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IV
¿EN QUÉ CONSISTE EL ERROR DE LAS DOCTRINAS DE
A SMITH Y DE SISMONDI ACERCA DE LA RENTA
NACIONAL?
 

p ¿En qué consiste, pues, el error fundamental de Sismondi, que lo ha conducido a todas esas deducciones?

p Tomó íntegra de Adam Smith la teoría de la renta nacional y de la división de ésta en dos partes Ha de los obreros y la de los capitalistas). No sólo no agregó nada a las tesis de éste, sino que dio inclusive un paso hacia atrás al omitir la tentativa ( infructuosa) de A. Smith de demostrar teóricamente esa idea. Sismondi parece no percibir la contradicción que existe entre esa teoría y la de la producción en general. En efecto, según la teoría por la cual el valor se deduce del trabajo, en el valor de un producto 143 entran tres partes componentes: la que compensa la materia prima y los instrumentos de trabajo (capital constante); la que compensa el salario o la manutención de los obreros (capital variable) ; y el “sobrevalor” (mieux valué, al decir de Sismondi). Tal es—en lo que respecta a su valor—el análisis que hace A. Smith de un producto aislado, y que Sismondi reproduce. Cabe preguntarse: ¿de qué manera el producto social, integrado por suma de productos aislados, puede estar compuesto únicamente de las dos últimas partes? ¿Qué se hizo de la primera parte, el capital constante? Como vimos, Sismondi no ha hecho más que dar vueltas en torno del problema, en tanto que A. Smith dio respuesta al mismo. Afirmó que dicha parte existe de modo independiente nada más que en el producto aislado. Pero si se toma en consideración todo el producto social, en su conjunto, se verá que esa parte se descompone, a su vez en salario y sobrevalor precisamente para los capitalistas que producen ese capital constante.

p Al dar esta respuesta, A. Smith no explicó, sin embargo, por qué al descomponer el valor del capital constante—de las máquinas, por ejemplo—vuelve a dejar a un lado, otra vez, el capital constante, o sea, en nuestro caso, el hierro del que están hechas las máquinas, los instrumentos usados en ellas, etc. Si el valor de cada producto incluye una parte que compensa el capital constante (y así lo reconocen todos los economistas), entonces su exclusión de cualquiera de las ramas de la producción social es completamente arbitraria. "Cuando A. Smith dice que los instrumentos de trabajo se descomponen en salario y ganancia, se olvida de agregar [dice el autor de El capital]: y en capital constante, que ha servido para su producción. Smith sencillamente nos remite de Poncio a Pilatos, de un producto a otro, y de éste a un tercero"  [143•* , sin darse cuenta de que a pesar de ello el problema no varía en absoluto. Esta respuesta de A. Smith (aceptada por toda la economía política anterior a Marx) no es más que un simple afán de eludir el problema, de esquivar la dificultad. Y en este punto está realmente la dificultad. Está en que los conceptos capital y renta no pueden ser trasferidos en forma directa del producto individual al producto social. Los economistas lo reconocen diciendo que, desde el punto de vista social, “el capi- 144 tal para uno se trasforma en renta para otro" (ver más arriba, Sismondi). Pero esta frase no hace más que formular la dificultad, sin resolverla  [144•* .

p La solución está en que cuando este problema se enfoca desde el punto de vista social, ya no se puede hablar de productos en general, sin tener en cuenta su forma material. Se trata, en efecto, de la renta social, o sea, del producto destinado al consumo. Pero no cualquier producto puede ser utilizado para el consumo personal: las máquinas, el carbón, el hierro, etc., no son consumidos por personas sino en el proceso productivo. Desde el punto de vista de un empresario individual, tal distinción era superflua: cuando decíamos que los obreros consumirán el capital variable, teníamos en cuenta que cambiarían en el mercado los artículos de consumo por el dinero que los capitalistas habían obtenido por las máquinas fabricadas por los obreros y con el que les pagaron. Aquí, el trueque de máquinas por cereal no nos interesa. Pero desde el punto de vista social, tal trueque ya no puede ser sobrentendido: no se puede decir que toda la clase de los capitalistas, que produce las máquinas, el hierro, etc., las vende y de este modo las realiza. La cuestión reside, precisamente, en saber domo se opera esa realización, es decir, la recuperación de cada una de las partes del producto social. Por ello, en todo razonamiento acerca del capital social y de la renta—o, lo que es lo mismo, de la realización del producto en la sociedad capitalista—se debe comenzar por distinguir esos dos aspectos totalmente diferentes del producto social: los medios de producción y los artículos de consumo. Los primeros pueden ser consumidos sólo en el proceso productivo y los segundos sólo personalmente. Los primeros sólo pueden servir de capital; los segundos deberán convertirse en renta, es decir, ser destruidos por el consumo de los obreros y de los capitalistas. Los primeros quedan íntegramente 145 en poder de los capitalistas; los segundos se distribuyen entre los obreros y los capitalistas.

