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III
LAS DEDUCCIONES DE SISMONDI, A PARTIR DE LA ERRÓNEA
TEORÍA DE LAS DOS PARTES EN QUE SE DIVIDE LA
PRODUCCIÓN ANUAL EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA
 

p Para que el lector pueda formarse una idea de la teoría de Sismondi en su conjunto, expondremos primero sus principales deducciones y después pasaremos a la rectificación de su error fundamental, rectificación hecha en El capital, de Marx.

p Ante todo, de la errónea teoría de Adam Smith, Sismondi deduce que la producción debe corresponder al consumo, que la producción es determinada por la renta. A la repetición minuciosa de esta “verdad” (que prueba su absoluta incomprensión del carácter de la producción capitalista), dedica todo el siguiente capítulo, el VI: Determinación recíproca de la producción por el consumo, y de los gastos por los ingresos. Aplica en forma mecánica a la sociedad capitalista la moral del campesino ahorrativo y piensa seriamente que con ello rectifica la doctrina de Smith. Al comienzo mismo de su obra, al hablar de A. Smith en la introducción (libro I, historia de la doctrina económica), declara que “está completando" a Smith con la tesis de que “el consumo es la única finalidad de la acumulación" (I, 51). “El consumo —dice—determina la reproducción" (I, 119-120). “El gasto nacional debe regular la renta nacional" (I, 113). A lo largo de toda la obra abundan las tesis de este género. En relación directa con ello, hay otros dos rasgos característicos de la doctrina de Sismondi: en primer lugar, no cree en el desarollo del capitalismo; no comprende cómo éste desarrolla las fuerzas productivas en grado cada vez mayor y niega la posibilidad de dicho desarrollo, del mismo modo que los románticos rusos “enseñan” que el capitalismo conduce a la dilapidación del trabajo, etc.

p “Se equivocan quienes instan a una producción ilimitada”, dice (I, 121). El excedente de la producción sobre la renta conduce a la superproducción (I, 106). El incremento de la riqueza sólo es ventajoso “cuando es gradual, cuando guarda proporción consigo mismo, cuando ninguna de sus partes se desarrolla con excesiva rapidez" (I, 409). El bueno de Sismondi piensa (lo mismo que nuestros populistas) que un desarrollo “ desproporcionado" no es desarrollo, que esa falta de proporción no 139 constituye una ley del actual régimen de economía social y de su evolución, sino un “error” del legislador, etc.; que se trata, por parte de los gobiernos europeos, de imitar artificios imente a Inglaterra, que ha emprendido un camino falso  [139•* . Niega, de manera absoluta, la tesis formulada por los clásicos, y que la teoría de Marx ha hecho enteramente suya, de que el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas. Es más: como es, en todo sentido, incapaz de explicar el proceso de acumulación, llega a pensar que toda acumulación sólo puede ser realizada “poco a poco”. Este es el segundo rnsgo, bien característico, de sus concepciones. En lo que resnecta a la acumulación, su manera de razonar es por demás divertida.

p “Destmés de todo, nunca se hace otra cosa aue trocar la totalidad de la producción de un año por la totalidad de la producción del anterior" (I, 121). Esto es ya la negación completa de la acumulación: resulta míe el incremento de la riqueza social es imposible baio el capitalismo. Al lector ruso no le sorprenderá mucho esti tesis, puesto aue ya ha escuchado lo mismo de boca del señor V. V. y del señor N.-on. Sin embargo, Sismondi era, a pesar de todo, discípulo de Smith. Siente que lo que sostiene no tiene ya sentido, y quiere rectificarse.

p “Si U producción crece de modo gradual—continúa—, el trueque de cada año sólo debe ocisionar una pequeña pérdida anual [une petite perte], mejorando al mismo tiemno las condiciones futuras [en même temps qu elle bonifie la condition future]. Si dicha pérdida es leve y está bien distribuida, cada uno la soportará sin proferir quejas [...]. Pero si existe una gran desproporción entre la nueva producción y la del año anterior, los capitales perecen [sont entamés], se producen sufrimientos y la nación retrocede, en lugar de avanzar" (I, 121). Sería difícil expresar con más relieve y nitidez la tesis fundamental del romanticismo y de la concepción pequeñoburguesa acerca del capitalismo. Cuanto más rápidamente aumenta la acumulación, es decir, el excedente de la producción sobre el consumo, tanto mejor, enseñaban los clásicos; y si bien éstos no supieron orientarse en el 140 proceso de la producción social del capital y liberarse del error de A. Smith, según el cual el producto social se compone de dos partes, formularon sin embargo la tesis absolutamente correcta de que la producción crea su propio mercado, determina el consumo. Y nosotros sabemos que la teoría de Marx ha tomado de los clásicos esta concepción de la acumulación, al reconocer que cuanto más rápidamente crece la riqueza, con tanta mayor plenitud se desirrollan las fuerzas productivas del trabajo y su socialización, tanto mejor se torna la situación del obrero, hasta donde ello es posible dentro del sistema dado de economía social. Los románticos sostienen precisamente lo contrario, cifran todas sus esperanzas en el débil desarrollo del capitalismo y claman porque ese desarrollo sea detenido.

