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I
UNO DE LOS REPRESENTANTES
DE LA “HERENCIA”
 

_p Hace 30 años, en 1867, comenzaron a publicarse en la revista iiennie Zapiski  [500•*  los ensayos económicos y sociales de Sk«ldin, bajo el título En un perdido rincón del camvo u en la cavítal, one siguieron apareciendo durante tres años, de 1867 a 1869. En 1870 su autor los recopiló y los editó en un solo volumen bajo el mismo título   [500•** . La lectura de este libro, casi del todo olvidado en la actualidad, es extraordinariamente instructiva para el estudio del problema que nos interesa: aquel de los lazos que atan a los representantes de la “herencia” con los populistas y con los " discípulos rusos”. El título del libro no es exacto. El propio autor lo ha notado v explica en el prólogo que el tema se refiere a la actitud de la “capital” con respecto al “campo”, es decir, que se trata de ensayos económicos y sociales sobre este último, y que no PS su propósito hablar en particular de la capital. Es decir, probablemente haya tenido ese propósito, pero no lo creyó 501 conveniente: óit MJvouai - mi pniUo;mi. áít; M SoMouai -oíi otwauai ( como yo podría, no quiero; y como querría, no puedo) Skaldin cita, para explicar esa circunstancia la frase de un escritor griego.

p Haremos una breve exposición de los puntos de vista de Skaldin.

p Comenzaremos por la Reforma campesina   [501•* , punto de partida al cual deben remontarse inevitablemente, aun hoy, ouienes deseen exponer sus concepciones generales sobre los problemas económicos v sociales. En el libro de Skaldin se dedica mucho espacio a la Reforma campesina. Este escritor fue tal vez el primero que, en forma sistemática v basándose en innumerables hechos y en un examen minucioso de toda la vida del campo, SUPO mostrar la situación miserable de los campesinos después de la Reforma, el empeoramiento de sus condiciones de vida, las nuevas formas de su dependencia en el aspecto económico, en el jurídico v en su vida cotidiana; en una palabra, supo mostrar todo lo que desde entonces ha sido mostrado y demostrado, en forma circunstanciada y minuciosa, a través de innumerables investigaciones v descripciones. En la actualidad todas estas verdades no constituyen una novedad pero, en aauel entonces, no sólo eran nuevas sino aue hasta suscitaban la desconfianza de la sociedad liberal, la cual temía que tras de las “deficiencias dé la Reforma" terminaran por condenarla, así como al encubierto régimen de servidumbre. El interés que ofrecen los puntos de vi^ta de Skaldin es tarto mayor por tratarse de un contemporáneo de la Reforma (v posiblemente, inclusive un participante de la misma. No disponemos de datos históricos o literarios, ni biográficos de Skaldin). Sus concepciones se basan, por consiguiente, en la observación directa, tanto de la “capital” como del “campo” de entonces, v no en un estudio teórico de materiales impresos.

