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VII
LAS CRISIS
 

p La tercera conclusión errónea de Sismondi extraída de la teoría inexacta de Adam Smith, que hace suya, es su teoría de las crisis. La concepción de Sismondi, para quien la acumulación 159 (el desarrollo de la producción en general) es determinada por el consumo; y su explicación equivocada de la realización del producto global de la sociedad (reducido a la participación de los obreros y de los capitalistas en la renta), llevan de manera natural e inevitable a la teoría de que las crisis se explican por la desproporción entre producción y consumo. Y a esta teoría se atiene Sismondi por entero. También Bodbertus la hizo suya dándole una formulación ligeramente modificada; explicaba las crisis por el hecho de que la participación de los obreros en el producto disminuye con el crecimiento de la producción; y de la misma manera errónea nue lo hacía Adim Smith. dividía el producto Global de la sociedad en salario y “renta” (de acuerdo con su terminología, “renta” es sobrevalor. es decir, el beneficio y la renta del suelo en conjunto ^. El análisis científico de la acumulación en la sociedad capitalista  [159•*  y de la realización del producto minó todos los fundamentos de esta teoría, v mostró al mismo tiempo que, precisamente durante los períodos que preceden a las crisis, el consumo de los obreros se eleva, que el subconsumo (con el cual se pretende explicar las crisis) existió en los regímenes económicos más diversos, mientras que las crisis constituyen el rasgo distintivo de un solo régimen: el capitalista. Esta teoría explica las crisis mediante otra contradicción, a saber: la que existe entre el carácter social de la producción (socializada por el capitalismo) v el carácter privado, individual, de la apropiación. Aunque podría parecer míe la profunda diferencia entre estas teorías es clara de por sí, debemos detenernos un poco más en detalle sobre ella, pues precisamente los partidarios rusos de Sismondi tratan de borrarla y confundir las cosas. Explican las dos teorías de las crisis a que nos referimos de manera en todo sentido distinta. La primera las explica por la contradicción entre la producción y el consumo de la clase obrera; la segunda, por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. En consecuencia, la primera ve la raíz del fenómeno fuera de la producción (de ahí los ataques 160 generales de Sismondi, por ejemplo, contra los clásicos, a quienes acusa de hacer caso omiso del consumo y ocuparse sólo de la producción); la segunda la ve precisamente en las condiciones de la producción. Dicho en forma más breve: la primera explica las crisis por el subconsumo (Unterkonsumption); la segunda, por la anarquía en la producción. Así, aunque las dos tratan de explicar las crisis por una contradicción en el propio régimen económico, divergen por completo al señalar el carácter de la misma. Pero cabe preguntarse: ¿la segunda teoría niega la existencia de una contradicción entre la producción y el consumo, niega el subconsumo? Es evidente que no. Reconoce plenamente este hecho, pero la pone en su lugar considerándola como un hecho secundario que concierne a un sector de la producción capitalista. Enseña que ese hecho no puede explicar las crisis, puesto que éstas son provocadas por una contradicción más profunda y fundamental del actual sistema económico: la que existe entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. ¿Qué decir, entonces, de aquellos que profesando en el fondo la primera teoría, sostienen para defenderse que los representantes de la segunda comprueban la existencia de una contradicción entre la producción y el consumo? Resulta evidente que dichas personas no han reflexionado acerca de lo que diferencia en esencia a esas dos teorías, y no comprendieron debidamente la segunda. A esa categoría de personas pertenece, por ejemplo, el señor N.-on (sin hablar ya del señor V. V.). En nuestra literatura, el señor Tugán-Baranovski ya ha reconocido en ellos a discípulos de Sismondi (Las crisis industriales, pág. 477, e hizo esta extraña salvedad al referirse al señor N.-on: “al parecer”). Sin embargo, el señor N.-on, al tratar de la "reducción del mercado interior" y la "disminución de la capacidad de consumo del pueblo" (puntos centrales de su concepción), se remite a los representantes de la segunda teoría, que comprueban la existencia de la contradicción entre la producción y el consumo, o sea, la existencia del subconsumo. Se comprende que estar referencias sólo sirven para mostrar la capacidad característica de este autor, de traer a colación citas fuera de lugar, y nada más. Por ejemplo, todos los lectores que conocen sus Reseñas recordarán seguramente esta “cita”: "Los obreros, como compradores de mercancías, revisten importancia para el mercado, pero considerados como vendedores de su propia mercancía—la fuerza 161 de trabajo—, la sociedad capitalista tiene la tendencia a reducir su precio al mínimo" (Reseñas, pág. 178); recordarán también que el señor N.-on quiere asimismo deducir de ello la “reducción del mercado interno" (id., págs. 203 y sigs.), y las crisis (págs. 298 y sígs.). Pero al citar dicho pasaje (que nada prueba, como ya lo explicamos), nuestro autor, además, omite el final de la nota de la cual extrajo la cita. Esa nota se refiere a una observación introducida en el manuscrito de la sección II del tomo II de El capital. Se la había introducido “con el fin de desarrollarla en el futuro”, y el editor del manuscrito la colocó en las notas. En esa nota, después de las palabras citadas, se dice: “Sin embargo, el estudio de esto corresponde a la sección siguiente"  [161•* , o sea, a la tercera. ¿Y qué sección es ésa? Pues precisamente la que contiene la crítica de la teoría de A. Smith acerca de las dos partes del producto global de la sociedad (junto con la opinión arriba citada sobre Sismondi), y el análisis “de la reproducción y circulación del capital global de la sociedad”, es decir, de la realización del producto. Así, en apoyo de sus concepciones, que no son más que una repetición de las de Sismondi, nuestro autor cita la nota que se refiere “sólo a la sección" en la que se refuta a Sismondi: “sólo a la sección" en que se muestra que los capitalistas pueden realizar el sobrevalor, y que incluir el comercio exterior en el análisis de la realización, es un absurdo...

