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III
¿LA “HERENCIA” HA GANADO AL VINCULARSE
CON EL POPULISMO?
 

p ¿Pero entonces qué entiende usted por populismo?, preguntará probablemente el lector. El contenido del concepto de “ herencia” fue definido más arriba, pero sobre la noción del “ populismo" no se hace ninguna enunciación.

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p Entendemos por populismo un sistema de concepciones que comprende los tres rasgos siguientes: 1) Se sostiene que el capitalismo es en Rusia un fenómeno de decadencia, de regresión. De aquí la tendencia y el deseo de “detener”, “paralizar”, “impedir” que el capitalismo “rompa” los pilares seculares, y otros lamentos reaccionarios por el estilo. 2) Se reconoce la originalidad del régimen económico ruso, en general, y el del campesino con su comunidad rural, artel, etc., en particular. Los populistas no consideran necesario aplicar a las relaciones económicas rusas los conceptos que sobre las diversas clases sociales y sus conflictos ha elaborado la ciencia contemporánea. Consideran la comunidad rural como algo superior y mejor comparándola con el capitalismo; es la idealización de los “pilares”. Niegan y disimulan las contradicciones que existen entre los campesinos, propias de toda economía mercantil y capitalista, niegan toda relación entre estas contradicciones y la forma más desarrollada que revisten en la industria y en la agricultura capitalista. 3) Se desconoce el vínculo que ata a la “intelectualidad” y alas instituciones políticas y jurídicas del país con los intereses materiales de determinadas clases sociales. La negación de este vínculo, la falta de una explicación materialista de estos factores sociales, obligan a ver en ellos una fuerza capaz de “arrastrar a la historia por otros caminos" (señor V. V.), “ desviarse del camino" (señor N.-on, señor luzhakov y otros), etc.

p Esto es lo que nosotros ent3ndemos por “populismo”. Ya ve el lector que empleamos este término en el amplio sentido de la palabra, como lo emplean también todos los “discípulos rusos" que se pronuncian contra todo un sistema de concepciones y no contra algunos de sus representantes aislados, entre los cuales, claro está, existen diferencias, y a veces no pequeñas que nadie desconoce. Pero las particularidades que hemos citado de esa concepción del mundo son comunes a los diferentes representantes del populismo, comenzando con... bueno, digamos, el señor lúzov y terminando con el señor Mijailovski. Los señores lúzov, Sazónov, V. V. y otros agregan a los mencionados rasgos negativos algunos más, igualmente negativos, que no vemos, por ejemplo, en el señor Mijailovski, ni en otros colaboradores de la actual Riísskoie Bogatstvo. Por cierto que sería incorrecto negar las diferencias que existen entre los populistas en el sentido abstracto del término y de los populistas en general; pero más incorrecto aun seria desconocer que las concepciones económicas y sociales fundamentales de todos y cada 521 uno de los populistas coinciden en los puntos principales señalados. Y puesto que los “discípulos rusos" refutan precisamente esas conl cepejones fundamentales, y no sólo sus “lamentables desviaciones”, hacia el lado peor, tienen, es evidente, el pleno derecho de emplear la noción de “populismo” en el amplio sentido de la palabra. Y no sólo tienen ese derecho, sino que no pueden proceder de otra manera.

