Emacs-Time-stamp: "2007-09-11 23:44:36" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2007.09.11) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ bottom __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __FOOTNOTE_MARKER_SEQUENCE__ continuous [BEGIN]

I.GRIGULEVICH

099-1.jpg __TITLE__ Historia
de la
Inquisici\'on
__TEXTFILE_BORN__ 2007-09-11T01:20:40-0700 __TRANSMARKUP__ "Y. Sverdlov" 099-2.jpg

Editorial Progreso

[1]

Traducido del ruso por M. Kuznetsov ~

Presentación de G. N. Gubanov~

M.

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__COPYRIGHT__ © 8riojiHTH3,aaT, 1976
© Editorial Progreso, traducción abreviada al español, 1980
Impreso en la URSS

n 10603--617

-258--80

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014(01)-80

[2] __ALPHA_LVL1__ LA INQUISICIÓN FRENTE AL
TRIBUNAL DE LA HISTORIA __ALPHA_LVL2__ LA DISPUTA CONTINUA

Al abrir este libro, el lector puede preguntar perplejo: ¿es posible que se intente de nuevo entregar la Inquisición al tribunal de la historia? ¿Acaso no la han juzgado ya investigadores de países, épocas y tendencias diferentes y no se han escrito montones de trabajos sobre ella? ¿Qué sentido tiene resucitar sus crímenes? ¿Qué cosas nuevas pueden decirse a propósito de ella, qué perfidias y brutalidades suyas aún quedan por revelar? Además, los juicios del autor, ¿podrían acaso alterar la bien conocida sentencia dictada hace ya mucho por la historia a la Inquisición?

Las dudas muy lícitas de este género se apoderan de los lectores y también de los investigadores que se proponen calar en los laberintos de la historia en busca de los secretos aún ignotos del Santo Oficio. Véase, por ejemplo, cómo el científico francés Jean Guiraud empieza su monografía en dos tomos dedicada a la Inquisición medieval: "El deseo de escribir nuevamente, después de tantos otros, sobre la Inquisición puede parecer presuntuoso y vano a la vez. Desde los inquisidores de los siglos XIII y XIV, que en sus manuales y directorios describieron a los herejes y sus doctrinas para facilitar el trabajo de los agentes del Santo Oficio, hasta los escritores de nuestro tiempo, que sostienen polémicas interminables ---unos, para condenar a la Inquisición, otros para justificarla---, quizás ya se ha dicho todo sobre este particular; 3 por lo tanto, ¿no implicaría el retorno a semejante tema el riesgo de repeticiones inútiles?''^^1^^

Estos recelos carecen de fundamento. Verdad es que sobre la Inquisición se ha escrito muchísimo. La bibliografía muy incompleta de su historia, compuesta por el holandés E. van der Vekené y publicada en 1963, contiene alrededor de 2.000 títulos^^2^^. En esa multitud de libros figuran tanto fuentes documentales y testimonios de contemporáneos, como tratados polémicos y ensayos picantes, como, por ejemplo, La faz sexual de la Inquisición, del autor francés Roland Gagey.

Sin embargo, aún no se sabe todo, ni mucho menos, sobre la actividad del ``santo'' tribunal. Muchos archivos suyos continúan siendo inaccesibles para los investigadores.

La delimitación científica de los períodos en la historia de la Inquisición apenas si ha comenzado. Falta el cuadro íntegro de los amplios movimientos heréticos de la Edad Media, contra los que iba enfilado ante todo el terrorismo inquisitorial. Tenemos pocas nociones sobre la actividad del Santo Oficio en las colonias y no se ha escrito todavía la historia de la Inquisición papal (Congregación del Santo Oficio).

Así pues, bien que la palabra ``inquisición'' ha pasado a ser un nombre común y figura en el vocabulario del hombre moderno, el lector corriente tiene una idea bastante limitada del propio concepto; sus conocimientos se reducen a los escasos datos sacados de los manuales escolares o universitarios, antologías y enciclopedias.

La Inquisición es una institución histórica que por espacio de muchos siglos influyó enormemente en los destinos de pueblos de Europa y América, estorbando su lucha contra el yugo social y espiritual. ¿Dónde está el secreto de la vivacidad de esa institución, cuyo solo nombre infundía pavor a todo el mundo cristiano? ¿Por qué surgió y acabó por decaer? ¿Quiénes fueron sus dirigentes: "víctimas del deber'', fanáticos dispuestos a perpetrar los crímenes más horribles para proteger a la Iglesia contra los enemigos imaginarios y reales, o bien policías eclesiásticos desalmados, _-_-_

~^^1^^ J. Guiraud. Histoire de l'Inquisition au moven age, v. I. Origines de l'Inquisition dans le midi de la France. Cathares et Vaudois. Paris, 1935, p. V.

~^^2^^ E. van der Vekené. Bibliographie der Inquisition. Ein Versuch. Hildesheim, 1963; H. Grundmann. Bibliographie lur Ketzergeschichte des Mittelalters (1900--1966). Roma, Edizioni di storia e letteratura, 1967.

4 que cumplían dócilmente las directrices de sus jefes? ¿Quiénes fueron las víctimas? ¿A quiénes persiguió la Inquisición y por qué motivos?

Un historiador del ``santo'' tribunal está llamado a contestar a todas estas preguntas.

Hace dos siglos, el editor que publicó el Manuel des Inquisiteurs del inquisidor español Nicolás Eymerico (segunda mitad del siglo XIV) lo comentó así: "Es posible que algunas personas honradas y almas sensibles nos culpen de haber revelado los cuadros horripilantes escritos anteriormente. Preguntarán si el conocimiento de cosas tan repugnantes puede ser útil o agradable en modo alguno. Para prevenir los reproches, nos basta con señalar: necesitamos sacar a luz esos cuadros precisamente porque son repugnantes, para que causen espanto"~^^3^^.

En efecto, los crímenes de la Inquisición fueron sacados a luz por los grandes ilustradores y librepensadores del siglo XVIII. Sus iracundas y apasionadas filípicas contra la Inquisición, contra las torturas y otras atrocidades suyas contribuyeron sensiblemente al cese de la actividad terrorista de ese sumarísimo tribunal clerical.

Pero sus crímenes deben ser denunciados también en nuestro tiempo, porque la Inquisición aún cuenta con defensores y porque sus métodos probados gozan de elevada reputación entre los "Domini cani" contemporáneos, que abogan por el régimen capitalista con un celo y una ferocidad análogos a los manifestados en su tiempo por Santo Domingo al defender el orden feudal.

Se debe escribir sobre la Inquisición, como aclaraba Em. Yaroslavski, "precisamente porque la religión es presentada, por oposición al ateísmo, como base de una moral que supuestamente establece las relaciones mejores y más sanas entre los hombres; es útil mostrar cómo los sistemas religiosos dieron lugar a crueldades extraordinarias, a torturas y vejaciones, a las hogueras y apaleamientos en masa. Así ocurrió porque en la sociedad clasista la religión es instrumento _-_-_

~^^3^^ Le Manuel des Inquisiteurs, á l'usage des Inquisitions d'Espagne et de Portugal. Un abrégé de l'ouvrage intitulé: Directorium inquisitorium, composé vers 1358 par Nicolás Eymerico, grand Inquisiteur dans le Royanme d'Aragon. On y adjoint une courte Histoire de l'établissement de l' Inquisition dans le Royaume de Portugal, tirée du latin de Louis á Paramo, á Lisbonne. MDCCLXII, pp. 197--198.

5 de opresión de clase, de dominio de clase, como lo son también la justicia, la policía, el ejército"~^^4^^.

El presente está ligado con el pasado por hilos invisibles pero sólidos. Un verdugo de las SS, personaje de El gobernador general, drama de Rolf Hochhuth que hizo sensación, declara al sacerdote Ricardo Fontana: "Somos los dominicos del siglo técnico... Vuestra Iglesia ha mostrado precisamente que se puede quemar a los hombres como el carbón. Tan sólo en España, sin recurrir al crematorio habéis incinerado a 350.000 personas, quemándolas vivas casi todas..."^^5^^

/Acaso no existen nexos de continuidad entre las hogueras de la Inquisición medieval y los crematorios de los campos de concentración nazis, entre las mazmorras del ``santo'' tribunal y las cámaras de torturas policíacas de la sociedad capitalista moderna, entre los juicios promovidos contra las ``brujas'' en la Edad Media y la "caza de brujas'', que se practica actualmente en algunos países capitalistas?

Además, no es fortuito que los teóricos policíacos norteamericanos estudien la ``experiencia'' de la Inquisición medieval. En agosto de 1965, la Universidad de Michigan, cuyos dirigentes, según se supo después, mantenían contactos con la CÍA, adquirió en la RFA por una suma bonita una biblioteca de 1.400 volúmenes con descripciones de las torturas medievales. Esos libros están llamados a servir de "valioso manual para los especialistas norteamericanos del servicio policíaco''.

Sufren torturas inquisitoriales los patriotas y líderes progresistas de muchos países del mundo capitalista, gobernados por los ultraderechistas, fascistas y anticomunistas. La junta fascista de Chile y los regímenes reaccionarios de otros países latinoamericanos han legalizado la tortura como método de sumario: no se aplica en los casos excepcionales, .sino a casi todos los presos políticos.

En Uruguay, por ejemplo, que cuenta con 3.000.000 de habitantes, en 1974 hubo 40.000 presos políticos. Según datos del periódico italiano Stampa^^6^^, uno de cada 200 uruguayos fue torturado. He aquí los tipos de tortura que _-_-_

~^^4^^ Citado según M. Sheinman. A sangre y fuego en nombre de Dios. M., 1924, p. 3.

~^^5^^ R. Hochhuth. Der Stellvertreter. Schauspiel. Berlín, 1966.

~^^6^^ Stampa, 30 de junio de 1974.

6 se emplearon en ese país: ``plantón'': el preso permanece de pie durante horas o incluso días enteros, con las piernas ampliamente separadas y las manos en la nuca; ``submarino'': el preso es sumergido en el agua y mantenido allí hasta que empiece a ahogarse; ``caballete'': se hace montar al preso sobre una barra con filo; "picana eléctrica": los electrodos se aplican a las partes más sensibles del cuerpo, etc., etc.

No es de extrañar, pues, que la Inquisición cuente hasta ahora con defensores, adeptos y apologistas, que intentan minimizar sus crímenes y cohonestarlos, hacer creer que las cruentas fechorías tenían efectos ``benéficos'' para los destinos de la humanidad y que los inquisidores eran hombres ``humanos'', presentar su carácter y modo de vida como ``justos'' y casi angélicos.

El clerical francés Charles Pichón, en su monografía sobre el Vaticano llama a "considerar ese tribunal históricamente, sin pasión ni prevenciones"~^^7^^.

Esos llamamientos a ser imparcial y objetivo en el estudio de la Inquisición dimanan siempre de quienes quisieran justificar sus crímenes. Pero cualquier investigación desapasionada y justa del Santo Oficio sólo puede dictarle esta sentencia: "Culpable de crímenes de lesa humanidad''.

Los abogados modernos de la Inquisición reprochan a sus críticos el exagerar y denigrar las acciones del ``santo'' tribunal. Por ejemplo, el historiador católico contemporáneo Antonio Ballesteros Beretta opina así: "Muchas polémicas ha suscitado el tema de la Inquisición. Se han exagerado sus víctimas y la pasión política ha hablado sin fundamento de la peculiar codicia de los familiares del Santo Oficio. Como institución humana tuvo sus defectos, pero debe consignarse que las extralimitaciones de sus representantes fueron debidamente castigadas"^^8^^ (sic).

¿Acaso no se parecen estos paladines de la Inquisición a los panegiristas del nazismo, que acusan de las mismas ``exageraciones'' a quienes denuncian los monstruosos crímenes de Hitler y sus verdugos? El historiador germanooccidental Scheidl, uno de los investigadores seudoobjetivos del nazismo, dijo en su Historia de cómo Alemania fue declarada fuera de la ley, de siete tomos, publicada en 1967: "Mis _-_-_

~^^7^^ Ch. Pichón. Le Vatican. París, 1960, p. 251.

^^8^^ A. Ballesteros Beretta. Síntesis de Historiarte España. Barcelona, 1952, p. 233.

7 indagaciones han mostrado que la mayoría de los asertos (formulados por historiadores progresistas respecto al nazismo. ---/. G.) contienen exageración, tergiversaciones y mentiras infames''.

En el mismo sentido se expresaban también el cardenal alemán Frings y otros prelados católicos. Creyérase que no habían existido los campos de concentración, donde fueron torturados hasta morir millones de seres humanos inocentes, ni tampoco los verdugos fascistas, autores de incontables crímenes de lesa humanidad...

No se puede olvidar que, después de la segunda guerra mundial, el Vaticano trató de salvar del merecido castigo a los criminales de guerra, trasladándolos con pasaportes falsos a España, Portugal y América Latina; clamó por el trato ``humano'' de los mismos y, desde entonces, propugna ---junto con los círculos reaccionarios de la RFA---el cese de la persecución judicial de esos enemigos del género humano.

Cada uno de los numerosos abogados de la Inquisición tiene argumentos propios en su defensa. Algunos afirman que la Inquisición duró poco tiempo y no mutiló ni ejecutó a nadie; que los herejes no fueron quemados por los inquisidores sino por las autoridades civiles; que la Santa Sede tenía muy poco que ver con la Inquisición, y que si en efecto se cometían atrocidades, su autora era la Inquisición española, pero el responsable de las mismas era el poder real, al que ella estaba subordinada, y de ninguna manera la Iglesia o, tanto menos, el Vaticano.

Otros defensores del Santo Oficio tratan de achacar la responsabilidad de las fechorías perpetradas por los verdugos medievales a sus víctimas, afirmando que su desobediencia ``obligaba'' a la Iglesia a castigarlas duramente.

Argumentos de este género figuran, por ejemplo, en un trabajo de Agostino Ceccaroni, apologista italiano de la Inquisición. Según él, los tribunales del Santo Oficio surgieron porque "desde los tiempos en que la Iglesia salió de las catacumbas..., los herejes usaron siempre de la violencia para destruir el fundamento basado en la buena religión de Jesucristo, provocando no sólo la justa reacción de la Iglesia, sino también una justa ``vendetta'' social"^^9^^.

Ceccaroni reconoce que "la Inquisición española cometió muchos excesos, provocados posiblemente por las pasiones _-_-_

^^9^^ A. Ceccaroni. Piccola enciclopedia ecclesiastica. Milano, 1953, p. 716.

8 políticas en conjugación con la barbarie y la ignorancia de la época''. Pero imputa enteramente al poder real los actos de la Inquisición española, y en cuanto a la papal, dice que "no incurrió jamás en semejantes excesos, y es un hecho que las víctimas de la Inquisición española apelaron, y no en vano, a la Inquisición romana"~^^10^^. Naturalmente, Ceccaroni estima innecesario aducir pruebas para confirmar su punto de vista, porque no las tiene. Pero la ausencia de pruebas no ha podido nunca desconcertar a los heraldos de la Inquisición.

La Enciclopedia Católica oficial del Vaticano se empeña a su vez en disculpar y justificar la Inquisición: "Los investigadores modernos han juzgado severamente la institución de la Inquisición, tachándola de contraria a la libertad de conciencia. Pero se olvidan de que esa libertad no se reconocía en el pasado y que la herejía infundía horror a los bien pensantes, que eran sin duda la gran mayoría incluso en los países más infectos de herejía. Se debe tener presente, además, que en algunos países, el tribunal de la Inquisición duró poquísimo y tuvo una importancia bastante relativa. Así, en los dominios españoles de Italia meridional subsistió sólo en los siglos XIII y XIV, y menos aún en Alemania. En la propia Roma desapareció muy pronto: el proceso contra Lulero, en 1518, fue encomendado al auditor general de la Cámara Apostólica"~^^11^^.

