p Se comprende que Sismondi no podía ignorar la tendencia real del desarrollo. Por eso, al exigir “que sea estimulada la peoueña agricultura" (II, 355), dice explícitamente que convendría “dar a la economía rural una orientación diametralmente opuesta a Ja que está siguiendo en Inglaterra en la actualidad" (II, 354-355) [231•* .
p “Afortunadamente, Inglaterra posee el medio para hacer mucho en favor de sus pobres rurales, dividiendo entre ellos sus inmensos terrenos comunales (ses immenses commtmaux) [...] Si estas tierras comunales fueran divididas en lotes libres (en propriétés franches) de 20 a 30 acres cada uno, ellos (los ingleses) verían renacer aquella independiente y altiva clase de colonos, aquella 232 yeomanry de cuya destrucción casi completa se lamentan ahora” (II, 357-358).
p “Los planes” del romanticismo se presentan como de muy fácil realización, precisamente debido a ese desconocimiento de los intereses reales que constituye la esencia del romanticismo. “Semejante proposición [la distribución de pequeños lotes de tierra a los jornaleros, cuyo mantenimiento quedaría a cargo de los grandes propietarios], quizá subleve a los grandes terratenientes que en la actualidad son los únicos que ejercen en Inglaterra el poder legislativo; mas, no obstante, esa medida es justa [...]. Los grandes terratenientes, y sólo ellos, tienen necesidad de jornaleros; ellos los han creado, que ellos los mantengan" (II, 357).
p No causarán asombro estas ingenuidades escritas a comienzos de siglo; la “teoría” tan primitiva del romanticismo corresponde al estado primitivo del capitalismo, el cual ha condicionado ese punto de vista, igualmente primitivo. En esa época existía aún concordancia entre el desarrollo real del capitalismo, su comprensión teórica y la manera de encararlo, y Sismondi, en todo caso, se presenta como escritor consecuente y fiel a sí mismo.
p “Ya hemos señalado—dice—la protección que en otro tiempo encontraba esta clase (la de los artesanos) en el establecimiento de los gremios y las corporaciones ]des júremeles et des maítrises] [... ] No se trata de volver a establecer esa organización extraña y opresora [...]. Pero el legislador debe proponerse ante todo elevar la remuneración del trabajo industrial, sacar a los jornaleros de la situación inestable (précaire) en que viven v, por último, hacerles más fácil la posibilidad de adquirir lo que ellos denominan una posición [232•* (un état] [... ] En la actualidad, los obreros nacen y mueren obreros, mientras que antes la situación del obrero no era más que una preparación, el primer escalón para llegar a una situación más elevada. Y es precisamente esa posibilidad de ir elevándose (cette faculté progresíive) la que es importante restablecer. Hay que proceder de manera que los patronos tengan interés en hacer pasar a sus obreros a una posición más elevada; es necesario que el hombre que ingresa en una manufactura comience, en efecto, a trabajar simplemente por un salario, pero qtie tenga siempre ante sí la esperanza de obtener, por su buena conducta, una parte de las ganancias de la empresa" (II, 344-345).
233p ¡Sería difícil expresar con mayor claridad el punto de vista del pequeño burgués! Los gremios, ése es el ideal de Sismondi; y la salvedad que hace con respecto a no restablecerlos sólo significa, evidentemente, que correspondería retomar el principio, la idea del gremio (tal como los populistas quieren retomar el principio, la idea de la comunidad, y no esta forma de asociación fiscal que actualmente se denomina comunidad), y dejar de lado sus deformaciones medievales. El plan de Sismondi era absurdo, no porque defendiese los gremios en su integridad y quisiera revivirlos integralmente; no se planteaba semejante tarea. El absurdo consiste en que tomaba por modelo la asa/elación surgida de la necesidad limitada, primitiva, que sentían de unirse los artesanos de una misma localidad, y quería aplicar esta forma, este modelo, a la sociedad capitalista en la que aparece, como elemento unificador, socializador, la gran industria mecanizada, que rompe las trabas medievales y borra las diferencias locales, regionales y profesionales. Aceptando la necesidad de la asociación, de la unión en general, en una u otra forma, el romántico toma como modelo una asociación o^ue responde a las estrechas necesidades de unión en una sociedad patriarcal e inmóvil, y quiere aplicarla a una sociedad completamente trasformada, con una población móvil, en la cual es un hecho la socialización del trabajo, no sólo en los marcos de una comunidad o de una corporación, sino en la escala de todo el Estado y hasta más allá de los límites de un solo Estado [233•* .