p Para volver a las concepciones fundamentales del populismo ya señaladas, debemos dejar constancia, ante todo, que la “ herencia" nada tiene que ver con dichas concepciones. Hay una serie de indudables representantes y guardianes de esta “herencia” que nada tienen de común con el populismo; no plantean en absoluto el problema del capitalismo;- ni creen para nada en la peculiaridad del desarrollo de Rusia, ni en el original carácter de la comunidad rural, etc.; ni consideran a los intelectuales y a las instituciones políticas y jurídicas como factor capaz de “hacer desviar la historia”. Ya mencionamos como ejemplo al editor redactor de la revista Viéstnik Evropi  [521•* , a quien se puede acusar de cualquier cosa menos de renegar de las tradiciones de la herencia. Por el contrario, hay quienes se aproximan por sus concepciones a los principios fundamentales del populismo que hemos señalado y que directa y abiertamente “reniegan de la herencia”. Mencionaremos aunque más no sea al mismo señor I. Abramov, a quien cita también el señor Mijailovski, o al señor lúzov. El populismo que combaten los “discípulos rusos”, no existía cuando (expresado en lenguaje jurídico) se “inició” la sucesión, o sea, en la década del 60. Ciertamente el populismo existía ya en germen, en embrión, no sólo en la década del 60, sino también en la del 40, y aun antes   [521•** , pero en general la historia del populismo no nos interesa ahora. Lo importante para nosotros, volvemos a repetirlo, es dejar establecido que la “herencia” de la década del 60, en el sentido en que la hemos caracterizado antes, no tiene nada que ver con el populismo, o sea que nada hay de común entre ellos si atendemos a la esencia de sus concepciones, pues plantean problemas diferentes. Hay guardianes de la “herencia” que no son populistas, y hay populistas que “renegaron de la herencia”. Como es natural, también hay 522 populistas que guardan la “herencia”, o que pretenden guardarla. Precisamente por eso hablamos de los vínculos de la herencia con el populismo. Veamos, entonces, qué aportó este vínculo.

p En primer lugar, el populismo dio un gran paso adelante respecto de la herencia, al plantear ante el pensamiento social problemas que los guardianes de la herencia, o bien no habían podido plantear aún (en su época), o bien no los plantearon ni los plantean en virtud de la estrechez de su horizonte. Haber planteado estos problemas es el gran mérito histórico del populismo, y es completamente natural y comprensible que al darles una solución (no importa cuál sea) haya ocupado por ello un lugar de vanguardia entre las corrientes progresistas del pensamiento social ruso.

p Pero la solución resultó totalmente inservible, pues se basaba en teorías atrasadas que, en Europa occidental, hacía ya tiempo que habían sido arrojadas por la borda; se basaba en una crítica romántica y pequeñoburguesa del capitalismo; en el desconocimiento de los grandes hechos de la historia y de la realidad rusas. Mientras el desarrollo del capitalismo y de las contradicciones que le son propias era aun débil en Rusia esta crítica primitiva del sistema podía justificarse. Pero en el estado actual del desarrollo del capitalismo en Rusia, en el estado actual de nuestros conocimientos de la historia y de la realidad económica rusas, a las actuales exigencias de la teoría sociológica, el populismo es absolutamente insuficiente. Progresista en su época, por ser el primero en plantear el problema del capitalismo, ahora es una teoría reaccionaria y nociva que desorienta el pensamiento social, que hace el juego a la rutina y a toda clase de atraso asiático. El carácter reaccionario de su crítica del capitalismo confiere aun actualmente al populismo, rasgos tales, que inclusive lo colocan por debajo de la concepción, del mundo que se limita a ser depositaría fiel de la herencia   [522•* . Ahora trataremos de demostrar que esto es así, mediante el análisis de cada uno de los tres rasgos fundamentales de la concepción del mundo de los populistas, señalados más arriba.

