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VIII
LA RENTA CAPITALISTA Y LA SUPERPOBLACIÓN CAPITALISTA
 

p Continuaremos pasando revista a las concepciones teóricas de Sismondi. Ya hemos analizado las principales, las que lo caracterizan entre los demás economistas. Las siguientes, o bien no desempeñan un papel tan importante en el conjunto de su teoría, o bien son consecuencia de las anteriores.

p Señalemos que, al igual que Rodbertus, Sismondi no compartía la teoría de Ricardo sobre la renta. Con consideraciones 167 sumamente débiles procuraba socavar la teoría de Ricardo, sin formular la propia. Se presenta aquí como ideólogo puro del pequeño campesino: no rebate tanto a Ricardo, como rechaza, en general, el traslado a la agricultura de las categorías de la economía mercantil y del capitalismo. En ambos sentidos, su punto de vista es bien característico del romántico. El capítulo XIII del libro 3°rdot;  [167•*  está dedicado “a la teoría del señor Ricardo sobre la renta del suelo”. Después de declarar, desde el comienzo, que su propia teoría está en contradicción total con la de Ricardo, Sismondi presenta las siguientes objeciones: la tasa general de la ganancia (que es la base de la teoría de Ricardo) no queda establecida jamás: en la agricultura no existe el libre desplazamiento de capitales. En ese terreno hay que tomar en consideración el valor intrínseco del producto (la valeur intrinséque), que es independiente de las oscilaciones del mercado y que ofrece al propietario “un producto neto" (produit net), “el trabajo de la naturaleza" (I, 306). “El trabajo de la naturaleza es, pues, la fuente del producto neto de la tierra, considerado en su valor intrínseco" (intrinséquement) (I, 310). “Hemos considerado la renta \le fermage], o más bien el producto neto, como el que emana directamente de la tierra en beneficio del propietario; éste no le quita nada al granjero, ni al consumidor" (I, 312). Y esta repetición de los anticuados prejuicios fisiocráticos concluye todavía con una moraleja: "En general, en economía política hay que desconfiar [se défier] de los 168 supuestos absolutos, lo mismo que de las abstracciones* (I, 312). No hay nada que analizar en semejante “teoría”, pues una pequeña observación de Ricardo a propósito del “trabajo de la naturaleza" es más que suficiente  [168•* . Esto es sencillamente renunciar al análisis, dar un gigantesco paso atrás en relación con Ricardo. Con toda evidencia se manifiesta, también aquí, el romanticismo de Sismondi que se apresura a condenar el proceso en cuestión por temor a tener que analizarlo. Nótese que no niega que la agricultura está desarrollándose en Inglaterra a la manera capitalista, que los campesinos son sustituidos por granjeros y jornaleros, que en el continente las cosas se van desarrollando en la misma dirección. Sencillamente vuelve la espalda a esos hechos (que tendría la obligación de analizar puesto que trata de la economía capitalista) y prefiere dedicarse a disertaciones sentimentales sobre la ventaja del sistema patriarcal de explotación de la tierra. De la misma manera proceden también nuestros populistas: ninguno de ellos ha intentado siquiera negar que la economía mercantil penetra en la agricultura, que este hecho no puede dejar de producir cambios radicales en el carácter social de la agricultura; pero al mismo tiempo, al discurrir sobre la economía capitalista ninguno de ellos, plantea el crecimiento de la producción agrícola destinada al comercio; prefieren desembarazarse de la cuestión mediante frases sobre ’la producción popular”. Como nos limitamos por el momento a analizar la teoría económica de Sismondi, dejamos para más adelante el estudio más detallado de esta “explotación patriarcal".

p La teoría de la población constituye otro punto sobre el cual gira la exposición de Sismondi. Señalaremos su actitud respecto de la teoría de Malthus y la superpoblación provocada por el capitalismo.

