Y CONQUISTA
DE AMERICA
CENTRAL
Y DE MÉXICO
DE LA "MAR DEL SUR"
(OCÉANO PACIFICO)
PRIMERA VUELTA A CUBA POR MAR
3D
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p En 1508, el virrey Nicolás de Ovando organizó en Santo Domingo una expedición marítima, mandada por Sebastián de Ocampo, para explorar la ficticia “península” de Cuba. Atravesado el Paso del Viento, que separa a Haití de Cuba, Ocampo condujo sus naves costeando el norte de Cuba desde la punta de Maisí hasta los "Jardines del Rey" (archipiélago de Camagüey). Esta parte de la costa era ya bien conocida de los españoles y estaba recogida en el mapa de Juan de la Cosa (cerca de 1500). Tras los "Jardines del Rey" tampoco variaba en gran trecho la dirección noroeste del litoral hasta que Ocampo pasó por delante de una fila de cayos; pero detrás del último (Santa Cruz del Padre), la costa cubana dobló derecha a occidente. Siguiendo este rumbo unos 200 kilómetros, Ocampo se detuvo en una bahía que le pareció muy cómoda y abrigada para puerto. Los marineros sacaron a la orilla los barcos que hacían agua y los calafatearon. Allí precisamente, diez años y pico más tarde (en 1519) se fundó la ciudad de La Habana.
p Desde el puerto recién descubierto, la costa torcía suavemente al sudoeste. Ocampo siguió adelante y llegó al cabo de San Antonio, tras el que la costa cubana doblaba bruscamente al este, y cuando bordeó una pequeña península entre los golfos de Guanahacabibes y Corrientes, no tardó en convencerse de que iba costeando las mismas orillas meridionales de Cuba y pasaba por delante de los mismos cayos que descubriera Cristóbal Colón en junio-julio de 1494. En esta ruta oriental, Ocampo, cuando pasó entre el archipiélago de Los Canarreos y los Jardines de la Reina, muy cerca de la costa meridional de Cuba, halló, entre otros parajes, y exploró la bahía de Cienfuegos: Colón no advirtió en 1494 el angosto acceso a esta bahía.
Cuando Ocampo acabó de recorrer la costa sur se acercó desde el oeste al Paso del Viento, es decir, cuando dio fin a la primera vuelta a Cuba por mar, había recorrido más de 3.000 km. Y cuando hubo retornado a Santo Domingo, a los españoles ya no les quedaba duda alguna de que Cuba no era una península asiática, sino una isla muy larga y estrecha, "parecida a la lengua 114 de un pájaro”, que se extendía del sudoeste al noroeste aproximadamente entre los 20° de latitud norte y el Trópico de Cáncer.
PINZÓN Y SOLIS EN EL GOLFO DE HONDURAS
p Pese a las dificultades pecuniarias, Vicente Yáñez Pinzón se ganó la confianza de los funcionarios españoles encargados de los asuntos de la India occidental, sin duda, merced a sus descubrimientos geográficos. En 1505 recibió un subsidio del Tesoro real que, por otra parte, era insuficiente para satisfacer a la mayoría de los acreedores. Pinzón se preparaba para otra expedición a ultramar con el fin de buscar al sudoeste de la “península” de Cuba un paso marítimo del Océano Atlántico al “Oriental” (Pacífico) o al Indico. Pero transcurrieron tres años más hasta que consiguió deshacerse temporalmente de los acreedores, para lo cual necesitaba un permiso especial de los reyes.
p Para buscar ese paso marítimo se organizó una expedición en dos o tres naves (las fuentes divergen a este respecto), dirigida por Pinzón, por el diestro navegante Juan Díaz Solís y el piloto Pedro Ledesma, participante en la segunda y cuarta expediciones de Colón. Los navios zarparon de la desembocadura del Guadalquivir a fines de julio de 1508, y varios meses después, tras de bordear a Cuba por el sur, descubrieron por segunda vez, después de Ocampo, la parte occidental, aún desconocida, del litoral cubano entre los golfos de Batabanó y Corrientes y doblaron el cabo de San Antonio. Persuadido Pinzón de que la orilla, detrás de este cabo, torcía bruscamente hacia el noreste, tomó rumbo al sur. Llegó a la isla Guanaja (Bonaca), en la que estuvieron ya Colón y Ledesma en 1502, volvió al oeste y, adentrándose en el golfo de Honduras, descubrió allí toda la hilera de las Islas de la Bahía. Los barcos de la cuarta expedición de Colón, anclados en Guanaja, no habían pasado de la parte oriental de este pequeño archipiélago.