p En las concepciones de Skaldin referentes a la Reforma campesina, llama ante todo la atención del lector de nuestros días, habituado a las melosas narraciones populistas sobre el tema, la extraordinaria sensatez del autor. Skaldin considera la Reforma sin tratar de engañarse a sí mismo, sin ningún género de idealizaciones, la ve como un arreglo entre dos partes—los terratenientes y los campesinos—, que hasta entonces habían usufructuado en común 502 la tierra en determinadas condiciones y que ahora se han dividido, por lo que con esa división se ha modificado la situación jurídica de ambas partes. Los intereses de éstas fueron el factor determinante de la forma en que se realizó esa división y de la extensión que recibió cada parte. Esos intereces determinaban las aspiraciones de ambas partes, pero la posibilidad para una de ellas de participar de modo directo en la Reforma misma v en la solución práctica de los diversos problemas de su realización, fue precisamente lo que determinó su predominio. Tal es la interpretación que Skaldin da de la Reforma. En cuanto al problema principal de la Reforma—el de los nadiel y los pagos—, se detiene en forma particularmente minuciosa, y en sus ensayos vuelve al mismo más de una vez. (Su libro se compone de 11 ensayos independientes por su contenido, y recordando por su forma cartas del campo. El primer ensayo aparece fechado en 1866; el último, en 1869.) Con respecto a los llamados campesinos “con poca tierra”, el libro no contiene, claro está, nada nuevo para el lector contemporáneo, pero para el de fines de la década del 60, sus afirmaciones eran tan nuevas como valiosas. No nos proponemos, por supuesto, repetirlas; sólo queremos señalar lo que hav de particular en la carie terización que Skaldin hace de este fenómeno, v que lo distingue ventajosamente de los populistas. No habla de la “escasez de tierra”, sino de que “se ha recortado una parte demasiado importante de los mejores nadiel campesinos" (páp. 213, así como también 214 y muchas otras; confrontar título del ensayo III); de que los nadiel fijados por las Reglamentaciones  [502•*  resultiron inferiores a los que poseían los campesinos antes de la Reforma (pág. 257); cita de paso algunos de los juicios y comentarios más r-aract°n/>rticos de los campesinos sobre este aspecto de la Reforma   [502•** . Las explicaciones y la documentación que aporta son extraordinariamente concretas, vigorosas e inclusive rudas para 503 un escritor como él, de moderación y sensatez excepcionales y, por sus concepciones generales, indudablemente burgués. Si hasta un escritor como éste se expresa con tanta energía, quiere decir que el fenómeno llamó poderosamente su atención. También analiza lo gravoso de los pagos con una agudeza y profundidad poco comunes, y demuestra sus tesis con una gran cantidad de hechos. “Los impuestos excesivos—leemos en el subtítulo del ensayo III (1867)—son la causa principal de su pobreza (de los campesinos)”, y Skaldin señala que los impuestos son superiores a los ingresos que los campesinos obtienen de la tierra; cita de Los trabajos de la Comisión Impositiva los datos que muestran la distribución de los impuestos que se perciben en Rusia, tanto de las clases superiores como de las inferiores, de donde resulta que sobre