Los autores del citado artículo callan modestamente los procesos contra Giordano Bruno, Galileo, Campanella y otras muchas víctimas de la Inquisición romana y fingen ignorar los crímenes cometidos por la Inquisición papal (Congregación del Santo Oficio).

En los escritos de esos apologistas de la Iglesia, la Inquisición no se presenta tan horrible como la ``pintada'' por los ``enemigos'' del catolicismo, es decir, por los investigadores que estudian la actividad del ``santo'' tribunal desde posiciones objetivas.

Algunas autoridades eclesiásticas modernas niegan en general, contrariamente a los datos históricos evidentes e incontestables, la responsabilidad de los papas y la Iglesia por la muerte de centenares de miles de personas asesinadas por la Inquisición. El cardenal Alfredo Ottaviani, el último inquisidor que encabezaba la Congregación del Santo Oficio, _-_-_

^^10^^ Ibíd., p. 717.

~^^11^^ Enciclopedia Cattolica, v. VII. Cittá del Vaticano. 1951, p. 47.

9 en su libro sobre el Derecho Canónico afirma que la Iglesia Católica, fiel al mandamiento cristiano de amor universal, no usó nunca del "derecho de espada'', nunca derramó sangre de sus adversarios; según él, esto lo hacía el poder civil, cuyas acciones no se encontraban en la esfera de influencia de la Iglesia. De dar crédito a Ottaviani, la Iglesia no hacía más que excomulgar a los herejes^^12^^.

El mismo autor declara que la Iglesia se veía imposibilitada de influir sobre el poder civil en esos asuntos. Pero las autoridades civiles quemaban a los herejes en base a la excomunión, con el consentimiento y beneplácito de la Iglesia y por exigencia suya. La Iglesia, excepto el caso de Juana de Arco, no ha anulado hasta ahora ninguno de los anatemas pronunciados por los tribunales de la Inquisición. Así pues, según la doctrina católica, las almas de centenares de miles de víctimas del ``santo'' tribunal siguen ardiendo en el fuego infernal...

Al afirmar que la Iglesia no ha usado nunca del "derecho de espada'', el cardenal Ottaviani peca también contra el Código de Derecho Canónico, aprobado por la Santa Sede en 1917, por cuya observancia veló con una rigurosidad inquisitorial el mismo prelado, a la sazón jefe de la Congregación del Santo Oficio. Recordemos a nuestro lector que según el párrafo 2.214 del susodicho Código, la Iglesia tiene el derecho innato y propio (nativum et proprium ius), independiente de toda potestad humana, a castigar a sus subditos criminales con penas tanto eclesiásticas como seglares^^13^^.

Para que nadie tenga dudas respecto a la significación genuina del término "castigos seglares'', en una glosa teológica del mencionado párrafo se explica: el hecho de que la Iglesia esté privada de la posibilidad de realizar algunos castigos seglares, porque no dispone de medios punitivos, no significa en modo alguno que no tenga derecho a imponerlos; al contrario, habida cuenta del carácter de una sociedad perfecta que es la Iglesia, puede imponer cualesquiera penas para alcanzar sus objetivos y proteger el orden social (sic). De esta explicación se deduce que la Iglesia _-_-_

^^12^^ Véase A. Ottaviani. Institutiones iuris Publici Ecclesiastici, v. I. Roma 1958, p. 293.

~^^13^^ Véase Código de Derecho Canónico v Legislación Complementaria. Madrid, 1950, p. 795.

10 podría también condenar a la pena de muerte si en algún caso lo estimara necesario^^14^^.

El Código de Derecho Canónico estipula la excomunión automática (ipso facto) de los comunistas. En la glosa concerniente al párrafo 2.314 (donde se establece que todos los culpables de apostasía, de herejía y cisma son excomulgados automáticamente), se dice que ese crimen lo cometen cuantos profesan públicamente la doctrina anticristiana materialista de los comunistas, especialmente quienes la defienden y la propagan~^^15^^. Aunque la Iglesia renunció, después del II Concilio Vaticano, a la política de excomuniones, no ha suprimido hasta ahora las susodichas estipulaciones del Código de Derecho Canónico.

De la actitud personal de Ottaviani hacia los comunistas puede juzgarse por los epítetos que les prodigaba: "enemigos satánicos de la Iglesia'', ``bárbaros'', ``caníbales''^^16^^, y diga lo que diga el reverendo cardenal, la Inquisición y el poder laico, dócil a sus órdenes, castigaban con harta dureza a semejantes ``pecadores''.

Algunos abogados de la Inquisición alegan que la idea de la intolerancia no es en modo alguno un rasgo inmanente del cristianismo, pues fue tomada de los Estados despóticos orientales y las sociedades griega y romana. Así es como trata de justificar la Inquisición, por ejemplo, el historiador clerical norteamericano William Thornas Walsh^^17^^.

En opinión de otros, es preciso tomar en consideración la brutalidad de las costumbres que, según ellos, caracterizaba la Edad Media.

Junto con los defensores ``vergonzantes'' de la Inquisición, existen además los francos panegiristas del Santo Oficio medieval, que justifican sus crímenes e incluso abogan por el empleo de los métodos inquisitoriales en nuestros días. Uno de ellos, el monje agustino español Miguel de la Pinta Llórente, en un libro que a mediados del siglo XX preconiza los sangrientos hechos de la Inquisición, dice: "Pero séame permitido formular un interrogante: cuando la sociedad se encuentra invadida de predicadores del ateísmo, es decir, de negadores de la divinidad; cuando en nuestras modernas y maravillosas ciudades los poderes del Mal derraman los vinos _-_-_

^^14^^ Ibíd., p. 796.

^^15^^ Ibíd., pp. 835--836.

^^16^^ A. Ottaviani. // Baluardo. Roma, 1961.

~^^17^^ W. l'h. Walsh. Personajes de la Inquisición. Madrid, 1953, p. 25.

11 trastornadores de la soberbia satánica, con el desprecio de todos los postulados morales y éticos, abarrotadas de infrahombres... ¿no será exigencia ineludible de la Humanidad crear tribunales de represión policíaca, con métodos enérgicos y expeditivos, llámense Direcciones de responsabilidades, llámense Inquisiciones generales? Esto es todo"^^18^^.

¡Cuánto odio implican estas palabras del agustino español ! Pero, ¿acaso puede persuadir a alguien semejante argumentación? No en vano se queja Nicolás López Martínez, profesor de teología en el seminario de Burgos, diciendo: "Pero no se ha justificado satisfactoriamente la conveniencia y aun la necesidad" de la Inquisición~^^19^^. Esto no le impide, empero, disculparla considerando que fue víctima de la calumnia. "Todo el mundo sabe---proclama el teólogo--- que fue aprobada por los papas y bien vista por la inmensa mayoría de los hombres más representativos en el terreno religioso, político y cultural. Suponer, pues, que se trataba de una institución con fines radicalmente perversos es tanto como pisotear la autoridad pontificia y creer en la monstruosa perversión colectiva de toda una época"~^^20^^.

Dichos argumentos, usados por casi todos los defensores modernos de la Inquisición, carecen de originalidad. Se trata de paráfrasis modernizadas de las tesis fundamentales formuladas por Joseph de Maistre^^21^^, veterano apologista del Santo Oficio e ideólogo de la Restauración francesa. En 1815, estando en Petersburgo adonde había emigrado, escribió en su defensa el conocido panfleto Cartas a un noble ruso sobre la Inquisición española. Esa obra se publicó en 1821 en París y es desde entonces, hasta nuestros días, un manantial de inspiración para todos los adeptos celosos del ``santo'' tribunal.

Aunque se refería únicamente a la Inquisición española, suprimida en 1812 por las Cortes de Cádiz, Joseph de Maistre trató de darle un aspecto decente a la Inquisición en su conjunto, de probar su utilidad pública. Examinemos brevemente su argumentación. Empieza por declarar que todos los grandes _-_-_

~^^18^^ M. de la Pinta Llórente. La Inquisición Española y los problemas de la cultura y de li¡ intolerancia, tomo I. Madrid, 1953, pp. 7---8.

~^^19^^ N. López Martínez. Los judaizantes castellanos y la Inquisición en tiempo de Isabel la Católica. Burgos, 1954, p. 11.

^^20^^ Ibíd., p. 259.

~^^21^^ El conde Joseph de Maistre (1753--1821), jesuíta, figuró entre 1803 y 1817 en la corte del zar de Rusia como enviado del rey de Cerdeña, privado del poder.

12 hombres de Estado son intolerantes para con los disidentes, y deben serlo porque en ello está la prenda de sus éxitos. De haber existido en Francia la Inquisición, no se habría producido seguramente la revolución de 1789.

Después de esos razonamientos ``teóricos'', el conde pasa a fundametar su tesis principal: "Todo lo severo y espantoso que hay en la actividad del tribunal, sobre todo la pena de muerte, pertenece al gobierno; es su asunto y sólo a él se debe pedir cuentas. Al contrario, toda la clemencia, que desempeña un papel tan grande en el tribunal de la Inquisición, se debe a la acción de la Iglesia; si se mete en los suplicios lo hace con el único fin de suprimirlos o ablandarlos. Ese carácter indeleble no ha variado nunca. Hoy no es ya un error sino un crimen sostener o imaginarse siquiera que los sacerdotes pudieran pronunciar sentencias de muerte"^^22^^. Tales afirmaciones no corresponden a la verdad.

Los clericos condenaban a la muerte mucho antes de la época en que vivió Joseph de Maistre y muchos años después de su panegírico, tan apasionado como gratuito, en defensa de la Inquisición. Quizás no valga la pena refutar hoy a ese jesuíta, puesto que en el Código Canónico se dice taxativamente que la Iglesia tiene derecho a pronunciar sentencias de muerte a los apóstatas.

En cuanto a las hogueras y torturas, también aquí quería De Maistre relevar de responsabilidad al Santo Oficio, achacándola al Estado, y al mismo tiempo justificando su empleo. "La Inquisición---dijo---es por su naturaleza buena, dulce y conservadora: así es el carácter universal e inmutable de toda institución eclesiástica... Pero si la potencia civil que adopta esta institución estima conveniente, para su propia seguridad, hacerla más severa, la Iglesia no responde de ello"^^23^^.

De Maistre no se daba cuenta, según parece, de que equiparando la Inquisición con los sumarísimos tribunales seglares, sin quererlo desenmascaraba a esa institución como instrumento usado por los todopoderosos para aplastar la resistencia de las masas populares.

El panfleto en defensa de la Inquisición marró el blanco _-_-_

^^22^^ J. de Maistre. Considérations sur la France; Suivi de l'Essai sur le principe générateur des constitutions politiques, et des Lettres á un gentilhomme russe sur l'Inquisition espagnole. Bruxelles, 1838, pp. 297--298.

^^23^^ Ibíd., p. 286.

13 en cierto grado, porque en 1817, antes de su publicación, se editó en Francia la Historia crítica de la Inquisición de España, obra en cuatro tomos del sacerdote Juan Antonio Llórente, ex secretario del Santo Oficio, que en base a muchísimos documentos de archivo probaba irrefutablemente las atrocidades de la Inquisición. La Historia crítica, traducida a varias lenguas europeas, hizo callar por muchos años a los paladines de la Inquisición. Otro golpe no menos sensible fue para ellos la Historia de la Inquisición en la Edad Media, monografía en tres tomos del historiador norteamericano Henry Charles Lea, publicada por primera vez en 1888. El trabajo de Lea, sin par por la riqueza de las fuentes utilizadas, es considerado, incluso por algunos fervientes abogados de la Iglesia, como "la historia de la Inquisición más extensa, más profunda y más completa" de cuantas se han escritos^^24^^.

Bajo la presión de la opinión pública, la Santa Sede tuvo que liquidar en sus dominios los tribunales inquisitorios, pero a pesar de ello seguía defendiendo, hasta los últimos días de existencia del Estado pontificio (1870), su derecho de perseguir a los herejes y aplicarles "medidas coercitivas'', es decir, el derecho a la Inquisición. En la carta apostólica del 22 de agosto de 1851, Pío IX censuró a quienes intentaban "privar a la Iglesia de la jurisdicción exterior y del poder coercitivo que le está dado para poner a los pecadores en el camino de la verdad''. En el tristemente conocido Syllabus (Lista completa de los extravíos principales de nuestro tiempo, publicada en 1864 como anexo a la encíclica Quanta cura), se anatematizaba a todos los convencidos de que "la Iglesia no está facultada para usar de la fuerza" (Ecclesia vis inferendae potestatem non habet).

A fines del siglo XIX, cuando la Iglesia católica encabezada por el papa León XIII cambió de orientación y entró en alianza con la burguesía para luchar conjuntamente contra el ' movimiento obrero, los ideólogos clericales se atrevieron de nuevo a alzarse en defensa del ``santo'' tribunal. Como hemos mostrado ya, muchos de esos ideólogos repiten los argumentos de Joseph de Maistre, su predecesor más brillante pero tan malhadado como ellos. Otros, especialmente los .que figuran entre los sedicientes luchadores contra el _-_-_

~^^24^^ E. Vacandard. The Inquisition. A Critica! and Historical Study of the Coercitive Power of ihe Church. New York, 1940, p. VI.

14 comunismo, ensalzan la Inquisición por la ``eficiencia'' de sus métodos de combatir a los herejes.

Marcelino Menéndez y Pelayo (1856--1912) sostuvo posiciones ``ortodoxas'' de defensor de la Inquisición y sus puntos de vista los expuso en su obra de cuatro tomos sobre la historia de las herejías españolas^^25^^, publicada a fines de la octava década del siglo pasado. Escribió esa monografía, cuando sólo tenía 20 años de edad. Sin embargo, está basada en muchísimas fuentes originarias y tiene la reputación de trabajo clásico. Al examinar detalladamente las variadas herejías que se cultivaron en España desde los primeros siglos del cristianismo hasta el siglo XIX inclusive, Menéndez y Pelayo justifica su persecución e incluso encarece y glorifica las acciones del Santo Oficio.

En sus razonamientos sobre la Inquisición parte de la premisa siguiente: "El genio español es eminentemente católico: la heterodoxia es entre nosotros accidente y ráfaga pasajera"^^26^^. Pero, si la herejía era "accidente y ráfaga pasajera'', ¿acaso valía la pena instituir la Inquisición para combatir fantasmas?

Según Menéndez y Pelayo, el verdadero creyente no puede dejar de aprobar las acciones de la Inquisición. "El que admite---escribe---que la herejía es crimen gravísimo y pecado que clanla al cielo y que compromete la existencia de la sociedad civil; el que rechaza el principio de la tolerancia dogmática, es decir, de la indiferencia entre la verdad y el error, tiene que aceptar forzosamente la punición espiritual y temporal de los herejes, tiene que aceptar la Inquisición"~^^27^^.

Estima que la expulsión de los judíos de España, a fines del siglo XV, fue consecuencia inevitable de los estados de ánimo antihebreos, que supuestamente predominaron en la sociedad española del mismo siglo^^28^^.

``La decisión de los reyes católicos---afirma el erudita español---no era buena ni mala: era la única que podía tomarse; el cumplimiento de una ley histórica"^^29^^. Pero si _-_-_

~^^25^^ Véase una de las ediciones modernas: M. Menéndez y Pelayo. Historia de los Heterodoxos Españoles. Buenos Aires, 1945.