p Primer rasgo: se reconoce de que en Rusia el capitalismo es 523 decadencia, regresión. Desde que se planteó el problema del capitalismo en Rusia se puso en evidencia que nuestfo desarrollo económico tenía un carácter capitalista; y los populistas lo calificaron como un retroceso, romo un error, como una desviación del camino supuestamente fijado por toda la historia de la nación, supuestamente consagrada por sus pilares^seculares. etc., etc. En lugar de la ardiente fe de los ilustrados en el actual desarrollo social, aparef’ó la desconfianza hacia el mismo; en lugar del optimismo histónVo v de la elevación de espíritu, el pesimismo y el desaliento debidos a la convicción de que, cuanto más lejos marchan las cosas tal como están marchando, tanto peor, tanto más difícil será la solución de los problemas planteados por el nuevo desarrollo; aparecen entonces las proposiciones de-detener y paralizar ese desarrollo: aparece la teoría de que el atraso es la felicidad de Rusia, etc. Todos estos rasgos de la concepción populista del mundo, no sólo nada tienen de común con la “herencia”, sino que son directamente opuestos a ella. Considerar el capitalismo ruso como una “ desviación del camino”, como una decadencia, etc., lleva a desnaturalizar el sentido de toda la evolución económica de Rusia, a desnaturalizar el sentido de ese “cambio” que se efectúa a nuestra vista. Seducido por el deseo de detener e impedir que el capitalismo derribe los pilares seculares, el populista revela una sorprendente ausencia de sentido histórico; olvida que detrás de este capitalismo nada hay fuera de una explotación igual, unida a infinitas formas de soiuzgamiento y de dependencia personal que agravan la situación del trabajador; nada hay fuera de la rutina y el estancamiento en la producción social y, por consiguiente, en todas las esferas de la vida social. El populista lucha desde su punto de vista romántico v peaueñoburgués contra el capitalismo, y arroia por la borda todo realismo histórico, pl confrontar siempre la realidad del capitalismo con la ficción del sistema precapitalista. La “herencia” d* lo década del 60, con su fervorosa fe en el carácter progresista del desarrollo social de entonces, con su hostilidad implacable orientada íntegra y exclusivamente contra las sup°rvivencias del pasado, con su convicción de que con sólo eliminarlas las rosas marcharían mejor que nunca: esa “herencia”, no sólo tiene de común con las señaladas concepciones del populismo, sino que las rontradice en forma directa.