234p Este error es el que valió al romántico la calificación de reaccionarlo; por supuesto, con este término no se entiende el deseo de restablecer simplemente las instituciones medievales, sino la tentativa de aplicar a la nueva sociedad el antiguo rasero patriarcal, el deseo de buscar un modelo en los viejos regímenes y tradiciones, que no corresponden en absoluto a las condiciones económicas modificadas.
p Esta circunstancia es la que Efrussi no comprendió del todo. La caracterización de la teoría de Sismondi como reaccionaria fue tomada por él, en su sentido grosero, vulgar. Efrussi quedó perplejo ... ¿Cómo es posible?—razona—, ¿qué clase de reaccionario es Sismondi, si dice directamente que no quiere de modo alguno restablecer los gremios? Y Efrussi concluye que es injusto “acusar” a Sismondi de “retrógrado”; que, por el contrario, tenía "un punto de vista correcto sobre la organización gremial y supo apreciar toda su importancia histórica" (núm. 7, pág. 147), como, según él, se ha establecido en las investigaciones históricas de tales y cuales profesores sobre los lados buenos de la mencionada organización.
p ¡Los escritores quasi [234•* sabios tienen a veces la sorprendente cualidad de no ver el bosque detrás de los árboles! La opinión de Sismondi sobre los gremios es característica e importante, precisamente porque vincula a la misma sus aspiraciones concretas [234•** . Y por eso su doctrina es caracterizada como reaccionaria,. ¡Y pensar que Efrussi se dedica a comentar, sin referirse al campo ni a la ciudad, las obras históricas modernas sobre los gremios!
p El resultado de todas esas disquisiciones quasi sabias y fuera de lugar fue que Efrussi pasó por alto lo que constituye el fondo de la cuestión: ¿es justo o injusto caracterizar de reaccionaria la doctrina de Sismondi? Aquél no supo ver precisamente lo esencial: el punto de vista de éste. “En economía política me han presentado —decía Sismondi—como enemigo del progreso social, como partidario de instituciones bárbaras y opresivas. No; yo no quiero lo que fue, pero quiero, sí, algo mejor en comparación con lo actual. 235 No puedo juzgar lo presente sin compararlo con lo pasado, y estov muy lejos de querer restablecer las antiguas ruinas cuando demuestro por medio de ellas las eternas necesidades de la sociedad" (II, 433). Los deseos de los románticos son muy buenos (como los de los populistas). Su conciencia de las contradicciones del capitalismo los coloca por encima de los optimistas ciegos que niegan estas contradicciones. Y si se califica a Sismondi de reaccionario, no es por haber querido regresar a la Edad Media, sino porque en sus aspiraciones concretas “comparaba el presente con el pasado" y no con el futuro; porque "demostraba las eternas necesidades de la sociedad" [235•* medíante “las ruinas" y no mediante las tendencias del desarrollo moderno. Y lo que no supo comprender Efrussi es este punto de vista pequeñoburgués de Sismondi, que lo destaca netamente de otros escritores que también demostraban, al mismo tiempo que él y después de él, “las eternas necesidades de la sociedad".
