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I
LA CRITICA SENTIMENTAL DEL CAPITALISMO
 

p El rasgo distintivo de la época en que escribía Sismondi fue el rápido desarrollo del cambio (de la economía monetaria, para emplear la terminología moderna), que se evidenció de manera particularmente aguda después de la destrucción de los vestigios del feudalismo por la revolución francesa. Sismondi condenaba francamente ese desarrollo y la intensificación del cambio, atacaba “la competencia funesta” y exhortaba “al gobierno a defender a la población contra los efectos de la competencia" (ch. VIII, 1. VII), etc. “Los cambios rápidos echan a perder las buenas costumbres del pueblo. En la preocupación constante por una venta conveniente no se puede evitar la tentativa de pedir precios exorbitantes y de engañar, y cuanto más difícil es la existencia para el que vive de cambios constantes, tanto más se halla expuesto a la tentación de emplear el engaño" (I, 169). ¡Hacía falta tal ingenuidad para denunciar la economía monetaria como lo hacen nuestros populistas! “... La riqueza comercial es sólo la segunda en importancia en el orden económico; y la riqueza territorial [territoríale], que provee los medios de subsistencia, debe ponerse primera en orden de importancia. Toda esta clase numerosa que vive del comercio debe percibir parte de los productos de la tierra sólo en el caso en que éstos existan; ella [esta clase] debe desarrollarse sólo en la medida, en que crezcan también dichos productos” 202 (I, 322-323). El señor N.-on que llena con sus quejas páginas enteras porque el crecimiento del comercio y de la industria se adelanta con respecto al de la agricultura, ¿habrá dado siquiera un solo paso hacia adelante en relación con este romántico patriarcal? Estas quejas de un romántico y de un populista son sólo testimonio de su completa incomprensión de la economía capitalista. ¿Puede existir un capitalismo en el cual el desarrollo del comercio y de la industria no se adelante al de la agricultura? El crecimiento del capitalismo es el crecimiento de la economía mercantil, es decir, de la división social del trabajo, que una tras otra arranca de la agricultura las diversas formas de elaboración de la materia prima, originariamente vinculada a su obtención, elaboración y consumo, dentro de una única economía natural. Por ello, en todas partes y siempre, el capitalismo significa un desarrollo más rápido del comercio y de la industria en comparación con la agricultura; un aumento más rápido de la población comercial e industrial, un peso y significación mayores del comercio y de la industria dentro del réóimen general de la economía social   [202•* . No puede ser de otra manera. Y el señor N.-on al repetir semejantes lamentaciones, prueba una vez más que sus concepciones económicas no han ido más allá de un romanticismo superficial y sentimental. "Ese espíritu irracional de empresa [esprit d’entreprise], ese exceso de toda clase de comercio que provoca una cantidad tan grande de bancarrotas en Estados Uniüos, debe su existencia, sin duda alguna, a la multiplicación de los bancos y a la facilidad con que el crédito falaz está ocupando el lugar de un haber efectivo" (fortune réelle, II, 111), etc., etc. ¿Pero en nombre de qué atacaba Sismondi la economía monetaria (y el capitalismo)? ¿Qué le oponía? La pequeña producción independiente, la economía natural de los campesinos en el campo, los oficios en las ciudades. He aquí lo que dice de la primera, en el capítulo Sobre la economía patriarcal rural (ch. 111, 1. III. De l’exploitation patriarcale. El libro 3^ trata de la riqueza “territorial”):