Prosigamos. No comprendiendo que la producción misma crea su propio mercado, nace la teoría de la imposibilidad de realizar el sobrevalor. “De la reproducción nace la renta, pero la producción, por sí sola, no es aún renta: recibe este nombre [ce nom! La diferencia entre la producción, o sea, el producto, y la renta no sería, pues, ¡más que una cuestión de nombre!], no aparece como tal [elle nopere comme tel], sino después de haber sido realizada, después de que todo objeto producido ha encontrado un consumidor que tenga necesidad de él, o que satisfaga con él un deseo" (qui en avait le besoin ou le désir) (I, 121). Así, de la identificación de la renta con “la producción" (o sea con todo lo que se ha producido) emana la identificación de la realización con el consumo personal. En cuanto a que la realización de productos tales como el hierro, el carbón, las máquinas, etc., y, en general, de los medios de producción, se efectúa por otros caminos, Sismondi lo ha olvidado, aun cuando antes había llegado a los umbrales mismos de este problema. Al identificar la realización con el consumo personal, se desemboca, como es natural, en la teoría de que los capitalistas no pueden realizar precisamente el sobrevalor, porque, de las dos partes del producto social, el salario lo realizan los obreros mediante su consumo. Y Sismondi, en efecto, llegó a esta deducción (desarrollada luego por Proudhon más en detalle y repetida constantemente por nuestros populistas). En la polémica con MacCulloch, Sismondi señala el hecho de que este último (al exponer la doctrina de Ricardo) no explica la realización de la ganancia. Decía MacCulloch que con la división del trabajo social, una producción es mercado 141 para la otra: los productores de cereales realizan sus mercaderías en el producto de los fabricantes de vestidos, y a la inversa  [141•* . “El autor supone—dice Sismondi—la existencia de un trabajo sin ganancia [un travail sans bénéfice], una reproducción cuyo solo fin es reponer el consumo de ios obreros" (II, 384; cursiva de Sismondi) [...] “sin dejar nada para la parte del patrono [...] nosotros tratamos de establecer en qué se convierte el excedente de la producción de los obreros sobre su consumo" (ibíd.). Así, en la obra de este primer romántico encontramos una indicación, ya completamente definida, de que los capitalistas no pueden realizar el sobrevalor. De esta tesis, Sismondi extrae otra conclusión—de nuevo la misma que los populistas—: ios propias condiciones de la realización hacen necesario un mercado exterior para el capitalismo. “Dado que el trabajo es una parte importante de la renta, no se puede disminuir la demanda del mismo sin empobrecer a la nación. Y por ello, la ventaja que se espera del descubrimiento de nuevos métodos de producción, casi siempre se refiere al comercio con el extranjero" (I, 345). "La nación que tiene la iniciativa de un descubrimiento, puede, durante un lapso prolongado, ampliar su mercado en proporción al número de brazos liberados por cada nuevo invento. Esos brazos los emplea inmediatamente para aumentar la cantidad de productos que el nuevo invento permite vender a precio más bajo. Pero por fin se aproxima una época en que todo el mundo civilizado formará un solo mercado y ya no habrá una nueva nación donde obtener nuevos compradores. La demanda en el mercado mundial será entonces una magnitud invariable [precise] que se disputarán entre sí las diversas naciones industriales. Si una de ellas coloca mayor cantidad de productos, será en detrimento de otra. La venta total

142 sólo puede ser aumentada por el aumento del bienestar general, o liberando al consumo de los pobres mercancías que antes sólo poseían los ricos" (II, 316). El lector puede comprobar aue Sismondi es intérprete, iustamente, de la doctrina que tan bien han asimilado nuestros románticos, según la cual el mercado exterior sería la salida de la dificultad para realizar el producto en general y él sobrevolar en particular.

Para terminar, de esta misma doctrina eme identifica la renta nacional con la producción nacional deriva la teoría de Sismondi sobre las crisis. Después de todo lo expuesto, apenas si tenernos necesidad de extractar los numerosos pasees de su nbra dedicados a este problema. De su doctrina de oue la producción debe ser neces°riamente proporcional a la renta emanó por sí misma la concepción de nue la crisis es el resaltado de haber trasgredido esa correspondencia, es el resultado de una producción excesiva, aue supera al consumo. De la cita nue hemos traído surge con claridad que Sismondi consideraba como cansa fundamental de las crisis esa falta de correspondencia entre la producción v el consumo. Con todo, destacaba en el primer plano el insuficiente consumo de las masas populares, de los obreros. Debido a eso, su teoría sobre la crisis (hecha suva también por Rodbertus) es conocida en la ciencia económica como modelo de las teorías que atribuyen las crisis al subconsumo (Unterkonsumption).

* * *
 

Notes

[139•*]   Véase, por ejemplo, t. II. págs. 456-457, y otros muchos pasajes. Más abajo citaremos algunos ejemplos y el lector verá que hasta la manera de expresarse de nuestros románticos, por el estilo del señor N.-on, no difiere, en absoluto, de la de Sismondi.

[141•*]   Ver el apéndice de Nouveaux Príncipes, 2» edición, t. II: Eclaircissements relatifs á la balance des consommations avec les productions “(Aclaraciones relativas a la balanza de consumo y de la producción”. Ed.), donde Sismondi traduce y discute el artículo del discípulo de Ricardo (MacCulloch) publicado en The Edinburgh Revíew, bajo el título: “ Investigación de si la capacidad de consumo de la sociedad crece siempre paralelamente a la capacidad de producción”. (Se refiere al artículo polémico de MacCulloch "Los planes del señor Owen para mitigar la desgracia nacional”, aparecido en forina anónima en The Edinburgh Revieiv de 1819, al que responde Sismondi. The Edinburgh Revieui era una revista científica, literaria y política, que se publicó desde 1802 hasta 1929. Ed.)