p Este error de Efrussi puso de manifiesto una interpretación muy estrecha de los términos doctrina “pequeñoburgués”, “reaccionaria”, de lo que ya hemos hablado más arriba con motivo del primero de estos términos. Ellos no indican, de manera alguna, las aspiraciones egoístas de un pequeño tendero o el, deseo de detener el desarrollo social, de volver hacia atrás: se refieren sólo al carácter erróneo del punto de vista del escritor en cuestión, a lo limitado de su comprensión y de sus horizontes, lo q]ue lo l\eva a elegir medios (para la consecución cíe fines miiv loables) que en la práctica no pueden ser eficaces, que no pueden satisfacer más que al pequeño productor o prestar un servicio a los defensores del pasado. Sismondi, por ejemplo, no es en modo alguno un fanático de la pequeña propiedad. Comprende no menos que nuestros populistas actuales la necesidad de la unión, de la asociación. Expresa el deseo de que “la mitad del beneficio" de las empresas industriales “sea repartida entre los obreros asociados" (II, 346). Se pronuncia explícitamente en favor de un “sistema de asociación”, en el cual "todos los adelantos de la producción redunden en beneficio del que se dedica a ella" (II, 438). Defendiendo su doctrina con respecto a las teorías de Owen, Fourier, Thompson, Muiron, célebres en 236 aquel tiempo, Sismondi declara: “Yo desearía, como ellos, que hubiera una asociación entre los que fabrican en conjunto un mismo producto, en lugar de enfrentarlos unos a otros. Pero no creo que los medios que han propuesto para este fin puedan conducirnos al mismo alguna vez" (II, 365).
p La diferencia entre Sismondi y esos escritores estriba justamente en el punto de vista. Y es entonces muy natural que, al no haberlo comprendido, Efrussi haya presentado en forma totalmente falsa la actitud de Sismondi con respecto a esos escritores.
p Leemos en la revista “Rússkoie Bogatstvo", núm. 8, pág. 57: "Si Sismondi ejerció sobre sus contemporáneos una muy débil influencia, y si las reformas sociales por él, propuestas no fueron realizadas, ello se explica principalmente por que se adelantó mucho a su época. Escribía cuando la burguesía festejaba su luna de miel [...]. Se comprende que, en tales condiciones, las palabras del hombre que exige reformas sociales tenían que convertirse en una voz predicando en el desierto. Sabemos, empero, que las generaciones posteriores no lo han tratado mucho mejor. Se explica quizá porque Sismondi, como ya dijimos, escribe en una época de transición; aun cuando deseaba grandes cambios, no podía desprenderse enteramente del pasado. Debido a eso, parecía demasiado radical a los hombres moderados, y demasiado moderado a los representantes de tendencias más radicales.”
p En primer lugar, decir que Sismondi “se había adelantado a su época" por las reformas que proponía, significa no comprender para nada la esencia misma de su doctrina, que comparaba—lo dice él mismo—lo actual con lo pasado. Se requería una extrema miopía (o una extrema parcialidad hacia el romanticismo) para dejar de ver el espíritu general y la significación general de la teoría de Sismondi, sólo porque éste era partidario de la legislación fabril [236•* , etc.
p En segundo lugar, Efrussi supone de esta manera que la diferencia entre Sismondi y los otros escritores consiste solamente en el carácter más o menos radical de las reformas propuestas: 237 éstos iban más allá, mientras que Sismondi aún no se había desprendido del todo de lo viejo.
p No es así. La diferencia entre Sismondi y estos escritores era mucho más profunda. No se trata de que unos ib°n más leios mientras los otros eran timoratos [237•* , sino que consideraban el propio carácter de las reformas desde dos puntos de vista diametralmente opuestos. Sismondi señalaba "las eternas necesidades de la sociedad”, que también eran señaladas üor dichos escritores. Era utopista; fundaba sus deseos en una idea abstracta y no en intereses reales, y estos escritorps también eran utopistas v también basaban sus planes en ideas abstractas. Pero el carácter de sus planes dife: ría totalmente porqu" los mismos encaraban P! desarrollo e^ onómico moderno, que planteaba la cuestión de "las necesidades eternas”, desde puntos de vista diam°lralmente opuestos. Los escritores a que nos referimos anticipaban el futuro; adivinaban genialmente las tendencias de la “ruptura” que la industria mecanizada estaba realizando ante sus ojos. Miraban hacia donde se movía el desarrollo real; se adelantaban efectivamente a ese desarrollo. Sismondi, en cambio, le daba la espalda; su utopía no anticipaba el futuro, sino que restauraba el pasado; no miraba hacia adelante, sino hacia ctrás\ soñaba con "detener In ruptura”, la misma "riptura de la que deducían sus utopías los escritores señalados" [237•** . He aquí por qué la utopía de Sismondi es calificada, y con toda justicia, de reaccionaria. Volvernos a repetir míe lo que justifica t«l caracterización es sólo el hecho de que Sismondi no comprendió el papel progresista de "la ruptura" de las viejas relaciones sociales semimedievales, patriarcales, de los Estados de Europa occidental, que 238 desde finales del siglo pasado comenzó a producir la gran industria mecanizada.
