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IV
LAS ASPIRACIONES PRACTICAS DEL ROMANTICISMO
 

p Procuraremos ahora sintetizar las ideas de Sismondi sobre el capitalismo (tarea que, como recordará el lector, también se había planteado Efrussi) y analizar el programa práctico del romanticismo.

p Vimos que el mérito de Sismondi fue haber sido uno de los primeros en señalar las contradicciones del capitalismo. Sin embargo, lejos de intentar analizarlas y explicar su origen, desarrollo y t ndencia, llegó a considerarlas desviaciones de lo normal, antinaturales o erróneas. Combatía ingenuamente tales “desviaciones” con sentencias, acusaciones, consejos de eliminarlas, etc., como si estas contradicciones no expresaran los intereses reales de grupos reales de la población, que ocupan un lugar bien definido en el conjunto del régimen de la economía social actual. Este es el rasgo más saliente del romanticismo: tomar la contradicción de intereses (profundamente enraizada en el régimen mismo de la economía social) por la contradicción o el error de una doctrina, de un sistema, inclusive de las medidas tomadas, etc. El estrecho 225 horizonte del Kleinbürger  [225•*  que se halla al margen de las contradicciones ya desarrolladas y ocupa una posición intermedia, de transición entre dos antípodas, se une aquí a un ingenuo idealismo —casi estamos por decir al burocratismo—que explica el régimen social por las opiniones de los hombres (en especial de las autoridades), y no a la inversa. Vayan algunos ejemplos de semejantes razonamientos de Sismondi.

p “Al olvidar a los hombres en aras de las cosas, ¿Inglaterra no habrá sacrificado el fin en aras de los medios?

p “El ejemplo de Inglaterra es tanto más sorprendente, pues se trata de una nación libre, ilustrada, bien gobernada, y todos sus males provienen de haber seguido una orientación económica falsa" (I, p. IX). Para Sismondi, Inglaterra desempeña en general el papel de ejemplo destinado a atemorizar al continente, exactamente como nuestros románticos, que se imaginan estar dando algo nuevo y sólo dan trastos viejos.

p “Al llamar la atención de mis lectores sobre Inglaterra, he querido mostrar [... ] la historia de nuestro propio futuro, si continuamos procediendo según los principios que ella ha seguido" (I, pág. XVI).

p “...Los países del continente consideran necesario seguir a Inglaterra en su carrera manufacturera" (II, 330). “No hav espectáculo más sornrendente, más espantoso, que el que ofrece Inglaterra" (II, 332)   [225•** .

p “No hay que olvidar que la riqueza es sólo aquello que representa cosas agradables [n’est que la representaron] y comodidades para la vida [¡la riqueza burguesa es sustituida anuí por la riqueza en general!], y crear una riqueza artificial, condenando a la nación a todo lo que constituve realmente la pobreza y el padecimiento, significa tomar el objeto por su esencia" (preñare le mot pour la dhose) (I, 379).

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p “...Mientras las naciones seguían sólo las indicaciones [ órdenes, indications] de la naturaleza y aprovechaban sus ventajas de clima, de suelo, de situación, de posesión de materias primas, no se colocaban en una posición antinatural [une position forcee]; no buscaban una riqueza aparente [une opulence apparente] que se trasforma, para la masa del pueblo, en pobreza real" (I, 411). ¡¡La riqueza burguesa no es más qce aparente!! "Es peligroso para una nación cerrar sus puertas al comercio exterior: de esa manera se la fuerza, por decirlo así [en quelque sorte], a una falsa actividad que ha de llevarla a la ruina" (I, 448)  [226•* .

p “...En el salario hay una parte necesaria que debe mantener la vida, el vigor y la salud de aquellos que lo reciben [... ] ¡Guay del gobierno que toque esta parte!; sacrifica todo [on sacrífie tout ensemble], los hombres y la esperanza de futura riqueza [...]. Esta diferencia nos hace comprender hasta qué punto es falsa la política de los gobiernos que han reducido a las clases obreras al solo salario necesario para aumentar las rentas netas de los fabricantes, de los mercaderes y de los propietarios" (II, 169)   [226•** .

p “Ha llegado finalmente el momento de preguntar: ¿adonde vamos? (où l’on veut aller)" (II, 328).