p Segundo rasgo del populismo: la convicción del carácter original de Rusia, la idealización del campesino, de la comunidad 524 rural, et:. La teoría de la originalidad de Rusia obligó a los populistas a aferrarse a anticuadas teorías de Europa occidental, los impulsó a tratar con sorprendente ligereza muchas conquistas de la cultura de esos países; los populistas se consolaban con la idea de que si bien nos faltan estos o aquellos rasgos de la humanidad civilizada, en cambio “hemos sido llamados" a mostrar al mundo nuevos modos de dirección económica, etc. No solamente se evitaba aplicar a la Santa Rusia el análisis del capitalismo y de todas sus manifestaciones elaborado por el pensamiento de vanguardia de Europa occidental, sino que por el contrario se hacía lo imposible por imaginar pretextos que permitieran no extender al capitalismo ruso las conclusiones relativas al capitalismo europeo. Los populistas se prosternaron ante los autores de este análisis y. .. siguieron tranquilamente siendo esos mismos románticos, que los autores en cuestión han combatido toda su vida. Esta teoría relativa a la originalidad de Rusia, compartida por todos los populistas, no sólo nada tiene de común con la “herencia”, sino que se opone directamente a ella. Los de la “década del 60”, por el contrario, aspiraban a europeizar a Rusia, creían en su incorporación a la cultura europea general, se preocupaban por trasplantar las instituciones de esta cultura también a nuestro suelo nada peculiar. Toda teoría referente a la originalidad de Rusia discrepa totalmente con el espíritu de la década del 60 y de sus tradiciones. Mepos aún concuerda con esta tradición la idealización y el embellecimiento del campo por parte de los populistas. Esta falsa idealización, que deseaba a toda costa ver en nuestro campo algo fuera de lo común, totalmente diferente del régimen existente en el campo en cualquier otro país durante la época precapitalista, está en flagrante contradicción con las tradiciones de una herencia sensata y realista. Cuanto más profundo era el desarrollo del capitalismo, tanto más fuertemente se manifestaban las contradicciones en el campo, contradicciones que son comunes a toda sociedad mercantil capitalista; tanto más acusadamente se ponía de relieve la contradicción entre las melosas fábulas de los populistas sobre el “espíritu de comunidad" y “de artel" del campesino, etc., por un lado, y la diferenciación efectiva de los campesinos en burguesía rural y proletariado rural por el otro; con tanta mayor rapidez los populistas, que continuaban mirando las cosas con ojos de campesino, iban convirtiéndose de románticos sentimentales en ideólogos de la pequeña burguesía, puesto que el pequeño productor, en la 525 sociedad contemporánea, >se- va convirtiendo en un productor de mercancías. La falsa idealización del campo y los sueños románticos sobre el “espíritu de comunidad" llevaron a los populistas a adoptar una actitud de extrema ligereza frente a las necesidades reales de los campesinos, que emanan del desarrollo económico actual. En teoría se podía hablar cuanto se quisiera de la solidez de los pilares; pero en la práctica cada populista sentía muv bien que la eliminación de los resabios del pasado, resabios del régimen anterior a la Reforma que hasta hoy en día atan de pies a cabeza a nuestros campesinos, desbrozaría precisamente el camino para el desarrollo capitalista y no otra. Más vale el estancamiento que el progreso capitalista: tal es, en el fondo, el punto de vista de cada populista con respecto al campo, aun cuando, claro está, no todo populista ni mucho menos se decide a decirlo abierta y llanamente, con la franqueza ingenua del señor V. V. “Los campesinos, sujetos como están a sus nddiél y comunidades, privados de la posibilidad de emplear su trabajo donde resulte más productivo y ventajoso para ellos, han quedado como congelados dentro de esa forma d° vida semejante a la de un rebaño, improductiva, tal como habían salido de manos del régimen feudal.” Así lo veía uno de los representantes de la “herencia”, con su característico punto de vista de “ilustrado”   [525•* . “Es mejor que los campesinos continúan estancados en su forma de vida rutinaria, patriarcal, antes que desbrozar el camino para el capitalismo en el campo"—así lo ve, en el fondo, cada populista. En realidad, no se encontrará seguramente, ningún populista aue pueda negar que el carácter cerrado, estamental, de la comunidad rural, con su caución solidaria v la prohibición de vender la tierra y de renunciar al nadiel, se halla en la más aguda contradicción con la actual realidad económica, con las actuales relaciones mercantiles capitalistas y su desarrollo. Es imposible negar esta contradicción, pero la esencia del problema reside en que los populistas temen como al fuego, tal planteamiento del problema, tal confrontación de la situación jurídica de los campesinos con la realidad económica, con el desarrollo económico actual. El populista se obstina en creer en un desarrollo inexistente creado por su romántica fantasía, sin capitalismo, y por eso... por eso está 526 dispuesto a detener el desarrollo actual que aiarcha por la vía capitalista. Frente a los problemas relativos al carácter cerrado, estamental, de la comunidad rural, la caución solidaría v el derecho de los campesinos a vender la tierra y de renunciar al nadiel, el populista adopta una actitud sumamente cautelosa v pusilánime por el destino de los “pitares” i pilares de rutina y estancamiento); y por si eso fuera poco, cae tan bajo que llega a saludar la resolución policial que prohibe a los campesinas vender la tierra. “El mujik es tonto—se le podría decir a tal loopulista, repitiendo las palabras de Engelhardt—, no puede arreglarse solo. Si nadie se preocupa por él, es capaz de quemar todos los bosques, exterminar todos los pájaros, pescar todos los peces, arruinar la tierra v acabar consigo mismo.” Aquí el populista directamente “reniega de la herencia”, y se convierte en reaccionario. Y téngase en cuenta además, que a medida que avanza el desarrollo económico, esta destrucción del carácter cerrado, estamental de la comunidad rural se vuelve cada vez más una necesidad perentoria para el proletariado rural, mientras que los inconvenientes que de ello se derivan pqra la burguesía campesina, de ninguna manera son tan considerables. El “ mujik emprendedor" puede fácilmente tomar tierra en arriendo en otro lugar, abrir un negocio en otra aldea, trasladarse ’donde quiera y cuando quiera por asuntos de negocios. Pero para el “ campesino" que vive principalmente de la venta de su fuerza de trabajo, la sujeción al nadiel ya la comunidad rural representa una enorme restricción de su actividad económica, significa la imposibilidad de hallar a un patrono más conveniente, significa la necesidad de vender su fuerza de trabajo precisamente a sus compradores locales, que pagan siempre menos y que tratan de someterlo en toda forma. Una vez que cayó en el dominio de los sueños románticos, que se propuso como obietivo sostener v salvaguardar las estructuras a pesar del desarrollo económico, el populista se deslizó sin darse cuenta de ello, por este plano inclinado hasta situarse al lado del terrateniente que con toda el alma ansia la conservación v consolidación de “los lazos del campesino con la tierra”. Bastaría mencionar cómo el carácter cerrado, estamental, de la comunidad rural engendró modos particulares de contratación de obreros: los dueños de fábricas y explotaciones agrícolas envían a sus empleados a las aldeas, sobre todo a las retrasadas en sus pagos pqra la contratación más ventajosa de obreros. Finalmente, el desarrollo del capitalismo en la agricultura, al destruir la vida “sedentaria” del proletariado 527 (tal efecto que “produce”-eHlamado trabajo agrícola de temporada) remplaza en forma paulatina esta servidumbre por el trabajo asalariado libre.