p Este punto de vista específico de Sismondi asoma inclusive entre sus razonamientos sobre “la asociación”, en general. “Yo deseo—dice—que la propiedad de las manufacturas (la propriété des manufactures) sea repartida entre un gran número de medianos capitalistas, y no reunida por un solo hombre, poseedor de muchos millones [...]" (II, 365). El punto de vista del pequeño burgués se expresa con mayor relieve aun en este párrafo: “No es la clase de los pobres la que hay que eliminar, sino la de loa jornaleros; hay que devolverlos a la clase de los propietarios" (II, 308). “Devolverlos” a la clase de los propietarios: ¡en estas palabras está toda la esencia de la doctrina de Sismondi!
p Sin duda el mismo Sismondi debe haber percibido la imposibilidad de realizar sus buenos deseos y la marcada disonancia entre los mismos y el antagonismo de intereses de la época. “La tarea de unir nuevamente los intereses de los que participan en conjunto en una misma (qui concourrent a la méme production) [...] es, sin duda, difícil, mas no creo que sea tan grande como podría suponerse" (II, 450) [238•* . La conciencia de esta falta de correspondencia entre sus anhelos y aspiraciones, por una parte, y las condiciones de la realidad y su desarrollo, por la otra, engendra, como es natural, la tendencia a demostrar que “aún no es tarde" para “volver atrás”, etc. El romántico intenta apoyarse en el hecho de que las contradicciones del régimen actual no están aún suficientemente desarrolladas, en el atraso del país. “Los pueblos han conquistado el sistema de libertad en que hemos entrado [se refiere a la caída del feudalismo]; pero mientras destruían el yugo que soportaron tanto tiempo, las clases trabajadoras (les hommes de peine representantes del trabajo) no estaban privadas de toda propiedad. En la aldea, en calidad de medieros, campesinos óhinsk [238•** ( censitaires), arrendatarios, poseían tierras (ils se trouvérent associés 239 à la propriété du sol). En las ciudades, como miembros de corporaciones, asociaciones de oficios (métiers), formadas para la defensa común, eran industriales independientes (ils se trouvérent associés á la propriété de leur industrie). Sólo en nuestros días, sólo en la época más reciente (c’est dans ce moment méme) el progreso de la riqueza y la competencia rompe todas esas asociaciones. Pero esa ruptura (révolution) se ha hecho sólo a medias” (II, 437).
p “Sólo una nación, es verdad, se halla actualmente en esa situación antinatural; sólo en una nación vemos este permanente contraste de una riqueza ficticia (richesse apparente) con la tremenda pobreza de la décima parte de la población, forzada a vivir de la caridad pública. Pero esa nación, tan digna de ser imitada en otros sentidos, tan deslumbrante hasta en sus errores, ha seducido con su ejemplo a todos los hombres de Estado del continente. Y si estas reflexiones ya no pueden serles de utilidad, considero que debo prestar, al menos, un servicio a la humanidad y a mis compatriotas mostrando los peligros del camino que sigue y demostrando, por su misma experiencia, que hacer descansar toda la economía política sobre el principio de una competencia ilimitada significa sacrificar el interés de la humanidad a la acción simultánea de todas las pasiones personales" (II, 368) [239•* . Así termina Sismondi sus Nouveaux Principes.
p Marx definió con claridad la importancia general de Sismondi y su teoría, en el siguiente juicio, que comienza reseñando las condiciones de la vida económica de Europa occidental que engendraron esa teoría (precisamente en la época en que el capitalismo apenas empezaba a crear allí la gran industria mecanizada), y luego da su apreciación de la misma [239•** .
p “La pequeña burguesía y los estamentos de pequeños campesinos de la Edad Media fueron los precursores de la burguesía moderna. En los países de una industria y un comercio menos desarrollado esta clase continúa vegetando al lado de la burguesía en ascenso.