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p Efrussi afirma que Sismondi está de acuerdo con Malthus sólo en cuanto a que la población puede multiplicarse con extraordinaria rapidez y constituir el origen de infinitos sufrimientos. “Posteriormente están en las antípodas. Sismondi, ubica el problema de la población sobre un terreno histórico social" (Rússkoie Bogatstvo, núm. 7, pág. 148). También en esta formulación Efrussi trata de esfumar el punto de vista característico de Sismondi ( precisamente pequeñoburgués) y su romanticismo.

p ¿Qué significa “ubicar el problema de la población sobre un terreno histórico social"? Significa investigar por separado la ley de la población de cada sistema histórico de economía y estudiar su vínculo y relación con el sistema de que se trata. ¿Cuál es el sistema estudiado por Sismondi? El capitalista. Por lo tanto, el colaborador de la revista Rússkoie Bogatstvo supone que Sismondi estudió la ley capitalista de la población. Esta afirmación encierra una parte de verdad, pero sólo una parte. Y como Efrussi no pensó siquiera analizar qué faltaba en los razonamientos de Sismondi sobre la población, y como afirma que "Sismondi aparece aquí como precursor de los más destacados economistas modernos"  [169•*  (pág. 148), resulta que embellece al romántico pequeño burgués como lo hizo en el problema de la crisis y de la renta nacional. ¿En qué consistía la similitud entre la teoría de Sismondi y la nueva teoría acerca de estos problemas? En que Sismondi señaló las contradicciones inherentes a la acumulación capitalista. Efrussi advirtió esa similitud. ¿En qué se diferenciaba la doctrina de Sismondi de la nueva teoría? En que, en primer lugar, aquél no hizo adelantar ni un ápice el análisis científico de estas contradicciones y que inclusive, en algunos aspectos dio un paso atrás en relación con los clásicos; y en segundo lugar, en que disimulaba su incapacidad para el análisis (y en parte su falta de deseo de hacerlo) con reflexiones de moralista pequeñoburgués sobre la necesidad de ajustar la renta nacional a los gastos, la producción al consumo, etc. En ninguno de los puntos citados señaló Efrussi esta diferencia, y con ello presentó en forma incorrecta en todo 170 sentido la verdadera significación de Sismondi y su posición respecto de la teoría moderna. Exactamente lo mismo observamos en la cuestión que nos preocupa. También aquí la similitud de Sismondi con la teoría moderna se limita a señalar una contradicción. Y también aquí la diferencia consiste en la ausencia de un análisis científico, que es sustituido por consideraciones morales pequeñoburguesas. Aclaremos esto.

p El desarrollo de la industria capitalista mecanizada a partir de fines del siglo pasado, determinó la formación de una superpoblación, y para la economía política se planteó el problema de explicar este fenómeno. Como se sabe, Malthus trató de relacionarlo con causas extraídas de la historia natural, negó rotundamente que fuera producto de un régimen de economía social históricamente determinado y cerró los ojos a las contradicciones que este hecho revela. Sismondi señaló dichas contradicciones y la sustitución de la población por las máquinas. Es su innegable mérito, puesto que en la época en que él sostenía esto era una novedad. Pero veamos cómo lo interpretó.