p “Su separación [precisamente de la clase de los propietarios y la clase de los trabajadores], la oposición de sus intereses, es la consecuencia de la organización artificial que hemos dado a la sociedad humana [...]. El orden natural del progreso social no tendía, de manera alguna, a separar a los hombres de las cosas, o la riqueza del trabajo; en el campo, el propietario podía seguir 227 siendo agricultor; en la ciudad, el capitalista podía seguir siendo artesano [artisan]; la separación de la clase trabajadora y la de los holgazanes no era de ninguna manera esencial para la existencia de la sociedad o para la producción; la hemos introducido para mayor ventaja de todos; y de nosotros depende [il nous appartient] regularizarla con el fin de conseguir realmente esa ventaja" (11,348).

p “Al colocar de esta manera a los productores [es decir, a los patronos y a los obreros] en oposición mutua, se los obligó a marchar por un camino diametralmente opuesto a los intereses de la sociedad [...]. En esa lucha permanente por hacer bajar los salarios, el interés social, del que no obstante cada uno es partícipe, es olvidado por todos" (II, 359-360). Y un poco antes habíamos encontrado también el siguiente recuerdo de los caminos legados por la historia: “En el comienzo de la vida social todo hombre posee un capital sobre el cual se ejerce su trabajo y casi todos los artesanos viven de una renta que se forma por igual de beneficio y de salario" (II, 359)  [227•* .

p Pensamos que es suficiente ya... Se puede tener la seguridad de que un lector que no conoce a Sismondi ni al señor N.-on se verá en dificultades para decir cuál de los dos románticos, el que es citado en el texto o el citado en la nota, se ubica en un punto de vista más primitivo e ingenuo.

p Esto es enteramente válido también para las aspiraciones prácticas de Sismondi, a las que tanto lugar dedicó en su Nouveaux Principes.

p Nuestra diferencia con A. Smith—dice Sismondi desde el primer libro de su obra—consiste en que “nosotros reclamamos casi siempre esta intervención del gobierno que A. Smith rechazaba" (I, 52). “El Estado no enmienda la distribución [...]" (I, 80). “El legislador podría acordar al pobre algunas garantías 228 contra la competencia general" (I, 81). “La producción debería ser proporcional a la renta social, y los que incitan a una producción ilimitada sin preocuparse por esta renta, están empujando la nación a su ruina creyendo abrirle el camino de las riquezas" (le chemin des richesses) (I, 82). “Cuando el progreso de la riqueza es gradual [gradué], cuando es proporcional consigo mismo, cuando ninguna de sus partes se desarrolla con exagerada rapidez, entonces extiende el bienestar general [...]. “Quizá la obligación de los gobiernos consista en hacer más pausado [ralentirü] ese movimiento, con el fin de regularizarlo" (I, 409-410).

p ¡Sismondi no tiene ni la menor idea sobre la enorme importancia histórica que posee el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, que se efectúa precisamente a través de contradicciones y desproporciones!

p “Si el gobierno ejerce sobre la tendencia a la riqueza una acción reguladora y moderadora, puede resultar infinitamente benéfico" (I, 413). “Ciertas reglamentaciones del comercio, condenadas hoy en día por la opinión general, si merecen su condena como estímulo a la producción, pueden tal vez ser justificadas en calidad de freno" (1, 415).

p Ya en estos razonamientos se ve en Sismondi una sorprendente falta de tacto histórico: no tiene ni la menor idea de que todo el sentido histórico del período en que él vivía consistía en liberarse de las reglamentaciones medievales. No se da cuenta que sus razonamientos no hacen más que llevar agua al molino de los defensores del anclen regime  [228•* , que eran tan poderosos entonces, inclusive en Francia, sin hablar ya de otros Estados de la parte occidental del continente europeo, donde gobernaban   [228•** .

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p Así, pues, el punto de partida de las aspiraciones prácticas de Sismondi es la tutela, la traba, la reglamentación.

