[1] Emacs-Time-stamp: "2007-08-15 20:23:32" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.18) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ [BEGIN]

¡Proletarios de todos los países, unios!

__TITLE__ V.I. LENIN
OBRAS ESCOGIDAS
EN TRES TOMOS (TOMO 2) __TEXTFILE_BORN__ 2006-10-18T22:56:24-0700 __TRANSMARKUP__ "Y. Sverdlov" [2]

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INSTITUTO DE MARXISMO-I.EMNISMO DEL CX: DEL PCUS

V.I. LENIN

OBRAS ESCOGIDAS
EN TRES TOMOS

2

__PUBL__ Editorial Progreso __CITY__ Moscú [4]

DE LA EDITORIAL

Todas las obras incluidas en el tomo figuran en orden cronológico. Han sido traducidas de la 5' edición en ruso de las Obras Completas de V. I. Lenin, preparada por el Instituto de MarxismoLeninismo, adjunto al OC del PCUS, indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas correspondientes. Al final del tomo se insertan notas aclaratorias y un índice de nombres.

B. H. AEHHH H3EPAHHME nPOH3BE/IF,HHfl B TPF.X TOMAX TOM 2 Ha ucnancKOM HJtme __COPYRIGHT__ © Traducción al español. Editorial Progreso. 1978 10102--074 A--------------249--79 014(01)-79 0101020000~ [5] __ALPHA_LVL1__ PREFACIO

El segundo tomo de las Obras Escogidasde V. I. Lenin contiene sus trabajos correspondientes al período comprendido entre marzo de 1917 y junio de 1918: el período de preparación y realización de la Gran Revolución Socialista de Octubre y los primeros meses de Poder soviético.

Los trabajos incluidos en el tomo son notables documentos del marxismo creador, modelo de elaboración por Lenin de la estrategia y la táctica del Partido Comunista. Estos trabajos pertrecharon al Partido Bolchevique en un período muy trascendental de la historia, en el período de la lucha por el triunfo de la revolución socialista y por la implantación y el afianzamiento de la dictadura del proletariado. En ellos se analizan importantísimas cuestiones relacionadas con la creación de un Estado nuevo, el Estado soviético, con los comienzos de la edificación de la sociedad socialista y con la lucha por sacar a Rusia de la guerra, por la paz y la amistad entre los pueblos.

Después de la victoria de la revolución democrática burguesa de febrero en Rusia se creó una situación compleja en extremo. Surgió la dualidad de poderes: la dictadura de la burguesía, representada por el Gobierno Provisional, y la dictadura democráticorevolucionaria del proletariado y de los campesinos, representada por los Soviets de diputados obreros y soldados. Los mencheviques y eseristas, que predominaban en la mayoría de los Soviets, traicionaron los intereses de los obreros y los campesinos y entregaron el poder al Gobierno Provisional burgués.

El Partido Bolchevique fue el único partido verdaderamente revolucionario, el único que luchó resueltamente por pasar a la revolución socialista, sacar al país de la guerra imperialista, entregar la tierra a los campesinos y adoptar las medidas necesarias que permitieran satisfacer las necesidades esenciales de los trabajadores de la ciudad y del campo.

Al determinar las tareas de la clase obrera y de su partido, Lenin indicaba ya en marzo de 1917 en sus Cartas desde lejos, escritas en la emigración, que era necesario desplegar el trabajo entre las masas, desenmascarar infatigablemente la política del Gobierno Provisional 6 burgués, el cual, por su carácter de clase, no daría ni podía dar al pueblo ni la paz, ni el pan, ni la libertad. Lenin exhortaba a poner al descubierto el papel de los partidos conciliadores que apoyaban a dicho gobierno y llamaba a la clase obrera a preparar sus fuerzas para luchar por la victoria de la revolución proletaria.

El Partido Bolchevique había sido preparado por toda su actividad precedente para cumplir esta tarea de importancia histórico-universal. Estaba pertrechado con la teoría leninista de la revolución socialista, con la doctrina de Lenin sobre la posibilidad del triunfo del socialismo, primero en un solo país capitalista.