p En el capítulo VII del libro 7°rdot; (Sobre la población), se trata en especial “de la población que se había tornado superflua debido a la invención de las máquinas”. Comprueba el hecho de que “las máquinas remplazan a los hombres" (pág. 315, II, VII), e inmediatamente se pregunta: ¿la invención de las máquinas constituye un beneficio o una calamidad para la nación? Se comprende que “la solución" de este problema para todos los países y para todas las épocas en general, y no para un país capitalista, se reduce a la trivialidad más vacía: es un beneficio cuando ’la demanda del consumo supera los medios de producción en manos de la población" (les moyens de produire de la population) (II, 317); y es una calamidad, "cuando la producción satisface completamente el consumo”. En otras palabras: ¡comprobar la contradicción sólo le sirve a Sismondi como pretexto para razonar sobre no se sabe qué sociedad abstracta, exenta de contradicciones y a la que es aplicable la moral de un campesino ahorrativo! Ni siquiera intenta analizar esta contradicción, establecer cómo se origina, adonde conduce, etc., en la sociedad capitalista actual. No, sólo la aprovecha como material para expresar su indignación moral contra ella. El resto del capítulo no agrega absolutamente nada al aspecto teórico que se trata, pues sólo se encuentran lamentaciones, quejas y expresión de inocentes deseos. Los obreros desalojados 171 eran consumidores [...]. El mercado interior se reduce [...]. En cuanto al mercado exterior, el mundo está ya suficientemente abastecido [...]. El sobrio bienestar de los campesinos habría garantizado mejor la venta f...l. No hay ejemplo más sorprendente y horroroso oue el de Inglaterra, que es el oue están siguiendo los países del continente, i Tales son las consideraciones que hace Sismondi en lugar de analizar el fenómeno! Su actitud con respecto al tema es exactamente la misma que la de nuestros populistas. También éstos se limitan a comprobar que existe exceso de población, y utilizan este hecho sólo para sus lamentaciones y queias contra el canitalismo (compárese con N.-on, V. V., etc.). Así como Sismondi ni siouiera intenta analizar la relación que existe entre este excedente de población y las exigencias de la producción cam’talista, los populistas tampoco se plantean nunca semeiante problema.

p El análisis científico de esta contradicción mostró nue el procedimiento es erróneo. Estableció eme la superpoblación, manifestación indudable de una contradicción (junto con el excedente de producción v de consumo), v resultado necesario de la acumulación capitalista, constituye al mismo tiempo una parte integrante imprescindible del mecanismo capitalista  [171•* . Cuanto más se 172 desarrolla la gran industria, tanto mayores son las fluctuaciones que soporta la demanda de obreros, en función de las crisis o de los períodos de florecimiento en toda la producción nacional, o en cada una de sus ramas por separado. Estas fluctuaciones constituyen la ley de la producción capitalista, la que no hubiera podido existir de no haber un excedente de población (o sea, población que supera la demanda media de obreros por el capitalismo), listo en todo momento, para suministrar mano de obra a cualquier rama de la industria o empresa. El análisis ha mostrado que la superpoblación existe en todas las ramas de la industria, existe allí donde penetra el capitalismo—tanto en la agricultura como en la industria—, y que dicha población excedente existe en diferentes formas. Las principales son tres  [172•* : 1) La superpoblación flotante. Pertenecen a la misma los obreros desocupados en la industria. Con el desarropo de ésta crece necesariamente su número. 2) La superpoblación latente. Está formada por la poVación rural oue pierde sus explotaciones a medida que se desarrolla el capitalismo y que no encuentra ocupación fuera de la agricultura. Esta parte de la población siempre se halla lista para proporcionar mano de obra a cualquier empresa. 3) La superpoblación estancada. Está ocupada “a intervalos sumamente irregulares”, en condiciones que se hallan por debaio de lo normal  [172•** ; principalmente forman parte de la misma tanto los pobladores rurales como los urbanos que trabajan a domicilio para fabricantes y tiendas. El conjunto de estas tres capas de la población forma la superpoblación relativa, o sea, él ejército de reserva. Este último término muestra con claridad de qué clase de población se trata. Son obreros que necesita el capitalismo para la posible ampliación de las empresas, pero que jamás pueden estar ocupados en forma permanente.

p De manera que también en este problema la teoría ha llegado a una conclusión diametralmente opuesta a la de los románticos. Para éstos, el exceso de población significa que el capitalismo es una imposibilidad o un “error”. En realidad es todo lo contrario: la superpoblación, complemento necesario de la superproducción, constituye un elemento forzoso de la economía capitalista, sin el cual ésta no hubiera podido existir ni desarrollarse. Aquí también 173 Efrussi presentó las cosas de manera completamente falsa, silenciando esta tesis de la teoría moderna.

p Una simple confrontación de estos dos puntos de vista bastará para ver cuál de ellos adhieren nuestras propuestas. El capítulo de Sismondi que acabamos de resumir habría podido figurar, con todos los derechos, en Reseñas de nuestra economía social posterior a la reforma, del señor N.-on.