~^^26^^ M. Menéndez y Pelayo. Historia de los Heterodoxos Españoles, t. I. Buenos Aires, 1945, p. 51.

^^27^^ Ibíd., t. III, p. 284.

~^^28^^ El edicto real de 1492 ordeneba expulsar del país a los judíos no convertidos al catolicismo.

^^29^^ M. Menéndez y Pelayo. Historia de los Heterodoxos Españoles, t. II, p. 280.

15 incluso aceptáramos su punto de vista acerca de que todas las capas de la sociedad española del siglo XV estaban contra los judíos (en realidad, como veremos más adelante, esto no fue así), quedaría en pie la cuestión del desvalijamiento de los marranos^^30^^ y otras muchas víctimas por la Inquisición y la corona, que Menéndez y Pelayo pasa en silencio.

``Nada más repugnante que esta eterna lucha de razas, causa principal de decadencia para la Península"~^^31^^, dice el autor, pero no tiene escrúpulos en repetir fábulas acerca de los homicidios rituales atribuidos a los conversos. De todos modos, se ve precisado a reconocer que la expulsión de los judíos y la persecución por el Santo Oficio de los "cristianos nuevos" retardó la unidad religiosa en vez de estimularla^^32^^.

Para Menéndez y Pelayo, "la intolerancia es ley forzosa del entendimiento humano en estado de salud"^^33^^.

Sin embargo, no puede dejar de reconocer que la intolerancia encarnada en la Inquisición española beneficiaba a la monarquía feudal absolutista: "Pues qué, ¿hay algún sistema religioso que en su organismo y en sus consecuencias no se enlace con cuestiones políticas y sociales?... Nunca se ataca el edificio religioso sin que tiemble y se cuartee el edificio social"^^34^^.

Por lo demás, polemiza con los inclinados a considerar la Inquisición española como instrumento del absolutismo real: "eclesiástica era en su esencia, e inquisidores apostólicos, y nunca reales, se titularon sus jueces; y en el fondo, ¿quién dudará que la Inquisición española era la misma cosa que la Inquisición romana, por el género de causas en que entendía, y hasta por el modo de sustanciarlas?''^^35^^. Los métodos eran, en efecto, los mismos, pero no los objetivos. En España, la Inquisición sirvió de instrumento al absolutismo, mientras que la Inquisición apostólica representó ante todo los intereses de la Contrarreforma católica.

Pero la tesis más infundada y absurda de Menéndez y Pelayo es su afirmación de que el Santo Oficio era una forma peculiar de manifestación de la democracia en _-_-_

^^30^^ Así se llamaba a los judíos convertidos a la fe católica.

^^31^^ M. Menéndez y Pelayo. Historia de los Heterodoxos Españoles, t. II, p. 277.

^^32^^ Ibíd., p. 284.

^^33^^ Ibíd., t. III, p. 283.

^^34^^ Ibíd., p. 285.

^^35^^ Ibíd., p. 286.

16 la España de los siglos XV---XVIII. "Los mismos que condenan la Inquisición como arma de tiranía---dice---, tendrán que confesar hoy que fue tiranía popular, tiranía de raza y de sangre, fiero sufragio universal, justicia democrática, que niveló toda cabeza, desde el rey hasta el plebeyo, y desde el arzobispo hasta el magnate"~^^36^^.

Los hechos históricos refutan esta afirmación. La Iglesia y el poder real impusieron al pueblo español la Inquisición por medio de la fuerza y el terror. El pueblo aprovechó la primera oportunidad ofrecida por la historia para desembarazarse de esa forma de ``democracia''. El hecho de que todos los movimientos populares de España incluyeran enérgicas acciones anticlericales obedecía, en particular, al dominio secular de la Inquisición.

Para los heraldos actuales de la Inquisición española son muy típicos los puntos de vista sostenidos por el ya mencionado profesor de teología Nicolás López Martínez. Insiste en el derecho de la Iglesia y del poder seglar a perseguir y castigar a los herejes, porque la herejía "trae consigo perturbaciones injustas del orden social"~^^37^^. Es decir, reconoce francamente que la Inquisición estuvo al servicio de las clases explotadoras dominantes.

Cabe esta pregunta natural: si la Inquisición, como afirman sus apologistas, era una "institución sagrada" y apoyaba el orden social cristiano ideal, encarnado en la monarquía española, ¿por qué se derrumbó ese orden y desapareció a la vez ese instrumento de "providencia divina"? Porque, según López Martínez, la Inquisición actuó sin la suficiente resolución y no pudo eliminar totalmente "los movimientos heréticos o simplemente revolucionarios" que desgarraron España después de 1492^^38^^.

El historiador católico Vicente Palacio Atard llama a un estudio ``objetivo'' de la Inquisición. Para comprenderla ---declara---, es preciso renunciar al ardor polémico. Esto nos ayudará a entender---prosigue---que la Inquisición por sí sola no es en modo alguno buena ni mala, no es una institución de Derecho divino sino obra humana, y por esto imperfecta~^^39^^.

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^^36^^ Ibíd., t. IV, p. 100.

~^^37^^ N. López Martínez. Los judaizantes castellanos y la Inquisición..., p. 264.

^^38^^ Ibid., p. 374.

~^^39^^ V. Palacio Atard. Razón de la Inquisición. Madrid, 1954, p. 14.

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Palacio Atard invita a interpretar la Inquisición de manera justa y objetiva, teniendo en cuenta todas las circunstancias atenuantes: la época y las debilidades del hombre, la imperfección eterna de las instituciones humanas, el temperamento desmesurado de los españoles y así sucesivamente. Recuerda todo menos los crímenes de la Inquisición y sus víctimas. Esto no tiene nada de extraño, puesto que se propone disculpar y justificar a los verdugos del ``santo'' tribunal...

En América Latina, los regímenes reaccionarios inspirados en nuestros días por los imperialistas norteamericanos han heredado e incluso superado el afán de la Inquisición colonial (que desde luego no existe hace ya mucho en ese continente) por acosar a los portadores de ideas progresistas y los combatientes de la libertad y la independencia nacional, así como por sus métodos: el terror y el tormento.

Es natural por tanto que también aqui se encuentren abogados de la Inquisición colonial, dispuestos a justificar sus crímenes.

El historiador mexicano Alfonso Junco, en su libro Inquisición sobre la Inquisición^^40^^, se esfuerza por convencer a sus lectores de que el ``santo'' tribunal actuó en las colonias guiándose por móviles nobles; que aplicó las torturas de manera ``humana'', ``respetó'' a sus víctimas, reflejó los intereses ``democráticos'', significó un paso adelante en la jurisprudencia, protegió la cultura, etc. Naturalmente, no se toma la molestia de presentar pruebas que confirmen sus asertos (porque no las tiene). Dice que ensalza la Inquisición en interés de la verdad histórica. Pero su objetivo auténtico es otro: quiere justificar a los reaccionarios modernos que practican el terrorismo y persiguen a los líderes progresistas también por "móviles nobles'', alegando los intereses de la democracia y de la " civilización cristiana''.

Con el mismo cinismo descarado justifica a la Inquisición colonial el jesuita Mariano Cuevas en su historia de la Iglesia Católica de México, en cinco volúmenes. Declara que la Inquisición fue encomendada a las colonias españoles por la "providencia divina" y era una institución "renovadora sagrada''.

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~^^40^^ A. Junco. Inquisición sobre la Inquisición. México, 1956.

18

El jesuita Cuevas lamenta que sobre Nueva España^^41^^ se extendiera la mano amenazadora e implacable de la Inquisición, empuñando una espada enfilada contra el pueblo. Pero agrega en seguida que, debido a la perversión general del género humano, hay en el pueblo algunos individuos dañinos que no actúan en nombre del amor y de nobles ideales sino bajo la amenaza del fuego y la espada, cuyo empleo es por tanto necesario y muy deseable para que siga existiendo la sociedad. Hacen el tonto los que atacan el tribunal de la Inquisición, a cuyas acciones justas la sociedad debe, en medida considerable, los mejores años de su vida social y religiosa^^42^^.

Pero entre los apologistas modernos de la Inquisición hay también quienes estiman que poner por las nubes su actividad y tratar de justificar a toda costa sus crímenes lesionaría los intereses de la Iglesia y sería peligroso para ella. Se pronuncian---por lo menos de palabra---por una interpretación científica objetiva de la historia de la Inquisición, partiendo de que, para la Iglesia, la verdad más amarga es mejor que la mentira, especialmente porque la verdad auténtica sobre la Inquisición es ya del dominio público.

El padre de esa escuela clerical ``objetiva'' fue el abad francés E. Vacandard, que en 1906 publicó su historia `` crítica'' de la Inquisición, reeditada después muchas veces en varios idiomas. Vacandard censura a los autores clericales que justifican los criminales métodos de la Inquisición con los alegatos sobre la actividad de los tribunales laicos. "Del hecho de que la Inquisición de Calvino y de los revolucionarios franceses merezca ser reprobada por la humanidad no se infiere que la Inquisición de la Iglesia Católica deba escapar a toda censura... Tenemos que examinar y juzgar esa institución objetivamente, desde el punto de vista de la moral, la justicia y la religión, en lugar de comparar sus excesos con las acciones vituperables de otros tribunales"^^43^^.

Desarrollando esta idea, el abad Vacandard hace la siguiente advertencia a los abogados demasiado celosos del ``santo'' tribunal: "Hoy, un apologista católico falta a su deber si escribe únicamente para aleccionar al creyente. _-_-_

~^^41^^ Así se llamaba México durante el periodo de dominio español.

~^^42^^ Véase M. Cuevas. Historia de la Iglesia en México, v. III. México 1946, p. 152.

^^43^^ E. Vacandard. The Inuuisition..., pp. V-VI.

__PRINTERS_P_19_COMMENT__ 2* 19 Puesto que la historia de la Inquisición revelará cosas que nunca nos hemos imaginado, nuestros prejuicios no deben impedirnos afrontar honestamente los hechos. Lo que debe asustarnos más que nada es el reproche de temer la verdad"^^44^^.

Vacandard se compromete a escribir la verdad, únicamente la verdad. Pues bien, ¿cómo cumple este compromiso? Copia concienzudamente los hechos, ahora incontestables, sobre la actividad terrorista de la Inquisición, contenidos en los trabajos de H. Ch. Lea. Incluso reconoce que si bien los sumos pontífices, los concilios y los inquisidores no participaron de manera directa en el pronunciamiento de las sentencias de muerte, ellos estaban vitalmente interesados en la ejecución de los herejes entregados a las autoridades civiles para aniquilarlos. "Queda probado sin duda alguna, con hechos y documentos---citamos la misma obra---, que la Iglesia en la persona de sus papas aprovechó todos los medios a su alcance, incluyendo la excomunión, para que las autoridades laicas ejecutasen a los herejes. La excomunión suscitaba un miedo particular, ya que en virtud de las leyes canónicas se podía condenar a muerte a un excomulgado que no hubiese sido exonerado de esta pena durante un año. El único medio de evitarlo era cumplir dócilmente los veredictos de la Iglesia"~^^45^^.

El abad francés no niega la responsabilidad del Papado y la Iglesia por las fechorías de la Inquisición, pero trata de cohonestarlas. La Iglesia---dice---comunica a los hombres las verdades que ha conocido por medio de la revelación y que ellos necesitan para salvarse. "Si para defender esas verdades emplea en una época los medios que otra posterior declara vituperables, esto significa únicamente que sigue las costumbres e ideas dominantes en el mundo circundante. Pero la Iglesia se preocupa mucho por evitar que sus acciones sean consideradas por los hombres como regla infalible y eterna de justicia absoluta. Admite sin vacilar que puede equivocarse a veces en la elección de medios de gobierno. El sistema de defensa y protección adoptado por ella en la Edad Media demostró ser eficaz, por lo menos en cierto grado. No podemos sostener que fue absolutamente injusto o absolutamente inmoral"^^46^^.

_-_-_

~^^44^^ Ibíd., pp. VIH-IX.

~^^45^^ Ibíd.

~^^46^^ Ibíd., pp. 186--187.

20

Joseph de Maistre afirmó en su tiempo que no sabía nada de los crímenes de la Inquisición. En nuestro siglo, el abad Vacandard declara que sabe de ellos todo. Entonces, ¿reprueba la Inquisición? No, la justifica. ¿La Inquisición perpetró crímenes abyectos?---pregunta `` objetivamente''---. Sí, pero no conviene exagerarlos; además, la Iglesia está lejos de considerarse impecable.

¿Y las hogueras en que se consumían precisamente los que ponían en duda la impecabilidad de la Iglesia? El abad tiene reservada una respuesta sutil a esta pregunta ``insidiosa''. Reconoce que así fue, efectivamente, e incluso hace constar con satisfacción que la Iglesia aniquilaba con bastante éxito a los ``escépticos''. Pero agrega en seguida que esa matanza no era en modo alguno un "sistema de aplastamiento'', sino de ``defensa'', adoptado por la Iglesia contra los herejes que la amenazaban; que era un sistema que de ninguna manera puede tildarse de "absolutamente injusto y absolutamente inmoral''. Cabe, pues, esta conclusión: los culpables de las atrocidades cometidas por la Inquisición son los herejes; de no haberse cultivado la herejía, tampoco habría existido la Inquisición con sus crímenes...

En nuestro tiempo, los continuadores de Vacandard exponen la historia de la Inquisición desde las mismas posiciones ``objetivas'', tratando de justificar con toda clase de sofismas sus monstruosas acciones.

En opinión del obispo francés Célestin Douais, por ejemplo, la institución de los ``santos'' tribunales correspondía a los intereses de los herejes, protegiéndoles contra las tropelías, los asesinatos en masa y las persecuciones incontroladas por parte de las autoridades laicas, ansiosas de acaparar sus bienes. La Inquisición, en cambio, les aseguraba un procesamiento ``justo''. "Los tribunales de la Inquisición---afirma--- coadyuvaron también al mantenimiento de la civilización de la época, ya que reforzaban el orden y obstaculizaban la propagación de un mal virulento, defendían los intereses del siglo y resguardaban eficazmente la ideología cristiana y la justicia social"^^47^^.

Análogos son los puntos de vista expuestos por el prelado norteamericano Shannon. Según él, "el establecimiento de los tribunales inquisitoriales con jueces designados _-_-_

~^^47^^ C. Douais. L'Inquisition, ses origines, sa procédure. París, 1906, p. 63.

21 especialmente sobre una base permanente fue una consecuencia sin duda lógica, aunque no necesaria, del progreso de la legislación eclesiástica en materia de supresión de la herejía"^^48^^.

Parece que Bernard Shaw conoció perfectamente esos argumentos en pro de la Inquisición, ya que el inquisidor de su drama Santa Juana, escrito a comienzos de la tercera década de nuestro siglo, los repite casi textualmente en la escena donde es vista la causa de la Doncella de Orleans. "El hereje en las manos del Santo Oficio---dice este personaje del célebre satírico inglés---está a salvo de la violencia, se le asegura un proceso honesto y no ha de morir, aun siendo culpable, si el arrepentimiento sigue al pecado"~^^49^^.

