p Como los proyectos y medidas prácticas van vinculados siempre al descubrimiento de lo “agradable” y alentador en la realidad, se comprende a priori qué deseos se expresan en el Estudio acerca 449 de la industria kustar. Porque el Estudio ha reducido todos los “hechos agradables” a embellecer el trabajo asalariado en la pequeña explotación y a ensalzar las agrupaciones, escasísimas y unilaterales, de los pequeños patronos. Estos deseos, que repiten las habituales recetas populistas, sorprenden, por una parte, por su carácter contradictorio y, por otra, por la excesiva exageración de “medidas” ordinarias trasformadas por medio de frases en la solución de grandes problemas. Al comienzo mismo del Estudio, en la introducción inclusive, antes de exponer los datos del censo, encontramos ya enfáticas reflexiones, en las que se dice que “la tarea del crédito kustar" consiste en “eliminar [¡sid] la falta de dinero”. Se habla también de la “organización cooperativa del intercambio entre la producción y el consumo" (pág. 8), de “la difusión de los arteles”, de la organización de depósitos de los kustares, consultorios técnicos, escuelas técnicas, etc. (pág. 9). Estas reflexiones se repiten muchas veces en el libro. “Hay que reorganizar la economía de la industria de modo que el kustar tenga dinero; dicho más sencillamente, emancipar al kustar del kulak" (pág. 119). “La tarea de nuestro tiempo" consiste en llevar a cabo “la emancipación de los kustares a través del crédito”, etc. (pág. 267). “Es preciso racionalizar los procesos del cambio”, preocuparse “de implantar en el seno de la economía agrícola campesina bases racionales para el crédito, el cambio y la producción" (pág. 362); son necesarias “una organización económica del trabajo" (¡sic¡, pág. 363), “una organización racional de la economía nacional”, etc., etc. Como ven, se trata de la conocida panacea populista, pegada al censo del cual nos ocupamos. Y como refirmación definitiva de su ortodoxia populista, los) autores no dejan de condenar la economía monetaria en general, enseñando al lector que la artesanía “presta un gran servicio a la economía nacional, y aseguran a esta última la posibilidad de evitar la trasformación de la economía natural en economía monetaria”. “Los intereses vitales de la economía nacional requieren que las materias primas producidas por ella sean elaboradas en el propio lugar, de ser posible sin la ingerencia del dinero en los procesos del cambio" (pág. 360).
p El programa populista está expuesto aquí tan plenamente y con tal franqueza, que no deja nada que desear. Hemos dicho "el programa populista" pues lo que nos interesa, no es lo que diferencia a los autores del \Estudio de los otros populistas, sino, por el contrario, lo que hay de común entre ellos. Lo que nos interesa, es el 450 programa populista práctico sobre las industrias kustares en gener^]. Es fácil ver que en el Estudio se ponen de relieve precisamente los rasgos fundamentales de ese programa: 1) condenación de la economía, monetaria y simpatías por la economía natural v la artes?nía nrimitiva; 2) diversas medicas para avudar a la peaueña producción campesina, como el crédito, el desarrollo de la técnica, etc.; 3) formación de agrupaciones y asociaciones de todo género < ntre los patronos y los pequeños patronos: sociedades para adquirir materias nrirnas v alquilar depósitos de sociedades de préstamos, de ahorro v de crédito, de consumo, de producción; 4) “ organización del trabajo”, frase usual en todos los buenos propósitos populistas. Examinemos, pues, este programa.