p Al comprobar la formación de una superpoblación en la Rusia posterior a la reforma, los “populistas” nunca se plantearon que el capitalismo necesita un ejército de reserva de obreros. ¿Habría podido, acaso, tender las líneas ferroviarias, si no hubiera existido una superpoblación constante? Se sabe que la demanda de mano de obra para este género de trabajo oscila fuertemente de año en año. ¿Hubiera podido desarrollarse la industria sin esa condición? (Durante los períodos de ascenso la industria requiere grandes masas de obreros para la construcción de nuevas fábricas, edificios, depósitos, etc., y para toda clase de trabajos auxiliares a jornal que ocupan a la mayor parte de los campesinos en los denominados trabiios temporarios no agrícolas). Sin esta condición, jhabría podido crearse en nuestras regiones periféricas la agricultura capitalista que requiere centenares de miles y millones de jornaleros, y donde, como es sabido, son extraordinariamente grandes las oscilaciones en la demanda de mano de obra? Sin la formación de un excedente de población, ¿hubieran podido los empresarios-forestales proceder a la tala de los bosques para satisfacer las necesidades de las fábricas con una rapidez tan fenomenal? (Los trabajos forestales pertenecen también al número de los peor pagados y de los que se efectúan en peores condiciones, al igual que las demás formas de trabajo que los habitantes del campo realizan para los empresarios.) ¿Hubiera podido, sin esa condición, desarrollarse el sistema de trabajo a domicilio para los comerciantes, fabricantes y tiendas, en las ciudades y en el campo, fenómeno tan difundido en los oficios llamados de artesanía? En todas estas ramas del trabajo (que se han desarrollado principalmente después de la Reforma), las oscilaciones en la demanda de trabajo asalariado son muy grandes, y la amplitud de dichas oscilaciones determina la magnitud de la superpoblación exigida por el capitalismo. En parte alguna los economistas “populistas” evidenciaron conocer dicha ley. No tenemos, desde luego, 174 intención de entrar en el análisis de estos problemas en su esencia  [174•* , pues ello no entra en nuestra tarea. El objeto de nuestro artículo es el romanticismo de Europa occidental y sus relaciones con los “populistas” rusos. Y en este asunto esas relaciones son las mismas que en todos los casos anteriores: en el problema de la superpoblación, los “populistas” adoptan íntegramente el punto de vista del romanticismo, diametralmente opuesto al de la teoría moderna. El capitalismo no ocupa a los trabajadores libres, dicen, lo que significa que es una imposibilidad, "un error”, etc. En modo alguno “significa” tal cosa. La contradicción no significa una imposibilidad (Widerspruch no es lo mismo que Widersinn). La acumulación capitalista, esa verdadera producción por la producción, es también una contradicción. Pero esto no le impide existir y ser la ley de determinado sistema económico. Lo mismo hay que decir también de todas las demás contradicciones del capitalismo. El citado razonamiento de los populistas “significa” sólo que los intelectuales rusos padecen del defecto profundamente arraigado de desembarazarse con frases de todas esas contradicciones.

p Sismondi no ha dado, pues, absolutamente nada para el análisis teórico de la superpoblación. ¿Pero cómo lo encaró? Sus ideas son una combinación original de simpatías pequeñoburguesas y de malthusianismo. “El gran vicio de la actual organización social—dice—es que el pobre jamás puede saber con qué demanda de trabajo podrá contar" (II, 261), y Sismondi suspira por los tiempos en que “el zapatero rural" v el pequeño campesino conocían con exactitud sus ingresos. “Cuanto más privado de su propiedad se halla un pobre, tanto más sujeto se encuentra al peligro de equivocarse acerca de sus rentas y de contribuir a aumentar una población [contribuer á accroítre une population...] que, como no está en correspondencia con la demanda de trabajo, no hallará medios de subsistencia (II, 263-264). Como vemos, a este ideólogo de la pequeña burguesía le parece poco el querer detener todo el desarrollo social a fin de conservar las relaciones patriarcales de una población semibárbara. Está dispuesto a recetar cualquier mutilación de la naturaleza humana, 175 con tal de que ello sirva para la conservación de la pequeña burguesía. Vayan unas cuantas citas más, para que no queden dudas sobre este último punto.