240p “En los países donde se ha desarrollado la civilización moderna, se ha formado—y, como parte complementaria de la sociedad capitalista, sigue formándose sin cesar—un estamento de burgueses medios que (oscila entre el proletariado y la burguesía). Pero los individuos que componen esa clase son continuamente desplazados hacia las filas del proletariado a causa de la competencia, y, con el desarrollo de la gran industria, ven aproximarse el momento en que desaparecerán por completo como fracción independiente de la sociedad moderna y en que serán remplazados en el comercio, la manufactura y la agricultura, por capataces y empleados.
p “En países como Francia, donde los campesinos constituyen bastante más de la mitad de la población, es natural que surgieran escritores que se colocaban del lado del proletariado, criticaban las condiciones capitalistas con el rasero del pequeño burgués y del pequeño campesino, y defendían la causa obrera desde el punto de vista de la pequeña burguesía. Así nació la doctrina social pequeñoburguesa. Sismondi es el más alto exponente de esta literatura, no sólo en Francia, sino también en Inglaterra.
p “Esta doctrina supo captar con mucha sagacidad las contradicciones inherentes a las modernas condiciones de producción. Puso al desnudo el hipócrita optimismo de los economistas. Señaló los efectos destructores de la producción mecanizada y de la división del trabajo, la concentración de los capitales y de la propiedad de la tierra, la superproducción y las crisis, la inevitable ruina de la pequeña burguesía y de los campesinos, la miseria del proletariado, la anarquía en la producción, las indignantes injusticias en la distribución de la riqueza, la exterminadora guerra industrial de las naciones entre sí, la disolución de las viejas costumbres de las antiguas relaciones familiares, de las viejas nacionalidades [240•* .
p “El contenido positivo de esa corriente consiste, o bien en su anhelo de restablecer los antiguos medios de producción y de cambio, y con los mismos las antiguas relaciones de propiedad y el antiguo régimen social; o bien en querer encajar por la fuerza los medios modernos de producción y de cambio en el estrecho marco 241 del antiguo régimen de propiedad, que ha sido roto, y fatalmente roto por los mismos. En uno y otro caso, esa corriente es a la vez reaccionaria y utópica.
p “Para la industria, la organización gremial; para la agricultura, el régimen patriarcal: he aquí su última palabra" [241•* .
p Hemos procurado demostrar la justeza de esta caracterización cuando analizamos cada uno de los elementos que componen la doctrina de Sismondi. Ahora nos limitaremos a señalar un curioso procedimiento utilizado por Efrussi que culmina todos los errores de su exposición crítica y apreciación del romanticismo. El lector recordará que en el comienzo mismo de su artículo (núm. 7 de la revista Rússkoie Bogatstvo), Efrussi declaró que incluir a Sismondi entre los reaccionarios y los utopistas es “injusto” y “ falso" (loe. cit., pág. 138). Para demostrar esta tesis se ingenió primero en guardar silencio absoluto sobre lo principal, a saber, la relación del punto de vüta de Sismondi con la situación e intereses de una clase particular de la sociedad capitalista, la de los pequeños productores; segundo, al analizar las diferentes tesis de la doctrina de Sismondi, presentó su posición respecto de la teoría moderna, bien bajo una luz completamente falsa—tal como lo hemos demostrado más arriba—, o bien ignoró simplemente la teoría moderna al hacer la defensa de Sismondi invocando a sabios alemanes que “no fueron más allá" que éste; y tercero, quiso por último resumir su juicio sobre Sismondi de la siguiente manera: “ Nuestra [!] opinión sobre la importancia de Simonde de Sismondi —dice—podemos resumirla [!!] con las siguientes palabras" de un economista alemán (Rússkoie Bogatsitvo, núm. 8, pág. 57). Sigue el extracto citado más arriba, o más bien apenas un fragmento de la caracterización dada por aquel economista, ¡puesto que se excluye precisamente la parte donde se explica cuál es el vínculo de la teoría de Sismondi con una clase particular de la sociedad moderna, y la otra parte cuya conclusión establece de manera 242 definitiva el carácter reaccionario y utópico de Sismondil Mas aún. Efrussi no se limitó a entresacar un fragmento del juicio mencionado, que no da idea alguna de la apreciación integral, y a mostrar así bajo una luz completamente falsa la actitud de este economista frente a Sismondi. Además, al aparecer sólo como trasmisor de las opiniones de aquel economista, pretendió embellecer a Sismondi.