p En primer lugar, en lo que concierne a la condenación de la economía rronetaria reviste un carácter plenamente platónico por ’o que se refiere a la industria. Inclusive en la provincia de Perm, la artesanía lia sido desplazada ya en tal grado a un segundo plano r>or la producción mercantil y se encuentra en una situación tan lamentable, aue en el mismo Estudio leemos que es dpseable “emancipar al kustar de la dependencia”; exactamente, eliminar la dependencia del artesano respecto del cliente consumidor, “ mediante la búsqueda de medios para ampliar la propia zona de venta más allá de los límites de la demanda para el consumo local" (pág. 33). Dicho con otras palabras: ¡se condena en teoría la economía monetaria, y se aspira en la práctica a trasformar la producción artesanal en economía mercantil! Tampoco esta contradicción es en absoluto exclusiva del Estudio, sino aue es propia de todos los proyectos populistas: por mucho que combatan a la economía mer<-pntil (monetaria), la realidad, expulsada por la puerta, entra por la ventana, y las medidas que propugnan no harén otra cosa aue desarrollar la economía mercantil. Un ejemplo de ello es el crédito. En sus¡ planes y deseos, los populistas no eliminan la economía mercantil. El Estudio, por ejemplo, no dice una palabra acerca de que las reformas propuestas no deben basarse en la producción mercantil. Por el contrario, lo único aue desea son bases racionales del camihio, una organización cooperativa del cambio. La economía mercantil seguirá existiendo; lo único aue debe hacerse es reformarla sobre bases racionales. Una utonía que no es nueva, ni mucho menos y que ha tenido destacadísimos defensores en la vieja literatura económica. La inconsistencia teórica de esta utopía ha sido probada hace ya mucho, por lo que no es necesario detenerse 451 en esta cuestión. ¿No sería mejor que, en vez de enunciar frases absurdas sobre la necesidad de “racionalizar” la economía, empezaran por “racionalizar” su propia idea sobre la economía real, las verdaderas relaciones económico-sociales entre esta masa de “ kustares”, tan heterogénea y diversa, cuyo destino quieren decidir desde arriba nuestros populistas de modo tan burocrático y ligero? ¿ Acaso la realidad no nos muestra a cada paso que las medidas prácticas de los populistas, concebidas de acuerdo con las recetas de las supuestas ideas “puras” acerca de la “organización del trabajo”, etc., sólo conducen en la práctica a ayudar y estimular al “mujik emprendedor" al pequeño fabricante o al mayorista, en general a todos los representantes de la pequeña burguesía? Esto no tiene nada de casual, no es resultado de la imperfección o del fracaso de algunas empresas. Por el contrario, sobre la base general de la economía mercantil, es inevitable y necesario que quienes utilicen el crédito, los depósitos, los bancos, el asesoramiento técnico, etc., sean, ante todo y sobre todo, los pequeños burgueses.
p Mas si eso es así—podrán objetarnos—, si los populistas, de modo inconciente y contra su voluntad, contribuyen con sus medidas prácticas al desarrollo de la pequeña burguesía y, por consiguiente, del capitalismo en general, ¿por qué han de atacar su programa las personas que reconocen por principio el desarrollo del capitalismo como un proceso progresista? ¿Acaso es razonable atacar programas prácticamente útiles porque sea errónea o—digámoslo con mayor suavidad—discutible su envoltura ideológica, cuando nadie niega la “utilidad” de la instrucción técnica, del crédito, de las asociaciones y agrupaciones entre los productores?
p Estas objeciones no son inventadas. Se dejan oír constantemente, de una u otra forma y por uno u otro motivo, para responder a las polémicas entabladas contra el populismo. No diremos aquí que tales objeciones, aunque estén bien fundamentadas, no impiden en modo alguno que el solo hecho de convertir los proyectos pequeñoburgueses en una sublime panacea social, causa enorme daño a la sociedad. Nos proponemos plantear la cuestión sobre el terreno práctico de las necesidades inmediatas y urgentes de nuestra época, y valorar el programa populista desde este punto de vista premeditadamente estrecho.
p A pesar de que muchas medidas populistas reportan un provecho práctico al contribuir a desarrollar el capitalismo, en su conjunto resultan: 1) inconsecuentes en grado superlativo; 2) 452 doctrinarias y esquemáticas, y 3) mezquinas, en comparación con las tareas auténticas que plantea ante nuestra industria el capitalismo en desarrollo. Explicaremos esto. Hemos señalado, en primer lugar, la inconsecuencia de los populistas como hombres prácticos. Al lado de las medidas mencionadas, que son caracterizadas corrientemente como política económica liberal y que figuraron siempre inscritas en las banderas de los dirigentes de la burguesía de Occidente, los populistas no abandonan su intención de frenar el desarrollo económico existente, de impedir’ el progreso del capitalismo, de apoyar la pequeña producción, que languidece en la lucha contra la gran producción. Los populistas defienden las leyes y las instituciones que obstaculizan la libertad de movilización de la tierra y la libertad de desplazamiento, y que mantienen el cerrado carácter estamental de los campesinos, etc. ¿Existe, se pregunta, algún fundamento razonable para frenar el desarrollo del capitalismo y de la gran industria? Por los datos del censo hemos visto que la decantada “independencia” de los kustares no es una garantía contra el