p “Los primeros propietarios de tierra fueron ellos mismos 203 labradores, realizaban todos los trabajos del campo con la ayuda de sus hilos y de sus servidores domésticos. Organización social alguna   [203•*  garantiza una mavor dicha y virtud a la clase más numerosa de la población, ni brinda más abundancia [opulence] para todos, ni más estabilidad al orden social [...] En los países donde el agricultor es propietario [oii Je fermier est propriétaire] y donde los productos pertenecen por entero \?ans partage] a las mismas personas que han realizado todo el trabajo, es decir, en los países cuya economía agrícola designamos con el nombre de patriarcal, vemos a cpda paso signos del amor del agricultor a la casa que habita, a la tierra que cuida [...] El trabajo mismo constituye pira él un placer [. ..] En aquellos felices países donde la agricultura es patriarcal, se estudia la naturaleza particular de cada campo, y esos conocimientos se trasmitan de padres a hijos [...] Las grandes granjas, explotadas por los hombres más ricos, podrán elevarse seguramente, por encima de los prejuicios y de la rutina, pero los conocimientos [Tintélligence, es decir, los conocimientos de agricultura] no llegarán hasta aquellos que trabajan solos, y serán mal aplicados [... ] La economía patriarcal mejora las costurrbres y el carácter* de este sector tan numeroso de la nación, sobrp el rual recaen todos los trabajos del campo. La propiedad crea hábitos de orden y de ahorro, la satisfacción diaria refrena la inclinación hacia la gula [gonrmandise] y la ebriedad [... ] Como casi no realiza intercambios más que con la naturaleza, él [el agricultor] tiene menos ocasión que ningún otro obrero industrial de tener que fiarse de la gente y de esgrimir contra ella el arma de la mala fe" (I, 165-170). “Los primeros granjeros fueron antes simples labradores; realizaban con sus propias manos la 204 mayor parte de los trabajos agrícolas; sus iniciativas estaban siempre en relación con las fuerzas de su familia [... ] Pero no dejaron de ser campesinos: ellos mismos conducen el arado [tiennent eux-mémes les comes de leur charrué]; ellos mismos cuidan el ganado en el campo y en el establo, viven al aire libre, habituándose a las fatigas diarias y a la alimentación sobria que forman ciudadanos fuertes y soldados bravos   [204•* . Casi nunca emplean para trabajar con ellos a obreros jornaleros, sino sólo a servidores domésticos [des domestiques], elegidos siempre entre sus iguales, a los que tratan como iguales, comen en la misma mesa, beben del mismo vino y visten la misma ropa. De esa manera los agricultores con sus servidores no forman más que una clase de campesinos, animados de los mismos sentimientos, compartiendo los mismos placeres, expuestos a las mismas influencias y ligados a la patria por los mismos lazos" (I, 221).

_p ¡He aquí la famosa “producción popular"! Y que no se diga que Sismondi desconoce la necesidad de unir a los productores; dice directamente (véase más adelante) que “desea como ellos [como Fourier, Owen, Thompson y Muiron] las asociaciones" (II, 365). Que no se diga que él aboga precisamente por la propiedad; al contrario, el centro de gravedad, para él, está en la pequeña hacienda agrícola (II, 355), y no en la pequeña propiedad. Se comprende que esta idealización de la pequeña hacienda campesina, revista una forma diferente en otras condiciones históricas y en otro medio. Pero no cabe la menor duda que el romanticismo y el populismo exaltan precisamente la pequeña hacienda campesina.

p Sismondi idealiza del mismo modo los oficios primitivos y las corporaciones.

“El zapatero rural, que es al mismo tiempo comerciante, fabricante y trabajador, no confeccionará ni un solo par de zapatos sin haber recibido el correspondiente encargo" (II, 262), mientras que la manufactura capitalista, por no conocer la demanda, puede

205 sufrir un descalabro. “Es indudable tanto desde el punto de vista teórico como del práctico, que el establecimiento de las corporaciones [corps de métier] impedía, y tenía que impedir, la formación de una superpoblación. Es indudable también que esta superpoblación existe actualmente, y que es la resultante necesaria del régimen actual" (I, 431). Podríamos multiplicar semejantes citas, pero dejamos para más tarde el análisis de las recetas prácticas de Sismondi. Por ahora, para penetrar en su punto de vista, nos limitaremos a lo citado. Los razonamientos que hemos reproducido pueden ser resumidos de la manera siguiente: 1) la economía monetaria es condenada porque destruye la prosperidad de los pequeños productores v su acercamiento mutuo (sea el del artesano al consumidor o el del agricultor a otros agricultores iguales a él), 2) se ensalza la pequeña producción porque asegura la independencia del productor y elimina las contradicciones del capitalismo.