¿Acaso no convergen esas disquisiciones con las de Vacandard y otros paladines fervientes de la Inquisición? Por lo demás, no todos los eclesiásticos, ni mucho menos, hacen suyos los susodichos criterios. El ya citado teólogo español Nicolás López Martínez, partidario de que la Iglesia esté facultada, también en nuestro tiempo, para emplear la coerción contra sus adversarios ideológicos, censura airadamente a Vacandard, culpándole de hacer concesiones a los enemigos de la Iglesia, de reservarle a ésta sólo el derecho a la influencia moral, aunque la práctica secular de la Inquisición y prestigiosas declaraciones de los maestros católicos refutan semejante ``librepensamiento''~^^50^^.

Por último, conviene mencionar una escuela más de historiadores burgueses de la Inquisición, los cuales estiman que su actividad iba enfilada principalmente contra los judíos^^51^^. Pero este modo de concebir la Inquisición no cuadra con la realidad histórica. Verdad es que en España y sus dominios de ultramar, así como en Portugal, los judíos fueron perseguidos en algunos períodos de actividad del Santo Oficio, pero en otros países católicos no sucedió así. Más aun, la población hebrea de los Estados pontífices no sufría las persecuciones de la Inquisición en general, y los banqueros judíos prestaron _-_-_

^^48^^ A. C. Shannon. The Popes and Heresy in the Thirteenth Century. Villanova, Penn., 1949, p. 57.

^^49^^ G. B. Shaw. Collected Plays. London, 1973, pp. 166--167.

~^^50^^ N. López Martínez. Los judaizantes castellanos y la Inquisición..., p. 269.

~^^51^^ Véase J. Amador de los Ríos. Historia social, política y religiosa de los judíos en España v Portugal, v. I---III. Madrid, 1875--1876; F. Baer. Die Juden in christlichen Spanien, Bd. I-III. Berlín, 1929; Abraham A. Neuman. The Jews in Spain, v. I---II. Philadelphia, 1944.

22 dinero a los papas incluso cuando sus correligionarios ibéricos eran acosados de la manera más feroz. Por otra parte, la Inquisición perseguía y condenaba invariablemente a los herejes plebeyos, a los librepensadores partidarios de la justicia social y enemigos del yugo colonial; a los científicos cuyos descubrimientos echaban por tierra los dogmas religiosos, a los luchadores por el progreso social, desde los reformadores de la Edad Media hasta los comunistas de nuestro tiempo.

Así pues, el lugar histórico de la Inquisición y sus objetivos y métodos de actividad siguen siendo un problema apasionante para los investigadores de tendencias diversas.

La Inquisición aún está lejos de ser una página cerrada de la historia. La disputa continúa...

__ALPHA_LVL2__ DESDE ADÁN Y EVA...

Existe una gran divergencia de opiniones sobre qué es, en rigor, la Inquisición y cuáles son sus límites cronológicos.

Si se entiende por Inquisición la condenación y persecución de los apóstatas por la Iglesia dominante, entonces habrá que extender sus límites cronológicos a toda la historia de la Iglesia cristiana---desde su surgimiento hasta la actualidad---, ya que los obispos vienen usurpando, a partir de la fase inicial del cristianismo, el derecho a condenar y excomulgar a los creyentes que consideren herejes.

Algunos investigadores abordan esta cuestión con un enfoque aún más amplio, estimando que la Inquisición es un atributo típico no sólo del catolicismo, sino también de las iglesias protestante y ortodoxa.

Si la Inquisición se concibe en sentido más estrecho, entendiendo por este término la actividad de los tribunales especiales de la Iglesia Católica que perseguían a los herejes, los límites cronológicos de la misma se reducen al período que abarca desde los siglos XII---XIII (surgimiento de dichos tribunales) hasta la primera mitad del siglo XIX (su liquidación total). Pero la congregación inquisitorial (Congregación del Santo Oficio) existió en el sistema de la curia romana hasta 1966.

Las interpretaciones ``amplia'' y ``estrecha'' de la Inquisición tienen sus partidarios tanto entre los historiadores eclesiásticos como seglares.

El primero en formular el punto de vista "amplio" 23 sobre la historia de la Inquisición fue Luis Paramo, inquisidor siciliano de origen español. Su tratado en latín De Origene et Progressu Officii Sanctae Inquisitionis, publicado en 1598 en Madrid, se considera como el primer trabajo sobre la historia de la Inquisición escrito con arreglo a la doctrina oficial de la Iglesia Católica. Ese tratado fue una especie de respuesta a las publicaciones protestantes en que se denunciaban los horrores de la Inquisición. Acuciado por el deseo de justificar la actividad del ``santo'' tribunal, Paramo afirmó que esa institución existía casi desde la "creación del mundo''. Según él, Dios fue el primer inquisidor, y Adán y Eva, los primeros herejes. La versión de Paramo es esta: Dios expulsó del paraíso a los primeros seres humanos después de someterles a un interrogatorio y juicio secretos. "Los inquisidores---sugirió---siguen el mismo procedimiento, imitando al propio Dios"~^^52^^.

En opinión de Paramo, el vestido que Adán y Eva se pusieron para cubrir su desnudez después de haber gustado impúdicamente el fruto prohibido era el primer sambenito, ropaje afrentoso que la Inquisición obligaba a llevar a los penitenciados, y la expulsión de ambos del paraíso representaba el primer castigo, la privación de la "bienaventuranza eterna'', prototipo de las confiscaciones posteriores por la Inquisición de los bienes de sus víctimas.

Pero Dios no se dio por satisfecho con ello; condenó a los seres humanos a padecer, hasta el "juicio final'', las incontables enfermedades y epidemias, los diluvios y terremotos, el frío, el hambre y las guerras; a sufrir los dolores de parto, a ganarse la vida con el sudor de su frente y a experimentar el horror a la muerte. La vida terrenal, incluso de los devotos, abunda en tormentos, penalidades y pruebas de todo género.

Los apologistas medievales de la Inquisición discurrían de la manera siguiente: Dios se mostró muy cruel para con los fundadores del género humano y los devotos, pero los descendientes de Adán y Eva suscitaron en él una ira sin límites. ¿Acaso no aniquiló por medio de un diluvio a toda la humanidad, dejando con vida sólo a Noé y sus familiares?; ¿no quemó vivos a todos los habitantes de Sodqma y Gomorra (``llovió del cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego"^^53^^; _-_-_

~^^52^^ Citado según Le Manuel des Inquisiteurs, á l'usage des Inquisitions d'Espagne et de Portugal. Lisbonne, MDCCLXII, pp. 182--183.

~^^53^^ Biblia. Génesis, cap. 19, verso 24.

24 o bien arrojando una bomba atómica, según algunos intérpretes ultramodernos de la Biblia)?; ¿no aniquiló a 14.700 seres humanos, que habían osado manifestar disgusto contra Moisés durante las peregrinaciones de los judíos en el desierto? ¿Acaso, no envió serpientes abrasadoras contra los que empezaban a "enfadarse del viaje"^^54^^? ¿No mató a los 50.070 habitantes de la ciudad de Betsames, por la única culpa de haber echado una ojeada dentro del arca del Señor?

En comparación con esas degollinas perpetradas por el Dios bíblico (hemos mencionado sólo unas cuantas), los crímenes del inquisidor Torquemada se presentan como juegos de niños.

Además de ser en extremo cruel e implacable para con los que se apartaban de sus mandamientos o interpretaban erróneamente sus misteriosos "caminos inescrutables'', exigió a sus partidarios que se comportasen de manera análoga, que tratasen con crueldad e implacabilidad a todos los apóstatas, especialmente a quienes hubieran intentado ``desviar'' a los ortodoxos. Aleccionó así a sus adeptos, en el Antiguo Testamento: "Si un hermano tuyo, un hijo de tu madre, si tu hijo o tu hija..., quisiera persuadirte, y te dijere en secreto: vamos y sirvamos a los dioses ajenos, no conocidos de ti, ni de tus padres... No condesciendas con él, ni le oigas, ni la compasión te mueva a tenerle lástima, y a encubrirle. Sino que al punto le matarás: tú serás el primero en alzar la mano contra él, y después hará lo mismo todo el pueblo"~^^55^^.

Según Paramo, Jesucristo fue "el primer inquisidor del Nuevo Testamento. Asumió las funciones de inquisidor dos días después de nacer, al anunciar su aparición en el mundo a través de tres reyes magos y matar, posteriormente, a Herodes, haciendo que lo devoraran los gusanos... Después de Jesucristo desempeñaron el cargo de inquisidor San Pedro, San Pablo y otros apóstoles, y lo legaron a los papas y obispos posteriores"~^^56^^.

Así pues,---anotaba complacido Paramo---, "el árbol de la Inquisición verdeaba y florecía, extendiendo sus raíces y ramas por el mundo entero y reportando frutos dulcísimos"~^^57^^.

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~^^54^^ Biblia. Los Números, cap. 21, versos 4, 6.

^^55^^ Biblia. Deuteronomio, cap. 13, versos 6, 8 y 9.

~^^56^^ Le Manuel des Inquisiteurs..., p. 190.

^^57^^ Ibid., p. 191.

25

Está claro que semejantes referencias a la Biblia permitían a los eclesiásticos probar el origen ``legítimo'' y ``divino'' del ``santo'' tribunal, e insistir a la vez en su carácter sempiterno.

Las autoridades clericales se empeñaron en parafrasear en todos los tonos, durante siglos, el punto de vista de Paramo sobre la Inquisición. Lo repitió entre otros Marino Marini, uno de los ayudantes más próximos del Papa Pío IX, en un tratado sobre el santo proceso inquisitorial promovido a Galileo. Dijo así: "El tribunal inquisitorial es tan antiguo que debe considerarse como su fundador y legislador al propio Jesucristo"^^58^^.

Los panegiristas modernos de la Iglesia reconocen a su vez que ésta persiguió durante toda su historia las herejías y a los herejes. Según el ya citado W.Th. Walsh, la Iglesia "durante dos mil años ha sido intolerante con toda clase de error, donde quiera que haya aparecido, especialmente con el error que ofendía a la Majestad de Dios... Así pues, la intolerancia no es su característica más distinguida y esencial, sino sencillamente un arma defensiva confiada a ella junto con su divina misión"^^59^^. E. Vacandard sustentaba posiciones análogas. Fechó en los siglos IV---V de n.e. el primer período de la Inquisición, en que los obispos, siguiendo el ejemplo de Pedro y Pablo, excomulgaron y anatematizaron a los cristianos que se hubieron apartado de las doctrinas oficiales.

Bien entendido que, inicialmente, la Iglesia no estaba en condiciones de ensañarse con los presuntos apóstatas. Sólo en el siglo IV, al implantarse en el Imperio Romano el cristianismo como religión dominante, pasó de las ``palabras'' (excomuniones) a los ``hechos'' (violencias).

El mismo enfoque ``amplio'' de la historia de la Inquisición es propio también de algunos historiadores laicos. Así, en el artículo de la Enciclopedia Británica dedicado a la Inquisición se dice: "Es incorrecto decir que la Inquisición apareció en forma acabada, con todos sus principios y órganos, en el siglo XIII. Fue resultado de una evolución o, más exactamente, de un avance de este proceso, cuyo comienzo se remonta por lo menos al siglo IV"^^60^^.

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^^58^^ M. Marini. Galileo e l'lnquisizione. Memorie storico-critiche dirette alia Romana Accademia di archeologia. Roma, 1850, p. 11.

^^59^^ W. Th. Walsh. Personajes de la Inquisición, p. 331.

^^60^^ Encyctopaedia Britannica, v. 12. Chicago, 1947, p. 377.

26

El autor del artículo divide la historia de la Inquisición en dos grandes períodos: el episcopal (siglos IV---XIII), en que los herejes fueron perseguidos por obispos, y el monacal (siglos XIV---XIX), cuando actuaron los tribunales inquisitoriales dirigidos por monjes dominicos y franciscanos.

En la historiografía rusa de antes de la revolución, los períodos de la Inquisición se delimitaban de la misma manera. Entre los adeptos de esa delimitación figuraron M. Pokrovski^^61^^ y el conocido hispanista V. Piskorski. Este último distinguía, además de las inquisiciones episcopal y monacal, la española (a partir de 1480, año en que empezó a funcionar con el nombre de Suprema)^^62^^.

En la historiografía soviética de los años veinte predominó una interpretación amplia de la historia de la Inquisición. Este punto de vista ha sido formulado así, en unas notas de conclusión para el libro La Santa Inquisición, de S. Lozinski: "El comienzo de la Inquisición (en otra forma y con un nombre distinto) coincide con el de la propia Iglesia cristiana. De la misma manera es incorrecto limitar cronológicamente la Inquisición a los siglos medievales, pues subsiste hasta ahora. Entre los órganos de administración pontificial en Roma sigue existiendo la Congregación del Santo Oficio. Si bien, actualmente, la Iglesia no promueve juicios contra sus enemigos, no los tortura ni los quema, esto se explica exclusivamente por la circunstancia de que las autoridades laicas no obedecen a la Iglesia cuando exige ejecutar los veredictos de sus tribunales"^^63^^.

Por supuesto que la Inquisición no surgió en el vacío. La fundación de los ``santos'' tribunales iba precedida por la lucha secular de las altas jerarquías eclesiásticas contra las herejías, en el curso de la cual cristalizaron los argumentos teológicos en pro de la necesidad de someter a los herejes a toda clase de violencias, incluyendo la muerte. No fue una tarea fácil, puesto que para justificar la Inquisición, los teólogos se vieron precisados a suplantar la "religión del amor'', que dice ser el cristianismo, por la "religión del odio''. Esa metamorfosis tardó siglos en consumarse.

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^^61^^ M. Pokrovski. Las herejías medievales y la Inquisición. En: Crestomatía de historia de los siglos medievales, fase. 2. M., 1897, p. 681.

^^62^^ V. Piskorski. Inquisición. Diccionario enciclopédico de Brokgauz y Efrón, t. XIII, Spb, 1894, p. 180.

^^63^^ S. G. Lozinski. La Santa Inquisición. M., 1927, p. 298.

27

El obispo francés Célestin Douais, que ya es conocido por el lector, afirmó lo siguiente (sin negar que la Iglesia se manifestaba siempre contra los disidentes): el rasgo distintivo de la Inquisición no es tanto el carácter del crimen sometido a su consideración, el procedimiento judicial o la forma de castigo, como la presencia de un juez permanente autorizado para perseguir a los herejes^^64^^. A. Shannon, sacerdote e historiador norteamericano de la Inquisición, compartía enteramente esta opinión. "La Inquisición propiamente dicha---señaló---fue una institución establecida por la Santa Sede en la que los jueces estaban designados especialmente para investigar, procesar y pronunciar sentencias a los herejes"^^65^^. Dijo que el propio término ``inquisición'' se emplea en la terminología eclesiástica sólo desde el surgimiento de los tribunales inquisitorios.

No se puede estar de acuerdo con el inquisidor Paramo, quien asociaba el comienzo de la Inquisición a la dura acción del Altísimo contra Adán y Eva, ni tampoco con el obispo Douais, inclinado a reducir la historia del Santo Oficio a la actividad de los ``santos'' tribunales. El caso es que desde los albores de la Iglesia cristiana, los obispos, comprendidos los pontífices romanos, estuvieron investidos de los poderes inquisitoriales (del derecho a inquirir, juzgar y castigar a los herejes) y usaron de ellos durante toda la historia de la misma. Así ocurre también ahora, conforme al Derecho Canónico vigente, aunque la Congregación del Santo Oficio ha sido disuelta. Los concilios ecuménicos han gozado y gozan de derechos análogos. Estos hechos obligan a reconocer que los ``santos'' tribunales no eran, ni mucho menos, la única forma de Inquisición.

