LA RUINA DE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES?
p Contrariamente a los economistas clásicos, que en la elaboración de sus sistemas daban ya por constituido el régimen capitalista y por sentada la existencia de la clase obrera, Sismondi pone el acento en el proceso de ruina del pequeño productor, proceso que condujo a la formación de dicha clase. Es indiscutible mérito de Sismondi haber señalado dicha contradicción dentro del régimen capitalista, pero el hecho cierto es que como economista no supo comprender ese fenómeno y que quiso disimular, expresando “piadosos deseos”, su incapacidad para hacer un análisis consecuente. La ruina del pequeño productor prueba, en su opinión, la reducción del mercado interior.
p “Si el fabricante vende más barato—dice en el capítulo acerca de ¿cómo amplía el vendedor su mercado? (Ch. III, livre IV, t. I, p. 342 et suiv.) [127•* —, venderá más porque los otros venderán menos.” Y por ello, los esfuerzos del fabricante tienden siempre a ahorrar algo sobre el trabajo o sobre la materia prima, que lo coloque en condiciones de poder vender a precio más reducido que sus colegas. Como las materias primas son a su vez producto de un trabajo anterior, resulta que el ahorro se reduce, en último término, al empleo de menor cantidad de trabajo para la producción de un mismo artículo. “Sin embargo, la finalidad del fabricante no es reducir la cantidad de obreros, sino acrecentar la producción. Supongamos que llegue a alcanzar su objetivo, que logre arrebatar compradores a su competidor al rebajar el precio de su mercadería. ¿Cuál será, pues, el resultado nacional de esto?" “Los demás fabricantes introducirán su método de producción. Y entonces unos y otros se verán precisados, desde luego, a despedir una parte de sus obreros en la misma proporción en que la nueva máquina aumente la fuerza productiva del trabajo. Si el consumo no ha variado y si el mismo trabajo es hecho por un número de brazos diez veces menor, entonces nueve décimos de esa parte de la clase obrera perderá sus 128 ingresos y su consumo, de todo tipo, disminuirá en la misma proporción [...]. La consecuencia del invento—en caso de que la nación carezca de comercio exterior y el consumo permanezca invariable—será, en definitiva, una pérdida para todos, la disminución de la renta nacional, lo cual acarreará, para el año siguiente, la disminución del consumo general” (I, 344). “Y así tenía que ser; como el trabajo es de por sí una parte importante de la renta [Sismondi se refiere al s^ario], resulta imposible reducir la demanda de trabajo sin empobrecer a la nación. Por ello, el beneficio que se espera de la invención de nuevos medios de producción se relaciona casi siempre con el comercio exterior" (I, 345).
p El lector puede ver que ya en estas palabras está contenida toda la “teoría”, que tan bien conocemos, de la “reducción del mercado interior" como consecuencia del desarrollo del capitalismo y de la necesidad, por lo tanto, de mercados exteriores. Sismondi retorna a esta idea con harta frecuencia, vinculándola a su teoría de las crisis y su “teoría” de la población. Esto constituye en su doctrina, como en la de los populistas rusos, un punto dominante.
p Sismondi no olvida, desde luego, que la ruina y la desocupación, dentro de las nuevas relaciones, son acompañadas por el aumento de la “riqueza comercial”, y que de lo que se trata es del desarrollo de la gran producción, del capitalismo. Esto lo comprende a la perfección y afirma, precisamente, que el crecimiento del capitalismo reduce el mercado interior. "Del mismo modo que no es indiferente para el bienestar de los ciudadanos que la abundancia y el consumo general se aproximen cada vez más a la equidad, o que sólo una pequeña minoría tenga exceso de todo, mientras la masa se ve reducida a lo estrictamente necesario, estos dos tipos de distribución de la renta tampoco son indiferentes para el desarrollo de la riqueza comercial [richesse commerciale [128•* ]. La igualdad en el consumo ha de tener siempre, como resultado, la ampliación del mercado de productores, en tanto que la desigualdad lleva a la reducción del mercado" (de le [le marché] resserrer toujoun davantage) (I, 357).