estas últimas recae el 76 por ciento de todos los impuestos, y sobre las primeras tan sólo el 17 por ciento, mientras que en Europa occidental la relación es, en todas partes, muchísimo más favorable para las clases inferiores. En el subtítulo del ensayo VII (1868) leemos: “Las desmesuradas cargas monetarias constituyen una de las causas principales de la indigencia de los campesinos”, y el autor muestra cómo las nuevas condiciones de vida exigen de golpe al campesino dinero, dinero y más dinero; muestra cómo en la “Reglamentación” se proponía’ también que los terratenientes fueran indemnizados por la abolición del régimen de servidumbre (252), cómo el monto del tributo era fijado “de acuerdo con los datos suministrados por los terratenientes, por sus administradores e intendentes, es decir, de acuerdo con datos totalmente arbitrarios y falsos" (255), a consecuencia de lo cual, los tributos medios deducidos por las comisiones resultaron ser más elevados de lo que debían ser en realidad. “A la carga de los tributos se añadió para los campesinos la pérdida de la tierra que habían usufructuado durante siglos" (258). “Si la valuación de la tierra para el rescate se hubiera hecho por su valor real en la época de la emancipación, y no capitalizando el tributo, el rescate habría podido efectuarse muy fácilmente y no necesitaría la colaboración del gobierno, ni la emisión de títulos de crédito" (264). “El rescate, que según el espíritu de la Reglamentación del 19 de febrero debía ser un alivio para los campesinos y traer un mejoramiento en sus condiciones de vida, tiende en la realidad con frecuencia, a aumentar aun más su penuria" (269). Mencionamos aquí todas estas citas—de por sí poco interesantes y en 504 parte anticuadas—para demostrar con cuánta energía se expresaba en favor de los intereses de los campesinos un escritor que se pronuncia contra la comunidad rural y que en toda una serie de problemas ha evidenciado ser un verdadero manchesteriano. Es muy aleccionador señalar la total coincidencia de casi todas las tesis positivas, y no reaccionarias, del populismo con las de este manchesteriano. Se sobrentiende que, con tales concepciones, Skaldin no podía entregarse a esa empalagosa idealización de la Reforma, como lo hicieron y lo hacen los populistas cuando dicen que ella sancionó la producción popular, que era superior a las reformas campesinas de Europa occidental, que había hecho de Rusia algo así como una tabula rasa, etc. Skaldin no sólo no ha dicho ni podía decir nada semejante, sino que, por el contrario, dijo con franqueza, que nuestra Reforma campesina se había realizado en condiciones menos ventajosas para los campesinos, que había sido menos provechosa que la de Occidente. “El problema se planteará claramente—escribía Skaldin—si nos preguntamos por qué las felices consecuencias de la emancipación no se manifiestan en nuestro país con la misma rapidez y el mismo crecimiento progresivo, con que se manifestaron por ejemplo, en Prusia y Sajonia, en el primer cuarto del presente siglo" (221). “En Prusia, como en toda Alemania, se rescataban, no las parcelas de los campesinos, que desde hacía mucho ya eran reconocidas por la ley como propiedad de éstos, sino la prestación obligatoria de servicios a los terratenientes" (272).