p Señalemos que estas dos ideas integran el patrimonio esencial del populismo   [205•*  y tratemos de penetrar en su contenido.

p La crítica de la economía monetaria por los románticos y por los populistas se reduce a comprobar que engendra el individualismo   [205•**  y el antagonismo (competencia), así como la falta de seguridad del productor y la inestabilidad de la economía social   [205•*** . Empecemos por el “individualismo”. Comúnmente se contrapone la unión de los campesinos de una misma comunidad, o de artesanos (o kustares) de un mismo oficio, al capitalismo, que destruye esa unión y la remplaza por la competencia. Este razonnmier.to repite un error típico del romanticismo, que partiendo de las contradicciones del capitalismo niega que representa tina fcn’ma superior de organización social. ¿Acaso el capitalismo, que destruye los lazos propios de la comunidad campesina, de las 206 corporaciones, de los arteles, etc., no los remplaza por otros? ¿Acaso la eronomía mercantil no es ya un vínculo entre los productores, establecido por el mercado"?  [206•*  El carácter antagónico, pleno de oscilaciones y contradicciones, de este vínculo, no otorga derecho a negar su existencia. Y sabemos que, precisamente, el desarrollo de las contradicciones es el que pone def manifiesto, con vigor creciente, la solidez de ese vínculo, obliga a los diferentes elementos y clases de la sociedad a buscar la unión, no ya en los límites estrechos de una comunidad o de un distrito, sino la unión de todos los representantes de una misma clase en toda la nación y hasta en diferentes Estados. Sólo un romántico puede, desde su punto de vista reaccionario, negar la existencia de estos vínculos y su profunda significación, que se basa en la comunidad del papel desempeñado en la economía nacional y no en intereses territoriales, profesionales, religiosos, etc. Y si semejante razonamiento le ha valido el calificativo de romántico a Sismondi, quien escribía en una época en que la existencia de estos nuevos vínculos engendrados por el capitalismo se hallaba aún en estado embrionario, nuestros populistas merecen con más razón tal calificativo, puesto que en la actualidad, sólo personas completamente ciegas pueden negar la enorme importancia de tales vínculos.

En cuanto a la inseguridad e inestabilidad, etc., no es más que la antigua cantilena de la que ya hemos hablado con motivo del mercado exterior. En ataques de este género se revela también el romántico que condena, temeroso, precisamente aquello que más aprecia en el capitalismo la teoría científica: su tendencia, que le es inherente, el desarrollo; su incontenible tendencia a progresar, la imposibilidad de detenerse o de reproducir los procesos económicos en las mismas proporciones que antes. Sólo un utopista que forja planes fantásticos para hacer extensivas a toda la sociedad las

207 uniones medievales (como la comunidad rural) puede ignorar que “la inestabilidad" del capitalismo es precisamente un inmenso factor de progreso que acelera el desarrollo social, pues atrae a masas de la población, cada vez más considerables, al torbellino de la vida social, las lleva a reflexionar sobre el régimen que gobierna esa vida, las obliga a ser ellas mismas “las forjadoras de su propia felicidad".