p Así, pues, Sismondi afirma que el mercado interno se reduce como consecuencia de la desigualdad en la distribución, propia 129 del capitalismo, y que el mercado debe ser creado por la vía de una distribución equitativa. ¿Pero de qué manera puede llegarse a esto cuando existe la riqueza comercial, a la que derivó imperceptiblemente Sismondi (a la que forzosamente tenía que derivar si quería hablar del mercado}? Esto no lo investiga. ¿Qué prueba aporta para demostrar la posibilidad de mantener la igualdad entre los productores, cuando existe la riqueza comercial, esto es, en condiciones de competencia entre los diversos productores? Ninguna, en absoluto. Simplemente resuelve que así debe ser. En lugar de un análisis posterior de la contradicción que con tanto acierto señala, se pone a discurrir acerca de lo indeseable de las contradicciones en general. “Con el remplazo de la pequeña agricultura por la grande, es posible que se haya invertido una mayor cantidad de capitales en la tierra y que entre toda la masa de agricultores se haya distribuido más riqueza que antes"... (es decir: ¿el mercado interior, determinado precisamente por la cantidad absoluta de riqueza comercial, se ha ampliado “quizás”? ¿Creció junto con el desarrollo del capitalismo?)... “Pero para la nación, el consumo de una sola familia de granjeros ricos, más el de unas 50 familias de jornaleros indigentes, no es equivalente al consumo de 50 familias de campesinos entre las cuales no hay una sola familia rica, aunque ninguna de ellas carece tampoco de un decoroso [moderado] pasar" (une honnéte aisance) (I, 358). En otras palabras: puede ser que el desarrollo de las granjas sea precisamente lo que crea el mercado interno para el capitalismo. Sismondi era un economista demasiado experto y de buena fe como para negar este hecho, pero... al llegar aquí abandona su investigación y sustituye, pura y simplemente, la “nación” de riqueza comercial por una “nación” de campesinos. A fin de desembarazarse de un hecho desagradable, que rebate su punto de vista pequeñoburgués, olvida inclusive lo que él mismo había dicho poco antes, esto es, que los “granjeros” surgieron de entre los “campesinos” gracias al desarrollo de la riqueza comercial. “Los primeros granjeros—decía Sismondi—fueron simples labriegos [...]. No dejaron de ser campesinos [...]. Para trabajar con ellos casi nunca emplearon jornaleros, sino servidores [des domestiques] escogidos siempre entre sus iguales, y a los que trataban como a iguales, comiendo con ellos en la misma mesa [...] formando con ellos una sola clase de campesinos" (I, 221). Quiere decir que todo se reduce a que estos 130 mujiks patriarcales, junto con sus no menos patriarcales servidores, son mucho más del agrado del autor, razón" por la cual da sencillamente la espalda a los cambios introducidos por el crecimiento cíe la "riqueza comercial" en el seno de esas relaciones patriarcales.
p Pero Sismor.di no tiene la menor intención de reconocerlo. Persiste en creer nue está investigando las leyes de la rinueza comercial, y, olvidando sus propias reservas, afirma categóricamente :
p “Así. pues, debido a la concentración de los bienes en manos de un número restnn^ido de nronietnrios, el -mercado interior se reduce cada vez más MI, v la industria se ve precisada, en grado creciente, a buscar salida para sus productos en los mercados exteriores, donde la Rmena7an Brandes conmociones \des grandes révolntionsl" (I, 3R1). "De ahí oue el mercado interior sólo pueda pifiarse como consecuencia del aumento del bienestar nacional" (I, 362”). Sismondi tiene nresente el bienestar de toda la nobbción. d^do nue hace un momento reconocía la nosibilidad de un bienestar “nacional” en un sistema de economía basado en granias.
p Como el lector miede comnrobar, nuestros economistaspopulistas reoiten. palabra por palabra, lo dicho ñor Sismo^di.
p Éste vuelve nna ve/ m4s sobre este problema al final de su obra, en el libro VTJ. titulado Acerca de la nnblic.inn. canítulo VII: "Acerca de la noWac’ón que resultó superfina debido a la invención de las m^nninas".