En el presente tomo se han incluido las famosas Tesis de Abril, que Lenin presentó el 4 (17) de abril de 1917, al día siguiente de regresar del extranjero. Lenin expuso estas tesis en el informe Las tareas del proletariado en la presente revolución, pronunciado ante los miembros del Comité Central, del Comité de Petersburgo del partido y los delegados bolcheviques a la Conferencia de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. Las tesis fueron publicadas en Pravda el 7 (20) de abril, y el 10 (23), explicadas y concretadas detalladamente por Lenin en su obra Las tareas del proletariado en nuestra revolución.

Lenin trazó en las Tesis de Abril un plan general de lucha para pasar de la revolución democrática burguesa a la revolución socialista. Determinó en ellas la plataforma política y económica del partido en la nueva etapa de la revolución y caracterizó las fuerzas motrices de ésta. "La peculiaridad del momento actual en Rusia ---escribía Lenin---consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado" (pág. 34 del presente volumen).

Basándose en la experiencia de la Comuna de París y de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, Lenin propuso que la república democrática parlamentaria fuese sustituida por la República de los Soviets. El descubrimiento de los Soviets como forma política de la dictadura del proletariado, hecho por Lenin, es un brillante ejemplo de desarrollo creador de la doctrina marxista. Este descubrimiento ha tenido la mayor importancia para la victoria de la revolución socialista y la edificación del socialismo en nuestro país, así como para la elaboración de las formas políticas de la dictadura de la clase obrera en los países socialistas de Europa y Asia.

Lenin lanzó en sus tesis la consigna del paso de todo el poder estatal a los Soviets. Sin embargo, esta consigna no significaba un llamamiento a derribar en el acto al Gobierno Provisional, que 7 gozaba entonces del apoyo de los Soviets y de la confianza de los obreros. Los bolcheviques tenían la tarea de desenmascarar, mediante una labor explicativa, el papel conciliador de los mencheviques y eseristas, aislarlos de las masas, conquistar la mayoría en los Soviets y, a través de ellos, sustituir al gobierno por vía pacífica. Esto era orientar al partido hacia el desarrollo pacífico de la revolución.

Lenin determinó en las Tesis de Abril las tareas fundamentales del partido en el terreno de las relaciones económicas, señalando como medidas para pasar al socialismo las siguientes: fusión de todos los bancos del país en un banco nacional único, sometido al control de los Soviets; implantación del control obrero sobre la producción y distribución de los productos; confiscación de las tierras de los terratenientes y nacionalización de todas las tierras del país, que deberían ser puestas a disposición de los Soviets de diputados campesinos y braceros.

Planteó también importantísimas tareas en lo tocante a la estructuración del partido. Propuso la convocatoria inmediata de un congreso y la revisión del programa del partido aprobado en 1903, en el II Congreso del POSDR, por cuanto dicho programa había envejecido considerablemente y no correspondía a las nuevas condiciones. Lenin propuso que el Partido Socialdemócrata se denominase en lo sucesivo Partido Comunista, indicando que esta denominación es acertada científicamente y corresponde al objetivo final del partido proletario---la edificación de la sociedad comunista---, y planteó fundar la III Internacional, la Internacional Comunista.

Las tesis de Lenin fundamentaron teóricamente el plan concreto para pasar a la revolución socialista y alentaron a la clase obrera a luchar por la implantación de la dictadura del proletariado.

La VII Conferencia (Conferencia de Abril) de toda Rusia del POSD(b) de Rusia, celebrada en Petrogrado del 24 al 29 de abril (7-12 de mayo) de 1917, tuvo magna importancia para la cohesión de las filas del partido y la movilización de la clase obrera a fin de cumplir las tareas planteadas en las Tesis de Abril. Fue ésta la primera conferencia legal de los bolcheviques y tuvo la significación de un congreso del partido.

En este tomo se publican los informes hechos por Lenin en la conferencia: la apreciación del momento actual, el problema agrario y la revisión del programa del partido; sus discursos, al comenzar la conferencia, en defensa de las resoluciones sobre la guerra y el problema nacional, y los proyectos de resolución escritos por él. En sus informes y discursos desarrolló los principios que había expuesto en las Tesis de Abril.