sometimiento al capital comercial, contra la explotación en su peor forma; que, en la práctica, la situación de la gran masa de estos kustares “independientes” es con frecuencia más lamentable que la de los obreros asalariados de los kustares; que sus ingresos son sorprendentemente insignificantes; que las condiciones de trabajo (por el estado sanitario y la duración de la jornada) son en extremo insatisfactorias; que la producción se halla fraccionada, es primitiva desde el punto de vista técnico y no está desarrollada. ¿Existe, se pregunta, algún fundamento razonable para mantener las leyes policíacas que refuerzan los “vínculos con la tierra”, que prohiben romper esos vínculos, ante los que tanto se enternecen los populistas? [452•* Los datos del “censo de kustares" de 1894-1895 en la provincia de Perm prueban claramente la absoluta falta de sentido de una fijación artificial de los campesinos a la tierra. Esta fijación no hace más que disminuir sus ingresos—los cuales, 453 cuando existen los “vínculos con la tierra”, son inferiores en más de la mitad a los ingresos de los no agricultores—, rebajar su nivel de vida, acentuar la dispersión y el aislamiento de los productores, desperdigados por las aldeas, y aumenta su impotencia ante cada mayorista y cada pequeño patrono. Al mismo tiempo, la fijación a la tierra frena el desarrollo de la agricultura, sin estar en condiciones, no obstante, de impedir que aparezca la clase de la pequeña burguesía rural. Los populistas rehuyen plantear la cuestión como sigue: ¿frenar o no el desarrollo del capitalismo? Prefieren hablar de “la posibilidad de otros caminos para la patria”. Pero, por cuanto se trata de las medidas prácticas más inmediatas, todo hombre de acción se coloca, con ello, sobre el terreno del camino actual [453•* . ¡Hagan cuanto les venga en gana para “arrastrar” la patria a otro camino! Esa labor no suscitará crítica alguna (excepto la de la risa). Mas no defiendan lo que frena artificialmente el desarrollo, no escondan tras un torrente de frases acerca de “otro camino" el problema de eliminar los obstáculos que se alzan er el camino actual.
p Otra circunstancia que debe ser tenida en cuenta al valorar el programa práctico de los populistas consiste en lo siguiente: hemos visto ya que los populistas se esfuerzan por formular sus deseos del modo más abstracto, de presentarlos como exigencias abstractas de la ciencia “pura”, de la justicia “pura” y no como necesidades reales de clases reales, que tienen intereses bien determinados. El crédito—necesidad vital de todo propietario y pequeño patrono en la sociedad capitalista—es considerado por el populista como un elemento del sistema de organización del trabajo; las uniones y agrupaciones de los patronos son presentadas como expresión embrionaria de la idea de la cooperación en general, de la idea de la "emancipación de los kustares”, etc., a pesar de que todo el mundo sabe que esas uniones persiguen, en realidad, objetivos que nada tienen en común con tan elevadas materias y tienden simplemente a incrementar los ingresos de estos pequeños patronos, afianzar su posición y aumentar sus beneficios. Presentar así los adocenados deseos burgueses y pequeñoburgueses como panaceas sociales no hace más que debilitarlos, despojarlos de su nervio vital, 454 quitarles toda actualidad, toda posibilidad de realización. El populista se esfuerza por presentar los problemas vitales de cada patrono, mayorista o comerciante (el crédito, las uniones, la ayuda técnica) como problemas generales situados por encima de los intereses particulares. Se imagina que con ello aumenta su importancia y los engrandece; pero en la práctica, lo que hace es trasformar esta obra viva, que interesa a determinados grupos de la población, en una aspiración filistea, en una elucubración de gabinete, en una burocrática "reflexión acerca de las ventajas”. La tercera circunstancia está también estrechamente unida a todo esto. Al no comprender que medidas prácticas como el crédito y el artel, la asistencia técnica, etc., expresan las necesidades del capitalismo en desarrollo, el populista no sabe hacerse intérprete de las necesidades generales y fundamentales de dicho desarrollo, y las sustituye por medidas mezquinas, casuales e indecisas, que, tomadas aisladamente, no puedenj ejercer la menor influencia y están condenadas a un inevitable fracaso. Si el populista fuera consecuente consigo mismo y se hiciera francamente intérprete de las necesidades del desarrollo social por el camino capitalista, sabría distinguir las condiciones generales, las exigencias generales de ese desarrollo; vería que si existieran esas condiciones generales (la principal de las cuales, en el caso que nos interesa, es la libertad de la industria), se realizarían por sí solos todos sus ilusorios pequeños proyectos y medidas; es decir, con la actividad de las propias personas interesadas, en tanto que el desconocimiento de esas condiciones generales y la presentación exclusiva de medidas prácticas de carácter absolutamente particular conducirán por fuerza a machacar en hierro frío. Examinemos, a título de ejemplo, el problema de la libertad de la industria. Por un lado, este problema es tan general y fundamental entre todos los relativos a la política industrial, que su análisis resulta singularmente oportuno. Por otro lado, las particularidades específicas de la provincia de Perm vienen a confirmar con interesantes datos la importancia cardinal de este problema.