_p Las frases del señor N.-on sobre “la inestabilidad" de la economía capitalista, sobre la falta de proporción en el desarrollo del cambio, sobre la ruptura del equilibrio entre la industria y la agricultura, entre la producción y el consumo, sobre la anomalía de las crisis, etc., atestiguan de manera total que aún comparte íntegramente el punto de vista del romanticismo. Y por ello la crítica del romanticismo europeo corresponde igualmente a su teoría, palabra por palabra. He aquí la prueba:

p “Escuchemos al viejo Boisguillebert:

p “El precio de las mercancías—dice—debe ser siempre proporcionado, porque sólo este acuerdo mutuo les da la posibilidad en cada momento de ser nuevamente reproducidas [...] Como la riqueza no es otra cosa que ese intercambio continuo entre hombre y hombre, entre empresa y empresa, sería un terrible error buscar las causas de la miseria en otra cosa que no fuera la interrupción de este intercambio, a la que se llega por desviaciones de los precios proporcionados".

p Escuchemos también a un economista moderno   [207•* :

p “Una gran ley que se debe aplicar a la producción es la de la proporcionalidad [the law of proportion], que, sola, está en condiciones de preservar la continuidad del valor [... ] El equivalente debe ser garantizado [... ] Todas las naciones han intentado en diversas épocas, mediante numerosas reglamentaciones y restricciones comerciales, llevar a la práctica esta ley de la proporcionalidad, siquiera en cierto grado. Mas el egoísmo inherente a la naturaleza humana llevó las cosas a tal punto, que todo ese sistema de regulación fue trastornado. Una producción proporcional [ proportionale production] es la realización de la verdadera ciencia económico-social. (W. Atkinson, Principies of political economy, London, 1840, págs. 170 y 195)   [207•** .

208

p ¡Futí Troja!  [208•*  Esta justa proporción entre la oferta y la demanda, que vuelve a ser objeto de tantos buenos deseos, ha dejado de existir hace mucho. Se ha convertido en una antigualla. Sólo fue posible en la época en que eran limitados los medios de producción, y el cambio tenía lugar dentro de límites muy restringidos. Con el nacimiento de la gran industria esta justa proporción debía [musste] desaparecer, y la producción tenía que pasar fatalmente, en una sucesión perpetua, por las vicisitudes de prosperidad, depresión, crisis, estancamiento, nueva prosperidad y así sucesivamente.

p Los que, como Sismondi, desean retornar a la justa proporcionalidad de la producción y, al mismo tiempo, conservar las bases actuales de la sociedad, son reaccionarios, puesto que para ser consecuentes deberían aspirar también al (restablecimiento de las otras condiciones de la industria de tiempos pasados.

p ¿Qué es lo que mantenía la producción en proporciones justas, o casi justas? La demanda, que regía la oferta y la precedía. La producción seguía paso a paso al consumo. La gran industria, forzada por el propio carácter; de los instrumentos de que dispone, a producir en una escala cada vez más amplia, no puede aguardar la demanda. La producción precede al consumo, la oferta fuerza la demanda.

_p “En la sociedad actual, en la industria basada en el cambio individual, la anarquía de la producción, fuente de tanta miseria, es al mismo tiempo la causa del progreso.

p “Por eso, una de dos:

po ustedes quieren las justas proporciones de siglos pasados con los medios de producción de nuestra época, lo cual significa ser a la vez reaccionario y utopista;

p “o quieren el progreso sin anarquía: en ese caso, para conservar las fuerzas productivas, es preciso renunciar al cambio individual.” (Das Elena der Philosophie, S. 46-48.)