Cuando Pinzón y Solís llegaron para Navidad [114•1 a tierra firme, cerca de las cumbres del golfo, tomaron rumbo al norte y costearon el golfo de Honduras hasta los 18° de latitud norte por lo menos. Así pusieron comienzo al descubrimiento de la península de Yucatán, y más concretamente, la parte que desde el siglo XVII fue colonia inglesa (Honduras británica).
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p Al no encontrar ningún paso al "océano Oriental”, la expedición retrocedió a principios de 1509, volvió al sudeste, hacia el golfo de Darién, desde donde vino a parar al de Paria, bordeando el litoral caribano. Allí los españoles fueron atacados por los indios, probablemente porque iban a la caza de esclavos.
Sobre el subsiguiente rumbo de los barcos de esta expedición son muy parcas las fuentes y, además, divergen. Según la versión primera y más verosímil (de Pedro Mártir), la exploración acabó ahí. Según otra versión (del historiador Antonio Herrera, que escribió a fines del siglo XVI), Pinzón y Solís avanzaron desde el golfo de Paria al sur, costeando el continente, casi hasta los 40° de latitud sur. Excepto la declaración de Herrera, no se ha conservado ningún vestigio de que la expedición llegara tan lejos al sur.
PRIMERAS COLONIAS ESPAÑOLAS
EN EL CONTINENTE
p En 1508 dos hidalgos obtuvieron patente real para organizar colonias en la franja continental bañada por el extremo sudoeste del mar Caribe. La frontera entre sus posesiones era el golfo 116 de Urabá, la parte meridional, muy enclavada en tierra, del golfo de Darién. Uno de estos hidalgos fue Alonso de Hojeda, a quien tocó en suerte la región oriental, Nueva Andalucía, o zona ribereña comprendida entre la península de Goajira y el golfo de Urabá (hoy pertenece a Colombia). El otro hidalgo, Diego de Nicuesa, enriquecido en los placeres auríferos de La Española, recibió la región occidental, Castilla del Oro, comprendida en la franja ribereña entre el golfo de Urabá y el de San Juan del Norte (costas caobanas de Panamá y Costa Rica).
p Hojeda encontró un socio, Martín Fernández Enciso, que le proporcionó dinero, pero, aun así, contrajo grandes deudas para armar cuatro barcos con una dotación de 300 marineros y soldados. Deseando satisfacer a sus acreedores, comenzó inmediatamente a capturar esclavos en Nueva Andalucía. Los caribes ofrecían una resistencia desesperada. La mayoría de los españoles sucumbió. Los restantes habrían corrido la misma suerte si Nicuesa no hubiera acudido en su ayuda. Hojeda llegó con los restos de su partida a Urabá. En la orilla este del golfo, cerca de la desembocadura del Atrato, empezó la construcción de la primera población fortificada española en América del Sur (San Sebastián). Los españoles tenían pocas vituallas y municiones. Empezó el relajamiento. Hojeda mantuvo la disciplina con crueles medidas: hizo decapitar a un hidalgo y ahorcar, marcar con hierro candente, azotar y cortar lenguas y dedos a los marinos y soldados rasos que se desmandaban.
p Hojeda envió a La Española parte de los esclavos y del oro robado para recabar ayuda. Pero a la colonia no llegó más que una banda de piratas en un barco capturado que llevaba un cargamento de trigo y tocino. Tras de cambiar los restos de su botín por provisiones, Hojeda se embarcó con los piratas rumbo a Cuba, donde aún no había guarniciones españolas. Temerosos de la horca, los piratas abandonaron la nave y se fueron a Jamaica. Los cabecillas de la banda fueron ahorcados, a pesar de todo, y Hojeda llegó con los bolsillos vacíos a La Española, donde falleció en 1515.