p Como se sabe, la vida económica de la provincia de Perm se caracteriza fundamentalmente por la existencia de la industria minera, que le ha impreso un sello especial. La historia de la colonización de la provincia y su situación actual están ligadas a la situación y los intereses de la industria minera de los Urales. "En general, los campesinos fueron asentados en los Urales a fin de que trabajaran para los fabricantes”, leemos en una carta de Bábushkin, 455 de la fábrica de Nizhnie-Sergui, publicada en los Trnbaioi de la Comisión investigadora de las industrias de kustares [455•* . E^tas ingenuas palabras expresan con gran exactitud el extraordinario p^oel aue desempeñan los propietarios de las fábricas en la vida de la provincia, su imnortancia como terratenientes y fabricantes a la vex, acostumbrados a dominar de modo absoluto e ilimitado, a disfrutar una situación de monopolistas, cuva industria renosa sobre «u dprerho de propiedad v no sobre el capital v la corrnetencia. Lo<¡ nrineinios monopolistas sobre los aue se fundó la industria minera de los Urales tuvieron exoresión legal en el conorido artínilo 394 del tomo Vil del Código (Reglamento mineroV artírulo del míe tantn se ría hablado v se habb en las obras dedicados a los Urales. Esta ley, promulgada en 1806, subordina en primer lugar la apertura de cualquier fábrica en las ciudades de las regiones mineras a la autorización de la administración de minas, y, en segundo lugar, prohibe la apertura en las zonas fabriles de " todas las manufacturas y fábricas cuva producción T>rinrir>al se basa en la combustión del carbón o de la leña”. En 1861, los fabricantes dn los Urales insistían de modo especial en que esta lev fuera incluida entre las condiciones de liberación de los campesinos, v el artículo 11 del Reglamento relativo a los obreros de la industria minera repite una exigencia semeiante [455•** . En el informa d» la Dirección del Banco de la industria kustar correspondiente a 1895 se dice, entre otras cosas: "Sin embargo, las a^eias más frecuentes oue llegan contra la prohibición realizada por los funcionarios del Departamento de Minas y por los propietarios de las fábricas 456 llamadas de posesión" [456•* , de abrir establecimientos cuya producción necesita combustibles en los distritos bajo su jurisdicción, así como contra todo género de restricciones en la producción de las industrias de elaboración de los metales" (Estudio, pág. 223). Por lo tanto, los Urales siguen conservando aun hoy, las tradiciones inmutables de "los buenos tiempos de antaño”, y la actitud hacia la pequeña industria campesina está allí en completa armonía con la "organización del trabajo" que garantizó a las fábricas una población obrera fabril fijada a la localidad correspondiente. Estas tradiciones han sido descritas con todo detalle en una información aparecida en el núm. 183 de Permskie Gubiérnskie Viédomosti de 1896 [456•** , reproducida en el ’Estudio y calificada con razón de "muy significativa”. Hela aquí: "El ministerio de Agricultura y de Bienes del Estado ha propuesto a los industriales de los Urales que examinen la posibilidad de que los establecimientos metalúrgicos adopten medidas para fomentar la industria kustar en dicha región. Los industriales comunicaron al ministerio que el desarrollo de la industria kustar en los Urales causará perjuicios al desarrollo de la gran industria, ya que aun hoy, a pesar del débil desarrollo de las industrias kustares, su población no puede proporcionar a las fábricas la cantidad necesaria de obreros [456•*** , y que, cuando los 457 habitantes puedan ganar su vida en sus propias casas, las fábricas correrán el riesgo de quedar totalmente paralizadas” (Estudio, pág. 244). Esta información determinó de los autores del Estudio la siguiente exclamación: “Es muy cierto, la condición primera e inexcusable de todo tipo de industria, grande, mediana o pequeña, es la libertad de la industria [...]. En nombre de la libertad de la industria, todas sus ramas deben ser iguales en derechos desde el punto de vista jurídico [...]. Las industrias kustares que producen objetos de metal deben ser liberadas en los Urales de todas las trabas excepcionales creadas por la reglamentación fabril para limitar su desarrollo natural” (ibíd. La cursiva es nuestra). Leyendo esta emocionante y justísima defensa de la “libertad de la industria" hemos recordado la conocida fábula del metafísico que no se decidía a salir de la zanja en que había caído, y preguntaba si la cuerda que le tendían era una “simple cuerda" [457•* . Y los populistas de Perm, al hablar de la libertad de la industria, de la libertad de desarrollo del capitalismo, de la libertad de competencia, preguntan despectivos qué es la libertad de la industria, y contestan que es una simple reivindicación burguesa. Ellos se elevan mucho más en sus deseos; no quieren la libertad de competencia (¡qué deseo burgués más ruin y estrecho!), sino la “organización del trabajo"... Pero basta que esos sueños al estilo de Manílov choquen “cara a cara" con la prosaica y desnuda realidad para que el mal olor de una “organización del trabajo" haga olvidar al populista los “ perjuicios" y “peligros” del capitalismo y “la posibilidad de otros caminos para la patria”, y lo mueva a implorar la “libertad de la industria”.