Los períodos de la Inquisición y la sistematización de su historia revisten una forma más desplegada en la concepción del historiador progresista italiano Riccardo Longone, quien destaca en la historia del Santo Oficio las etapas siguientes: la Inquisición ``primitiva'', que existió en la fase inicial del cristianismo; la imperial, que ejercían los prefectos y gobernadores romanos por indicación de los emperadores cristianos; la episcopal, desde la descomposición del Imperio Romano hasta el siglo XIII; la Inquisición propiamente dicha (``santo'' tribunal), encabezada por el Papa y administrada _-_-_

~^^64^^ Véase C. Douais. L'¡nquisition, ses origines, sa procédure, p. 40.

~^^65^^ A. C. Shannon. The Popes and Heresy..., p. 48.

28 directamente por los dominicos y los franciscanos; la estatal, que existió en la misma época y fue ejercida conjuntamente por las autoridades laicas y eclesiásticas (por el príncipe, rey o emperador) con el apoyo de la jerarquía clerical; la española, bajo el mando del gran inquisidor, nombrado por el rey y aprobado en su cargo por el sumo pontífice; la colonial (española y portuguesa) y, por último, la general o ecuménica, denominada también romana -es decir, la Congregación del Santo Oficio-, que existió desde 1542 hasta la época contemporánea^^66^^.

Sin embargo, es difícil establecer aquí límites fijos. En la intrincada historia multisecular de la Iglesia Católica, no es siempre posible delimitar la actividad inquisitorial de los obispos y la efectuada por los ``santos'' tribunales. Se sabe que, aun cuando existía la Inquisición, la Iglesia se valió de obispos u otras instancias eclesiásticas para aniquilar a sus adversarios ideológicos, como sucedió en el caso de Lutero o en el de la ejecución de Juan Hus por orden del Concilio de Constanza, que hizo las veces de tribunal inquisitorio. También hubo casos en que el ``santo'' tribunal transmitía sus funciones y poderes inquisitoriales a obispos o a los delegados de órdenes monacales. Así, poco después de la aparición de las colonias de España en América, la Inquisición española delegó su potestad en los jerarcas clericales de aquéllas. Una vez suprimidos los tribunales inquisitorios, en el siglo XIX, volvieron a asumir sus funciones los obispos, que seguían castigando a los apóstatas por medio de penitencias y excomuniones, si bien la falta de apoyo por parte de las autoridades laicas les impedía reprimir físicamente a los desobedientes.

Los historiadores clericales contemporáneos, por causas harto comprensibles, tienden a considerar el tribunal inquisitorio como fenómeno típico sólo para algunos países cristianos y ajeno a la Iglesia en su conjunto. Pero varios investigadores prestigiosos sustentan el punto de vista contrario. Así, el científico francés Jean Guiraud estima que "la Inquisición no era propia de una sola nación o un solo país; actuó en casi todos los países cristianos donde la herejía se levantaba contra la Iglesia... La amplitud de sus acciones varió según las circunstancias y los países"^^67^^.

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~^^66^^ Véase R. Longone. Uccideteli luíti poi dio riconoscera i suoi. En: Vie Nuove. Roma, 1961, N° 27, p. 24.

~^^67^^ J. Guiraud. Histoire de l'lnquisition..., v. I, p. VIII.

29

En la historiografía es discutible también la fecha del surgimiento de los tribunales inquisitorios. Los investigadores divergen sobre este particular.

El conocido historiador alemán del siglo XIX, F. Ch. Schlosser, autor de una historia universal en 18 tomos, de la que hizo extractos Marx, fechó el comienzo de la Inquisición en el período comprendido entre los años 1198 y 1230. En los célebres Extractos cronológicos de Marx, los puntos de vista de Schlosser se exponen de la manera siguiente:

``1198: Inocencio ///se hace Papa; en seguida establece una comisión de investigación y persecución de la herejía, nombra sus legados a un monje cisterciense y a otro, de la misma orden: Pedro de Castelnau; les entrega mandatos escritos, en los que se contienen todos los elementos de los procesos judiciales posteriores contra los herejes (es decir, de la Inquisición)...

La persecución de los herejes arrecia desde que se asocian a los legados papales el venerable ``santo'' (perro) Domingo (fundador de la orden dominica) y otros eclesiásticos españoles fanáticos, que incitan a intervenir también al rey de Aragón...

1229: Gregorio IX implanta, con aprobación del ``santo'' Luis IX, los tribunales religiosos o inquisitoriales contra los herejes... (se hacía comparecer ante esos tribunales, independientemente del estado social, al que hubiera ofrecido amparo o protegido a herejes, o bien hubiera negado ayuda a sus persecutores).

1230: el poder terrible de esos tribunales se quita a los obispos para encomendarlo a la orden dominica mendicante, fundada hace veinte años; por acuerdo del Concilio, los sacerdotes, amenazados con la destitución, se convierten en servidores policíacos de la Iglesia (espías) y verdugos de sus parroquianos. En el país se producen en uno que otro lugar insurrecciones, en algunas ciudades se expulsa a los inquisidores, etc.''^^68^^.

En las publicaciones anteriores a la revolución y en las soviéticas existen puntos de vista diversos sobre este particular. Ajuicio de M. Pokrovski, la Inquisición "se formalizó" entre 1184 y 1252. "En 1184 -dijo-, Lucio III ordenó poner a disposición de las autoridades laicas a los herejes para su _-_-_

^^68^^ Archivo de Marx y Engels, t. V. M., 1938, pp. 235, 240--241.

30 castigo, pero la investigación previa incumbía al obispo local; esto suponía una gran ventaja para el acusado, porque los obispos estaban ligados a la población local por lazos demasiado estrechos para provocar su descontento con actos de crueldad. Los papas, según parece, trataron de ser moderados en la medida de lo posible; Inocencio III aún prohibía aplicar a los herejes las pruebas del agua y del hierro candente. En 1232, Gregorio IX delegó enteramente en los dominicos la persecución de los sectarios. Dicha orden, formada y desarrollada en las batallas con los herejes y exenta de cualesquiera ideas y preocupaciones mundanas, fue tanto más inexorable que el obispo como superior a él en el aspecto ascético. Hay razones muy fundadas para considerar la sustitución de la Inquisición episcopal por la dominica como nuevo paso en la escalada de la intolerancia. En 1252, habiendo permitido Inocencio IV torturar a los sospechosos de herejía, el proceso inquisitorial cobró su forma definitiva"^^69^^. A continuación se lee en la citada obra de M. Pokrovski: "Lo mismo que el celibato, la Inquisición no se implantó de la noche a la mañana. Pero una vez aprobados por la Iglesia, ésta no desistió del primero ni de la segunda. Únicamente cuando el catolicismo se había visto privado del apoyo material de las autoridades laicas, la persecución cesó por hacerse imposible físicamente"^^70^^.

En opinión del historiador soviético B. Ramm, la Inquisición como tribunal se formó en el período comprendido entre fines del siglo XII y 1232, año en que Gregorio IX transmitió las funciones inquisitoriales a los dominicos^^71^^. Pero en la misma Historia de la Edad Media de que forma parte el trabajo de B. Ramm, en el cuadro cronológico (compuesto por V. Románova), se señala que "la Inquisición se organizó" en 1209.

I. Enguelgardt estima que la Inquisición "fue establecida en la época de las guerras albigenses por el Papa Inocencio III (1198---1216)" y se institucionalizó definitivamente en tiempos de Gregorio IX (1227--1241)^^72^^.

Jean Guiraud asocia el surgimiento de la Inquisición con los años 1227---1229, cuando los dominios del conde de Tolosa pasaron a la corona francesa y "las autoridades eclesiásticas _-_-_

~^^69^^ M. Pokrovski. Las herejías medievales v la Inquisición, p. 681.

^^70^^ Ibíd., p. 682.

~^^71^^ Véase Historia de la Edad Media, t. I. M., 1966, p. 495.

~^^72^^ Véase Enciclopedia histórica soviética, t. 6. M., 1965, p. 36.

31 y seculares empezaron a colaborar con fines de búsqueda y castigo de los herejes"^^73^^.

El clérigo norteamericano Shannon supone que la Inquisición "no tenía el día de nacimiento'', pero fecha su comienzo en 1231, año en que sobre la base de un edicto de Gregorio IX, que excomulgaba a todos los apóstatas, se nombraron en Roma inquisidores autorizados no sólo para inquirir, sino también castigar a los herejes^^74^^.

Esa disparidad de fechas se explica probablemente por la gran abundancia de documentos papales de todo género, enfilados contra los herejes y muy afines por su contenido, que se editaron en los siglos XII y XIII. Nosotros nos inclinamos a considerar que la Inquisición en forma de tribunal especial cristalizó en la primera mitad del siglo XIII.

Tan sólo uno de los investigadores---el norteamericano Henry Charles Lea (1825---1909)---trató de escribir una historia general de la Inquisición con todas sus etapas y ramificaciones, pero no logró realizar enteramente su propósito. La actividad de la Congregación del Santo Oficio (Inquisición papal) quedó sin dilucidar en su trabajo, tal vez porque le faltara tiempo, o bien por falta de documentación u otras causas que ignoramos.

El hecho de que Lea y otros historiadores -en particular, Jean Guiraud^^75^^---que trataron de abarcar toda la historia de la Inquisición hicieran caso omiso de dicho tema, prepara, a nuestro juicio, una especie de coartada para los papas respecto a los crímenes de la Inquisición. Se crea así la falsa impresión de que la Santa Sede no tenía nada que ver con la actividad de los tribunales inquisitoriales, aunque en realidad fue la principal inspiradora y organizadora de la Inquisición a escala universal, variando en el curso de los métodos y formas de su actividad, así como los objetos de persecución.

Otro defecto no menos sustancial (propio de muchos historiadores laicos de la Inquisición) consiste en considerarla únicamente como una institución medieval que defendía los intereses de la Iglesia feudal y del feudalismo en general. Mas la historia de la Inquisición termina en el siglo XX.

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~^^73^^ J. Guiraud. Histoire de l'Inquisition..., v. I, p. 419.

~^^74^^ A. C. Shannon. The Popes and Heresy..., pp. 60---61.

~^^75^^ J. Guiraud califica la Congregación del Santo Oficio y la Inquisición española, establecida en 1481, de inquisiciones de la "época moderna'', a diferencia de la medieval de los siglos XII---XV, que se investiga en su trabajo (J. Guiraud. Histoire de l'Inquisition..., v. I, p. IX).

32

Las historiografías burguesa y eclesiástica son incapaces de explicar la Inquisición, sus orígenes, las diferentes formas de su acción, las causas de su longevidad. Los historiadores anticlericales declaran que la Inquisición es fruto de la ``viciosidad'' orgánica de la Iglesia Católica, de la intolerancia como rasgo típico del catolicismo, desatendiendo que las iglesias cristianas protestante, ortodoxa y otras, como asimismo otras religiones, persiguieron a sus adversarios con no menor encono. Los abogados clericales modernos de la Inquisición, lamentando hipócritamente sus ``excesos'', la presentan sin embargo como instrumento de "providencia divina'', valiéndose del cual la Iglesia impidió la descomposición de la sociedad, y en el caso de España, contribuyó a la cohesión y unidad nacionales.

El surgimiento de las herejías y la Inquisición que las perseguía pueden explicarse científicamente sólo en base a la concepción marxista de la historia. La clave de esos fenómenos debe buscarse en la lucha de clases, que desgarraba la sociedad feudal, y en la posición ocupada allí por la Iglesia Católica que, según la expresión certera de Engels, rodeaba "a las instituciones feudales del halo de la consagración divina"~^^76^^. Marx y Engels fueron los primeros en revelar el intríngulis social de las herejías medievales. Engels mostró que "todos los ataques expresados en forma general contra el feudalismo, y en primer lugar los dirigidos contra la Iglesia, todas las doctrinas revolucionarias---sociales y pol'ticas--- debieron ser simultáneamente, por excelencia, herejías teológicas"~^^77^^.

En el período de descomposición del régimen feudal, los ``santos'' tribunales, como señaló Marx refiriéndose a la Inquisición española, pasan a servir, bajo el absolutismo, de poderoso medio de represión de sus adversarios. Desde comienzos del siglo XVI, España y Portugal se valen de la Inquisición para reprimir el movimiento liberador de los pueblos de América y Asia contra el yugo colonial; durante el Renacimiento, la Inquisición combate la concepción humana y realista del mundo; en el siglo XVIII declara la guerra a los representantes de la Ilustración y filósofos materialistas, y en el siglo XIX, _-_-_

~^^76^^ F. Engels. Del socialismo utópico al socialismo científico. Prólogo a la edición inglesa. C. Marx y F. Engels. Obras, ed. en ruso, t. 22, p. 306.

~^^77^^ F. Engels. La guerra campesina en Alemania. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 7, p. 361.

__PRINTERS_P_33_COMMENT__ 3-323 33 a los patriotas ansiosos de emancipar las colonias, a los luchadores por la unificación de Italia y por las reformas democráticas en España; la Congregación del Santo Oficio se opone al movimiento obrero naciente, al socialismo, anatematiza la revolución de 1848 y la Comuna de Par's; por último, en el siglo XX, ve a su enemigo principal en el comunismo, en la Unión S viética y otros países del campo socialista.

Así pues, durante toda su historia multisecular, la Inquisición estuvo al servicio del feudalismo y el absolutismo, del colonialismo y el capitalismo. En la Edad Media, su actividad se asociaba con las mazmorras, las torturas y los autos de fe; en las épocas moderna y contemporánea, habiendo sido privada de esas funciones de verdugo, recurrió a métodos más refinados, utilizando como armas los anatemas, las excomuniones y los índices de libros prohibidos, entre los que figuran las obras de muchos científicos y pensadores progresistas de renombre.

Lenin hizo constar que "todas las clases opresoras sin excepción necesitan, para salvaguardar su dominación, dos funciones sociales: la función del verdugo y la función del cura"~^^78^^. La Iglesia, a través de la Inquisición, compaginaba en sí ambas funciones, hasta que la burguesía le quitó, junto con la propiedad territorial, la función del verdugo, dejándole sólo la del cura.

Así es, dicho brevemente, la contextura histórica de la Inquisición, que arremetió contra los herejes y apóstatas medievales, los enemigos personales de los papas y de otros jerarcas clericales, la población convertida por la fuerza al catolicismo, los pueblos sojuzgados de las colonias, los humanistas que censuraban el oscurantismo religioso, los enemigos del poder absolutista, los ilustradores y filósofos materialistas, los grandes sabios, los patrióticos luchadores por la independencia de las colonias, los partidarios de la separación de la Iglesia del Estado, los escritores realistas, los primeros dirigentes obreros, los socialistas, los comunistas y los pensadores progresistas de nuestra época. La Inquisición siempre defendió los intereses de las clases gobernantes. En ello, precisamente, se debe buscar el por qué de la tan larga existencia de esa institución terrorista, asombrosamente _-_-_

~^^78^^ V. I. Lenin. La bancarrota de la II Internacional. Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 26, p. 237.

34 vital, pero también en ello, como verá a continuación el lector, residen las causas de su caída.