p “La introducción en el campo del sistema de grandes granjas hizo desanarecer en Gran Bretaña la cl^se de los campesinos arrendatarios \fermiers pai/sansl, que trabaiaban ellos mismos y gozaban sin embareo. de un bienestar moderado; la población disminuyó considerablemente, pero su consumo descendió en grado aun mavor que su número. Los jornaleros, que realizan todos los trabajos agrícolas cobrando tan sólo lo estrictamente necesario, no proporcionan, ni de cerca, el mismo estímulo \encou- fasement] a la industria de las ciudades oue le nroporcionaban antes los camnesinos ricos" (TT, 327). "Un cambio análogo se ha operado también en la población urbana C. ..1. Desaparecen los pequeños comerciantes v los pequeños industriales, un centenar de los cuales es remnlazado por un solo gran empresario, cuya riqueza supera posiblemente la de todos ellos. Sin embargo, 131 tomados en conjunto, eran mejores consumidores que él. Su lujo proporciona mucho menos estímulo a la industria que el bienestar moderado de aquellas cien economías a las que él ha remplazado" (ibíd.).
p ¿A qué queda reducida, entonces, cabe preguntarse, la teoría de Sismondi acerca de la reducción del mercado interior como consecuencia del desarrollo del capitalismo? Pues a que su autor, apenas hecha la tentativa de mirar de frente las cosas, elude el análisis de las condiciones inherentes al capitalismo “(riqueza comercial”, más grandes empresas en la industria y en la agricultura, porque Sismondi no conoce el término “capitalismo”. La identidad de estos conceptos justifica plenamente su uso, y en lo sucesivo diremos simplemente: “capitalismo”) y lo sustituyó por su punto de vista pequeñoburgués y su utopía pequeñoburguesa. El desarrollo de la riqueza comercial y, por ende, de la competencia, debe dejar intacto al campesinado medio, bien homogéneo, con su “bienestar moderado" y sus relaciones patriarcales con los jornaleros.
p Se comprende que este inocente deseo haya quedado como patrimonio exclusivo de Sismondi y otros “intelectuales” románticos, y que día a día, cada vez más, este deseo haya chocado con la realidad que iba desarrollando las contradicciones cuya profundidad Sismondi no estaba aún en condiciones de apreciar.
Se comprende que la economía política teórica, al adherir, en su desarrollo posterior [131•* , a los clásicos, haya establecido con precisión justamente lo que quería negar Sismondi, es decir, que el desarrollo del capitalismo en general, y el del sistema de economía basado en granjas en particular, no reduce, sino que crea el mercado interior. El desarrollo del capitalismo corre parejo con el de la economía mercantil, y a medida que la producción doméstica cede su lugar a la producción para la venta y el artesano cede su lugar a la fábrica, se va formando el mercado para el capital. Los “jornaleros” desalojados de la agricultura por la trasformación de los “campesinos” en granjeros, suministran la fuerza de trabajo para el capital, y los granjeros resultan ser compradores de los productos de la industria, y no sólo de los objetos de consumo (que antes eran producidos a domicilio por los campesinos o por los artesanos rurales), sino que también son compra- 132 dores de instrumentos de producción, que ya no podían seguir siendo los mismos al ser remplazada la pequeña agricultura por la grande [132•* . Vale la pena subrayar esta última circunstancia, pues es precisamente la que Sismondi ignora de manera especial al hablar, en el lugar citado por nosotros, del “consumo” de los campesinos y de los granjeros, como si sólo existiese el consumo personal (el consumo de pan, de prendas de vestir, etc.); como si la compra de máquinas, de herramientas, etc., la construcción de edificios, depósitos, fábricas y demás no representasen también un consumo, sólo que de otra especie, esto es: consumo productivo, consumo del capital, y no de las personas. Y de nuevo hay que señalar que este mismo error—como lo veremos en seguida—tomado por Sismondi de Adam Smith, es el que íntegramente adoptaron nuestros economistas populistas [132•** .
Notes
[127•*] Todas las citas que siguen, salvo indicación especial, corresponden a la edición de Nouveaux Principes mencionada anteriormente.
[128•*] Aquí, como en lot demás casos, la cursiva es nuestra, salvo cuando se señala lo contrario.
[131•*] Trátase del marxismo. (Nota del autor a la edición de 1908. Ed.)
[132•*] De esta monera se van creando simultáneamente los elementos del capital variable (el obrero “libre”) y del capital constante; este último lo constituyen los medios de producción de los que se ve despojado el pequeño productor.
[132•**] Sobre esta parte de la doctrina de Sismondi—la reducción del mercado interior como consecuencia del desarrollo del capitalismo—Efrussi nada dice. Muchas veces veremos aún que éste ha omitido precisamente lo que caracteriza con mayor relieve el punto de vista de Sismondi y la posición del populismo respecto de su doctrina.