p Repetimos que consideramos profundamente justo este deseo y creemos que semejante punto de vista (defendido no sólo por el Estudio, sino poco menos que por todos los autores que han abordado la cuestión) hace honor a los populistas. Pero—¡y qué le vamos a hacer, si es imposible elogiar a los populistas sin que aparezca en el acto un gran “pero”!—... pero debemos hacer dos observaciones esenciales sobre esta cuestión.
p Primera. Podemos estar seguros de que la enorme mayoría de los populistas rechaza indignada nuestra justa identificación de la “libertad de la industria" con la “libertad del capitalismo”. 458 Dirán que la abolición de los monopolios y de los restos del régimen de la servidumbre es “sencillamente” la reivindicación de igualdad de derechos, el interés de “toda” la economía nacional en general, y de la campesina en particular, y en modo alguno del capitalismo. Sabemos que los populistas dirán eso. Pero será falso. Han trascurrido ya más de cien años desde que la “libertad de la industria" era considerada de modo tan abstracto e idealista, viendo en ella el “ derecho del hombre" fundamental y natural (compárese con las palabras subrayadas en el Estudio). La reivindicación de “libertad de la industria" ha sido formulada y proclamada en varios países: en todas partes esta reivindicación apareció como la expresión de la incompatibilidad que existía entre el capitalismo en desarrollo y las supervivencias de los monopolios y de las reglamentaciones. En todas partes esa reivindicación ha servido de consigna a la burguesía progresista y ’ha conducido sólo al triunfo completo del capitalismo. La teoría mostró después cuan ingenua es la ilusión de considerar que la “libertad de la industria" es una exigencia de la “razón pura”, una exigencia de la “igualdad de derechos" abstracta, y demostró que el problema de la “libertad de la industria" es un problema propio del capitalismo. El ejercicio de la “libertad de la industria" no es, ni mucho menos, una trasformación solamente “jurídica”; es una profunda reforma económica. La reivindicación de “libertad de la industria" expresa siempre la discordancia entre las normas jurídicas (que reflejan las relaciones de producción ya caducas) y las nuevas relaciones de producción, que se han desarrollado a pesar de las viejas normas, que han surgido de ellas y que exigen su abolición. Si la situación existente en los Urales provoca ahora un grito general reclamando la “libertad de la industria”, significa que las reglamentaciones, monopolios y privilegios de que los señores terratenientes-fabricantes se benefician por tradición, son un estorbo para las relaciones económicas actuales, para las fuerzas económicas existentes. ¿Y cuáles son esas relaciones y esas fuerzas? Son las relaciones propias de la economía mercantil. Son las fuerzas del capital, que dirige la economía mercantil. Recuerden, aunque sólo sea, la “confesión” antes citada del populista de Perm: ’Toda nuestra industria kustar está entrelazada con los capitales privados”. Pero aun sin esta confesión, los datos del censo de kustares hablan por sí mismos con suficiente elocuencia.