p Otra confirmación, no menos importante, de nuestra tesis acerca de lo nocivas que son las actuales teorías populistas, nos la ofrece el hecho de que la idealización del pago en trabajo es corriente entre los populistas. Hemos citado el ejemplo de Engelhardt, que al caer en el pecado populista-, ¡llegó inclusive a decir que “sería bueno" generalizar en el campo el pago en trabajo! Esto mismo lo hallamos en el famoso proyecto del señor luzhakov sobre las escuelas secundarias agrícolas ^Rússkoie Bogatstvo, 1895, núm. 5)   [527•* . En la misma idealización incurre el señor V. V., colaborador de la revista, igual que Engelhardt, quien afirma en artículos económicos serios, que el campesino ha triunfado sobre el terrateniente que quería, según él, implantar el capitalismo; pero la desgracia es que el campesino había comenzado a- trabajar tierras del terrateniente recibidas, “en arriendo”, es decir, había restablecido integralmente el mismo sistema de economía que ya existía bajo el régimen de servidumbre. Estos son los ejemplosmnás palpables del espíritu reaccionario de los populistas ante los problemas de nuestra agricultura. Cada uno de ellos habla del daño y el peligro del capitalismo en nuestra agricultura pues—conviene tenerlo en cuenta—remplaza al campesino independiente por el peón. La realidad del capitalismo “(el peón”) se contrapone a la ficción del campesino “independiente”; esta ficción se basa en el hecho de que el campesino de la época precapitalista posee sus medios de producción. Pero se guarda silencio, discretamente, sobre la circunstancia de que él paga esos medios de producción al doble de su valor; que esos medios de producción sirven para el pago en trabajo; que el nivel de vida de este campesino “independiente” es tan bajo, que en cualquier país capitalista lo considerarían paupérrimo^ que a la extrema miseria y a la inercia mental de este campesino “ independiente" hay que añadir, además, la dependencia personal que acompaña inevitablemente las formas precapitalistas de economía.