Después de que en Rusia, potencia mundial, bajo los poderosos embates de la Gran Revolución Socialista de Octubre, se derrumbara por primera vez en la historia del género humano el régimen de injusticia social y de dominio de los explotadores, consustancial a la Iglesia, y se abriera para la humanidad el camino de la construcción de una sociedad justa en la tierra, la Congregación del Santo Oficio se opuso con redoblado furor a las ideas progresistas, al marxismo-leninismo. Pero esta vez se trató de convulsiones postreras. Por cierto que la agonía penosa de la Inquisición duró mucho tiempo, pero ningún ``milagro'', ningún exorcismo místico ni, menos aún, la desbocada prédica anticomunista, podían restituirle su antiguo poder. La propia Iglesia firmó la sentencia de muerte al Santo Oficio. Al fin y al cabo, en 1966, ese monstruo decrépito, hijo de supersticiones y prejuicios seculares, mimado por la Iglesia y los todopoderosos, exhaló su último suspiro.

Este suceso pasó casi desapercibido en el mundo, que desde hacía ya mucho tiempo lo consideraba cadáver al recién fallecido. Así se cerraron los anales multiseculares de la Inquisición, cuya actividad represiva no pudo, en última instancia, impedir la marcha ascensional de la historia.

__ALPHA_LVL2__ COMO SE REVELARON SUS CRÍMENES

El ``santo'' tribunal era una institución secreta. Sus servidores juraban solemnemente no divulgar nada concerniente a su actividad. Las víctimas prestaban el mismo juramento. Los culpables de haber propalado secretos de la Inquisición corrían el peligro de ser castigados tan implacablemente como los herejes.

Los inquisidores se afanaron por ocultar todos los aspectos de su actividad no sólo, y no tanto, por temor a que la revelación de sus sangrientas fechorías pudiera causarles daño o menoscabar el prestigio de la Iglesia. Esto es lo que menos les preocupaba, porque consideraban sus crímenes como una "santa causa" sancionada por el propio vicario de Jesucristo y por las autoridades laicas. Tenían el orgullo de su título inquisitorial, de ser inquisidores, en prueba de lo cual ejecutaban públicamente a sus víctimas en los "autos de fe" solemnes.

El afán de velar celosamente sus acciones se explicaba 35 sobre todo por el miedo a que el conocimiento de los métodos por ellos empleados pudiera amenguar su eficacia y los herejes lo aprovecharan para oponer resistencia al ``santo'' tribunal, borrar las huellas y perfeccionar las organizaciones `` clandestinas''. Porque cuanto menos sabía un hereje de los procedimentos de la Inquisición, tanto más temblaba por su vida y más fácil era identificarlo, prenderlo, obligarle a reconocer su ``culpa'' y a ``reconciliarse'' con la Iglesia.

El Renacimiento quitó el velo de misterio que ocultó la actividad de la Inquisición católica por espacio de muchos siglos. Los humanistas y los protestantes denunciaron las acciones monstruosas del ``santo'' tribunal~^^79^^. En los países protestantes se publicaron memorias de algunos antiguos presos de la Inquisición que se habían evadido de sus cárceles. En ellas describían detalladamente las ferocidades cometidas por los ``santos'' padres, los suplicios y torturas que padecían sus víctimas. Esas publicaciones se extendían con extraordinaria rapidez por toda Europa, suscitando en todas partes la ira e indignación contra el Santo Oficio. Una de ellas titulada Acciones de la santa Inquisición (Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes aliquot detectae et palam traductae), obra de Raimundo González de Montes, ex recluso de la Inquisición en Sevilla, vio la luz en Heidelberg en 1567 y al cabo de dos años estaba ya traducida al francés, alemán, inglés y holandés.

Tuvo resonante éxito también la narración hecha por el francés Gabriel Dellon, sobre los infortunios que había padecido en las mazmorras de la Inquisición portuguesa en Goa (la India)^^80^^; se dio a la imprenta en Leyde (Holanda) en 1687 y durante los dos siglos posteriores fue editada 20 veces en varios países y en diversos idiomas.

Esa literatura acusatoria dio lugar a muchas obras teológicas apologéticas, cuyos autores abogaron por el derecho de la Inquisición a perseguir a los herejes; pero al hacerlo, propalaban involuntariamente los secretos de la misma, _-_-_

~^^79^^ Según datos muy incompletos de la bibliografía compuesta por E. van der Vekené, en el siglo XVI se editaron 109 libros y folletos sobre la Inquisición; eran 191 en el siglo XVII, 137 en el XVIII, 710 (todo género de publicaciones, comprendidos los artículos de revista) en el XIX y 859 en el XX hasta 1961, inclusive (E. van der Vekené. Bibliographie der Inquisition...).

~^^80^^ G. Dellon. Relation de l'Inquisition de Goa. Leyde, 1687.

36 facilitando con ello a sus adversarios nuevos argumentos para atacar el ``santo'' tribunal.

Además, los eclesiásticos se denunciaron a sí mismos al encomiar obras tan feroces como El martillo de las brujas. Esa composición de los inquisidores J. Sprenger y E. Institoris, utilizada como guía por sus colegas en la obra de aniquilar a las ``brujas'', se publicó por primera vez en la novena década del siglo XV y alcanzó varias ediciones en los países católicos.

En 1692 vio la luz un extenso trabajo de Felipe Limborch dedicado a la historia de la Inquisición, en el que se describían por primera vez sus actividades en Francia, Italia y otros países, con alegatos respecto a los documentos pontificios y a las disposiciones de varios concilios. En la literatura del siglo XVIII sobre la Inquisición predominaron los panfletos. Y no podía ser de otro modo, puesto que los archivos del Santo Oficio no estaban al alcance de los autores que denunciaban sus acciones.

Como resultado de la revolución francesa de 1789, la burguesía triunfante acabó con la Inquisición y arrancó los candados de sus archivos secretos en varios países. Napoleón suprimió la Inquisición en todos sus dominios, comprendida España. Precisamente en España, donde ella hacía los mayores estragos, se publicaron por primera vez, en 1812---1813, dos tomos de documentos auténticos relativos a su actividad^^81^^. Lo hizo Juan Antonio Llórente (1756---1823), ex secretario de la Inquisición española, de cuya pluma salió poco después la primera historia documentada de la Suprema.

Llorente experimentó la influencia de las ideas de la Ilustración del siglo XVIII y, lo mismo que algunos otros liberales españoles, colaboró con José Bonaparte esperando que los franceses aplicarían en España las reformas progresistas indispensables. Por encargo de las autoridades francesas, Llórente empezó a escribir la historia de la Inquisición española, cuyos archivos estaban a su disposición. La derrota de Napoleón le obligó a huir de España; se instaló en París y publicó allí, en 1817---1818, su trabajo de cuatro tomos en francés. Habiendo regresado a Madrid, después de la revolución triunfante de 1820, editó en esa capital _-_-_

~^^81^^ J. A. Llórente. Anales de ¡a Inquisición en España. Desde el establecimiento de la Inquisición por los reyes católicos hasta el año 1808, v. I-II. Madrid, 1812--1813.

37 y en Barcelona la misma obra en español. El libro de Llórente, traducido a muchos idiomas europeos, alcanzó 24 ediciones^^82^^. Su versión rusa apareció en 1936 en Moscú.

La Historia crítica de la Inquisición en España---así se llama esa mongrafía basada en muchísimos documentos de archivo---presentó al mundo el auténtico cuadro de la cruenta actividad de los ``santos'' tribunales españoles. La Iglesia Católica y sus apologistas hasta hoy tratan en vano de refutar a Llórente, acusándole de imprecisiones, exageraciones y defectos de estilo; además se esfuerzan por desprestigiarlo en el plano personal; dicen que era criatura de los franceses y punto menos que truhán, insinuando que se había apropiado de fondos de la Inquisición.

Sin embargo, sean cuales fueren las deficiencias de la obra de Llórente, ella sigue siendo también hoy, siglo y medio después de su primera publicación, una de las fuentes principales para la historia de la Inquisición española. Ningún investigador, sea adversario o panegirista del ``santo'' tribunal, puede pasar por alto ese trabajo.

El valor de la investigación realizada por el ex secretario general de la Inquisición española consiste sobre todo en que el autor aduce hechos y documentos cuya autenticidad está fuera de dudas.

Cabe decir que en el siglo XIX, la historiografía de la Inquisición estuvo en pleno florecimiento. Aparecieron muchísimas obras de la más diferente especie, entre ellas monografías y recopilaciones de documentos sobre la historia de la Inquisición y de las doctrinas heréticas en España, Francia, Italia y Alemania. Dadas la abundancia y variedad de esas publicaciones, parecía que todo intento individual de escribir una historia de la Inquisición que abarcara todos los países y todas las épocas sería, según la expresión del historiador francés Carlos Molinier, una "empresa casi quimérica''.

Sin embargo, se encontró un investigador capaz de realizar esta empresa verdaderamente grandiosa. Por paradójico que parezca fue el ya mencionado Henry Charles Lea, editor y librero, que, lejos de ser historiador profesional, se dedicó a la historia de la Inquisición como diletante en los ratos _-_-_

~^^82^^ Su exposición popular por Leonard Gallois, publicada en París en 1822, se imprimió 16 veces en varios idiomas (dos veces en ruso); otro libro al alcance de todos, basado en el de Llórente, obra de la escritora francesa Suberwick (conocida con el seudónimo V. de Féréal) alcanzó en 88 años (de 1845 a 1933) 40 ediciones.

38 de ocio. No pudo estudiar personalmente los archivos de Europa porque nunca estuvo en ese continente. Mas como era un hombre rico, encargó de ello a unos corresponsales, que a su pedido escudriñaron todos los archivos europeos accesibles en busca de los documentos necesarios y durante muchos años enviaron sus copias a Estados Unidos. Disponiendo de estos datos, y gracias a sus relevantes dotes de literato e investgador, Lea escribió una historia de la Inquisición medieval en tres tomos (1888)^^83^^ obra completa para su tiempo, así como una historia de la Inquisición española en cuatro tomos (1906---1907) y una historia de la Inquisición en las posesiones de España en América (1908). Esas monografías, traducidas a diversos idiomas, recorrieron muchos países y se reeditan también en nuestro tiempo.

El renombre mundial de los trabajos de H. Ch. Lea, en los que se revelaba por primera vez de manera completa, argumentada y convincente el aborrecible cuadro del terrorismo desencadenado por la Inquisición en muchos países, obligó a los historiadores clericales a desistir del mutismo, que ya les ponía en una situación ridicula, para dedicarse al estudio de los asuntos ligados con la historia del tribunal eclesiástico. Pero el Vaticano, por causas enteramente comprensibles, obstaculizó al máximo el trabajo de los investigadores de la Inquisición, aunque fueran suyos propios, impidiendo el acceso a los archivos secretos de la Congregación del Santo Oficio, donde permanecen sepultados hasta ahora muchos misterios de los juicios inquisitoriales.

A comienzos del siglo XX, Ludwig von Pastor, conocido apologista del Papado, se quejó de que no se le hubiera permitido ojear los expedientes inquisitoriales depositados en el archivo secreto del Vaticano. "Al seguir ocultando rigurosamente los documentos históricos de hace tres siglos y medio---dijo---, la Congregación del Santo Oficio causa daño no sólo a la ciencia histórica, sino también a sí misma, ya que la opinión pública considerará también en adelante como justificadas las acusaciones más graves contra la Inquisición romana"~^^84^^.

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~^^83^^ La monografía Historia de ¡a Inquisición en la Edad Media de H. Ch. Lea, en dos tomos, se publicó en 1911--1912 en San Petersburgo, traducida al ruso por A. V. Bashkírov.

~^^84^^ Ludwig von Pastor. Geschichte der Papste, Bd. 5. Freiberg in Breisgau, 1909, S. 712.

39

No obstante, pese a todos los esfuerzos del Vaticano por disimular a la opinión mundial la verdad sobre los crímenes de la Inquisición, en los siglos XIX y XX vieron la luz algunos documentos importantísimos concernientes, en particular, a los procesos seguidos a Galileo y a Giordano Bruno. La historia de su publicación recuerda por sus peripecias una novela de aventuras.

Veamos, por ejemplo, cómo se publicaron los documentos del proceso promovido contra Galileo. La primera tentativa de hacerlos del dominio público se emprendió por orden de Napoleón. Con este fin, los documentos correspondientes fueron retirados del archivo pontificio de Roma y llevados a París. Pero la caída de Napoleón impidió su publicación. Los Borbones regresaron a París y se entronizó en Francia el rey Luis XVIII. En Roma volvió a establecerse el Papa Pío VIL Su nuncio en París, Gaetano Marini, exigió inmediatamente al Gobierno francés la devolución de los documentos concernientes al caso de Galileo. Pero poco después Napoleón volvió de Elba a París. Luis y su corte huyeron de Francia y Gaetano Marini falleció, sin haber conseguido recuperar los papeles apetecidos.

En cuanto habían reaparecido en París los Borbones, después de los "cien días'', Marino Marini, sobrino del difunto Gaetano y nuevo representante del Papa, en nombre de éste pidió otra vez que se le devolviese el ``caso'' de Galileo. El ministro del Interior, a quien se había dirigido el nuncio, le aconsejó que fuese a ver al conde de Blacas, ministro de la Casa del Rey. Al cabo de cierto tiempo, el conde informó que los documentos se habían descubierto y serían devueltos. Pero no se apresuró a cumplir su promesa, con el pretexto de que aquéllos habían sido transmitidos a Luis XVIII, interesado en examinarlos personalmente.

Mientras tanto, Marini fue retirado a Roma, reemplazándolo en su cargo Ginnasi, pero en 1817 volvió a ser nombrado nuncio en París y pidió nuevamente la devolución de los papeles concernientes a Galileo. Esta vez, el conde de Pradel, ministro interino de la Casa del Rey, le avisó que la documentación sobre el ``caso'' Galileo había desaparecido y, por consiguiente, el Gobierno francés no estaba en condiciones de devolverlo a la Santa Sede.

Adviértase que ya en 1809 se llevó de Roma a París, también por orden de Napoleón, una parte considerable de los expedientes de la Inquisición papal. Después de regresar 40 en 1817 a la capital francesa, Marini exigió también esos documentos, pero ellos ya habían sido entregados a su sucesor, Ginnasi. Luego supo que éste había vendido muchos expedientes del Santo Oficio a los tenderos para envolver sus mercancías. "Conseguí---citamos a Marini---encontrar más de seiscientos volúmenes en las tiendas de comerciantes en arenques y carne"^^85^^.

Pero el propio Marini no se comportó mejor que Ginnasi. Habiendo recibido del Vaticano la instrucción de quemar algunos documentos del Santo Oficio---por lo visto, aquellos que comprometían en mayor grado a la Iglesia---, prefirió venderlos a una empresa papelera como maculatura. Cobró por su ``mercancía'' 4.300 francos, suma respetable para aquel tiempo; cabe concluir, pues, que la cantidad de documentos vendidos era muy grande.

Por lo que respecta a los papeles relativos a la acción promovida contra Galileo, la Santa Sede tardó 30 años en recuperarlos. ¿Cómo lo consiguió, al fin y al cabo? Según el informe del científico francés J.-B. Biot, publicado en 1858, los documentos fueron devueltos al Papa Gregorio XVI, en 1846, por el rey francés Luis Felipe. Pero en 1927 apareció una nueva versión, lanzada por el cardenal Mercati, guardián principal del archivo secreto del Vaticano, según la cual el Papa recobró dichos documentos en 1843, proporcionándoselos, por conducto del nuncio apostólico en Viena, la viuda del conde de Blacas, que residía entonces en la citada ciudad.