p Otra tentativa de borrar la diferencia entre las dos teorías y defender los viejos trastos románticos mediante referencias a las doctrinas modernas, es la contenida en el artículo de Efrussi. Al referirse a la teoría de las crisis de Sismondi, aquél señala su falsedad (Rtísskoie Bogatstvo, núm. 7, pág. 162). Sus indicaciones son en extremo vagas y contradictorias. Por un lado repite los argumentos de la teoría contraria, y dice que la demanda nacional no se reduce a los artículos de consumo inmediato. Por el otro afirma que la explicación de las crisis dada por Sismondi “sólo pone de manifiesto una de las muchas circunstancias que dificultan la distribución de la producción nacional en consonancia con la demanda de la población y su poder adquisitivo”. ¡En consecuencia, se invita al lector a creer que es “en la distribución" donde hay que buscar la explicación de las crisis y que 162 el error de Sismondi consiste sólo en no haber señalado todas las causas que dificultan dicha distribución! Pero esto no es lo principal... “Sismordi—dice Efrussi—no se detuvo en la explicación citada. Ya en la primera edición de Nouveaux Principes encontramos un capítulo sumamente instructivo, bajo el título de De la conna’<ssance du marché  [162•* . En este capítulo nos descubre las causas fundamentales de la ruptura del equilibrio entre la producción y el consumo [¡obsérvese esto!], con una claridad que encontramos en muy pocos economistas" (ib.). Y después de citar algunos pasajes para mostrar que el fabricante no puede conocer el mercado, Efrussi dice: “Casi lo mismo sostiene Engels" (pág. 163), tras lo cual viene una cita en la que se dice que el fabricante no puede conocer la demanda. Cita luego algunos pasajes más, en los que se habla de “otras trabas para el establecimiento del equilibrio entre la producción y el consumo" (pág. 164). ¡Efrussi nos asegura que “en ellas hallamos la explicación de las crisis, explicación que se impone cada vez más"! Más aun: considera que, “en cuanto a las causas de las crisis en la economía nacional, se puede considerar a Sismondi, con todo derecho, como el padre de las concepciones que posteriormente fueron desarrolladas con más consecuencia y mayor claridad" fpág. 168) .