Lenin desenmascaró la posición capituladora de Kámenev, Rykov 8 y sus escasos adeptos, que negaban la posibilidad del triunfo del socialismo en nuestro país y declaraban, haciendo coro a los mencheviques, que en Rusia no se daban las condiciones objetivas para la revolución socialista, que el socialismo debía llegar de otros países más desarrollados en el aspecto industrial. Lenin señaló que semejantes puntos de vista significaban "romper con el marxismo'', eran "una parodia del marxismo''. Criticó también duramente las opiniones nacionalchoviriistas de Piatakov, que se pronunció en la conferencia contra la política del partido en el problema nacional y negó el derecho de las naciones a la autodeterminación. En la práctica, tal posición significaba renunciar a aprovechar las reservas nacionales de la revolución y condenaba a ésta a la derrota.

La Conferencia de Abril aprobó por unanimidad la línea leninista y pertrechó al partido y la clase obrera con un plan de lucha por la transformación de la revolución democrática burguesa en revolución socialista. Después de la Conferencia de Abril, el partido desplegó una ingente labor para llevar a la práctica las resoluciones adoptadas, para movilizar a las masas con vistas a la revolución y educarlas políticamente. Bajo la dirección de Lenin, el partido emprendió el cumplimiento de una importante y compleja tarea: conquistar la mayoría en el seno de la clase obrera y ganar para la revolución socialista a millones de campesinos trabajadores.

Forma parte de este tomo el Discurso acerca de la actitud ante el Gobierno Provisional pronunciado el 4 (17) de junio de 1917 en el I Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. Desenmascarando la esencia contrarrevolucionaria del Gobierno Provisional, Lenin mostró en su discurso que la entrada de los ministros "casi socialistas" en el gobierno el 5 (18) de mayo y la formación del llamado gobierno de coalición no habían cambiado nada: seguía en el poder la misma clase capitalista. Lenin expuso ante los delegados al congreso el programa bolchevique y exhortó a que se entregara todo el poder a los Soviets.

En sus artículos ¿Con qué contaron los demócratas constitucionalistas al retirarse del ministerio?, ¿Dónde está el poder y dónde la contrarrevolución?, Tres crisis, ¿Deben los dirigentes bolcheviques comparecer ante los tribunales? y La situación política, Lenin analiza la situación política creada en el país como consecuencia de los acontecimientos del 3-5 de julio de 1917.

El 4 (17) de julio, el Gobierno Provisional contrarrevolucionario, con el conocimiento y la conformidad del Comité Ejecutivo Central menchevique-eserista de los Soviets, ametralló en Petrogrado una manifestación pacífica de obreros y soldados que transcurría bajo la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" El día 6 (19) de julio fue asaltada y destruida la imprenta Trud y suspendido el periódico 9 Pravda. Al día siguiente, el Gobierno Provisional ordenó la detención de Lenin y su entrega a los tribunales. El partido escondió a su jefe en la clandestinidad, l.enin se ocultó primero en Petrogrado y, luego, en las afueras de la ciudad, a orillas del lago Razliv. A fines de agosto, el Comité Central organi/.ó el traslado de Lenin a Finlandia.

Después de los acontecimientos de julio, el poder en el país pasó íntegramente a manos del Gobierno Provisional contrarrevolucionario. Los Soviets, dirigidos por los eseristas y los mencheviques, se convirtieron en un apéndice sin vigor ni autoridad del Gobierno Provisional. Terminó el período pacífico de la revolución. El Partido Bolchevique comenzó a preparar a las masas para la insurrección armada.

La nueva situación política exigía que el partido modificara su táctica y sus consignas tácticas. En el artículo A propósito de las consignas, Lenin argumentó la necesidad de retirar temporalmente la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" Esta consigna había sido justa hasta los acontecimientos de julio, en el período de desarrollo pacífico de la revolución, que era entonces posible y el más deseable. Después de pasar todo el poder a manos de la contrarrevolución, la clase obrera no podía ya adueñarse del poder más que mediante una insurrección armada. La retirada temporal de la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" no significaba renunciar a la República Soviética como nuevo tipo de Estado. La cuestión era que los Soviets, con la composición que tenían entonces y dirigidos por eseristas y mencheviques---que se habían cubierto de oprobio como cómplices de los verdugos---no podían ser órganos del poder popular. "La consigna de entregar el poder a los Soviets---escribía Lenin---podría ser comprendida como un ``simple'' llamamiento a que se hagan cargo de él precisamente los Soviets que hoy existen; pero decir eso, invitar a eso, significaría ahora engañar al pueblo" (pág. 208 del presente volumen). Lenin indicaba que los Soviets podían y debían resurgir en una nueva etapa de la revolución, pero no serían ya los Soviets dirigidos por eseristas y mencheviques, no serían los órganos de una política de conciliación con la burguesía, sino los órganos de una lucha revolucionaria contra ella.