Sea como fuera, los documentos retornaron al Vaticano en la quinta década del siglo pasado. Fueron a parar a manos del ya mencionado Marini, entonces guardián principal del archivo secreto del Vaticano. La revolución de 1848 en Roma convirtió esta ciudad en República. El Papa Pió IX huyó a Civitavecchia. Marini se escondió, habiendo retirado del archivo pontificio el ``caso'' de Galileo. Un año después, cuando se había restablecido la potestad apostólica en Roma, Marini volvió a desempeñar su antiguo cargo. En 1850 editó un libro titulado Galileo y la Inquisición, en el que se citaban por primera vez algunos documentos relativos al mismo ``caso'', pero estaban preparados de manera tal que permitiesen justificar las acciones de la Inquisición contra el ilustre sabio~^^86^^.

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^^85^^ Véase V. S. Rozhitsin. Giordano Bruno y la Inquisición, p. 335.

^^86^^ Véase M. Ya. Vygodski. Galilea y la Inquisición,parlel, pp. 200---206.

41

La publicación de Marini, evidentemente falsaria por su carácter, provocó la indignación general en el mundo científico de Europa. Hombres de ciencia exigieron al Vaticano que sacara a luz, en definitiva, todos los documentos referentes a la persecución inquisitorial de Galileo. La opinión pública obligó al Vaticano a ceder. Encargó de, hacerlos del dominio público al historiador clerical francés H. de l'Epinois, y en 1867 aparecieron reproducidos en su artículo Galileo, su proceso, su condenación, publicado por la revista Revue des questions historiques. No se conoce hasta ahora si se trataba de todos los documentos relativos al juicio de Galileo. Es posible que en el Vaticano se guarden todavía algunos otros. En todo caso---esto es muy significativo---, el Vaticano negó en su tiempo el acceso a los expedientes del proceso incluso al historiador alemán M. Cantor, católico ortodoxo, cuando escribía, por encargo de Pío IX, una historia apologética del Papado. Y también se lo negó a Alberi, primer editor de las obras completas de Galileo, que se imprimieron en Florencia de 1842 a 1856.

Tres años después de la aparición del mencionado artículo de l'Epinois, el profesor Silvestre Gherardi publicó 14 documentos nuevos: protocolos de la Inquisición concernientes al ``caso'' de Galileo^^87^^. Siendo ministro de Instrucción Pública del Gobierno revolucionario de Roma, en 1848---1849, Gherardi buscó en el archivo secreto del Vaticano documentos relacionados con aquel proceso. No pudo descubrir los expedientes---que después de errar entre París, Praga y Viena habían sido sustraídos, como queda dicho, por Marini---, pero tropezó con otros papeles. Apenas tuvo tiempo para copiar una parte de ellos. La derrota de la República obligó a Gherardi a huir de Roma. Pasó a Genova y 20 años después logró, por medio de sus amigos de Roma, procurarse los textos íntegros y publicarlos^^88^^.

También costó mucho trabajo descubrir y hacer públicos los documentos relativos al juicio promovido por la Inquisición contra Giordano Bruno.

En 1848, Domenico Berti, ministro de Instrucción Pública de la República Romana y biógrafo de Bruno, exigió que se le entregaran los documentos del archivo secreto del _-_-_

~^^87^^ S. Gherardi. // processo Galileo riveduto sopra documenti di nuova fonte. Firenze, 1870.

~^^88^^ Véase V. S. Rozhitsin. Giordano Bruno y la Inquisición, p. 336.

42 Vaticano concernientes al proceso. La respuesta enviada por orden de Pío IX a Berti, decía: "Los archivos del Santo Oficio, examinados de la manera más escrupulosa y estudiados atentamente, demuestran que Giordano Bruno fue procesado en su tiempo. Pero los archivos no proporcionan ningún dato que permita establecer qué sentencia se pronunció con motivo de la acusación que se le había presentado. Es todavía menos posible dilucidar si hubo a continuación veredicto alguno. Un investigador profundo que ha estudiado los papeles conservados en el archivo, informa: "La mayoría de las carpetas con documentos concernientes al caso están llenas de papeles cubiertos de tinta desteñida. Por consiguiente, gran parte de los documentos representan hojas oscurecidas, de las que sólo puede decirse que en tiempos habían sido llenadas"^^89^^.

Como veremos más adelante, la respuesta del Papa al ministro era la mentira más descarada. Sin embargo, Berti consiguió varios documentos referentes al proceso contra Bruno y los publicó en 1876, en su libro titulado Suerte del copernicano en Italia. Pero los propios expedientes del proceso continuaron siendo guardados bajo siete llaves en los escondrijos del Vaticano.

En 1886, Gregorio Palmieri, uno de los encargados del archivo secreto del Vaticano, dio por casualidad con esos expedientes e informó de su hallazgo al Papa León XIII. El sumo pontífice exigió que se los presentasen y ordenó al archivero guardar silencio. En 1925 se publicaron en Italia 26 documentos de la Inquisición, hasta entonces desconocidos, que guardaban relación con el caso de Bruno. En el mismo año, el cardenal Mercati, guardián jefe de dicho archivo, descubrió entre los papeles de Pío IX otro ejemplar de la causa de Bruno. Habiendo llegado hasta la prensa esta noticia, el Vaticano se vio constreñido a autorizar la publicación de los expedientes, lo que tardó en realizarse 15 años, hasta 1942^^90^^. Así pues, el mundo se enteró detalladamente del proceso inquisitorio contra Giordano Bruno ¡342 años después de su ejecución! Ese documento se editó _-_-_

^^89^^ Ibíd.

~^^90^^ A. Mercati. // sommario del processo di Giordano Bruno con appendice di Documenti sull'eresia e l'Inquisizione a Modena nel secólo XVI. Cittá del Vaticano, 1942.

43 en ruso en 1958, traducido y comentado por A. Gorfúnkel^^91^^.

En el siglo XX, la publicación de documentos sobre la historia de la Inquisición en varios países aumentó notablemente. Sin embargo, sólo ha visto la luz una parte insignificante de los papeles archivados, mientras que la mayoria sigue siendo inaccesible para los investigadores. Baste decir que en el archivo nacional de España, en Simancas, se guardan unas 400.000 causas no publicadas del ``santo'' tribunal, y en el de Portugal, situado en Torre do Tombo, casi 40.000^^92^^. Gran parte de esos documentos no han sido estudiados todavía por nadie. Queda mucho por hacer, en particular, en el estudio de la Inquisición portuguesa. El investigador más destacado de esta última sigue siendo hasta ahora Alejandro Herculano (1810-- 1877)^^93^^, cuya monografía sobre la historia del establecimiento de la Inquisición en Portugal dio principio al estudio científico de la actividad del ``santo'' tribunal lusitano.

Romántico, liberal y anticlerical, Alejandro Herculano escribió su trabajo como "ejemplo para los descendientes'', para replicar a los reaccionarios que imputaban a los partidarios contemporáneos de la revolución francesa de 1789 y de las transformaciones burguesas la ferocidad, la inclemencia y el terrorismo. "Cuando nos lanzan todos los días en el rostro los desatinos de las modernas revoluciones, los excesos del pueblo irritado, los crímenes de algunos fanáticos y, si se quiere, de algunos hipócritas que proclaman ideas nuevas, séanos lícito someter a juicio el pasado, para ver a dónde podrán llevarnos otra vez las tendencias reaccionarias y si las opiniones ultramontanas e hipermonárquicas podrán darnos garantías de orden, de paz y de ventura, una vez que _-_-_

^^91^^ Giordano Bruno ante el tribunal de la Inquisición (resumen de la formación de causa). Traducción y comentarios de A. Gorfúnkel. En: Problemas de la historia de la religión y del ateísmo, Recopilación 6. M., 1958, pp. 349--416.

^^92^^ Muchos documentos de la Inquisición portuguesa han desaparecido. El palacio de la Inquisición en Lisboa, donde estaban depositados todos ellos, se incendió dos veces. En 1755 le causó grandes estragos un terremoto. Durante la ocupación francesa (1808--1812) sirvió de sede para el Estado Mayor de las tropas invasoras y en 1821 fue destruido por la población insurrecta de la capital portuguesa. En tales circunstancias, la conservación más o menos completa del archivo era completamente imposible.

~^^93^^ A. Herculano. Historia de origem e establecimento da Inquisic,ao em Portugal, v. I-III. Lisboa, 1854--1859; A. Herculano. History of the Origin and Establishment of the Inquisition in Portugal. Stanford, 1926.

44 renunciemos a los derechos de hombres libres y a las doctrinas de tolerancia...''. A continuación, refiriéndose a los 40.000 expedientes de la Inquisición portuguesa conservados en los archivos, señaló Herculano que "la providencia los ha salvado para que tomen venganza de muchos crímenes, y es posible que, imaginándonos actuar espontáneamente (se suponen los empeñados en denunciar las acciones de la Inquisición.---~I.~G.). no seamos nada más que un instrumento de la justicia divina"^^94^^.

Herculano "reveló la Inquisición portuguesa, tanto para el lector común como para los historiadores. Su investigación basada en los documentos del archivo de Torre do Tombo, que estuvo a sus órdenes durante muchos años, guarda hasta ahora su valor científico''.

También fue rico en peripecias el descubrimiento de los crímenes perpetrados por la Inquisición en Hispanoamérica.

Esos crímenes quedaron ocultos, por causas diversas, durante muchos decenios después de la expulsión de los colonizadores españoles y la formación de Estados latinoamericanos independientes. Puesto que los expulsados abrigaban la esperanza de regresar a sus colonias, los patriotas, temiendo la restauración, destruyeron en muchos lugares los archivos del odioso tribunal.

Los inquisidores a su vez, por miedo al merecido castigo por parte de los patriotas escondieron o destruyeron, durante la Guerra de la Independencia, los papeles que los comprometían. Muchos documentos fueron robados o desaparecieron en el curso de las numerosas intervenciones extranjeras y guerras civiles, o como resultado de los incendios y terremotos. En 1815 se echaron a perder los muy valiosos archivos de la Inquisición depositados en Cartagena (ahora Colombia), cuando esa ciudad estuvo asediada, durante cien días, por las tropas punitivas españolas al mando del general Morillo. Los ocupantes norteamericanos que depredaron la capital de México en 1848, se llevaron no pocos documentos históricos preciosos, algunos de los cuales se referían a la actividad de la Inquisición. Sabido es que en tiempos de la intervención francesa en México, el sacerdote Fisher, confesor personal del emperador Maximiliano (1864--1867), llevó gran cantidad de documentos a Francia y al Vaticano. En 1888 se _-_-_

~^^94^^ A. Herculano. History of the Origin and Establishment of the Inquisition in Portugal. Stanford, 1926, p. 200.

45 consumieron en las llamas 12 cajas de documentos de la Inquisición pertenecientes al coronel norteamericano David Fergusson, que residió en México. La guerra chileno-peruana ocasionó la pérdida de valiosos papeles de archivo.

A comienzos del siglo XX, especuladores norteamericanos en México hurtaron muchos documentos de la Inquisición para venderlos con gran provecho a personas particulares en los EE.UU. "La compraventa de papeles históricos mexicanos---citamos al historiador norteamericano Seymour B. Liebman---fue un negocio lucrativo. Esto indujo a varios individuos a robar algunos del Archivo General de la Nación, y a otros, a llevarlos de contrabando fuera de México, violando la legislación penal"^^95^^.

Se conocen algunas grandes transacciones de este género. En 1906, el librero norteamericano E. Nott Anable revendió en los EÉ. UU. 31 volúmenes de documentos de la Inquisición redactados entre los años 1601 y 1692. William Blake, otro contrabandista norteamericano, vendió en 1907 a una biblioteca particular de los EE.UU. 47 volúmenes de legajos de la Inquisición mexicana, embolsando 1.500 dólares.

Aunque los documentos concernientes a la actividad de la Inquisición colonial se han conservado parcialmente en los archivos de los países latinoamericanos~^^96^^, el archivo principal, depositado en España, se consideraba perdido hasta el último cuarto del siglo XIX.

En la segunda mitad del siglo XIX, al afianzarse la independencia de las naciones latinoamericanas y estabilizarse hasta cierto punto la situación política en algunas repúblicas, aparecieron los primeros trabajos dedicados a la historia de la Inquisición colonial.

En 1863 se publicaron simultáneamente dos. El primero, titulado Los Anales de la Inquisición de Lima, se debió a Ricardo Palma (1833--1919), publicista y escritor peruano de vanguardia. Esa obra, que fue enmendada constantemente por el autor, alcanzó muchas ediciones y se edita también en nuestro tiempo, como parte de sus ensayos históricos populares unidos por un título común (Tradiciones). El _-_-_

^^95^^ S. B. Liebman. A Cuide to Jewish References in the Me\ican Colonial Era. 1521--1821. Philadelphia, 1964, p. 109.

^^96^^ La mayor colección de documentos sobre la historia de la Inquisición colonial se encuentra en el Archivo General de México: cuenta con 1.553 volúmenes, que abarcan desde 1521 hasta 1823. Su registro consta de 15 tomos.

46 segundo trabajo, Lo que fue la Inquisición en Chile, publicado por la Revista de Buenos Aires, salió de la pluma del historiador liberal chileno Benjamín Vicuña-Mackenna. Al cabo de varios años, en 1868, vio la luz en Valparaíso otra investigación del mismo historiador, dedicada a Francisco Moyen, una de las víctimas del ``santo'' tribunal en Lima^^97^^.

Pero estos trabajos y otros que los siguieron revestían un carácter fragmentario y popular, porque los archivos de la Inquisición colonial habían desaparecido, y sin ellos era imposible reproducir el cuadro de la actividad del Santo Oficio. No se sabe cuánto tiempo habrían permanecido ocultos sus crímenes si no hubiera intervenido una feliz casualidad.

En 1883 se restablecieron, 17 años después de su ruptura, las relaciones diplomáticas entre Chile y España. Fue nombrado secretario de la legación chilena en Madrid José Toribio Medina, (1852--1930), historiador joven y muy fructífero, autor de una historia (en tres tomos) de la literatura colonial en Chile y otras investigaciones.

Habiendo empezado a desempeñar su cargo en la capital de España, Medina se apresuró a realizar su antiguo sueño: visitar el castillo del poblado de Simancas, sito en las proximidades de Valladolid, que por orden del emperador Carlos V fue convertido, en 1540, en depósito de documentos del Estado, incluyendo los concernientes a la administración de las colonias americanas.

Cuando Medina visitó el archivo de Simancas, sus 51 salas estaban abarrotadas de decenas de miles de carpetas con documentos. Fue bastante difícil orientarse en ellos, porque no había inventario alguno. Pero el científico chileno, ávido de saber, no se arredró. Por espacio de muchas semanas, olvidándose de sus obligaciones diplomáticas, revolvió los antiguos legajos.

Los esfuerzos de Medina culminaron con el éxito merecido. En uno de los sótanos, húmedo y oscuro, denominado Pozo del obispo, dio de repente con el archivo de la Inquisición colonial, que los científicos consideraban perdido desde hacía mucho tiempo. Pero dejemos la palabra al propio descubridor: "Cuando a fines de 1884 penetraba en el monumental archivo que se conserva en la pequeña aldea de Simancas estaba muy lejos de imaginarme que allí se guardaran los _-_-_

^^97^^ B. Vicuña-Mackenna. Francisco Moyen o lo que fue la Inquisición en América. Valparaíso, 1868.

47 papeles de los tribunales de la Inquisición que funcionaron en América, ni jamás se me había pasado por la mente ocuparme de semejante materia. Comencé, sin embargo, a registrar esos papeles en la expectativa de encontrar algunos datos de importancia para la historia colonial de Chile... Fuime engolfando poco a poco en su examen, hasta llegar a la convicción de que su estudio ofrecía un campo tan notable como vasto para el conocimiento de la vida de los pueblos americanos durante el gobierno de la metrópoli. Pude persuadirme, a la vez, que cuanto se había escrito sobre el particular estaba a enorme distancia de corresponder al arsenal de documentos allí catalogados, al interés y a la verdad del asunto que tenía ante mis ojos"^^98^^.