p ¡Con todo esto, Efrussi pone de manifiesto su completa incomprensión del problema! ¿Qué son las crisis? Superproducción, producción de mercancías que no pueden ser realizadas, que no encuentran demanda. Si las mercancías no tienen demanda significa que el fabricante, al producirlas, no conocía la demanda. Cabe preguntarse ahora: ¿acaso señalar esta condición de su posibilidad significa dar una explicación de las crisis? ¿Es que Efrussi no comprende la diferencia que media entre señalar la posibilidad de un fenómeno y explicar su necesidad? Sismondi dice: las crisis son posibles debido a que el fabricante desconoce la demanda; son necesarias, pues en la producción capitalista no puede haber equilibrio entre producción y consumo (es decir, que el producto no puede ser realizado). Engels dice: las crisis son posibles dado que el fabricante desconoce la demanda; y son necesarias, pero no porque en general el producto no pueda ser realizado. Esto no es exacto: el producto puede ser realizado. Son necesarias porque el carácter colectivo de la producción entra en contradicción con el 163 carácter individual de la apropiación. ¡Y he aquí que aparece un economista afirmando que Engels "sostiene casi lo mismo”, que Sismondi "da la misma explicación de las crisis"! "Me extraña por ello—escribe Efrussi—que el señor Tugán-Baranovski [...] haya perdido de vista lo más importante y valioso de la teoría de Sismondi" (pág. 168). Pero el hecho es que el señor TugánBaranovski nada perdió de vista  [163•* . Por el contrario, señaló con toda precisión la contradicción fundamental a que conduce la nueva teoría (págs. 455 y otras) y puso en claro la significación de Sismondi, quien con anterioridad había señalado esa contradicción, cuya manifestación son las crisis, pero de la que no supo dar la explicación acertada (pág. 457: con anterioridad a Engels, Sismondi señaló que las crisis provienen de la actual organización de la economía: pág. 491: Sismondi expuso las condiciones que hacen posibles las crisis, pero "no todas las posibilidades se realizan necesariamente”). Pero Efrussi no ha comprendido absolutamente nada, y luego de meter en un mismo saco, ¡"se extraña" de encontrarse en una confusión! "Es cierto—dice el economista de Rússkoie Bogatstvo—que no encontramos en Sismondi las expresiones que actualmente han adquirido en todas partes derecho de ciudadanía, tales como la "anarquía de la producción”, " ausencia de plan [Planlosigkeit] en la producción”, pero lo esencial que se oculta bajo estas expresiones es señalado por él con toda claridad" (pág. 168). ¡Con qué facilidad restaura el romántico moderno al romántico de los tiempos pasados! ¡Todo se reduce a una diferencia de términos! En realidad, es indudable que Efrussi no comprende el sentido de las palabras que repite. " Anarquía de la producción”, "ausencia de plarí^en la producción": ¿de qué nos hablan estas expresiones? Pues de la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter individual de la apropiación. Y preguntamos a cualquiera que conozca la literatura económica que estamos analizando: Sismondi o Rodbertus, ¿ reconocían esa contradicción? ¿Deducían de ella las crisis? No, no las deducían ni podían deducirlas, porque ninguno de ellos comprendía en absoluto dicha contradicción. Les era totalmente ajena la 164 idea de que la crítica del capitalismo no puede basarse en frases sobre el bienestar general,   [164•*  o la anomalía de la "circulación abandonada a su propia suerte"  [164•**  sino en el carácter de la evolución de las relaciones de producción.

_p Nos damos cuenta cabal por qué nuestros románticos rusos hacen tantos esfuerzos para borrar las diferencias entre estas dos teorías sobre las crisis. Es que con ellas se hallan vinculadas, de la manera más íntima y directa, posiciones diferentes, desde el punto de vista de los principios, respecto del capitalismo. En efecto: si explicamos las crisis por la imposibilidad de realizar los productos, por la contradicción entre la producción y el consumo, llegamos a la negación de la realidad, de la conveniencia del camino seguido por el capitalismo, declaramos que éste es “falso” y emprendemos la búsqueda de “otros caminos”. Si derivamos las crisis de aquella contradicción, tenemos que pensar que, cuanto más se desarrolla, tanto más difícil será encontrarle una salida. Y ya vimos con cuánta ingenuidad expresó Sismondi precisamente esa opinión, al decir que si el capital se acumula con lentitud, el capitalismo es soportable; pero resulta insoportable si lo hace con rapidez. Por el contrario, si explicamos las crisis por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter individual de la apropiación reconocemos con ello la realidad y el carácter progresista del camino capitalista, y rechazamos, por considerarlo romanticismo absurdo, la búsqueda de "otros caminos”. Con eso reconocemos que cuanto más se desarrolla dicha contradicción, más fácil es encontrarle una salida, y que tal salida consiste precisamente en el desarrollo del régimen establecido.

p Como el lector ve, también aquí nos encontramos con diferentes “puntos de vista"...

p Es muy natural que nuestros románticos busquen confirmaciones teóricas para sus concepciones. Es muy natural que las busquen entre los trastos viejos que en Europa occidental fueron 165 abandonados ya hace mucho tiempo, y es muy natural que, al darse cuenta de esto, traten de restaurar dichos trastos, ora embelleciendo a los románticos de Europa occidental, ora introduciendo el romanticismo so capa de citas tergiversadas y fuera de lugar. Pero se equivocan de medio a medio si creen que semejante contrabando puede pasar inadvertido.