p Ahora pasaremos del aspecto económico al jurídico de la Reforma según la apreciación de Skaldin. Éste es un ardiente adversario de la caución solidaria, del sistema de pasaportes y del poder patriarcal de la comunidad rural en el campesinado (y de la sociedad pequeñoburguesa) sobre sus miembros. En el ensayo III (1867) insiste en que debe suprimirse la caución solidaria, la capitación y el sistema de pasaportes, en la necesidad de establecer impuestos patrimoniales igualitarios y de sustituir los pasaportes por certificados gratuitos y permanentes. “El impuesto sobre pasaportes dentro del propio país no existe en ningún otro Estado civilizado" (109). Como se sabe, este impuesto sólo fue abolido en 1897. En el título del IV ensayo leemos: “La arbitrariedad de las comunidades rurales y de las dumas urbanas en el envío de pasaportes y en el cobro de impuestos a contribuyentes ausentes [...]. La caución solidaria es un yugo pesado que deben 505 soportar los propietarios hacendosos y cumplidores por los vagos v holgazanes” (126). Skaldin quiere explicar la diferenciación del campesinado, que ya entonces comenzaba a manifestarse, haciendo referencia a las cualidades personales de los que progresan y de los que se arruinan. Describe minuciosamente las dificultades con que tropiezan los campesinos que viven en San Petersburgo para obtener y prorrogar los pasaportes, y refuta la objeción da los que dicen “gracias a Dios que toda esta masa de campesinos sin tierra no ha sido incluida en los registros de las ciudades v no vino a aumentar el número de los habitantes urbanos que no tienen bienes raíces” (130)... “La bárbara canción solidaria”... (131). “Uno se pregunta: ¿puede llamarse libres, desde ^1 punto de vista civil, a las personas colocadas en semejante situación? ¿No es esto lo mismo que la glébae adscripti?"   [505•*  (132). Culpan a la Reforma campesina. ”;Pero acaso es culpable la Reforma campesina si la legislación, después de emancipar al campesino de su servidumbre no lo ha podido liberar de las cadenas nnp Jo sujetan a la sociedad y al lugar donde vive? [.. .1 j Dónde está, pues, su libertad civil, si el campesino no puede elegir el lugar de residencia, ni sus ocupaciones?” (132). En forma verdaderamente justa v certera, Skaldin denomina a nuestro campesino “proletario sedentario" (231)   [505•** . En el título del ensavo VIII (1868) leemas... “La adscripción de los campesinos a la comurHnrl v al nadiel entorpece el mejoramiento de las condiciones de vida [...] Es una traba para el desenvolvimiento de los trabajos de temporada”. “Además de la ignorancia v Ja carga agobiante nue representa el aumento progresivo de los impuesto», una de las causas que traba el desarrollo del trabajo campesino y, por 506 consiguiente de su bienestar, es su adscripción a la comunidad v al nadiél. Atar la mano de obra a un lugar determinado y encadenar la comunidad rural con lazos indisolubles es va de ñor sí una condición extremadamente desventajosa para el desarrollo del trabajo, pTa la iniciativa personal y para la pequeña propiedad agraria" (284). “Los campesinos sujetos como están a su nadiél v comunidades, privados de la posibilidad de emplear su trabajo donde resulte más; productivo y ventajoso para ellos, han quedado como congelados dentro de esa forma de vida semejante a la de un rebaño, improductiva, tal como habían snlido del régimen feudal" (285). El autor, por consiguiente, enfoca los problemas del modo de vida campesino desde un punto de vista netamente burgués, pero, pese a ello (con más exactitud: por ello) aprecia, en forma extraordinariamente justa, lo pernicioso de la adscripción de los campesinos para toda la evolución social y para ellos mismos. Con singular fuerza (agregaremos por nuestra parte) se manifiesta este perjuicio sobre las capas inferiores del campesinado fntre el proletariado rural. Skaldin dice con sumo acierto: “es loable la preocupación de la lev por que los campesinos no queden sin tierra; pero conviene no olvidar que los propios campesinos se preocupan muchísimo más del particular que cualquier legislador" (286). “Además de la adscripción de los campesinos a su nadiél v a la comunidad, inclusive su alejamiento provisorio para ganar un jornal, tropieza con una multitud de restricciones y gastos, a consecuencia de la caución solidaria y el sistema de pasaportes" (298). “Numerosos campesinos, a mi juicio, encontrarían una salida a la difícil situación actual si se tomaran [...] medidas tendientes a facilitar a los campesinos la posibilidad de renunciar a la tierra" (294). Aquí Skaldin expresa un deseo que contradice de modo radical todos los proyectos populistas, que terminan todos en el resultado: al reforzamiento de la comunidad rural, a la no enajenación de los nadiél, etc. Numerosos hechos han probado plenamente desde entonces que Skaldin tenía razón: mantener a los campesinos sujetos a la tierra y el cerrado carácter estamental de la comunidad rural, sólo empeoran la situación del proletariado rural, entorpecen el desarrollo económico del país y no ofrecen, en absoluto, condiciones para defender al “proletario sedert^rio" contra las peores formas de sojuzgamiento v de depencl°r>Ha, contra la caída vertical del salario y del nivel de vida.