p Segunda observación. Felicitamos a los populistas por su defensa de la libertad de la industria. Pero hacemos depender esa 459 felicitación realización consecuente de esa defensa. ¿Es eme la “liberad de la industria" consistirá exclusivamente en harer derogar la. prohibición existente en los Urales pira abrir establecimientos cuva producción principal se basa en la combustión del carbón, o de la leña? ¿Es que la prohibición para el campesino de salir de la comunidad para dedicarse a cualquier oficio o empresa, no representa una limitación mucho más esencial de la “libertad de la industria"? ¿Acaso la falta de libertad pira desplazarse, el ro reconocimiento por la. lev del derecho de cada ciudadano de elepír romo lusar de residencia cualquier comunidad urban^ o rural del p^ís, no restriña la libertad de la industria? ;Es oue el cerrado carácter estamental de la comunidad rural v la imposibilidad de oue entren en ella personas que pertenecen a las clases comercial e industrial, no restringe la libertad de la industria?, etc., etc. Hemos mencionado las restricciones a la libertad de la industria más importantes, generales v difundidas que influyen sobre toda Rusia ’r en primer término sobre toda la masa campesina. Si las industrias "o-vnndp, mediana y pequeña" deben ser iguales en derechos, ¿acaso la intima, de ellas no debe recibir los mismos derechos a la enajenación de tierras de que gozan las primeras? Si las leves mineras de los Urales son “trabas excepcionales que limitan el desarrollo patnral”, ¿acaso no son también "trabas excepcionales" la caución solidaria, la no enajenación de los nadiel, las leyes estamentales especiales y las normas de migración, de trasferencia, de industrias y ocupaciones? ¿Es que no "limitan el desarrollo natural"?
p He aauí precisamente, el centro del problema: el populismo i-«n revelado también en este caso la indecisión y la dualidad t°n peculiarrs de toda ideología Kleinbürger [459•* . Por un lado, los populistas no niegan que en nuestra vida existen numerosos vest¡e;ios ’V una. "organización del trabajo" que tiene su origen en la épo^a feudal y que se halla en la más flagrante contradicción con el récrmen económico actual, con todo el desarrollo económico y cult’iral del país. Por otro lado, no pueden dejar de ver que este régimen económico y este desarrollo amenazan con pplastar al penueño nrnductor, y, temiendo por la suerte de este paladín de sus " ideahs”, tratan de frenar la historia, de detener el desarrollo, piden y ruegan oue "se prohiba" y "no se permita”, encubriendo este lamentable balbuceo reaccionario con frases acerca de la “ 460 reorganización del trabajo”, que han de sonar inevitablemente como una amarpa burla.
p Para el lector está ya claro ahora, por supuesto, la objeción principal v básica que liaremos al programa práctico de los populistas en las cuestiones de la industria moderna. Las medidas populistas son progresistas en cuanto forman parte o coinciden con la trasformación denominada libertad de la industria (en el amplio sentido de la palabra) desde los tiempos de Adam Smith. Pero, en primer lugar, en ese caso no habrá en ellas nada “ populista”, nada que apove especialmente la pequeña producción y “los caminos especiales" para la patria. En segundo lugar, esto parte positiva del programa populista m’erde su fuerza y es adulterada P! sustituir la cuestión general v fundamental de la libertad de la industria por proyectos y medidas parciales y sin importancia. Pero como los deseos populistas contradicen la libertad de la industria al tratar de frenar el desarrollo contemporáneo, son reaccionarios e insensatos, y su realización sólo puede acarrear perjuicios. Tomemos algunos ejemplos. El crédito. El crédito es una institurión que corresponde a una circulación mercantil altamente desarrollada, de las mercancías y de los hombres. La “libertad de la industria" conduce inevitablemente a la creación de instituciones de crédito comercial, a la desaparición del cerrado carácter estamental de los campesinos, a su acercamiento a las cl°ses míe usan más los créditos, a la libre formación de sociedades de crédito por los mismos interesados, etc. Por el contrario, ¿avié valor pueden tener las medidas de crédito ofrecidas a los “mujiks” por los miembros de los zemstvos y demás “intelectuales”, cuando las lcves y las instituciones colocan al campesino en una situación que exclnue la circulación mercantil normal y desarrollada, en una situación donde la responsabilidad material (base del crédito), es remplazada por algo mucho más fácil, realizable, accesible y común.. . el vago en trabajo? En esas condiciones, las medidas tendientes a desarrollar el crédito seguirán siendo siempre plantas exóticas, extrañas, trasplantadas a un terreno completamente