p Para terminar con la exposición de la doctrina teórica fundamental de Sismondi, y con las principales conclusiones teóricas que extrae de ella, tenemos que hacer un pequeño agregado que se refiere nuevamente a Efrussi. En otro artículo suyo sobre Sismondi (continuación del primero), dice: “Más interesantes aun [en comparación con la doctrina sobre la renta del capital] son los puntos de vista de Sismondi sobre las diferentes clases de rentas" (Rússkoie Bogatstvo, núm. 8, pág. 42). Según él, Sismondi lo mismo que Rodbertus, divide la renta nacional en dos partes: “una va a parar a los propietarios de la tierra y de los medios de producción, la otra a los representantes del trabajo" (Ib.). Siguen citas en las que Sismondi habla de la división, no sólo de la renta nacional, sino también de todo el producto: “La producción anual, o el resultado de todos los trabajos efectuados por el pueblo durante un año, también está compuesta de dos partes”, etc. (Nouveaux Principes, 1, 105, citado en la revista Rússkoie Bogatstvo, núm. 8, página 43). “Los pasajes citados—concluye nuestro economista—prueban con claridad que Sismondi ha asimilado plenamente [!] la clasificación de la renta nacional que desempeña un papel tan importante entre los economistas modernos, a saber: la división de la renta nacional en renta basada en el trabajo y en renta que no proviene del trabajo [arbeitsloses Einkommen]. Aun cuando, en general, los puntos de vista de Sismondi sobre la renta no son siempre claros y precisos, se trasluce en ellos la conciencia de la diferencia que existe entre la renta de la economía privada, y la de la economía nacional" (pág. 43).

El pasaje citado—respondemos nosotros—prueba que Efrussi ha asimilado perfectamente la sabiduría de los manuales alemanes; pero no obstante ello (o quizá precisamente gracias a eso) perdió por completo de vista la dificultad teórica del problema de la diferencia entre renta nacional y renta individual. Se expresa de manera poco cautelosa. Hemos visto que en la primera parte de su artículo califica de "economistas modernísimos" a los teóricos de un escuela determinada. El lector puede suponer, con razón,

166 que también esta vez se refiere a ellos. Pero en realidad se refiere a algo completamente distinto. Los modernísimos economistas son ahora los "socialistas de cátedra"^^21^^ alemanes. Para defender a Sismondi, el autor aproxima su teoría a la doctrina de éstos. ¿En qué consiste la doctrina de esas “modernísimas” autoridades de Efrussi? Sencillamente en que la renta nacional se divide en dos

p partes.

¡Pero esa es la teoría de Adam Smith, y de ninguna manera la de los "economistas modernísimos"! Al dividir el ingreso en salario, ganancia y renta (libro I, cap. VI, Las riquezas de las naciones; libro II, cap. II), A. Smith contraponía las dos últimas al primero como ingreso no proveniente del trabajo, y las llamaba descuento del trabajo (libro I, cap. VIII) y combatía la opinión según la cual la ganancia es ese mismo salario abonado por un trabajo de tipo especial (libro I, cap. VI). Tanto Sismondi como Rodbertus, al igual que los “modernísimos” autores alemanes de manuales, no hacen más que repetir esta doctrina de A. Smith. La diferencia entre ellos reside sólo en que A. Smith era conciente de que no había logrado desglosar totalmente la renta nacional del producto nacional; tenía conciencia de que se contradecía al excluir del último el capital constante (según la terminología actual), que incluía sin embargo, en el producto individual. En cambio, los economistas “modernísimos”, al repetir el error de A. Smith, se limitan a envolver su teoría en una forma más grandilocuente “(la clasificación de la renta nacional”), pues han perdido conciencia de la contradicción ante la cual se detuvo A. Smith. Estos procedimientos podrán ser muy eruditos, pero nada tienen de científicos.

* * *
 

Notes

[159•*]   La doctrina según la cual en la economía capitalista el producto total está compuesto de dos partes llevó, a A. Smith y a los economistas posteriores a el, a una interpretación errónea de “la acumulación del capital individual”. Ellos enseñaron que la parte acumulada de la ganancia se gasta íntegramente en el salario, cuando en realidad se gasta: 1) en capital constante y 2) en salario. También Sismondi repite este error de los clásicos. 

[161•*]   Das Kapital, II Band, S. 304. Traducción rusa, pág. 232. La cursiva es nuestra. (Véase, C. Marx, ob. cit. t. II, sec. II, pág. 248. Ed.)

[162•*]   “Sobre el conocimiento del mercado”. (Ed.)

[163•*]   En El desarrollo del capitalismo (págs. 16 y 19) (véase V. I. Lenin, ob. cit., tomo III, cap. I, § VI. Ed.) ya señalé las inexactitudes y errores del señor Tugán-Baranovski, que lo llevaron después a pasarse enteramente al campo de los economistas burgueses. (Nota del autor a la edición de 1908. Ed.)

[164•*]   Confrontar: Sismondi, loc. cít., I, 8.

[164•**]   Rodbertus. Anotemos, de paso, que Bernstein, restaurando en general los prejuicios de la economía burguesa, introdujo confusión también en este problema, al afirmar que la teoría de las crisis de Marx no difiere mucho, que digamos, de la de Rodbertus “(Die Voraussetzungen, etc.”, Stuttgart, 1889, S. 67), [E. Bemstein: "Premisas, etc.”, Stuttgart, 1889, pág. 67. Etf.], y que Marx se contradice al reconocer en el subconsumo de las masas la causa final de las crisis. [Nota del autor a la ed. de 1908. Ed.]