Para determinar la nueva táctica con motivo de los cambios habidos en la situación, el 26 de julio (8 de agosto) se reunió en Petrogrado el VI Congreso del Partido Bolchevique. Lenin dirigió sus labores desde la clandestinidad a través de varios miembros del Comité Central, que se entrevistaban con él en el lago Razliv. Los artículos de Lenin La situación política, A propósito de las consignas, Las enseñanzas de la revolución y otros sirvieron de base a las resoluciones del congreso. En ellas se señaló que el poder sólo podría pasar a manos del proletariado y de los campesinos pobres mediante la 10 insurrección armada y el derrocamiento de la dictadura de la burguesía. El congreso orientó al partido hacia la lucha por el triunfo de la revolución socialista.

En la más profunda clandestinidad, Lenin prosiguió su inmenso trabajo teórico y de organización. Definió con inspiradas palabras el papel histórico-universal del partido, diciendo que éste es "la inteligencia, el honor y la conciencia de nuestra época''. El prestigio y la influencia del Partido Bolchevique entre la clase obrera y las masas trabajadoras fueron creciendo de día en día. Así lo probó con particular brillantez la derrota de la sublevación de Kornílov, que representaba un gran peligro para la revolución.

Figura en este tomo la obra La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, escrita el 10--14 (23--27) de septiembre de 1917. Lenin expuso en ella el programa del Partido Bolchevique, científicamente fundamentado, para la transformación económica del país.

Lenin mostró que en el medio año transcurrido después de la revolución, el Gobierno Provisional, los mencheviques y los eseristas no habían hecho nada para luchar contra el desbarajuste económico. Los capitalistas cerraban las empresas y despedían a decenas de miles de obreros. Esperaban que el desbarajuste y el hambre les permitirían acabar más rápidamente con la república y con los Soviets y restaurar la monarquía. El país estaba amenazado de una catástrofe inminente y de ser sojuzgado por el capital extranjero. Lenin propuso las medidas revolucionarias que podían salvar a Rusia del desbarajuste y del hambre y, al mismo tiempo, hacerla avanzar hacia el socialismo. Esas medidas eran: el control obrero de la producción, la nacionalización de los bancos y consorcios, la organización de un control eficaz sobre la distribución de los productos, la confiscación de las tierras de los terratenientes y la nacionalización de todas las tierras del país. Lenin indicaba que estas medidas renovarían económicamente a Rusia y la regenerarían. Simultáneamente planteaba la tarea de acabar sin demora con la expoliadora guerra imperialista. Este programa revolucionario, escribía Lenin, puede cumplirlo únicamente el proletariado, la clase más revolucionaria, más organizada y avanzada de la sociedad moderna.

En la obra La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, Lenin desarrolló la tesis, argumentada ya antes por él, de que el socialismo podía triunfar primero en un solo país. Indicaba que la guerra imperialista había acelerado extraordinariamente, también en Rusia, la transformación del capitalismo en capitalismo monopolista de Estado, creándose así las premisas materiales para pasar al socialismo. "El curso objetivo del desarrollo---escribía Lenin---es tal que resulta imposible avanzar, partiendo de los monopolios (cuyo número, 11 papel e importancia ha venido a decuplicar la guerra), sin marchar hacia el socialismo" (pág. 274 del presente volumen).

Lenin formuló en su obra una tesis famosa: "La revolución ha hecho que, en unos cuantos meses, Rusia alcance por su régimen político a los países adelantados.

Pero eso no basta. La guerra es implacable y plantea la cuestión con despiadada dure/a: perecer o alcanzar y sobrepasar, también en el aspecto económico, a los países adelantados" (pág. 279 del presente volumen).

Se ha incluido en este tomo la genial obra de Lenin El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución, escrita, en agosto-septiembre de 1917, en vísperas de la conquista del poder por el proletariado. Lenin indicaba que el papel que desempeña el Estado había adquirido una importancia singular tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La acertada solución del problema del Estado tenía inmensa importancia en la lucha por el triunfo de la revolución socialista.