inadecuado; serán un proyecto irrealizable, que sólo pueden concebir ?oñ’ idores intelectuales como Manílov y funcionarios bienintencionados, del que se ríen y se reirán los verdaderos traficantes de capital monetario. Para que no se nos diga que hacemos afirmaciones gratuitas, recordaremos la opinión de Egúnov (artículo citado), a quien nadie puede acusar de... “materialismo”. Al hablar de los 461 almacenes de los kustares dice: “inclusive con la situación local más favorable, el almacén jfijo, y además único en todo un distrito, no sustituye ni puede sustituir al comerciante, siempre en movimiento y personalmente interesado”. En cuanto al banco de kustares de Perm, leemos: para recibir un préstamo, el kustar debe presentar una rolicitud al banco o a un agente de éste, y dar los nombres de los fiadores. El agente se traslada al lugar de residencia del kustar, comprueba su declaración, recoge datos detallados acerca de su producción, etc. “y remite todo ese montón de papeles a la Dirección del Banco por cuenta del kustar”. Una vez decidida la concesión del préstamo, el Banco envía (por intermedio de su agente o de la administración del subdistrito) un contrato. Cuando el deudor lo firma (con el aval del jefe del subdistrito) y lo devuelve al Banco, éste le gira el dinero. Si es un artel quien solicita el préstamo, hace falta una copia del contrato suscrito por sus componentes al constituirlo. Los agentes deben controlar que los préstamos sean invertidos precisamente para los fines que fueron concedidos, que los negocios de los clientes marchen bien, etc. “Es evidente que el crédito bancario no puede ser considerado en modo alguno asequible para los kustares; se puede afirmar con seguridad que el kustar prefiere con mucho más agrado suscribir un contrato de crédito con un rico de la localidad que someterse a todas las pruebas descritas, abonar los gastos postales, notariales y subdistritales, esperar meses enteros desde el momento en que necesitó el préstamo hasta el día en que lo recibe y estar vigilado durante todo el plazo en que debe amortizarlo” (pág. 170 del artículo citado). Lo mismo que es absurda la idea populista de no se sabe qué crédito anticapitalista, son incoherentes, torpes y poco eficaces esas intentonas (con medios inútiles) de hacer por mediación de “intelectuales” y de funcionarios aquello que en todas partes y en todos los tiempos ha sido de la competencia de los comerciantes. Instrucción técnica. Creemos que ya no hace falta hablar de esto... Recordemos únicamente el proyecto, digno de “eterna memoria”, de nuestro conocido escritor progresista señor luzhakov, de establecer en Rusia las escuelas-granjas, para que los campesinos y las campesinas no pudientes paguen con trabajo el importe de su instrucción, sirviendo, por ejemplo, de cocineros y lavanderas [461•* ... Arteles. Mas, ¿quién ignora que los obs- 462 tárnlos fundamentales para su generalización residen en las tradiciones de esa misma “organización del trabajo”. refHada tambán en las leyes mineras de los Urales? ¿Quién ignora eme la realización completa de la libertad de la industria conducirá por doquier a un florecimiento y un desarrollo sin precedentes de las uniones v agrupaciones de todo género? Resulta extraordinariamente cómico ver que el populista intenta presentar a su contrincante cono enemigo del artel, de la unión, etc., en general. ¡Eso sí ctue es descargar las culpas propias en cpbez^^0^^ ai^na! El rrHo del nroblema reside en que para buscar la idea de la unión v los medios para realizarla no hay que mirar hacia atrás, al pasado, a la artesanía patriarcal y a la pequeña producción—míe engendran entre los productores el máximo aislamiento, la disnevsión v la ignorancia, sino hacia adelante, al futuro, hacia el desarrollo del gran capitalismo industrial.
Coloremos perfectamente el olímpico desprecio que siente el populista por este programa de política, industrial, opuesto al snvo propio. ¡“Libertad de la industria"! ¡Qué deseo burgués más viejo, estrecho y manchesteriano^^52^^ [462•* ! El populista está seguro de que esto constituye para él un übenonndener StanrJ.’piinkt [462•** , de que ha logrado situarse por encima de los intereses transitorios v unilaterales que sirven de base a sus deseos, de que ha sabido elevarse hasta alcanzar ideas más profundas y puras acerca de la “organización del trabajo"... En realidad, lo único míe ha hecho es descender de la ideología burguesa progresista a la ideología pequeñoburguesa reaccionaria, que vacila irrpotente entre el afán de acelerar el desarrollo económico contemporáneo v de contenerlo, entre los intereses de los pequeños patronos v los intereses del trabajo. En la cuestión que nos ocupa, estos últimos coinciden con los intereses del gran capital industrial.