p De las citas trascritas, el lector puede deducir ya que Skaldin 507 es enemigo de la comunidad rural. Se pronuncia en contra de la misma y de la redistribución de las tierras desde el punto de vista de la propiedad privada, de la iniciativa privada, etc. (págs. 142 y sigs.). Refuta a quienes defienden la comunidad y afirma que el “derecho consuetudinario secular" ya ha caducado: “En todos los países, a medida que los habitantes rurales se ponían en contacto con el medio civilizado, el derecho consuetudinario fue perdiendo su pureza primitiva, se ha ido menoscabando y deformando. Este fenómeno se observa también en nuestro país; el poder del “mir” se convierte poco a poco en el poder de los usureros y de los burócratas rurales, que en lugar de proteger al campesino, lo oprime como un pesado yugo" (143), observación muy justa, cuya veracidad ha sido confirmada durante los últimos 30 años por una infinidad de hechos. “La familia patriarcal, la posesión comunal de la tierra, el derecho consuetudinario”, a juicio de Skaldin, están irremisiblemente condenados por la historia. “Aquellos que abrigasen el deseo de conservar para siempre estos venerados monumentos de los siglos pasados, demostrarían con ello que están más dispuestos a dejarse arrastrar por una idea que ’a penetrar en la realidad y comprender la marcha incontenible de la historia" (162), y agrega a esta observación efectivamente justa una vibrante filípica manchesteriana. “El usufructo comunal de la tierra—dice en otro lugar—coloca a cada campesino en situación de esclavo con respecto a toda la sociedad" (222). Así pues, en Skaldin, la incondicional hostilidad a la comunidad rural, desde un punto de vista netamente burgués, se vincula con una consecuente defensa de loa intereses de los campesinos. No le inspira en absoluto esos disparatados proyectos de destruir la comunidad rural por la violencia y de implantar, por el mismo medio, otro sistema similar de propiedad de la tierra, proyectos que suelen lucubrar los actuales enemigos de esa comunidad, quienes se pronuncian en contra de ésta y defienden la descarada ingerencia en la vida campesina en modo alguno desde el punto de vista de los intereses de sus integrantes. Por el contrario, Skaldin refuta con energía ser incluido entre los partidarios de “la destrucción violenta del usufructo comunal de la tierra" (144). “La Reglamentación del 19 de febrero ha dejado—dice—muy sabiamente en manos de los propios campesinos la decisión [... ] de pasar [... ] del usufructo comunal al familiar. En efecto, nadie, fuera de los campesinos mismos, puede decidir con fundamento sobre la oportunidad de 508 tal paso.” Por lo tanto Skaldin es adversario de la comunidad rural sólo en el sentido de que ésta traba el desarrollo económico, la salida de los campesinos; de la comunidad rural, y la renuncia a la tierra, es decir, en el mismo sentido en el que ahora se manifiestan contrarios a la comunidad los “discípulos rusos”; esta hostilidad nada tiene de común con la defensa de los intereses egoístas de los terratenientes, ni con la de los vestigios y el espíritu del régimen de servidumbre, ni con la ingerencia en la vida de los campesinos. Es muy importante tener en cuenta esta diferencia, por cuanto los populistas de hoy, habituados a ver adversarios de la comunidad rural solamente en el campo de Moskóvskie Viédomosti, etc., simulan de buen grado no comprender otra forma de hostilidad hacia la comunidad.