p “Agreguemos a ello—dice Efrussi—que, de acuerdo con algunas opiniones teóricas, Sismondi es el precursor de los más destacados economistas modernos [242•* : recordemos sus opiniones sobre la renta del capital y las crisis, su clasificación de la renta nacional, etc.” (ibíd.). De esta manera, en vez de agregar, a la comprobación de los méritos de Sismondi hecha por el economista alemán, la comprobación por ese mismo economista de su punto de vista pequeñoburgués y del carácter reaccionario de su utopía, Efrussi agrega a la cantidad de méritos de aquél precisamente las partes de su doctrina (la "clasificación de la renta nacional”, por ejemplo) que no tienen una sola palabra científica, según el juicio del economista a que nos referimos.
p Se nos puede replicar: Efrussi puede no compartir en general la opinión de que hay que buscar la explicación de las doctrinas económicas en la realidad económica; puede estar profundamente convencido de que la teoría de A. Wagner sobre “la clasificación de la renta nacional" es “la más notable”. Accedemos a ello gustosamente. ¿Pero qué derecho tenía entonces de coquetear con la teoría con la cual los señores populistas gustan tanto decir que están “de acuerdo”, si en realidad no comprendió para nada la posición adoptada por esa teoría frente a Sismondi, y si hizo todo lo posible (y aun lo imposible) para presentar dicha posición bajo un aspecto completamente falso?
p No habríamos dedicado tanto especio a esta cuestión si se tratara sólo de Efrussi, escritor cuyo nombre aparece poco menos que por primera vez en la literatura populista. Lo que más importa no es su personalidad, y menos aun sus concepciones, sino la posición de los populistas frente a la teoría—que dicen compartir—del eminente economista alemán. Efrussi no es, en modo alguno, una excepción. Por el contrario, su ejemplo es típico en todo 243 sentido y para probarlo hemos hecho constantemente un paralelo entre los puntos de vista y la teoría de Sismondi y los puntos de vista y la teoría del señor N.-on [243•* . La analogía resultó completa: tanto las concepciones teóricas y la manera de abordar el capitalismo como el carácter de las deducciones y las aspiraciones concretas de ambos escritores, son similares. Y como las concepciones del señor N.-on pueden ser consideradas la última palabra del populismo, tenemos el derecho de llegar a la conclusión de que la doctrina económica de los populistas no es más que una variedad rusa del romanticismo europeo en general.
p Se sobrentiende que las particularidades históricas y económicas de Rusia, por un lado, y su atraso incomparablemente mavor, por otro, confieren al populismo pronunciados rasgos distintivos. Pero estas diferencias no son de calidad y en consecuencia no modifican la similitud del populismo y el romanticismo pequeñoburgués.
p Quizás el rasgo distintivo más destacado de los economistaspopulistas, y el que más llama la atención, sea la tendencia a disfrazar su romanticismo declarando su “acuerdo” con la teoría moderna, y citándola el mayor número de veces posible, aun cuando ésta sea netamente hostil al romanticismo y se haya desarrollado en encarnizada lucha contra las más variadas doctrinas oequeñoburguesas.
p El análisis de la teoría de Sismondi ofrece particular interés precisamente porque permite examinar los procedimientos generales utilizados para los disfraces de tal tipo.