El pago semanal de los salarios en las fábricas ha acostumbrado a los obreros casi paupérrimos a no ver el futuro más allá del próximo sábado: “de esta manera han embotado en ellos las cualidades morales y el sentimiento de simpatía" (II, 266) que consisten, como lo veremos en seguida, ¡en “la moderación conyugal"!... “Su familia será tanto más numerosa cuanto mayor sea la carga para la sociedad; y la nación sufrirá [gemirá] bajo el peso de una población que no está en correspondencia [ disproportionnée] con los medios para su manutención" (II, 267). ¡La conservación de la pequeña propiedad, a toda costa, aunque sea al precio de la reducción del nivel de vida y de la deformación de la naturaleza humana: he ahí la consigna de Sismondi! Y después de haber hablado con la gravedad de un hombre de Estado acerca de cuándo es “deseable” el crecimiento de la población, dedica un capítulo especial a ataques contra la religión, por no haber condenado los matrimonios “imprudentes”. En cuanto su ideal está en juego, el pequeño burgués Sismondi se vuelve más malthusiano que el propio Malthus. “Los niños que nacen sólo para la miseria—alecciona él a la religión—también nacen solamente para el vicio [...]. La ignorancia de los problemas concernientes al régimen social, que los ha llevado [a los representantes de la religión] a excluir la castidad del número de virtudes propias del matrimonio, es una de las causas que actúan permanentemente para destruir la proporción naturalmente establecida entre la población y sus medios de existencia" (II, 294). “La moral religiosa debe, pues, enseñar a los hombres que, al renovar la familia, no están menos obligados a vivir castamente con sus esposas, que los solteros con las mujeres que no les pertenecen" (II, 298). Y Sismondi, que en general pretende no sólo el título de teórico en economía, sino también el de sabio administrador, calcula allí mismo que "para la renovación de la familia" se requiere, "en total y por término medio, tres nacimientos”; y aconseja al gobierno "no engañar a la gente con la esperanza de una posición independiente que permita formar una familia, cuando esta institución ilusoria [cet établissement illusoire] los deja expuestos a padecimientos, a la miseria y a la mortalidad" (II, 299). "Cuando la organización social no separaba la clase 176 de los trabajadores de la que poseía alguna propiedad, era suficiente la opinión pública para evitar el flagelo [le fléau] de la mendicidad. Para el agricultor la venta de la heredad de sus padres, para el artesano el despilfarro de su pequeño capital, siempre encierran algo vergonzoso [...]. Empero en el actual régimen de Europa [...]• Los hombres condenados a no poseer nada jamás no pueden sentir ninguna vergüenza frente a la mendicidad" (II, 306-307). ¡Es difícil expresar con mayor relieve la torpeza y la insensibilidad de un pequeño propietario! Sismondi se trasforma aquí, de teórico en consejero práctico, que predica la moral que, como se sabe, es aplicada con tanto éxito por el campesino francés. No es sólo un Malthus, sino, por añadidura, un Malthus cortado ex profeso a la medida del pequeño burgués. Al leer estos capítulos de Sismondi se recuerda, sin querer, los ataques apasionados e indignados de Proudhon, quien veía en el malthusianismo un consejo a los esposos de entregarse a... cierto vicio antinatural   [176•* .

