productores desposeídos creados por el capitalismo. No hay término medio   [538•* . Por consiguiente, si el señor Mijailovski considera que la actitud de los “discípulos” frente al capitalismo no es justa, quiere decir que acepta la posición de los populistas, la misma que muchas veces expuso en artículos anteriores contoda precisión. El señor Mijailovski no ha presentado ni presenta agregado ni modificación alguna en sus vieias concepciones sobre este problema; sigue siendo populista. ¡Oh, de ninguna manera! Él no es populista, i Válgame Dios! Él es representante de la “escuela él-’co-sociológica”. ..

p “Mejor es que no hablen de los bienes futuros f??l que ha de traer [?] el posterior desarropo del capitalismo”, continúa diciendo el señor Mijailovski.

p No es populista. Sólo se limita a repetir íntegramente los errores de los populistas y los métodos incorrectos de sus razonamientos. Cuántas veces se ha insistido ante los populistas en que semejante formulación del problema sobre “el porvenir" es incorrecto, que no se trata de las “futuras”, sino de las reales modificaciones progresistas de las relaciones precapitalistas que ya se están operando, modificaciones que trae (y no que traerá) el desarrollo del capitalismo en Rusia. En el fondo, al trasladar el problema al terreno "del porvenir”, el señor Mijailovski considera como demostradas precisamente las afirmaciones que los “discípulos” refutan. Considera como demostrado que en la realidad, en todo lo que sucede ante nuestros ojos, el desarrollo del capitalismo no aporta modificación 539 progresista alguna a las viejas relaciones económicas y sociales. En esto consiste precisarnente la concepción populista, y contra ella polemizan los “discípulos rusos”, quienes demuestran lo contrario. No hay un solo libro publicado por los “discípulos rusos" en el que no se hable y se demuestre que la sustitución del pago en trabajo por el trabajo asalariado libre en la agricultura, que la sustitución de la llamada industria “artesanal” por la fabril es un fenómeno real que se produce (y con enorme velocidad) ante nuestros ojos, y de ninguna manera un fenómeno sólo “del porvenir”; que esta sustitución es un fenómeno progresista en todos los aspectos; que destruye la producción manual, pequeña, rutinaria y dispersa que se caracteriza por su secular inmovilidad y estancamiento; que aumenta la productividad del trabajo social y crea con ello la posibilidad de elevar el nivel de vida del trabajador; que crea las condiciones para la trasformación de esa posibilidad en necesidad, es decir: que trasforma al “proletariado sedentario”, abandonado “en un rincón perdido”, estancado, tanto en el sentido físico como moral, en un ser con posibilidades de movimiento; que europeiza las formas asiáticas de trabajo, con sus infinitas formas de servidumbre y de dependencia personal; que “el modo guropeo de pensar y de sentir no es menos necesario [obsérvese: necesario. V. I.] que el vapor, la hulla, la técnica, etc., para la efectiva utilización de las máquinas"   [539•*  etc. Todo esto lo dice y lo demuestra, repetimos, cada “ discípulo”, pero todo esto, por lo visto, nada tiene que ver con el señor Mijailovski “y sus camaradas": todo esto se escribe sólo contra los “populistas” “ajenos” a Rússkoie Bogatstvo. Pues Rússkoie Bogatstvo es una “escuela ético-sociológica”, cuya mjsión consiste en hacer pasar los trastos viejos bajo el manto de una nueva bandera.

Tal como ya lo señalamos antes, el objetivo de nuestro artículo es el de refutar las invenciones, muy difundidas en la prensa liberal populista, acerca de que los “discípulos rusos" reniegan de la “herencia”, rompen con las mejores tradiciones de la mejor parte de la sociedad rusa, etc. No carecerá de interés destacar que el señor Mijailovski, al repetir estas trilladas frases, ha dicho, en el fondo, exactamente lo mismo que dijo antes que él, y de manera 540 más categórica, el “populista” “ajeno” a Rússkoie Bogatstvo, el señor V. V. ¿Conoce el lector los artículos que publicó este autor en Nediélia  [540•*  hace tres años, a fines de 1894, en respuesta al libro del señor P. Struve? A decir verdad, a mi juicio, no ha perdido nada si no los conoce. La idea fundamental de dichos artículos consiste en que “los discípulos rusos" rompen el hilo democrático que se extiende a lo largo de todas las corrientes progresistas del pensamiento social ruso. ¿Pero acaso esto no es lo mismo—aunque con palabras distintas—que lo que ahora repite el señor Mijailovski, cuando acusa a los “discípulos” de renunciar a la “herencia” contra la que malignamente arremete Moskóvskie Viédomosti? En realidad, como ya lo hemos visto, los autores de esta invención achacan a otros su afirmación absurda de que la ruptura definitiva de los “discípulos” con el populismo significa la ruptura con las mejores tradiciones de la mejor parte de la sociedad rusa. ¿No será al revés, señores? ¿No significa esta ruptura limpiar de populismo estas mejores tradiciones?

* * *
 

Notes

[536•*]   N. Kámenski, seudónimo de J. Plejánov, con el que firmaba sus artículos en Nóvoie Slovo. Lenin se refiere a los ataques de N. K. Mijailovski contra el artículo de Plejánov La concepción materialista de la historia, publicado en el cuaderno de setiembre de 1897 de Nóvoie Slovo. (Véase J. Plejánov, Obras escogidas, Bs. As., Ed. Quetzal, 1964, págs. 463-496.) (Ed.)

[538•*]   No hablamos, claro está, de la actitud que no considera necesario en absoluto guiarse por los intereses del trabajo, o para la cual la propia generalización expresada por el término “capitalismo” es incomprensible e ininteligible. Por más importantes que sean en la vida rusa las corrientes del pensamiento social aquí incluidas, nada tienen que ver en absoluto, en la polémica entre los populistas y sus adversarios, y no hay para qué introducir confusión en ellas,

[539•*]   Palabras de Schulze-Gaevernitz en Schmollers Jahrbuch, 1896 [“ Anuario Schmoller”. Publicación económica y política, publicada desde 1877 hasta 1881 por economistas burgueses alemanes. (Ed.)] en su artículo sobre la industria algodonera de Moscú-Vladímir.

[540•*]   Véase V. I. Lenin, ob. cit., t. I, nota 28. (Ed.)