p El punto de vista general de Skaldin con respecto a las causas de la penosa situación de los campesinos, se reduce a que todas ellas se basan en las supervivencias del régimen de servidumbre. Al describir el hambre del año 1868, Skaldin hace notar que los terratenientes feudales se referían a él con malévola alegría y decían que su origen residía en la indisciplina de los campesinos, en la supresión de la tutela del terrateniente, etc. Skaldin se rebela vivamente contra estas opiniones. “Las causas de empobrecimiento de los campesinos—dice—radica en la herencia que ha dejado el régimen feudal [212], y no un resultado de la abolición de éste; esas son las razones principales que mantienen a la mayoría de nuestros campesinos en un nivel próximo al proletariado”, y repite los juicios antes citados sobre la Reforma. Es absurdo atacar las particiones familiares: “Aun cuando estas particiones causan un daño temporal a los; intereses materiales de los campesinos, dejan a salvo, en cambio, su libertad individual y la dignidad moral de la familia campesina, es decir, los bienes superiores del hombre, sin los cuales no es posible que triunfe el espíritu ciudadano" (217), y Skaldin señala, con razón, ks auténticas causas de la campaña contra las particiones: “muchos terratenientes exageran el perjuicio que ocasionan las particiones y descargan sobre ellas, del mismo modo que sobre la ebriedad de los campesinos, todas las consecuencias de estas u otras causas de la indigencia de los campesinos cuyo reconocimiento es tan desagradable para los terratenientes" (218). A los que dicen que ahora se habla mucho acerca de la pobreza campesina, mientras que antes no se la mencionaba para nada—lo cual probaría que la situación de los campesinos 509 ha empeorado—, Skaldin contesta: “Para poder apreciar en su justo valor los resultados de la emancipación del campesinado de los terratenientes, comparando su situación actual con la de antes, habría que haber recortado los nadiel de los campesinos durante el régimen feudal, como se hizo después, y cargar a los campesinos de entonces todas las gabelas impuestas después de la emancipación, y se vería así cómo los campesinos hubieran soportado tal situación” (219). Este es un rasgo, en alto grado característico e importante de las concepciones cíe Skaldin, quien atribuye todas las causas que empeoran la situación de los campesinos a las supervivencias del régimen feudal que ha dejado en herencia las prestaciones, los tributos, los recortes de tierra, la falta de derechos individuales y la obligatoriedad para los campesinos de tener un lugar fijo de residencia. Skaldin no ve, ni admite siquiera la idea de que las causas del empobrecimiento campesino resida en el propio régimen de las nuevas relaciones económicas y sociales, en el propio régimen de la economía posterior a la Reforma, pues está profundamente convencido de que con la completa abolición de toaos estos vestigios del régimen feudal sobrevendrá la prosperidad general. Su punto de vista es particularmente negativo: elimínense las trabas al libre desarrollo del campesinado, elimínense todas las cadenas heredadas del régimen feudal y todo marchará bien en este mundo, que es el mejor de todos. “De parte del poder estatal—dice Skaldin—, aquí [es decir, con respecto a los campesinos] sólo puede haber un camino: la paulatina y continua eliminación de las causas que han llevado a nuestro campesino al embotamiento y pobreza actuales, y que no le permiten alzar cabeza y progresar" (224, la cursiva es mía). En este aspecto resulta muy ilustrativa la respuesta que Skaldin da a quienes defienden la “comunidad” (o sea, la sujeción de los campesinos a la comunidad rural y al nadiel) y alegan que en caso contrario “se formaría un proletariado rural”. “Esta objeción—dice Skaldin—se rebate por sí misma, si se tiene en cuenta las inmensas exten-. siones de tierra que tenemos sin cultivar y que no hallan mano de obra que las trabaje. Cuando la ley deje de imponer restricciones a la distribución natural de la mano de obra, en Rusia sólo serán verdaderamente proletarios quienes son mendigos de profesión, o la gente incorregiblemente corrompida y entregada a la bebida" (144); punto de vista típico de los economistas e “ilustrados” del siglo XVIH, quienes creyeron que la abolición del régimen feu- 510 dal y de todas sus supervivencias crearía sobre la tierra el reino del bienestar universal. Quizás un populista miraría a Skaldin con altanería y diría simplemente: es un burgués. Sí, claro está, Skaldin lo es, pero es el representante de la ideología burguesa progresista, mientras que la ideología del populista es pequeñoburguesa y reaccionaria en muchísimos aspectos. ¡Y este “burgués” ha sabido defender mejor aun que un populista los intereses prácticos y reales de los campesinos, intereses que han coincidido y coinciden con las exigencias de todo el desarrollo social!   [510•* 