p Cuando Hojeda se marchó, hízose cargo de la guarnición española en Nueva Andalucía Francisco Pizarro, mísero y analfabeto conquistador, hijo natural de un hidalgo extremeño pobre y con numerosa prole que fue porquerizo en su juventud. Pizarro cobró fama de "conocer el miedo sólo de oídas”. Viéndose por primera vez ascendido a capitán de una partida de conquistadores, Pizarro estuvo medio año esperando ayuda en vano. No le quedaban más que sesenta hombres exhaustos por el hambre y 117 las fiebres. Abandonaron a San Sebastián en dos embarcaciones. Una naufragó poco después con toda la tripulación. La otra, con veinticinco o treinta hombres, seguía navegando, cuando, cerca de la desembocadura del río Magdalena, se divisó el barco de Enciso con colonos y provisiones para Nueva Andalucía. Entre los nuevos colonos iba Vasco Núñez de Balboa, paisano de Pizarro. Había participado en la expedición de Bastidas, residido luego en La Española y, huyendo del encarcelamiento por deuda, subió a escondidas al barco del socio de Hojeda.
p Enciso obligó a los hombres de Pizarro a volver. Desembarcaron todos, pero la nave de las provisiones se fue a pique, y los colonos se vieron amenazados por el hambre desde el principio. Entonces, a propuesta de Balboa, los españoles pasaron al territorio vecino, el istmo de Panamá y parte de la Castilla del Oro, que pertenecían oficialmente a Nicuesa. Entraron de seguida a saco en una aldea indígena abandonada, y allí hallaron comestibles, oro y tejidos de algodón. Tras esa buena fortuna, se empezó a considerar a Balboa como un adalid. Fue elegido juez, y Enciso viose privado de sus prerrogativas so pretexto de que no eran válidas para la "Castilla del Oro”.
Nicuesa había hecho ya una correría en 1508 por las Pequeñas Antillas en su ruta a La Española, capturando a numerosos indígenas y vendiéndolos con pingüe ganancia. Por eso, al partir para la conquista de la "Castilla del Oro”, contaba con tropa numerosa. Fundó el poblado Nombre de Dios en el istmo de Panamá. La fiebre amarilla y el hambre acabaron con la mayor parte de su destacamento. Entre los supervivientes empezaron las disensiones. Sin haber medido sus fuerzas, Nicuesa fue a la nueva colonia de la "Castilla del Oro" y presentó los derechos a “su” oro. Entonces Balboa embarcó a Nicuesa y al puñado de hombres que le eran fieles en una destartalada nave sin provisiones y les obligó a hacerse a la mar. Nicuesa y sus compañeros desaparecieron.
MARCHA DE BALBOA A TRAVÉS DEL ISTMO HACIA
LA "MAR DEL SUR"
p Hacia 1511 Balboa era ya el jefe único de los restos de los destacamentos de los dos infortunados virreyes Hojeda y Nicuesa. Aunque no contaba más que con trescientos marineros y soldados, de los cuales podían tenerse en pie no más de la mitad, comenzó la conquista de las regiones del interior de la "Castilla del Oro”. Comprendía que no tenía fuerzas suficientes para someter el país. Por eso se aprovechó de la enemistad entre las tribus indígenas 118 y concertaba alianzas con unos para vencer a otros. Los aliados abastecían a los españoles de provisiones o les cedían tierras y las cultivaban para ellos. Los conquistadores arrasaban las poblaciones enemigas y vendían los prisioneros como esclavos. Un jefe de tribu, asombrado de la codicia con que los españoles se lanzaban sobre el oro, les dijo que a varios días de camino al sur del golfo de Darién había un país densamente poblado y con mucho oro, y que desde las cimas de las montañas cercanas podíase ver otro mar, por el que navegaban barcos tan grandes como los españoles.
p Balboa no se atrevo a emprender esa marcha a la "mar^del Sur" hasta dos años después, cuando de La Española llegó la noticia de que el Gobierno conceptuaba el trato que había dado al virrey Nicuesa una rebelión contra la autoridad real. Balboa comprendía que sólo una proeza deslumbrante podía salvarlo a él, "hombre de pocos recursos y origen villano”, de los tribunales y la pena de muerte. En 1513 zarpó de la desembocadura del Atrato con rumbo noroeste, bordeó la costa y, tras de surcar 150 kilómetros, desembarcó. Para amedrentar a los indios, Balboa acusó falazmente de sodomía a los hombres que cubrían su desnudez con cortos retales parecidos a mandiles de mujer. Los “delincuentes” fueron acosados con los perros que los conquistadores llevaban en sus campañas.