En dos años de trabajo en el archivo de Simancas, Medina efectuó un trabajo titánico, copiando con su propia mano miles de documentos. Los datos por él recogidos forman 65 volúmenes de gran tamaño, que se guardan ahora en el archivo nacional de Santiago de Chile. Después de regresar con ese equipaje precioso a la patria, el científico trabajó sin desmayo escribiendo una historia de la Inquisición en Hispanoamérica. Es de hacer notar, como testimonio de su fenomenal capacidad de trabajo, que en 1887, pasado sólo un año desde su retorno a Chile, publicó una extensa obra en dos tomos sobre la historia del tribunal de la Inquisición en el Perú. En 1890 apareció otra, también en dos tomos, titulada Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile. En 1899 salieron a luz simultáneamente ^tres investigaciones, sobre la actividad desarrollada por los tribunales inquisitorios en Cartagena, el Virreinato del Río de La Plata y en las Filipinas. En 1905 publicó Medina una monografía en dos tomos dedicada a la historia de la Inquisición en México, y en 1914 vio la luz su último trabajo de la misma serie: La Primitiva Inquisición Americana (1493--1569).

En esas investigaciones, sin parangón por la amplitud de la documentación abarcada, se puso al desnudo por primera vez, en todos sus pormenores, la tenebrosa actividad del Santo Oficio en las colonias americanas de España. A diferencia de otros historiadores liberales de la Inquisición, que al relatar sus crímenes condenaban tajantemente a la Iglesia Católica _-_-_

~^^98^^ J. Toribio Medina. Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile. Santiago de Chile, 1952, p. XI.

48 y a los colonizadores españoles en general, Medina se servía del método de exposición ``objetivista''. Por lo común evitaba sacar conclusiones y lanzar acusaciones a la jerarquía eclesiástica y a las autoridades colegiales españolas; sólo reproducía los expedientes de procesos judiciales, actas de interrogatorios y torturas, sentencias del ``santo'' tribunal, comunicados oficiales sobre los autos de fe y otros documentos de los archivos de la Inquisición, dejando a cargo del propio lector las deducciones. Ese método se justificó por completo, ya que los eclesiásticos y sus adeptos no tenían pretexto para achacar al científico el deseo de ``denigrar'' a la Iglesia y a las autoridades coloniales^^99^^.

En vida de Medina, sus trabajos no tuvieron mucha difusión en América Latina, principalmente porque se tiraban nada más que 200--400 ejemplares,, y los clericales no tardaban en comprarlos todos para destruirlos.

Sólo en 1915 se reeditó en Buenos Aires la mencionada monografía sobre la historia de la Inquisición en el Virreinato del Río de la Plata, y sólo en 1952, el Parlamento chileno aprobó, con motivo del centenario del nacimiento de Medina, una ley instituyendo el Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, encargado de reeditar todas las obras del fecundo historiador. Por entonces aparecieron también en México y Colombia nuevas ediciones de sus libros dedicados a la historia de la Inquisición en esos países.

Los trabajos de Medina fueron utilizados ampliamente por H. Ch. Lea. En 1908, poco antes de su muerte, publicó un libro titulado La Inquisición en las dependencias españolas, que se reeditó en 1922; por lo que sabemos, no ha sido traducido a otros idiomas.

En el siglo XX vieron la luz varios trabajos nuevos, en particular sobre la historia de la Inquisición colonial en México. Es muy interesante una recopilación de documentos publicada por el historiador mexicano Jenaro García en 1906, con el título de La Inquisición de México^^100^^. Contiene nuevos documentos también el libro La Inquisición en Hispanoamérica _-_-_

~^^99^^ J. Toribio Medina fue un científico extraordinariamente fecundo. De su pluma salieron más de 300 libros y folletos y más de 500 artículos. Tuvo una biblioteca única en su género, de 40.000 volúmenes, que donó al Estado, legándole también su colección de documentos obre la historia de la Inquisición.

~^^100^^ J. García. La Inquisición de México. 1906.

__PRINTERS_P_49_COMMENT__ 4-323 49 (judíos, protestantes y patriotas), escrito por el historiador argentino Boleslao Lewin y editado en 1962 en Buenos Aires. Pero todos esos trabajos reportan pocos datos nuevos, en comparación con las investigaciones de José Toribio Medina, que continúan siendo la fuente principal de nuestros conocimientos sobre la actividad de la Inqusición colonial.

Así es cómo se han descubierto y han pasado a ser del dominio público los crímenes de la Inquisición, pero no todos, ni mucho menos, ni en todos los países. Muchos legajos del ``santo'' tribunal aún permanecen sepultados en archivos inaccesibles para los investigadores. El estudio y la denuncia pública de los mismos ampliarán y precisarán sin duda nuestros conocimientos sobre la actividad de esa peculiar institución eclesiástica.

[50] __ALPHA_LVL1__ LA INQUISICIÓN ANTES DE LA
INQUISICIÓN __ALPHA_LVL2__ ORÍGENES

En su afán de justificar a toda costa la actividad de la Inquisición, Joseph de Maistre afirmó que ésta, lo mismo que todas las instituciones destinadas a producir grandes efectos, "se estableció no se sabe cómo"^^1^^.

En realidad, la Inquisición no se creó para lograr "grandes efectos'', ni son enigmáticas las causas de su aparición, ya que radican en la propia esencia social de la religión cristiana y de la Iglesia, que presume de encontrarse por encima de las clases y apela a las masas desheredadas---que constituyen la generalidad de los creyentes---, pero en la práctica sirve a los intereses de las clases dominantes.

El cristianismo ha sido desgarrado siempre por contradicciones violentas (ahí está uno de sus rasgos específicos). En el período inicial, aquéllas tuvieron la forma de pugna encarnizada entre tendencias diversas; después, se manifestaron en la lucha entre la corriente dominante, encabezada por la cúspide clerical, y un sinnúmero de corrientes oposicionistas acordes con los estados de ánimo de las masas desheredadas, que impugnaron el acierto y la ``piedad'' de esa cúspide y fueron tildadas por ella de ilegales y heréticas.

Al enlazar su suerte con las clases explotadoras de la sociedad y su Estado, la Iglesia dio al traste con el sueño _-_-_

~^^1^^ J. de Maistre. Considérations sur la Frunce: Suivi de l'Essai sur ¡e principe générateur des constitutions pnlitit/ites, et des Lettres a un gentühomme russe sur ¡'Inquisition expugnóle, p. 285.

51 de los cristianos primitivos, que ansiaban instalar el "reino divino" en la Tierra; acabó por consagrar la desigualdad social y exhortó a los dolientes y oprimidos a conformarse con su situación, prometiéndoles que serían recompensados en la vida de ultratumba. En ello reside uno de los orígenes más importantes de las variadísimas herejías cristianas surgidas en el curso de los siglos para retar el prestigio y la potestad de la Iglesia y el régimen social explotador santificado por la misma. De ahí que la herejía siga en todo momento a la Iglesia, como si fuera su sombra, a lo largo de su historia. La herejía es multifacética e indestructible. No se deja eliminar por las persuasiones, ni por las amenazas o exorcismos; resiste la espada y el fuego.

La herejía supone siempre una oposición a la Iglesia dominante. Naturalmente que esta última, temiendo perder su poder, hace todo lo posible, sin reparar en medios, para erradicar y suprimir la herejía.

Al reflejar los intereses contradictorios de grupos y estratos sociales de diferentes épocas históricas, las herejías se opusieron tanto a la jerarquía eclesiástica como a la injusticia del régimen explotador dominante, con el que la Iglesia mantenía lazos indisolubles. Las corrientes heréticas fueron una forma peculiar de lucha de clases, típica para la Edad Media, para el mundo feudal y su pensamiento exclusivamente religioso; en ellas se expresaban los puntos de vista de una u otra capa de la población urbana o campesina y se reflejaban los intereses nacionales o locales.

Todas esas herejías dispares, entregadas a una lucha implacable con la Iglesia oficial y también, a menudo, unas contra otras, llevaron la importa peculiar de épocas concretas, que les preparaban diferentes destinos.

La intolerancia religiosa surgió junto con las primeras comunidades cristianas en medio de la lucha que ellas sostuvieron entre sí por ganar adeptos, y de la que libraron por el derecho a la subsistencia en el Estado romano.

Las primeras comunidades cristianas, dispersas por el vasto Imperio Romano, representaron un conglomerado heterogéneo de distintas escuelas y tendencias. Esto lo certifica la diversidad de los numerosos evangelios y mensajes que circularon entre los cristianos primitivos.

Ellos lucharon unos contra otros por y contra la conservación de la estructura democrática de sus comunidades, por y contra el reconocimiento del régimen social existente, por 52 y contra la ruptura definitiva con el judaismo, de cuyo medio salió el cristianismo y cuya austeridad ritual frenaba la propagación de la nueva religión entre los llamados paganos.

La lucha intestina en la cristiandad primitiva se reflejó en el Nuevo Testamento. Las primeras comunidades cristianas creyeron en el advenimiento inmediato del "Reino de Dios" en la Tierra. "En verdad os digo---leemos en el Evangelio según San Mateo---que hay aquí algunos que no han de morir antes que vean al Hijo del hombre aparecer en el esplendor de su reino"~^^2^^. Es fácil imaginarse qué entusiasmo, impulso de energía y fanatismo provocaban semejantes promesas alentadoras entre los cristianos.

Pasaron años y decenios, se sucedieron las generaciones de cristianos, sin que aquellas promesas se hicieran realidad. El "reino milenario" tardaba en llegar. Los creyentes asediaban a sus predicadores pidiendo les explicaran cuándo llegaría. En respuesta, a juzgar por "Los Hechos de los Apóstoles'', oían lo siguiente: "No os corresponde a vosotros el saber los tiempos y momentos"^^3^^.

Pero los descontentos no se daban por satisfechos con semejante explicación. Los jefes de las con unidades cristianas se valían de todos los medios a su disposición para desembarazarse de esos ``murmuradores'', alegando los pasajes correspondientes del Nuevo Testamento.

En el Evangelio según San Juan, Jesucristo dice a los incrédulos y desobedientes: "El que no permanece en mí, será echado fuera como el sarmiento inútil, y se secará, y le tomarán, y arrojarán al fuego y arderá"^^4^^. Este pasaje fue particularmente grato a los inquisidores, justificando las hogueras en que culminaban los autos de fe.

Los apóstoles se muestran igualmente intolerantes para con los heterodoxos. San Pedro, en su Segunda Epístola amenaza con castigos feroces a los descontentos (esto lo invocaban también los inquisidores para justificar sus criminales actos). Dice, como si previera el carácter violento de la futura lucha entre las variadas corrientes cristianas: "Verdad es que hubo también falsos profetas en el antiguo pueblo _-_-_

~^^2^^ Biblia. Nuevo Testamento. Evangelio según San Mateo, cap. 16, verso 28.

~^^3^^ Biblia. Nuevo Testamento. Los Hechos de los Apóstoles, cap. 1, verso 7.

~^^4^^ Biblia. Nuevo Testamento. Evangelio segú~ o'an Juan, cap. 15, verso 6.

53 de Dios ; así como se verán entre vosotros maestros embusteros, que introducirán con disimulo sectas de perdición, y renegarán del Señor que los rescató, acarreándose a sí mismos una pronta venganza"~^^5^^. Pedro advierte que Dios castigará a los herejes de la misma manera implacable como castigó a los ángeles caídos, "y mayormente a aquellos que para satisfacer sus impuros deseos, siguen la concupiscencia de la carne y desprecian las potestades; osados, pagados de sí mismos, que blasfemando no temen sembrar herejías"^^6^^. Al referirse a esos individuos no tiene escrúpulos en usar expresiones ``agudas'', asemejándolos a los perros que se vuelven a comer lo que vomitaron y a las marranas que se revuelcan en el cieno. "Estos tales---prorrumpe el apóstol enfurecido---son fuentes sin agua y tinieblas agitadas por torbellinos que se mueven a todas partes, para los cuales está reservado el abismo de las tinieblas"^^7^^. Aquí no hay ni una pizca de mansedumbre cristiana.

Manifestaciones análogas, dirigidas contra los que `` murmuran'' y ``blasfeman'', figuran también en la Epístola Católica de San Judas. Después de recordar cómo Dios aniquiló a sangre y fuego a los desobedientes en el Antiguo Testamento, Judas amenaza que lo mismo ocurrirá a quienes "mancillan... también su carne, menosprecian la dominación y blasfeman contra la majestad"^^8^^.

El apóstol Pablo se muestra no menos severo para con los heterodoxos. En su Epístola a los Gálatas previene: "Pero aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo... os predique un evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema"^^9^^.

En la Epístola Primera a Timoteo, Pablo se pone a vituperar a los ``diabólicos'' maestros ascetas, que "prohibirán el matrimonio y el uso de los manjares, que Dios crió para que los tomasen con hacimiento de gracias los fieles y los que han conocido la verdad"~^^10^^. Y agrega que tiene a Himeneo _-_-_

~^^5^^ Biblia. Nuevo Testamento. Segunda Epístola de San Pedro, cap. 2, verso 1.

~^^6^^ Ibíd., cap. 2, verso 10.

~^^7^^ Ibíd., verso 17.

~^^8^^ Biblia. Nuevo Testamento. Epístola Católica de San Judas, verso 8.

^^9^^ Biblia. Nuevo Testamento. Epístola de San Pablo a los Gálatas, cap. 1, verso 8.

^^10^^ Biblia. Nuevo Testamento. Epístola Primera de San Pablo a Timoteo, cap. 4, verso 3.

54 y Alejandro entregados a Satanás para que "aprendan a no decir blasfemias''.

Los mismos motivos de intolerancia resuenan con mayor vigor aún, con mayor virulencia en la Epístola Segunda de San Pablo a Timoteo. Pablo alecciona a un adepto suyo diciéndole que no está lejano el tiempo "en que los hombres no podrán sufrir la sana doctrina, sino que, teniendo una comezón extremada de oír doctrinas que lisonjeen sus pasiones,... cerrarán sus oídos a la verdad, y los aplicarán a las fábulas"~^^11^^. Más aún, Pablo anuncia que ya él mismo pasa a ser víctima de esos maestros falsos. Y llama a la acción enérgica a Timoteo: "Predica la palabra de Dios.., insiste con ocasión y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina. Tú entre tanto vigila en todas las cosas"~^^12^^.

Esa "lucha por la subsistencia ideológica, directamente en términos de Darwin"^^13^^, termina con la victoria de la tendencia episcopal, que expresaba los estados de ánimo e intereses del estrato más rico e influyente de los creyentes, ligado estrechamente con la nobleza romana. Los elementos oposicionistas son aislados y reprimidos por medio de la excomunión; en lugar de las comunidades cristianas primitivas dispersas surge una organización eclesiástica centralizada al mando de los obispos, destacándose a primer plano, con el transcurso del tiempo, el de Roma (Papa).

El cristianismo ejerce una influencia cada vez más amplia y profunda; simultáneamente se incorporan a él poderosas corrientes helenísticas y orientales, aportando elementos de varias doctrinas y creencias ``paganas'' hostiles a las cristianas. Surgen también nuevas herejías. A mediados del siglo II constituyeron el mayor peligro las profesadas por los gnósticos y los montañistas, contra los