Lenin estimaba que su libro tenía como misión principal defender y restablecer la doctrina de Marx acerca del Estado y depurarla de las adulteraciones con que habían tratado de desvirtuarla los oportunistas de la II Internacional a lo largo de decenios. Lenin desarrolló la doctrina de Marx acerca del Estado sobre la base de la nueva experiencia revolucionaria.

En la obra El Estado y la revolución, Lenin estudió circunstanciadamente la cuestión de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado, indicaba, abarca todo el período histórico de transición del capitalismo al comunismo. Enseñaba que el proletariado debe tomar el poder, destruir la vieja máquina estatal burguesa, crear su Estado nuevo, el Estado proletario, aplastar la resistencia de las clases explotadoras derrocadas y organizar la edificación de una sociedad nueva, la sociedad socialista. Para cumplir esta tarea es imprescindible la dictadura del proletariado, que representa un tipo nuevo, un tipo superior de democracia.

Lenin criticó acerbamente la democracia falsa y amputada de la sociedad capitalista, la democracia sólo para una minoría insignificante, para los ricos. El Estado proletario es un Estado " democrático de manera nueva". La democracia proletaria asegura la participación auténtica de la inmensa mayoría de los trabajadores en la administración del Estado.

El Partido Comunista, subrayaba Lenin, es la fuerza dirigente y orientadora de la implantación y aplicación de la dictadura del proletariado.

Al destacar el papel de los Soviets como nueva forma de poder 12 del Estado, Lenin indicaba también que en el período de transición del capitalismo al comunismo, la obra creadora revolucionaria de las masas puede hacer surgir otras formas estatales de la dictadura del proletariado. "La transición del capitalismo al comunismo no puede por menos de proporcionar una ingente abundancia y diversidad de formas políticas: mas la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado" (pág. 317 del presente volumen). Esta tesis de Lenin se ha visto confirmada plenamente por la experiencia de los países donde la forma política de la dictadura del proletariado es el régimen estatal de la democracia popular.

En el libro El Estado y la revolución, Lenin desarrolló y concretó la doctrina de Marx acerca de las dos fases de desarrollo de la sociedad comunista: la fase primera o inferior, el socialismo, y la fase superior, el comunismo. Lenin indicaba que del capitalismo la humanidad puede pasar únicamente al socialismo, es decir, a la propiedad común de los medios de producción y distribución de acuerdo con el principio "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según su trabajo''. El socialismo debe transformarse paulatinamente en comunismo, en cuya bandera está escrito: "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades".

Lenin subrayaba que el socialismo elevaría a las masas a una vida nueva, que sólo en la época del socialismo empezaría el avance en todas las esferas de la vida social y privada, un avance rápido, verdaderamente masivo, con la participación de la mayoría de la población y, después, de toda ella. Esta previsión científica de Lenin se ha visto brillantemente confirmada en la URSS, donde decenas de millones de hombres y mujeres se han elevado a una vida nueva y hacen milagros de heroísmo en el trabajo, donde el socialismo ha logrado el verdadero florecimiento de la economía, la ciencia y la cultura.

El libro de Lenin El Estado y la revolución representa una magna aportación al tesoro del marxismo. Nuestro partido se guió por las geniales ideas leninistas desarrolladas en esta obra en la lucha por el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre, por la construcción del socialismo; por ellas se guía también en nuestros días, en que la Unión Soviética está abriendo por vez primera en la historia el camino hacia el comunismo para toda la humanidad.

Un número considerable de trabajos incluidos en el tomo aborda los problemas de la preparación y realización de la insurrección armada de Octubre por el Partido Bolchevique.