p Después de esa cruel represalia, Balboa tramontó con varias decenas de compañeros la sierra, poblada allí de selva tan espesa que los españoles tenían que abrirse paso a hachazos. Desde la cima de las montañas Balboa vio efectivamente el ancho golfo de Panamá, tras el cual divisábase la inmensa "mar del Sur" (Océano Pacífico), y el 29 de septiembre (día de San Miguel) llegó a la bahía, que denominó de San Miguel. Cuando subió la marea, Balboa entró en el agua, enarboló la bandera de Castilla y leyó solemnemente una escritura compuesta por un notario: "... tomo posesión para la Corona de Castilla... de estos mares, tierras, costas, puertos e islas del Sur con todo lo que contienen... A los Soberanos de Castilla, tanto a los de hoy como a los de mañana, pertenece asimismo el poder y el dominio sobre estas Indias, las islas, los continentes Norte y Sur con sus mares desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, a ambos lados del Ecuador, dentro y fuera de los Trópicos de Cáncer y de Capricornio... hoy y en los siglos de los siglos, mientras el mundo exista, hasta el jucio final de todos los mortales”.
p Cuando tornó a las costas del golfo, de Darién, Balboa envió a España un parte, comunicando el gran descubrimiento y 119 adjuntando el quinto de su botín: un montón de oro y doscientas hermosas perlas. El Gobierno pasó de la ira a la merced.
El nuevo Gobernador de la "Castilla del Oro”, el suspicaz y codicioso anciano Pedro Arias (Pedrarias) de Avila llevó al istmo de Panamá toda una flota (22 naves). De los diez mil hidalgos que accedieron a hacerse a la mar sin sueldo alguno, eligió a mil quinientos de los de más rancio abolengo. Cuando llegó a la colonia, Pedro Arias de Avila leyó a Balboa las cartas reales que prescribían un trato misericordioso a los descubridores de la "mar del Sur”, pero comenzó inmediatamente una instrucción secreta contra él.
La fiebre amarilla segaba a los recién llegados. Escaseaban las provisiones para ejército tan numeroso, y a menudo los hidalgos, vestidos de seda y terciopelo, morían de hambre. Pedro Arias de Avila dividió a los españoles en pequeñas partidas y los envió en todas direcciones en busca de alimentos, oro, perlas y esclavos. Prendían fuego y saqueaban a poblaciones enteras, mataban a los indígenas y éstos, como escribiera Balboa a España, "se convirtieron de corderos en lobos”. Balboa fue el primero en sufrir una derrota durante su marcha, remontando la corriente del río Atrato. Al mismo tiempo, recibió de la Corona otra alta designación más, y Pedro Arias de Avila empezó a considerarlo como a un rival peligroso. Para ganar tiempo, ofreció a Balboa la mano de su hija, residente en España. El contrato nupcial fue suscrito, y la madre regresó a España para traer a la novia. Pedro Arias de Avila encomendó a Balboa que siguiera los descubrimientos en la "mar del Sur”, le facilitó para ello tropa y le 120 dio permiso para construir barcos en el golfo de Panamá. Luego lo acusó de haber concebido por su cuenta y riesgo una expedición y restar para ella a demasiados soldados, agregando las viejas acusaciones de rebelión y asesinato de Nicuesa. Se dio el encargo de detener a Balboa a la partida mandada por Francisco Pizarro. Por orden de Pedro Arias de Avila, el hombre que hubo descubierto la "mar del Sur" fue sentenciado por traición y decapitado (1517). En 1519 Pedro Arias de Avila fundó en la costa meridional del istmo 1 a ciudad de Panamá, primer baluarte español en la "mar del Sur" y, poco después, trasladó allá el centro administrativo de "Castilla del Oro”.
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Notes
[114•1] De ahí el nombre de Navidad que se dio primero al golfo. Posteriormente, según Las Casas, se quedó con el nombre indígena del país adyacente, “Ondure”, que los conquistadores interpretaron por Honduras.