p Escrito entre noviembre y el 8 (20) de diciembre de 1895 para el periódico Rabócheie Dielo.
p Publicado por primera vez el 27 de enero de 1924 en Petrográdskaia Pravda, núm. 22.
Se publica de acuerdo con la copia dactilografiada hallada en los archivos del Departamento de Policía.
80 81_p El ministro del Interior, Durnovó, ha dirigido una carta al procurador general del Santo Sínodo, Pobiedonóstsev. Ésta fue escrita el 18 de marzo de 1895, y lleva, bajo el número 2603, la siguiente inscripción: “Absolutamente confidencial”. Quiere decir que el ministro ha querido que la misma quedara en el más riguroso secreto. Pero hay personas que no comparten la opinión del señor ministro de que a los ciudadanos rusos no les corresponde conocer los propósitos del gobierno, y he aquí que esta carta circula ahora por todas partes, en copias manuscritas.
p ¿Acerca de qué, pues, escribió el señor Durnovó al señor Pobiedonóstsev?
p Acerca de las escuelas dominicales. Le dice: “Las informaciones recibidas durante los últimos años testimonian que personas sospechosas desde el punto de vista político, como así también una parte de la juventud estudiantil de determinada tendencia, siguiendo el ejemplo de los de la década del 60, piensan ingresar en las escuelas dominicales como profesores, conferenciantes, bibliotecarios, etc. Esta aspiración sistemática, no justificada siquiera por el deseo de obtener medios de subsistencia, ya que los cargos en dichas escuelas son honorarios, demuestra que el fenómeno señalado constituye uno de los medios legales utilizados para luchar contra el orden estatal y el régimen social existentes en Rusia, por parte de elementos antigubernamentales".
p ¡He aquí cómo razona el señor ministro! Entre las personas instruidas hay quienes desean compartir sus conocimientos con los obreros, quienes desean no ser los únicos beneficiados por la instrucción, sino que llegue también al pueblo; y el ministro resuelve inmediatamente que esto es obra de “elementos antigubernamentales”, conspiradores que incitan a la gente a ingresar en las escuelas dominicales.
p ¿Acaso no es posible que, sin necesidad de esa incitación, pueda surgir entre algunas personas instruidas el deseo de enseñar a los demás? Pero lo que desconcierta al ministro es que los 82 educadores de las escuelas dominicales no cobran honorarios. Está acostumbrado a que los espías que lo sirven y los funcionarios trabajen sólo por la retribución, que sirvan a quien paga más, ¡y de pronto se encuentra con gente que trabaja, presta servicios, se preocupa, y todo... gratuitamente! Es sospechoso, piensa el ministro y envía a sus espías para que investiguen el asunto. En la carta se dice, más adelante: “De los siguientes informes [recibidos de los espías, cuya existencia se justifica porque reciben un sueldo] se desprende que hay personas de tendencias nocivas, no sólo entre el profesorado, sino que no pocas veces las propias escuelas se hallan bajo la dirección oculta de un círculo de gente sospechosa, cuyos miembros no pertenecen en absoluto al personal oficial y que, por invitación de los maestros y maestras colocados por ellas mismas, dictan conferencias por las noches y trabajan con los alumnos [...]. Un régimen que da a gente extraña la posibilidad de dictar conferencias, ofrece un vasto campo para que entre los disertantes se introduzcan elementos del medio directamente revolucionario".
p Así, pues, si “gente extraña”, sin el acuerdo ni la comprobación de los popes y de los espías, desea enseñar a los obreros, ¡esto es directamente la revolución! El ministro considera a los obreros como si fueran pólvora y a los conocimientos y la instrucción como la chispa; está convencido de que si ésta cae sobre la pólvora, la explosión irá dirigida ante todo contra el gobierno.
p No podemos renunciar al placer de señalar que, por excepción, en este caso estamos en total y absoluto acuerdo con los puntos de vista de Su Excelencia.
p El ministro cita luego en la carta las “pruebas” de la veracidad de sus “informaciones”. ¡Vaya pruebas!