Con el aplastamiento de la sublevación de Kornílov se inició la etapa histórica de bolchevización de los Soviets. A comienzos de 13 septiembre, los bolcheviques habían conquistado la mayoría en los Soviets de Petrogrado y Moscú. Los Soviets locales se colocaban también al lado de los bolcheviques. Las masas populares seguían a los bolcheviques. En una carta enviada al Comité Central y a los comités de Petrogrado y Moscú del POSDR, titulada Los bolcheviques deben tomar el poder, y en la carta al Comité Central El marxismo y la insurrección, escritas entre el 12 y el 14 (25 y 27) de septiembre de 1917, Lenin, basándose en un amplio y profundo análisis de la situación internacional e interior del país, exhortó al partido a organizar la insurrección. Una vez conquistada la mayoría en los Soviets de ambas capitales, escribía Lenin, los bolcheviques pueden y deben tomar el poder del Estado. Advertía que la burguesía rusa preparaba la entrega de Petrogrado a los alemanes y se disponía a traicionar los intereses del país con tal de conservar su poder. Paralelamente, los imperialistas anglo-franceses se confabulaban para firmar una paz separada con Alemania a expensas de Rusia. Sólo tomando el poder podía el Partido Bolchevique frustrar estos criminales designios y salvar al país y a la revolución. "La historia---escribía Lenin---no nos perdonará si no tomamos ahora el poder" (pág. 389 del presente volumen).

En la carta El marxismo y la insurrección y en el artículo Consejos de un ausente, Lenin desarrolló y sintetizó en un sistema armónico los puntos de vista de Marx y Engels acerca de la insurrección considerada como un arte. Indicaba que, en la situación existente en Rusia, se daban todas las condiciones necesarias para el triunfo de la insurrección y exponía el plan aproximado de organización de ésta.

El Comité Central del Partido Bolchevique, después de discutir las cartas de Lenin en su reunión del 15 (28) de septiembre, empezó a preparar la insurrección, advirtiendo de ello a los dirigentes de las organizaciones más importantes del partido. En el artículo La crisis ha madurado, Lenin, al determinar las tareas del momento, escribió: "Está en juego todo el porvenir de la revolución rusa. Se juega a una carta todo el honor del Partido Bolchevique. Está en juego todo el porvenir de la revolución obrera internacional por el socialismo" (pág. 401 del presente volumen).

Lenin preparó al partido y a la clase obrera para la insurrección armada, infundiéndoles profunda fe en la victoria de la revolución socialista. En el artículo ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? demostró que el Partido Bolchevique, los obreros avanzados tenían las posibilidades de tomar el poder, sostenerse en él y utilizarlo para emancipar por completo a los trabajadores de toda opresión y explotación.

14

El 7 (20) de octubre, por acuerdo del CC, Lenin se trasladó clandestinamente de Víborg a Petrogrado para dirigir personalmente la insurrección.

En el presente tomo figuran los documentos de las históricas reuniones celebradas por el CC el 10 (23) y 16 (29) de octubre de 1917. En la primera de ellas, Lenin presentó un informe sobre el momento actual. Sobre la base de este informe se aprobó una resolución---escrita también por él---, que pasó a ser directriz del partido sobre la preparación inmediata de la insurrección armada. En la reunión ampliada del CC del 16 (29) de octubre, en la que Lenin pronunció otro informe, fue ratificada la resolución acerca de la insurrección. Para dirigirla se eligió un Centro Militar Revolucionario del partido, que pasó a formar parte del Comité Militar Revolucionario.

En ambas reuniones, Zinóviev y Kámenev intervinieron en contra de la resolución del CC sobre la insurrección. Trotski intentó también frustrar la insurrección, proponiendo que se aplazara hasta el II Congreso de los Soviets, lo que, de hecho, significaba condenarla al fracaso. En el tomo se insertan cartas de Lenin a los miembros del Partido Bolchevique y al Comité Central llenas de ira contra la felonía de Zinóviev y Kámenev, quienes publicaron en el periódico semimenchevique Nóvaya Zhizn ``(Vida Nueva'') una declaración en la que expresaban su disconformidad con el acuerdo del CC acerca de la insurrección, descubriendo así al enemigo el acuerdo secreto del partido. Lenin los estigmatizó como esquiroles de la revolución y exigió que fuesen expulsados del partido.

Lenin insistió en que la insurrección empezase antes del II Congreso de los Soviets, a fin de adelantarse a los enemigos, que, advertidos por los traidores, esperaban su comienzo el día de la apertura del congreso. En su carta a los miembros del CC del 24 de octubre (6 de noviembre), Lenin propuso pasar inmediatamente a la acción: "La historia---decía en ella---no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, de perderlo todo" (pág. 474 del presente volumen).