p El tercer rasgo característico del populismo—desconocer la vinculación que ata a la “intelectualidad” y a las instituciones políticas y jurídicas del país con los intereses materiales de 528 determinadas clases sociales—se halla relacionado íntimamente con los rasgos precedentes: sólo la falta de realismo en el enfoque de los problemas sociológicos pudo dar vida a la teoría sobre lo “erróneo” del capitalismo ruso, y la posibilidad de “desviarse del camino”. Esta concepción del populismo tampoco guarda relación con la “herencia” y las tradiciones de la década del 60; por el contrario, está directamente en oposición a dichas tradiciones. De esta concepción por supuesto, se deriva la posición adoptada por los populistas ante las numerosas supervivencias en la vida rusa de la reglamentación anterior a la Reforma, que en modo alguno habrían podido compartir los representantes de la “herencia”. Para caracterizar esta posición, nos permitimos utilizar las excelentes observaciones del señor V. Ivanov en el artículo “Una desafortunada ocurrencia" (Nóvoie Slovo, setiembre de 1897). Su autor habla de la conocida novela del señor Boborikin, De otro modo y pone al descubierto que no ha comprendido nada de la polémica de los populistas con los “discípulos”, El señor Boborikin pone en boca del personaje central de su novela—un populista—un reproche dirigido a los “discípulos” que, según él, sueñan con “un cuartel con intolerables y despóticas reglamentaciones”. Con este motivo el señor Ivanov hace notar;

p “Ellos los populistas no han acusado a sus adversarios de ’ soñar’ con el intolerable despotismo de la ’reglamentación’. No solamente no lo han hecho sino que no lo pueden luicer ni lo harán mientras sigan siendo populistas. En este terreno la esencia de su polémica con los ’materialistas económicos’ reside precisamente en que lo que subsiste de la antigua reglamentación, en opinión de los populistas, puede servir de punto de partida para un desarrollo posterior de la misma. Pierden de vista lo intolerable de esa antigua reglamentación, por un lado, por la idea de que ’la propia alma campesina’ (única e indivisible) evoluciona hacia la reglamentación, y por el otro, por su fe en la belleza moral actual o futura de la ’intelectualidad’, de la ’sociedad’ o de las ’clases dirigentes’ en general, disimulan el carácter intolerable de esta vieja reglamentación. Acusan a los partidarios del materialismo económico de apasionarse, no por la ’reglamentación’, sino por el régimen de Europa occidental basado en la falta de reglamentación. Los materialistas económicos afirman, efectivamente, que los resabios de la vieja reglamentación, nacida de la economía natural, se vuelven cada 529 día más ‘intolerables’ en un país que ha pasado a la economía monetaria, con los innumerables cambios que se suceden, tanto en la situación material, como en la fisonomía intelectual y moral de las diversas capas de su población. Por eso están convencidos de que las condiciones necesarias para el surgimiento de una nueva ’reglamentación’ beneficiosa para la vida económica del país, no pueden desarrollarse de las supervivencias de una reglamentación adaptada a la economía natural y al régimen feudal, sino solamente en la atmósfera vasta y multilateral creada por la ausencia de esta vieja reglamentación, como sucede en los países avanzados de Europa occidental y Norteamérica. En, este estado se encuentra el problema de la ’reglamentación en la polémica entre los populistas y sus adversarios" (págs.’ 11-12, loe. cit.). Esta actitud de los populistas frente a “resabios de la vieja reglamentación" representa tal vez, la más pronunciada desviación del populismo de las tradiciones de la “herencia”. Los representantes de esta última, corno ya hemos visto, condenaron apasionada y rotundamente todas las supervivencias de la vieja reglamentación. Por lo tanto, en este aspecto, los “discípulos” están muchísimo más cerca de las “ tradiciones" y la “herencia” de la década del’80 que los populistas.