p Las últimas palabras se refieren a Proudhon, contra el cual polemiza el autor, y expresan en consecuencia, la diferencia que separa sus puntos de vista, tanto de los de Sismondi como de los de Proudhon. Por cierto que el señor N.-on no ha llegado en todas sus concepciones ni al uno ni al otro   [208•** . Pero penétrese en 209 el contenido de esta cita. ¿En qué consiste la tesis fundamental del autor citado, la idea fundamental que lo ubica en contradicción inconciliable con sus predecesores? Indiscutiblemente, en que coloca la inestabilidad del capitalismo (comprobada por estos tres escritores) sobre una base histórica y reconoce esta inestabilidad como factor de progreso. En otras palabras: al decir que el carácter mismo de los medios de producción (las máquinas) provoca la tendencia ilimitada a la ampliación de la producción y a la constante anticipación de la oferta a la demanda, reconoce, en primer lugar, que el desarrollo capitalista actual, que se efectúa a través de las desproporciones, crisis, etc., es un desarrollo necesario. En segundo lugar, ve en ese desarrollo elementos de progreso, consistentes en el desarrollo de las fuerzas productivas, en la socialización del trabajo en toda la sociedad, en el aumento de la movilidad y de la conciencia de la población, etc. Con estos dos puntos queda agotada la diferencia que separa al autor de Sismondi y de Proudhon, quienes coinciden con él en señalar “la inestabilidad" y las contradicciones que ésta engendra, y en el sincero deseo de eliminar dichas contradicciones. La incomprensión de que esa “inestabilidad” es un rasgo necesario de todo capitalismo y de la economía mercantil en general, los lleva a la utopía. La incomprensión de los elementos de progreso inherentes a esa inestabilidad, torna reaccionarias sus teorías   [209•* .

p Y ahora proponemos a los señores populistas que nos contesten la siguiente pregunta: ¿comparte el señor N.-on la opinión de la¡ teoría científica en lo que se refiere a los dos puntos señalados? ¿Reconoce la inestabilidad como una propiedad del régimen y del desarrollo actuales? ¿Reconoce los elementos de progreso en esa inestabilidad? Todos saben que no; que el señor N.-on, por el contrario, declara que esa “inestabilidad” del 210 capitalismo es una simple anormalidad, una desviación, etc.; la considera una decadencia, una regresión (ver más arriba: “destruye la estabilidad”); inclusive idealiza el estancamiento económico (recuérdese: “los pilares seculares”, “los principios santificados por los siglos”, etc.), cuya destrucción es precisamente el mérito histórico del capitalismo “inestable”. Por ello, es claro que teníamos toda la razón cuando ubicamos a N.-on entre los románticos, y que ninguna “cita” ni “referencia” de su parte modifica ese carácter de sus propios razonamientos.

p Más abajo nos detendremos una vez más en esa “ inestabilidad" (a propósito de la actitud hostil del romanticismo y del populismo con respecto a la disminución de la población rural en beneficio de la industria); por el momento citaremos un pasaje de Crítica de algunas tesis de la economía política, dedicado al análisis de los ataques sentimentales contra la economía monetaria.

p “Estos caracteres sociales determinados [el del vendedor y el del comprador] no emanan del individuo en general, sino de las relaciones de cambio entre los hombres que fabrican sus mercancías. Dichas relaciones no son individuales por cuanto el comprador y el vendedor entran en relación porque su trabajo no es individual y sólo porque éste como trabajo individual se trasforma en dinero. Y por ello, es también absurdo considerar estos caracteres económicos burgueses de vendedor y comprador como formas sociales eternas de la individualidad humana, ya que sería incorrecto deplorarlas como causa de la destrucción de esa individualidad.

“El siguiente extracto del libro de Isaac Pereire: Legons sur l’tndustrie et les finances, París, 1832   [210•* , muestra cómo, inclusive la forma más superficial del antagonismo, que se manifiesta en la compra y en la venta, lastima a las almas nobles. La circunstancia de que el mismo Isaac, en su calidad de inventor y dictador del Crédit mobilier  [210•** , haya adquirido la triste fama de lobo de la Bolsa de París, es una muestra del contenido del libro citado, además de la crítica sentimental de la economía. El señor Pereire, en ese tiempo apóstol de Saint-Simon, dice: ‘Debido a que los

211 individuos se hallan aislarlos, separados los unos de los otros, tanto en la producción romo en el consumo, existe entre ellos el intercambio de los productos que fabrican. De la n^cesid"d del cambio se deriva la do determinar el valor relativo de los objetos. De esta manera, las ideas del valor y del cambio se hallan vinculadas esrrer>ham’>r>te entre sí, y en su forma actual las dos expresan el individualismo y el antagonismo [...] Es posible determinar el valor de los productos sólo porque existe venta v compra, o, en otr^s palabras: antagonismo entre diferentes miembros de la soci^dad. Corresponde preocuparse del precio, del valor, só^ donde existe romnra y venta; en una palabra: doride todo individuo tiene eme liirhfir para obtener los obietos que son necesarios para el sostenimiento de su existencia” (obra citada, pág. 68).