p Hemos visto que, tanto el romanticismo como la teoría moderna, señalan las mismas contradicciones en la economía social actual. De esto se valen los populistas para sostener que la teoría moderna reconoce que las contradicciones se manifiestan en las crisis, en la búsqueda de mercados exteriores, en el crecimiento de la producción acompañado por descenso del consumo, en la protección aduanera, en la acción nefasta de la industria mecanizada, etc., etc. Y los populistas tienen toda la razón: la teoría moderna reconoce en efecto, todas estas contradicciones, que 244 tambien el rompnticicmo había reconocido. Pero, cabe preguntar: ¿hav un solo populista que se hava preguntado alguna vez en qué se distingue el análisis científico de esas contradicciones—que las reduce a los difer^n^s intereses engendrados por el régimen económico existente—, del método eme sólo las comprueba para formular buenos deseos? No, en ninguno de los populistas encontraremos un análisis de este problema aue, precisamente, caracteriza la diferencia míe existe entre la teoría moderna v el romanticismo. Los populistas comprueban esas contradicciones con el solo objeto de formular buenos deseos.
p Cabe preguntar también: ¿uno solo de los populistas trató alguna vez de averiguar en aué difiere la crítica sentimental del capitalismo de su crítica científica, dialéctica? Ninguno ha pinteado esta cuestión que caracteriza la segunda diferencia importante entre la teoría moderna v el romanticismo. Ninguno consideró necesario tomar como criterio propio de sus teorías el desarrollo actual de l^s relaciones económico-sociales (en tanto que la anlicacíón de dicho criterio es lo que distingue en esencia a la critica científica).
p Y cabe preguntarse, por último: ¿uno solo de los nopul’stas preguntó alfuna ver, en qué difiere el punto de vista del romanticismo, rt"e idealizo ]« penueña prod’ieHón v derVora "1° ruptura" de sus pilles por el “capHalisrnn”, del de la teoría moderna, que considera como punto de partida de sus razonamientos la erran producción capitalista por medio de mámiinas y considera progresicta esa "ruptura de los pilares"? /’Utilizamos esta expresión, comúnmente aceptada por los populistas, porque caracteriza, en forma notobl° el proep<-o de trasformaHón de las relaciones sociales baio la influencia de la gran industria mecanizada, OUQ se ha operado en todas partes, v no sólo en Rusia, en formo tan brusna y violenta, que sorprendió al pensamiento social.) Una vez más, no. Ninguno de los populistas se planteó ese ir>terro2apt°. ninguno de ellos hizo la menor tentativa de aplicar a ’la ruptura" rusa los mismos criterios que hicieron reconocer como progresista "la ruptura" en la Europa occidental. Todos ellos deploran la suerte de los pilares y recomiendan que cese "la ruptura”; asesaran, con lágrimas en los ojos, que esa es precisamente "la teoría moderna"...
La comparación de su “teoría”, que presentan como una nueva y original solución del problema del capitalismo, fundada 245 en la última palabra de la ciencia y de la experiencia de Europa occidental, con la teoría de Sismondi, muestra claramente a qué período primitivo de desarrollo del capitalismo y del pensamiento social se remonta la aparición de una teoría de este género. Pero lo esencial no es que esta teoría sea anticuada. ¡Más de una teoría anticuada para Europa podría ser modernísima para Rusia! Lo que importa es que en el momento de su aparición esta teoría era ya pequeñoburguesa y reaccionaría.
Notes
[231•*] Compárese el programa populista de “arrastrar la historia en otra dirección" del señor V. V. Compárese con el de Volguin, l. c., pág. 181.
[232•*] La cursiva es del autor.
[233•*] Los populistas cometen exactamente el mismo error, en lo que concierne a otra forma de asociación (la comunidad) que satisfacía la necesidad limitada de unirse que sentían los campesinos de una misma localidad, liga, dos entre sí por la posesión en común de la tierra, de los campos de pastoreo, etc. (y principalmente porque se encontraban bajo el poder de un mismo terrateniente y de los mismos funcionarios); pero que no responde en absoluto a las necesidades de la economía mercantil y del capitalismo, que rompe todas las trabas locales, de estamento y de categorías, y que introduce un profundo antagonismo de intereses económicos dentro de la comunidad. En la sociedad capitalista, la necesidad de asociarse, de organizarse, no ha disminuido, sino que, por el contrarío, ha aumentado inconmensurablemente. Pero es en todo sentido absurdo aplicar el antiguo criterio para satisfacer esta necesidad de la nueva sociedad. Esta nueva sociedad exige ya, en primer término, que la asociación no sea local, de estamentos, de categorías; y en segundo lugar, que su punto de partida sea la diversidad de situaciones y de intereses, creados por el capitalismo y por la diferenciación del campesinado. En cambio, una asociación local, de estamento, que agrupe a campesinos muy diferentes por su situación económica y sus intereses, ahora, en virtud de su carácter obligatorio, se vuelve perjudicial, tanto para los propios campesinos como para todo el desarrollo social.