p Además del error capital que señalamos en los populistas, la falta de realismo sociológico los lleva también a una especial manera de pensar y de razonar sobre asuntos y problemas sociales, que se puede denominar mezquina presunción intelectualista o, tal vez, mentalidad burocrática. El populista piensa siempre sobre el camino que “nosotros” debemos escoger para la patria, sobre las calamidades que habrá que afrontar si “nosotros” encaminamos la patria por tal camino, las salidas que podríamos asegurar “nosotros” si evitáramos los peligros del camino seguido por la vieja Europa, si hubiéramos “tomado lo mejor”, tanto de Europa como de nuestra tradicional comunidad rural, etc., etc. De aquí la desconfianza y el completo desdén del populista por las tendencias propias de las diferentes clases sociales, que hacen la historia de conformidad con sus intereses. De aquí la sorprendente ligereza con que el populista emprende (olvidando el medio que lo rodea) todo posible género de proyectomanía social, comenzando por cualquier “ organización del trabajo agrario" y terminando por la “comunización r’e la producción" gracias a los esfuerzos de nuestra “sociedad”. “Mit der Gründlichkeit der geschichtlichen Action wlrd der 530 Umfang der Masse zunehrnen, deven Action sie ist"   [530•* : en estas palabras expresan una de las más profundas y más importantes tesis de la teoría de la filosofía de la historia, que de ninguna manera quieren ni pueden comprender nuestros populistas. A medida que se amplía y se profundiza la creación histórica de los hombres, debe crecer también esta parte de la población que es un factor conciente de la historia. El populista, en cambio, que siempre razona sobre la población en general y sobre la población trabajadora en particular, considerándolas como el objeto de tales o cuales medidas más o menos racionales, como un material que debe ser encaminado por esta u otra ruta, y que jamas consideró a las diversas clases de la población, como factores históricos que actúan de manera independiente por un camino dado nunca se preguntó cuáles son las condiciones en el camino en cuestión, susceptibles de interesar (o, por el contrario, de paralizar) la actividad independiente y conciente de estos creadores de la historia.

Así, aun cuando el populismo dio un gran paso adelante con respecto a la “herencia” de los ilustrados, planteando el problema del capitalismo en Rusia, la solución que dio a esta cuestión, fue tan poco satisfactoria, debido a su punto de vista pequeñoburgués y a su crítica sentimental ^3! capitalismo que, sobre una serie de importantes cuestiones de la vida social, se ha quedado atrás con respecto a los ilustrados. En resumidas cuentas, la adhesión del populismo a la herencip y a las tradiciones de nuestros ilustrados, resultó un hecho negativo: el populismo no ha resuelto los nuevos problemas que el desarrollo económico de la Rusia posterior a la Reforma planteó al pensamiento social ruso, y en este aspecto se limitó a proferir lamentaciones sentimentales y reaccionarias, mientras que la solución completa de los viejos problemas, que ya habían sido planteados por los ilustrados, fue dificultada por su romanticismo.

* * *
 

Notes

[521•*]   Véase V. I. Lenin, ob. cit., t. I, nota 7. (Ed.)

[521•**]   Confrontar ahora el libro de Tugán-Baranovski: La fábrica rusa (San Petersburgo, 1898).

[522•*]   He tenido ya la oportunidad de hacer notar antes, en el artículo sobre el romanticismo económico, que nuestros adversarios revelan una miopía sorprendente al interpretar los términos reaccionario, pequeñoburgués, como recursos polémicos, cuando estas expresiones tienen un sentido históricofilosófico absolutamente definido (véase el presente tomo, págs. 212-213. Ed.)

[525•*]   Estas palabras son del libro de Skaldin En un rincón perdido del campo y en la capital, S. Petersburgo, 1870, pág. 285. (Ed.)

[527•*]   Véase el presente tomo, págs. 66-73 y 463-496. (Ed.)

[530•*]   Marx, Die Heilige Familie [La Sagrada Familia], 120, según Beltov, pág. 235 “(Con la profundidad de la acción histórica crecerá también el volumen de la masa, cuya acción ella es”). (Véase C. Marx y F. Engels, La Sagrada Famüia, Ed. Grijalbo, Méjico, D. F., 1958, pág. 148. Ed.)