p Para finalizar la caracterización de las concepciones de Skaldin, añadiremos que este autor es enemigo del sistema de los estamentos, partidario de una justicia única para todos, simpatiza “en teoría" con la supresión de los estamentos en el distrito, es ferviente partidario de la instrucción pública, particularmente amplia, de la autoadministración y de las instituciones del zemstvo; es partidario de un amplio crédito agrario, sobre todo del pequeño crédito, porque hay una gran demanda de tierras entre los campesinos. También aquí se manifiesta el “manchesteriano”: Skaldin dice, por ejemplo, que los bancos de zemstvo y urbanos son “una forma patriarcal o primitiva de bancos”, que debe ceder el lugar a los bancos privados, los cuales gozan de “todas las prerrogativas" (80). El valor de la tierra se puede aumentar “mediante la reanimación de la actividad industrial y comercial en nuestras provincias" (71), etcétera.

p Resumiendo. Por el carácter de sus concepciones, Skaldin puede ser llamado burgués ilustrado, y las mismas recuerdan extraordinariamente a las de los economistas del siglo xvm (refractadas, claro está, por el prisma de las condiciones rusas), y el carácter general “ilustrado” de la “herencia” de la década del 60 ha sido expuesto por él con destacado relieve. Al igual que los iluministas de Europa occidental y la mayoría de los representantes de la literatura de la década del 60, Skaldin está animado por un 511 ardiente odio al régimen feudal y a todas sus manifestaciones en el terreno económico, social y jurídico. Este es el primer rasgo característico del “ilustrado”. El segundo, común a todos los ilustrados rusos, es la fervorosa defensa de la instrucción, de la autoadministración, de la libertad, de las formas europeas de vida y, en general, de la europeización de Rusia en todos los aspectos. Por último, el tercer rasgo característico del “ilustrado” es la defensa de los intereses de las masas populares, principalmente de los campesinos ( los que aún no estaban del todo emancipados, o los que se iban emancipando en la época de los ilustrados), la sincera fe en que la abolición del régimen feudal y de sus supervivencias habría de traer el bienestar, general, y el sincero deseo de contribuir a ello. Estos tres rasgos constituyen también la esencia de lo que entre nosotros se llama “la herencia de la década del 60”, y es importante subrayar que nada hay de populista en esta herencia. En Rusia no son pocos los escritores que, por sus concepciones, participan de las mencionadas características y que, sin embargo, jamás tuvieron nada en común con el populismo. Cuando las concepciones de un escritor responden a esa característica, se reconoce en él a quien “ha cuidado las tradiciones de la década del 60”, independientemente de su actitud frente al populismo. A nadie, claro está, se le ocurriría decir, por ejemplo, que el señor M. Stasiuliévich, cuyo aniversario se festejó hace poco, “ha renunciado a la herencia" porque fue adversario del populismo o porque se mantuvo indiferente ante los problemas planteados por el mismo. Hemos tomado como ejemplo a Skaldin   [511•*  512 precisamente porque siendo un representante indudable de la “herencia” es, al mismo tiempo, un enemigo irreductible de las instituciones del pasado que el populismo ha defendido.

p Dijimos que Skaldin es un burgués y lo afirmamos con numerosos ejemplos. Sin embargo, es necesario hacer una reserva: a menudo esta palabra se entiende entre nosotros en forma absolutamente incorrecta, estrecha y antihistórica, vinculándola (sin distinguir las épocas históricas) con la defensa egoísta de los intereses de una minoría. No se debe olvidar que en la época en que escribían los ilustrados del siglo xvm (a quienes la opinión más generalizada reconoce como líderes de la burguesía), y en la que escribían nuestros ilustrados, en la época que va del 40 al 60, todos los problemas sociales se reducían a la lucha contra el régimen feudal y sus supervivencias. Las nuevas relaciones económicas y sociales y sus contradicciones se hallaban aún en estado embrionario. Por eso, ningún interés egoísta podía entonces manifestarse en los ideólogos de la burguesía; todo lo contrario, tanto en Occidente como en Rusia, creían con toda honestidad en la prosperidad general y la deseaban sinceramente. No veían (y en parte aún no podían verla) las contradicciones en el régimen que surgía del feudalismo. No en vano Skaldin cita en su libro a Adam Smith: hemos visto que, tanto sus concepciones como el carácter de su argumentación, repiten, en muchos casos, las tesis de este gran ideólogo de la burguesía progresista.

Si entonces, frente a las aspiraciones concretas de Skaldin ponemos, por un lado las concepciones de los populistas contemporáneos, y por el otro la actitud hacia ellos de los "discípulos rusos”, veremos que estos últimos apoyarán siempre las aspiraciones de Skaldin, por cuanto éstas traducen los intereses de las clases sociales progresistas, los intereses vitales de todo el desarrollo social en el camino emprendido, o sea, el camino capitalista. Y en cuanto a los cambios que los populistas han aportado a esas aspiraciones concretas de Skaldin o a su manera de plantear los problemas, son negativos y los “discípulos” los rechazan. Estos últimos no se “lanzan” contra la “herencia” (esto es una invención absurda) sino contra lo que los populistas le agregan de románico y de pequeñoburgués, y que ahora pasaremos a analizar.