[234•*] En latín en el original. (Ed.)
[234•**] Véase más arriba, por ejemplo, el título del capítulo del cual entresacamos los razonamientos sobre los gremios (que también cita Efrussi: pág. 147).
[235•*] La circunstancia! de que demostraba la existencia de esas necesidades lo coloca —repetimos— muy por encima de los estrechos economistas burgueses.
[236•*] Pero tampoco en esta cuestión se había “adelantado” Sismondi a su época, puesto que no hacía más que aprobar lo que estaba realizándose ya en Inglaterra, sin comprender el vínculo de esas reformas con la gran industria mecanizada y su papel histórico progresista.
[237•*] No queremos decir que en ese afecto no haya diferencias entre los escritores mencionados; pero esto no aclara nada y sitúa falsamente a Sismondi con respecto a los miamos: resultaría así que todos ellos sustentarían un mismo punto de vista, difiriendo sólo en el carácter más o menos radical y consecuente de sus deducciones. La cuestión no estriba en que Sismondi no “iba” tan leios. sino en nue “iba” hacía atrás, mientras que los escritores indicados “iban” hacia adelante.
[237•**] “Roben Owen—dice Marx—, padre de las fábricas y los almacenes cooperativos, a pesar de que estaba lejos de compartir las ilusiones de sus imitadores sobre la importancia [Tragweite] de estos elementos aislados de trasfonnación, no sólo tomaba el sistema fabril como punto de partida de sus ensayos, sino que declaraba además, que era teóricamente el punto de partida de la revolusión social."^^25^^
[238•*] “El problema que tendrá que resolver la sociedad rusa, va complicándose día a día. Con cada día que trascurre el capitalismo se apodera de dominios cada vez más amplios [...]" (Ibíd.)
[238•**] Campesinos chinsh: los que tenían derecho a la posesión hereditaria de la tierra a perpetuidad, y que debían pagar una caución solidaria casi fija, conocida con el nombre de chinsh. En la Rusia zarista el sistema de chinsh regía principalmente en Polonia, Lituania, Bielorrusia y el litoral de Ucrania sobre el mar Negro. (Ed.)
[239•*] “La sociedad rusa deberá resolver un problema difícil, pero no insoluble: desarrollar las fuerzas productivas de la población en forma tal que pueda aprovecharlas, no una insignificante minoría, sino la totalidad del pueblo.” (N.-on, 343.)
[239•**] Véanse las citas en Rússkoie Bogatstvo, núm. 8, pág. 57 y también en la misma revista, núm. 6, pág. 94, en el artículo del señor N.-on.
[240•*] Este pasaje es citado por Efrussi en el núm. 8 de Rússkoie Bogatstvo, pág. 57 (a partir del último párrafo).
[241•*] En Rússkoie Bogatstvo, artículo indicado, 1894, núm. 6, pág. 88, el señor N.-on comete en la traducción de ese fragmento dos inexactitudes y una omisión. En vez de “pequeñoburgués” y “pequeño campesino" traduce: “ estrechamente burgués" y “estrechamente campesino”. En vez de “causa obrera" traduce “causa del pueblo”, aun cuando en el original figura “der Arbeiter", Y ha omit-’do las palabras: “fatalmente rotos por los mismos" (gesprengt werden musiten).
[242•*] ¿Tal vea al «stilo de Adolpb Wagner? K. T.
[243•*] Otro economista populista, el señor V. V., es completamente solidario con el señor N.-on en cuanto a las cuestiones más importantes señaladas más arriba, y sólo se diferencia por su punto de vista más primitivo aún.