p Esto emana, natural y necesariamente, del conjunto de sus ideas. Sismondi vivió en la época en que la gran industria mecanizada daba sus primeros pasos en el continente de Europa; en la época en que bajo la influencia de las máquinas comenzaba aquella brusca y radical trasformación de todas las relaciones sociales (nótese bien: precisamente bajo la influencia de la industria mecanizada, y no del “capitalismo” en general)   [229•* , trasformación que se ha llamado en la ciencia económica, industrial revolution ( revolución industrial). He ahí cómo la caracteriza uno de los primeros economistas que supo valorar toda la profundidad de una revolución que creó las actuales sociedades europeas en lugar de las sociedades patriarcales semimedievales:

p “... la historia de la industria inglesa en el curso de los últimos sesenta años [escrito en 1844] no tiene otra igual en los anales de la humanidad. Sesenta u ochenta años atrás Inglaterra era un país como todos los demás, con pequeñas ciudades, una industria poco desarrollada y simple y una esparcida pero, en proporción, gran población agrícola; ahora es un país como ningún otro, con una capital de 2.500.000 habitantes, con ciudades industriales inmensas, con una industria que provee a todo el mundo y que hace casi todo con máquinas complicadas, con una sagaz, inteligente y densa población, de la cual los dos tercios están ocupados en la industria y el comercio, y que está compuesta de clases totalmente diversas; que forma una nación nueva, con otras costumbres y otras necesidades que las del pasado. La revolución industrial tiene para Inglaterra el mismo significado que la revolución política para Francia y la filosófica para Alemania, y el contraste entre la Inglaterra de 1760 y la de 1844 es tan grande como el de la Francia del acien régme y la Francia de la revolución de julio"   [229•** .

p Era la ruptura más completa de todas las viejas y arraigadas relaciones, cuya base económica era la pequeña producción. Se comprende que Sismondi, con sus concepciones reaccionarias, 230 pequeñoburguesas, no haya podido entender el significado de esa “ruptura”. Se comprende que ante todo y por encima de todo, desease, invitase, clamase y exigiese “impedir esa ruptura"   [230•* .

p ¿De qué manera “impedir esa ruptura"? Se sobrentiende que, en primer lugar, favoreciendo la producción popular... o sea “ patriarcal”, al campesinado y a la pequeña agricultura en general. Sismondi dedica un capítulo entero (II, VII, ch-VIII) a estudiar “cómo el gobierno debe defender a la población de las consecuencias de la competencia".

p “Con respecto a la población agrícola, la tarea general del gobierno consiste en asegurar a los trabajadores [á ceux quí travailtent] una parte de la propiedad, o en sostener [favoríser] la explotación que hemos denominado patriarcal, con preferencia a todas las otras" (II, 340).

p “Un estatuto de Isabel, que rio fue observado, prohibe edificar en Inglaterra una choza [cottage] sin haberle concedido al menos un, terreno de cuatro acres. Si se hubiera cumplido esta ley, no habría podido celebrarse una sola boda entre jornaleros, sin que hubiesen recibido su cottage, y ningún cottager habría sido reducido al último grado de miseria. Esto habría sido un paso hacia adelante [c’est quelque chose], pero aun insuficiente; con el clima de Inglaterra, una población campesina viviría en la indigencia con 4 acres por familia. En la actualidad, los cottagers en Inglaterra no poseen, en su mayor parte, más que de 1,5 a 2 acres de tierra, por los que pagan un arriendo bastante elevado [...]. Habría que obligar por ley [... ] al terrateniente cuando subdivide su campo entre varios cottagers, a dar a cada uno una cantidad suficiente de tierra para que pueda vivir" (II, 342-343)   [230•** .

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El lector ve que las aspiraciones del romanticismo son completamente idénticas a las aspiraciones y programas de los populistas: están elaborados por igual sobre el desconocimiento del desarrollo económico real y sobre la tentativa absurda de hacer revivir en la época de la gran industria mecanizada, de competencia encarnizada y de lucha apasionada de intereses, condiciones paIriarcalr- qup sor» las mismas de los tiempos más remotos.

* * *
 

Notes

[225•*]   Pequeño burgués. (Ed.)

[225•**]   Para mostrar mejor el parecido dpi romántico ruso con el europeo, citaremos, en las notas, al señor N.-on. “No auisimos aprovechar la lección que nos dio la marcha económica del desarrollo de Europa occidental. Nos «Tnrendió tanto el brillo del desarrollo del can;talisrno en Inelaterra. v sigue snrorendiéndonos el desarrollo, inconmensurablemente más ráo’do, del capitalismo en Estados Unidos de Norteamérica”, etc. (323). Como se ve ¡ni siquiera las expresiones d"l señor N.-on brillan por su novedad! Se “ sorprende" por lo que “sorprendía” también a Sismondi a comienzos del siglo.