p Una vez establecida esta división y corregido el error de Adam Smith, quien había excluido del producto social su parte constante (es decir, la parte que repone el capital constante), se aclara el problema de la realización del producto en la sociedad capitalista. Es evidente que no se puede hablar de una realización de los salarios por el consumo de los obreros, y de una realización del sobrevalor por el consumo de los capitalistas, y conformarse con eso  [145•* . Los obreros pueden consumir el salario, y los capitalistas el sobrevalor, sólo cuando el producto consiste en artículos de consumo, es decir, sólo en uno de los sectores de la producción social. Pero no pueden “consumir” un producto consistente en medios de producción: deben cambiarlo por artículos de consumo. Ahora bien, ¿por qué parte (en valor) de los artículos de consumo pueden cambiar su producto? Es evidente que sólo por la parte constante (el capital constante), puesto que las otras dos constituyen el fondo de consumo de los obreros y de los capitalistas que producen los artículos de consumo. Este cambio, al realizar el sobrevalor y los salarios en las industrias que producen los medios de producción, realiza con ello mismo el capital constante en las industrias que producen artículos de consumo. En efecto: para el capitalista productor—digamos—de azúcar, la parte del producto que debe reponer el capital constante (o sea, la materia prima, materiales auxiliares, la maquinaria, los edificios, etc.) existe en forma de azúcar. Para realizar esta parte es preciso obtener, en lugar de este artículo de consumo, los correspondientes medios de producción. En consecuencia, la realización de esta parte se efectuará mediante el cambio de artículos de consumo por productos que sirven de medios de 146 producción. Queda ahora sin explicar la realización de una sola parte del producto social, es decir, la del capital constante en el sector que provee los medios de producción. Parcialmente, ella se realiza por el hecho de que una parte del producto, en su forma natural, entra de nuevo en la producción (por ejemplo, una parte del carbón extraído por una empresa hullera se invierte, a su vez, en la extracción de carbón; el cereal cosechado por granjeros es utilizado de nuevo para la siembra, etc.); y parcialmente, mediante el intercambio entre diferentes capitalistas de este mismo sector: por ejemplo, para producir hierro es necesario carbón de piedra y para la producción de carbón de piedra es necesario hierro. Los capitalistas que producen uno u otro, realizan, intercambiándolos, la parte de esos productos destinada a la reposición de su capital constante.

p Este análisis (que acabamos de exponer—repetimos—en la forma más sucinta, por las razones señaladas más arriba) es el que ha resuelto la dificultad de la cual tenían conciencia todos los economistas y que formulaban con la siguiente frase: ’lo que es capital para uno es renta para otro”. Nos ha mostrado, además, cuan erróneo es reducir la producción social únicamente al consumo personal.

p Podemos ahora pasar al análisis de las conclusiones que Sismondi (y otros románticos) extrajo de su errónea teoría. Pero antes citaremos el juicio que sobre Sismondi emitió el autor del análisis mencionado, después de haber hecho el estudio más minucioso y completo de la teoría de A. Smith, a la que Sismondi nada nuevo agregó, y en cambio pasó por alto la tentativa de Smith, de justificar su contradicción.

“Sismondi, que se ocupa especialmente de la relación entre capital y renta, y que, en realidad, hace de su concepción especial de esta relación la differentia specifica de sus Nouveaux principes, no escribe ni una sola [cursiva del autor] palabra científica acerca de esto, no contribuye en un ápice al esclarecimiento del problema" (Das Kapital, II, S. 385, 1-te Auflage)   [146•* .

* * *
 

Notes

[143•*]   Véase, C. Marx, El capital, Buenos Aires, Ed. Cartago, 1957, t. H, pág. 292 y t. III, págs. 712-713. (Ed.)

[144•*]   Señalamos aquí sólo la esencia de la nueva teoría que ha proporcionado esta solución, y reservamos otro lugar para una exposición más detallada. Véase Das Kapital, II Band, III Abschnitt. (Véase C. Marx, ob. cit., t. II), sec. III, pág. 275. Ed.) Para más detalles, véase El desarrollo del capitalispno, cap. I. (Véase V. I. Lenin, ab. cit., t. III. En las ediciones de 1897 y 1898 Lenin cita aquí al libro de M. I. Tugán-Baranovski Las crisis industríales, parte II. En la edición de 1908 señala su propio libro, El desarrollo del capitalismo en Rusia cuya primera edición apareció en 1899. Ed.)

[145•*]   Y así razonan nuestros economistas-populistas, los señores V. V. y N.-on. Más arriba nos detuvimos deliberadamente, muy en detalle, sobre los errores de Sismondi en torno del problema del consumo productivo y personal, y de los artículos de consumo y los medios de producción (A. Smith estaba mucho más cerca de esa diferencia que Sismondi). Quisimos mostrar al lector que los representantes clásicos de esta errónea teoría percibían su insuficiencia, veían la contradicción y hacían tentativas por encontrar una salida. En cambio, nuestros “originales” teóricos no sólo nada ven, nada sienten, sino que ni siquiera reconocen la teoría ni la historia del problema acerca del cual peroran con tanto ardor.

[146•*]   Véase C. Marx, ob. cit., t. II, pág. 304. (Ed.)