p En primer término, "la carta de un profesor de una de las escuelas dominicales, cuyo apellido hasta ahora no ha sido aclarado”. La carta en cuestión fue encontrada en un allanamiento. En ella se habla del programa del curso de historia, de la idea del sojuzgamiento y de la emancipación de los estamentos, se mencionan las insurrecciones de Razin y Pugachov [82•* .
p Seguramente estos últimos nombres son los que tanto han 83 asustado al bueno del ministro: debe de haberse imaginado en seguida a campesinos armados con horquillas. Segunda prueba:
p “En el ministerio del Interior se encuentra un programa, obtenido ñor conducto indirecto, de disertaciones públicas en una de las escuelas dominicales de Mo^cú, oue contiene lo siguiente: Origen de la sociedad. La sociedad primitiva. Desarrollo de la organización social. El Estado v su función. El orden. La libertad. La iusticia. Formas de la estructura estatal. Mnnarcmía absoluta v monarouía constitucional. El trabaio, base del bienestar general. La utilidad v la rioue7a. La producción, el cambio v el oanital. Cómo se distribuye la rinueza. La bnsnueda del interés personal. La proniedad v su necesidad. La emancipación de los campesinos por la entrega de tierra. Renta, ganancia y salario. De mié denende el salario y stis formas. El ahorro.”
p “Las disertaciones, de acuerdo con este programa, absolutamente inadecuado para la escuela elemental, ofrecen plena posibilidad al disertante de dar a conocer a sns oventes, en forma paulatina, las teorías de Carlos Marx, de Engels, etc., mientras que la persona designada por las autoridades diocesanas para asistir a la clase difícilmente podrá percibir en esas disertaciones rudimentos de propaganda socialdemócrata.”
p Es evidente nue el señor ministro teme mucho a ’las teorías de Marx y Engels”, ya que percibe “rudimentos” de ellas inclusive en un programa en el que no se nota huella alguna de las mismas. ¿Qué encontró de “inadecuado” en el programa el señor ministro? Probablemente lo que se refiere a las formas de estructura del Estado y de la Constitución.
p ¡Pero tome, señor ministro, cualquier manual de geografía y encontrará los mismos problemas! ,1 Acaso a los obreros adultos no les está permitido saber lo que se enseña a los niños?
p Pero el señor ministro no se fía de los miembros de la dirección diocesana: "es posible que no lleguen a comprender de qué se está hablando".
p La carta termina con la enumeración de los maestros " sospechosos" de la escuela dominical de la parroquia adjunta a la fábrica de Moscú de la Compañía Manufacturera de Prójorov, de la escuela dominical de la ciudad de Elets y de la proyectada escuela de Tiflís. El señor Durnovo aconseja al señor 84 Pobiedonóstsev proceder a “una cuidadosa verificación de las personas que tienen acceso a la docencia en las escuelas".
p Cuando se lee la nómina de los maestros, se le erizan a uno los cabellos: resulta que uno es ex estudiante universitario, otro también, y la tercera una maestra que ha asistido como oyente a cursos superiores. El señor ministro hubiera querido que los profesores fuesen ex sargentos.
p Con particular horror, el señor ministro señala que la escuela de la ciudad de Elets “está ubicada del otro lado del río Sosná, donde reside, predominantemente, gente ’simple’ [¡oh!, ¡qué horror!] y ’obrera’, y donde se hallan los talleres ferroviarios”. Más lejos, cuanto más lejos estén las escuelas de la "gente simple y de trabajo”, mejor.
¡Obreros! ¡Ya ven ustedes qué miedo mortal tienen nuestros ministros de que el pueblo trabajador adquiera conocimientos! ¡Muestren, pues, ante todos, que ninguna fuerza será capaz de quitar conciencia a los obreros! ¡Sin conocimientos, los obreros están indefensos; con ellos constituyen una fuerza!
Notes
[82•*] Stepán Razin y Emelián Pugachov fueron los jefes de grandes rebeliones campesinas que tuvieron lugar en Rusia en los siglos xvn y xvm. (Ed.)
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