* * *
 

Notes

[167•*]   Es característico inclusive el método mismo de exposición: el libro 3? trata de “la riqueza territorial” (ríchesse territoriale) de la tierra, es decir, de la agricultura. El libro siguiente, el 4°rdot; “de la riqueza comercial” (de la richesse commerciale), es decir, de la industria y del comercio. ¡Como si el producto de la tierra y la tierra misma no se trasformasen también en mercancías bajo el dominio del capitalismo! Por esa razón no existe concordancia entre estos dos libros. La industria es tratada sólo desde el punto de vista de su forma capitalista, contemporánea de Sismondi. En cuanto a la agricultura, se la describe como un mosaico heterogéneo, con toda clase de sistemas de explotación de la tierra: patriarcal, esclavista, mediería, prestación personal, aparcería, sistemas de economía basados en granjas, enfiteusis (arriendo a perpetuidad). Y como resultado de ello, la confusión más completa: el autor no hace la historia de la agricultura—puesto que todos esos “sistemas” no se hallan ligados entre sí—, ni un análisis de la agricultura dentro de la economía capitalista, aun cuando esta última constituye el verdadero objeto de su obra y aun cuando, en lo que respecta a la industria, sólo la considera bajo su forma capitalista.

[168•*]   Ricardo. Obras, trad. de Ziber, pág. 35: “¿Acaso la naturaleza no hace nada por el hombre en la industria manufacturera? ¿Acaso carecen de valor la fuerza del viento y del agua que ponen en acción nuestras máquinas y facilitan la navegación marítima? La presión atmosférica y la elasticidad del vapor, mediante las cuales ponemos en movimiento las más admirables máquinas, ¿no constituyen dones de la naturaleza? Sin hablar ya de la acción del calor, que ablanda y funde los metales, y de la participación del aire en los procesos de tintura y de fermentación, no existe una sola rama de la manufactura eu que la naturaleza no preste su ayuda al hombre, haciéndolo, además, generosa y gratuitamente".

[169•*]   Hacemos, por nuestra parte, la salvedad de que no podemos saber con certeza a quién se refiere Efrussi cuando habla del “más eminente economista moderno": ¿es un representante de la escuela que, como se sabe, es absolutamente extraña al romanticismo, o bien el autor del más voluminoso Handbuch?

[171•*]   Por lo que se sabe, este punto de vista sobre la superpoblación fue formulado por primera vez por Engels, en Die Lage der arbettenden Klfx.se in Englnnd (1845). (Véase F. Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, ed. cit. pág. 97. Ed.} Después de describir el ciclo habitual de producción de la industria inglesa, el autor dice:

“Resulta que en todos los tiempos, exceptuando los breves períodos del más alto resurgimiento, la industria inglesa debe tener un ejército de reserva de obreros desocupados para poder, en los meses de mayor actividad, producir la cantidad de mercancías requeridas. Esta reserva es más o menos numerosa, según que las condiciones del mercado ocasionen una mavor o menor ocupación de la misma. Y si también en la época de mayor resurgimiento del mercado, por lo menos de tiempo en tiempo, los distritos agrícolas, Irlanda y las ramas de la industria menos sujetas al resurgimiento, pueden suministrar un número de trabajadores, éstos, por un lado, forman todavía una minoría, y pertenecen, por otro lado, a la reserva, con la única diferencia que cada resurgimiento les muestra que también pertenecen a ella”.

Es importante subrayar en la última frase que una parte de la población rural que se vuelca temporariamente a la industria, es considerada parte integrante del ejército de reserva. Esto es justamente lo que la teoría moderna llama forma latente de superpoblación (véase El capital de Marx). (Véase C. Mar, ob. cit., t. I, punto 4, cap. XXIII, págs. 516-517. Ed.)

[172•*]   Confrontar Zíber, David Ricardo, etc., págs. 552-553. S. Peteríburgo, 1885.

[172•**]   Véase C. Marx, ob. cu., t. I, págs. 516-517. (Ed.)

[174•*]   Por eso no nos referiremos aquí a la circunstancia, sumamente original de que, al no estar registrados, muchísimos obreros de esta categoría sirven de base a los economistas populistas para no tomarlos en cuenta.

[176•*]   Ver el apéndice de la traducción rusa del Ensayo acerca da la población, de Malthus (traducción de Bíbikov, S. Petersburgo, 1868), extracto de la obra de Proudhon De la justicia.