[226•*]   “... Es falso el camino económico por el que hemos seguido durante los úiltimos 30 años" (281). “.. .Estuvimos identificando durante demasiado tiempo los intereses del capitalismo con los de la economía nacional—extravío sumamente pernicioso—[...]. Los resultados visibles de la protección a la industria [.. . ] nos han enceguecido tanto, que hemos perdido de vista por completo el aspecto nacional social [...]. Hemos perdido de vista el motivo por el cual se produce ese desarrollo, hemos olvidado también la finalidad de toda producción, cualquiera sea" (298), ¡salvo la capitalista!

“La actitud desdeñosa hacia nuestro propio pasado [...], la implantación del capitalismo [i... ]" (283) “... Nosotros [... ] hemos empleado todos los medios para implantar el capitalismo [...]" (323) “...hemos perdido de vista [...]" (íbid.).

[226•**]   “...No hemos impedido el desarrollo de las formas capitalistas de la producción, no obstante que éstas están basadas en la expropiación del campesinado" (323).

’

[227•*]   “En vez de atenernos firmemente a nuestras tradiciones seculares, en vez de desarrollar el principio del vínculo estrecho del productor directo con los medios de producción [...], en vez de acrecentar la productividad [del campesino] concentrando en sus manos los medios de producción [...], en lugar de todo eso, hemos tomado el camino completamente opuesto" (322323). "Hemos tomado el desarrollo del capitalismo por el de toda la producción popular [...], hemos perdido de vista que el desarrollo de uno [...] puede realizarse exclusivamente a expensas del otro" (323). Las cursivas son nuestras.

[228•*]   En francés en el original. (Ed.)

[228•**]   Efrussi ve "valor cívico" en estas lamentaciones y aspiraciones de Sismondi (núm. 7, pág. 139). ¡|Se necesita valor cívico para exteriorizar deseos sentimentales!! Échese una mirada a cualquier manual de historia de enseñanza secundaria, y se leerá que en Europa occidental, durante el primer cuarto del siglo xIx, ios Estados estaban organizados como la ciencia del Derecho Constitucional denomina Polizeistaat [Estado policial. Ed.]. Se leerá en ellos que la misión histórica de ese cuarto de siglo y también del siguiente, era precisamente luchar contra ese Estado. Se comprenderá entonces que el punto de vista de Sismondi es la expresión de la estulticia del pequeño campesino francés de la época de la Restauración; que Sismondi nos da un ejemplo de combinación de romanticismo sentimental pequeñoburgués, con una fenomenal falta de madurez cívica.

[229•*]   El capitalismo no apareció en Inglaterra a fines del siglo xvín, sino mucho antes.

[229•**]   Engels: Die Lage der arbeintenden Klasse in England. (La situación de la clase obrera en Inglaterra, ed. cit., pág. 38. Ed.)

[230•*]   Nos atrevemos a esperar que el señor N.-on no se quejará de nosotros porque estemos copiando esta expresión (pág. 345), que nos parece sumamente lograda y característica.

[230•**]   “Atenernos a nuestras tradiciones seculares (¿no será esto patriotismo? ...),; desarrollar el principio del vínculo estrecho que hemos heredado del productor inmediato con, los medios de producción [...]" (señor N.-on, 322). "Nos hemos desviado del camino que seguimos durante muchos siglos; hemos comenzado a eliminar la producción basada en el vínculo estrecho del productor directo con los medios de producción, en el vínculo estrecho de la agricultura y la industria de trasformación, y hemos puesto en la base de nuestra política económica el principio del desarrollo de la producción capitalista basado en la expropiación de los medios de producción de los productores directos, con todos los males y calamidades que la acompañan, y que sufre actualmente Europa occidental" (281). Que el lector compare ahora esto con la opinión de los propios “europeos occidentales”, señalada más arriba, sobre esas “calamidades que están sufriendo”, etc. “El principio [. . . ] de dotar a los campesinos de tierra o [. . . ] proporcionar a los propios productores las herramientas de trabajo" (pág. 2). “... Los seculares pilares nacionales" (pág. 75). “... En estas cifras [precisamente cifras que muestran “cuan grande es el mínimun de cantidad de tierra que se requiere en Hs condiciones económicas existentes, para la seguridad material de la población rural”] tenemos, en consecuencia, uno de los elementos para la solución del problema económico, pero solamente uno de los elementos” (pág. 65). Como se ve, los románticos de Europa occidental gustaban, no nietos que los rusos, de buscar “en las tradiciones seculares” una “sanción” de la producción popular.