p Se preguntará: ¿en oué consiste, en este caco, el sentimentalismo de Pereire? Éste habla sólo del individualismo, del antagonismo, de la lucha, que son inherentes al capitalismo; dice lo mismo oue en los más diversos tonos dicen nuestros populistas y parecería que dijeran la verdad, poroue "el individualismo, el antafonsimo y la lucha" son en verdad atributos inevitables del cambio, de la economía, mercantil. El sentimentalismo consiste en oue este partidario de Saint-Simon, llevado por su cn’tica de las rontrí’dicciones del capitalismo, no ve detrás de dichas ron- fw7»VYv’0n<?s el hecho de que el cambio también expresa una forma especial de la economía, social v que, en consecuencia, no sólo severa (esto es cierto sólo en relación con las asociaciones medievales que el capitalismo destruye), sino que también une a los hombres, obligándolos a entrar en relaciones mutuas a través del mercado   [211•* . Precisamente esta comprensión superficial, provocada por el entusiasmo en “demoler” el capitalismo (desde el punto de vista utópico), es la que ha dado motivo al autor citado para calificar de sentimental la crítica de Pereire.

p ¿Mas qué nos importa Pereire, apóstol desde hace mucho olvidado del no hace menos tiempo olvidado saintsimonismo? ¿No sería mejor que nos refiriéramos al moderno “apóstol” del populismo?

212

p “La producción [...] ha perdido su carácter popular y adquirió un carácter individual, capitalista" (el señor N.-on, Reseñas, págs. 321-322).

p Obsérvese cómo razona este romántico disfrazado: “la producción popular adquirió un carácter individual”. Y como por " producción popular" el autor entiende la comunidad rural   [212•* , se trataría de la decadencia del carácter social de la producción, de una limitación de la forma social de la producción.

¿Es esto exacto? La “comunidad” organizaba (si es que lo hacía; por lo demás estamos dispuestos a hacer toda clase de concesiones al autor) la producción en el marco de cada comunidad únicamente, la cual estaba aislada de todas las demás. El carácter social de la producción abarcaba sólo a los miembros de una comunidad  [212•** . El capitalismo, en cambio, va confiriendo carácter social a la producción en todo el Estado. “El individualismo" es la destrucción de los vínculos sociales; pero el que las destruye es el mercado, que crea en su lugar vínculos entre masas de individuos no ligados por la comunidad, ni por el estamento, ni por la profesión, ni por el estrecho distrito en que se ejerce el oficio, etc. Los vínculos creados por el capitalismo se manifiestan en forma de contradicciones y antagonismos; por esta razón nuestro romántico no quiere verlos (aun cuando la comunidad, como organización de producción, jamás existió sin otras formas de contradicciones y antagonismos, inherentes a los viejos modos de producción). Su punto de vista utópico hace que su crítica del capitalismo sea una crítica sentimental.

* * *
 

Notes

[202•*]   Siempre y en todas partes, en las condiciones del desarrollo capitalista, la agricultura queda rezagada respecto del comercio y de la industria; se halla siempre subordinada a los mismos y es explotada por ellos; sólo más tarde es atraída por ellos a la vía de la producción capitalista.