* * *
 

Notes

[500•*]   Véase V. I. Lenin, db. ctt., t. I, nota 20. (Ed.)

[500•**]   Skaldin: En un perdido rincón del campo y en la capital, San Petersburgo, 1870 (451 págs.). No nos fue posible conseguir los números de Otléchestvienníe Zapíski correspondientes a ese período; por lo tanto hemos utili;zado únicamente el libro.

[501•*]   Véase V. I. Lenin, db. cit., t. I, nota 5. (Ed.)

[502•*]   Las reglamentaciones del 19 de febrero de 1861 eran leyes referentes a la abolición de la servidumbre en Rusia. (Ed.)

[502•**]   “El [cursiva del autor] lia recortado de tal manera nuestra parcela, que ya no nos es posible vivir: nos cercó con sus campos por todos lados, al punto que no tenemos dónde enviar a pastar a nuestros animales: y encima te hace pagar cuanto quiere por el nadiel y aparte por la tierra que te ha recortado.” "¡Qué mejoramiento de vida es este!—me dijo un campesino, antiguo tributario, hombre instruido y con experiencia en la vida—. Mantuvieron el tributo que pesaba sobre nosotros, y la tierra la han recortado.”

[505•*]   Campesinos de la época del antiguo Imperio romano, adscritos a las parcelas, de las cuales no podían irse aun cuando su explotación no les alcanzara para vivir.

[505•**]   Skaldin ha mostrado muy detalladamente la iusticia. nn sólo de la primera, sino también de la segunda parte de esta definición (proletario). Dedica mucho espacio en sus ensayos a la descrinción de la situación de dependencia de los campesinos y de su miseria, de la difícil situación de las peones, a la "descripción del hambre de 1868”, etc. (título del ensayo V) v de todo género de formas de sojuzgamiento y humillación del campesino. También en la década del 60, igual que en la del 90, hubo gente nue s’ lencíaba y negaba el hambre. Skaldin se alza ardientemente contra ella. Claro está que sería superfino traer citas minuciosas sobre esta materia.

[510•*]   Y por el contrario, todas las medidas prácticas progresistas que encontramos entre los populistas son, o por su contenido, completamente burguesas, es decir, están encaminadas precisamente al desarrollo capitalista y no a otro. Sólo pequeños burgueses podían inventar la teoría según la cual la ampliación de la posesión territorial campesina, la reducción de los impuestos, el cambio de residencia, el crédito, el ascenso de la técnica, la regulación de la venta y otras medidas semejantes pueden servir a una “ producción popular".

[511•*]   Se nos objetará, tal vez, que ni la hostilidad de Skaldin por la comunidad rural ni el tono que emplea son típicos de la década del 60. Pero no se trata sólo de la comunidad sino de las concepciones comunes a todos los ilustrados y que Skaldin comparte. En cuanto al tono, en efecto, puede ser que no sea típico, por su manera serena, moderada, gradual de razonar, etc. No en vano Engels llamó a Skaldin liberalkonservativ (conservador moderado. Ed.) BB. Sin embargo, elegir a un representante de la herencia66 con un tono más típico hubiera sido en primer lugar, inconveniente por diversos motivos y en segundo lugar, hubiera podido suscitar malentendidos al hacer un paralelo con el populismo actual. Por el carácter mismo de nuestro objetivo, el tono (a pesar del refrán) no hace la música, y el tono de Skaldin, precisamente porque no es típico, destaca con más relieve su “música”, es decir, el contenido de sus concepciones. Y a nosotros sólo nos interesa ese contenido. Sólo por el contenido de las concepciones (y no por el tono que los escritores emplean) nos proponemos trazar el paralelo entre ellos,