Notes
[452•*] El Estudio habla también con gran énfasis de la utilidad de la comunidad rural y de los perjuicios que encierra la “libertad de movilización" de la propiedad de la tierra, lo que conduciría, según ellos, a la aparición del “proletariado” (pag. 6). Esta antítesis de la comunidad—la libertad de movilización de la tierra—acentúa precisamente el rasgo más reaccionario y perjudicial de la “comunidad”. Sería interesante saber si se encontraría, aunque fuera en un solo país capitalista, un “proletario” con un salario de 33 o de 50 rublos al año que no fuese incluido entre los indigentes.
[453•*] Y que este camino actual consiste en el desarrollo del capitalismo no lo niegan, por lo que sabemos, ni siquiera los propios populistas, ni el señor N.-on, ni el señor V. V., ni el señor luzhakov, etc., etc.
[455•*] Oo. XVI, págs. 594-595. Citado en el lihro La industria kustar. 1, 140.
[455•**] Véase La industria kustar, I, 18-19; Estudio, págs. 222, 223. 244; Informes y estudios relativos a la industria de los Gustares, edición del ministerio de Bienes del Estado y de Agricultura, artículo de Egúnov en el vol. III. Al publicar el artículo de Egúnov, el ministerio advierte en una nota aue las opiniones del autor "discrepan esencialmente de los rjuntos de vista y de los datos del Departamento de Minas”. En el distrito de Krasnoufimsk. por ejemplo, fueron clausuradas cerca de 400 herrerías en virtud de las leyes citadas. Véase Trabajos de la Comisión investigadora de las industrias de kustares op. XVI, artículo de V. Belov: La industria kustar de los Urales en relación con la industria minera. El autor informa que los kustares esconden sus máquinas llevados por el temor a las severas leyes. ¡Un kustar construvó un horno de fundición sobre ruedas para poder ocultarlo con mavor facilidad! (pág. 18 del artículo citado).
[456•*] Las fábricas “de posesión" se levantaban en terrenos cedidos por el Estado junto con los campesinos, ex siervos del Estado, que formaban un todo con el inmueble y en el cual trabajaban como obreros. Las fábricas pertenecían a particulares sobre la base de un “derecho de posesión" ( restrineido) implantado por un ukase de Pedro I (1727) y sólo podían ser vendidas junto con los campesinos-siervos con la autorización del ministerio del qvie dependían. Este tipo de “posesión” fue abolido en 1861 junto con el régimen de servidumbre.
Los “campesinos de posesión" eran una categoría de campesinos explotados en la Rusia feudal de los siglos xvm y xix. Eran utilizados como mano de obra servil en las manufacturas y sólo podían ser vendidos junto con éstas. (Ed.)
[456•**] Permskie Gubiérnskie Viédomosti (“Anales de la provincia de Perm”), periódico oficial que apareció en Perm, primero como semanario y luego como diario, de 1838 a 1917. (Ed.)
[456•***] Como explicación para el lector, señalaremos que la estadística de nuestra industria minera ha hecho constar ya muchas veces que, en comparación con el producto obtenido, la cantidad de obreros ocupados en los Urales es muchísimo mayor que en las zonas mineras del sur o de Polonia. Los baios salarios—resultado de la fijación de los obreros a la tierra—mantienen a los Urales en un nivel técnico incomparablemente inferior al del sur y de Polonia,
[457•*] Referencia a la fábula de I. Jemnister El metafísico, cuyo personaje central es un fervoroso admirador de la teoría pura. (Ed.)
[459•*] Pequeñoburguesa. En alemán en el original. (Ed.)
[461•*] Véase el artículo siguiente. (Presente tomo, págs. 463-496. Ed.)
[462•*] Habrá gente, sin duda, oue piense que la “libertad de la industria" excluye med’das como las leyes fabriles, etc. Por “libertnd de la industria" Sfi entiende la eliminación de los obstáculos, heredados del r>nsndo, ron que choca el desarrollo del capitalismo. Por su parte, la legislación fabril lo mismo eme las demás medidas de la llamada SozialnoUtik [política social. Ed.] contemporánea, presunone un profundo desarrollo del capitalismo y, :i su vez. impulsa ese desarrollo.
[462•**] Punto de vista superado. (Ed.)