[203•*]   Nótese que Sismondi—exactamente igual que nuestros populistas—trasforma de golpe la economía independiente de los campesinos en una "organización social”. Es un evidente truco. ¿Qué vincula a esas campesinos de diferentes localidades? Precisamente la división del trabajo social y la economía mercantil, que han remplazado los vínculos feudales. Se ve en seguida que se convierte en utopía uno de los elementos del régimen de la economía mercantil, y que no se comprenden los demás. Compárese con lo escrito por el señor N.-on, pág. 322: "La forma de industria basada en ia posesión de los instrumentos de producción por los campesinos”. Que la posesión de los instrumentos de producción por los campesinos constituye, tanto histórica como lógicamente, el punto de partida de la producción capitalista, ¡el señor N.-on ni siquiera lo sospecha!

[204•*]   Compare el lector estos empalagosos cuentos de abuela con lo que dice el publicista “de avanzada" de fines del siglo xrx, que el señor Struve cita en sus Natas críticas, pág. 17. (Lenin denomina así, irónicamente, al populista liberal S. luzhakov, un pasaje de cuyo artículo “Problemas de la hegemonía a fines del siglo xrx”, que se publicó en el núm. 3-4 de Rússkaia Misl, de 1885, citaba S. Struve. Ed.)

[205•*]   También en lo que atañe a esta cuestión el señor N.-on ha acumulado una cantidad tan grande de contradicciones, que se pueden seleccionar todas las tesis Que se quiera, sin vínculo alguno entre sí. Sin embargo, no caben dudas sobre la idealización de la economía campesina, a través del término nebuloso de “producción popular”. La nebulosidad es la atmósfera más cómoda para todos los disfraces.

[205•**]   Compárese con N.-on, pág. 321 in f. y otras.

[205•***]   Ibíd., pág. 335. Página 184: el capitalismo "priva de estabilidad”, etc., etc.

[206•*]   “En realidad, sociedad, asociación, son denominaciones que pueden darse a todas las sociedades, lo mismo a la feudal que a la burguesa, que es la asociación fundada en la competencia. ¿Cómo puede haber, pues, escritores que piensen que solamente con la palabra asociación pueden impugnar la competencia?” (Marx, Dos Elena der Philosophíe [Nferx, Miseria de la filosofía. Ed.]). El autor critica con rigor la condena sentimental de la competencia, y destaca directamente su aspecto progresista, su fuerza motriz que empuja hacia adelante “el progreso técnico y el progreso social”. Debido a la censura, Lenin remplaza aquí la palabra “socialistas” por escritores. Ed.)

[207•*]   Escrito en 1847.

[207•**]   W. Atkinson: Principios de economía política, Londres, 1840, págs. 170 y 195. (Ed.)

[208•*]   ¡Aquí ardió Troyal (Ed.)

[208•**]   Aunque subsiste una pregunta: por quó no llegó? ¿No será porque estos escritores planteaban los problemas de manera más amplia, considerando en su conjunto el régimen económico existente, su lugar y su papel en el desarrollo de toda la humanidad, sin limitar su horizonte a un solo país, como si fuera posible crear para él una teoría especial?

[209•*]   Este término se usa en el sentido histérico-filosófico; caracteriza sólo el error de los teóricos que toman los modelos de sus sistemas en regímenes que han caducado. No se aplica a las cualidades personales de dichos teóricos, ni a sus programas. Todos saben que, en el sentido corriente de la palabra, ni Sismondi ni Froudhon eran reaccionarios. Explicamos estas verdades elementales porque los señores populistas, como veremos más adelante, no las han comprendido basta ahora.

[210•*]   Lecciones sobre la industria y las finanzas. París, 1832. (Ed.)

[210•**]   Crédito mobiliario. Banco que concede préstamos con garantías de propiedades muebles. (Ed.)

[211•*]   Al remplazar las uniones locales y de estamento, por la unidad basada en la situación social y los intereses sociales dentro de todo un Estado y hasta, de todo el mundo.

[212•*]   Véase V. I. Lenta, ób. ctt., tomo I, nota 3. (Ed.)

[212•**]   Según los datos estadísticos del zemstvo (Recopilación general de Blagoviéschenski), la extensión media de una comunidad, en 123 distritos de 22 provincias, era de 53 familias con 323 personas de ambos sexos.