El 24 de octubre (6 noviembre), a altas horas de la noche, Lenin se trasladó al Smolny para tomar en sus manos la dirección de la insurrección. Su plan de insurrección armada fue llevado a la práctica victoriosamente por los obreros y soldados sublevados. En este tomo figura el histórico llamamiento, escrito por Lenin, ¡A los ciudadanos de Rusia!, por medio del cual el Comité Militar Revolucionario dio a conocer a los pueblos de Rusia en la mañana 15 del 25 de octubre (7 de noviembre) que el Gobierno Provisional había sido depuesto y que todo el poder del Estado pasaba a los Soviets.

El Partido Comunista, dirigido por Lenin, llevó a la clase obrera a la victoria de la revolución socialista. La pertrechó con un programa de lucha científicamente fundamentado, con una táctica y una estrategia acertadas. El Partido Comunista supo llevar a la práctica las ideas de Lenin porque se apoyaba en la actividad revolucionaria de las multitudinarias masas populares. La Gran Revolución Socialista de Octubre inició una nueva era en la historia de la humanidad: la era del triunfo del socialismo y del comunismo.

En este tomo se han incluido los documentos del II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia, inaugurado en la noche del 25 de octubre (7 de noviembre): el llamamiento ¡A los obreros, a los soldados, a los campesinos!, escrito por Lenin, sus informes sobre la paz y la tierra y la disposición de formar un Gobierno Obrero y Campesino, el Gobierno soviético. En los informes se exponían y argumentaban los primeros decretos de la Revolución de Octubre. En el Decreto de la Paz se proponía a todos los pueblos y gobiernos de los países beligerantes entablar inmediatamente negociaciones para la firma de una paz general, justa y democrática. El decreto desbrozaba el camino para una salida revolucionaria de la guerra imperialista .y sentaba las bases de la política de paz del Estado soviético. En él se proclamaba la idea de la posibilidad de la coexistencia pacífica de los Estados con sistemas socioeconómicos diferentes. El Partido Comunista y el Estado soviético aplican en su política exterior, de modo firme e invariable, los principios leninistas, luchan por la paz y la seguridad de los pueblos.

El Decreto sobre la Tierra proclamaba la confiscación de todas las tierras de los terratenientes, sin indemnización alguna, y su entrega al pueblo. Se abolía la propiedad privada de la tierra y toda ella pasaba en usufructo gratuito a los trabajadores. Así se hicieron realidad las esperanzas y anhelos seculares de los campesinos.

El congreso aprobó por unanimidad los decretos leninistas de la paz y la tierra, que desempeñaron un inmenso papel en el fortalecimiento de la dictadura del proletariado y en la edificación del socialismo en nuestro país. En el congreso se formó el Gobierno soviético---el Consejo de Comisarios del Pueblo---, eligiéndose a Lenin para presidirlo.

Las obras que figuran en el presente tomo reflejan la gigantesca labor realizada por Lenin para edificar el primer Estado socialista del 16 mundo, el Estado soviético, y afianzar la dictadura del proletariado. Reflejan también su lucha para cohesionar las filas del Partido Comunista.

Varios documentos incluidos en este tomo---Intervenciones en la reunión del CC del POSD(b) de Rusia el 1° (14) de noviembre de 1917, la Resolución del CC del POSD(b) de Rusia sobre la oposición en el seno del CC del 2 (15) de noviembre de 1917, y el Ultimátum de la mayoría del CC del POSD(b) de Rusia a la minoría---están dirigidos contra la línea traidora de Kámenev, Zinóviev, Rykov y sus secuaces, que intentaban minar la dictadura del proletariado y desorganizar las filas del partido. Exigían la formación de un gobierno en el que participasen los partidos contrarrevolucionarios derrocados---los mencheviques y eseristas---, lo que significaba renunciar al Poder soviético, retornar al parlamentarismo burgués y restaurar el capitalismo. A propuesta de Lenin, el Comité Central condenó enérgicamente a los capituladores. En el Llamamiento del CC a todos los miembros del Partido y a todas las clases trabajadoras de Rusia, escrito por Lenin, se decía: "En Rusia no debe haber más gobierno que el Gobierno de los Soviets" (pág. 508 del presente volumen).

El Partido Comunista tenía ante sí tareas de extraordinaria importancia. Había que romper la vieja máquina del Estado burgués y crear un aparato estatal nuevo, soviético. Lenin estudió y dio solución a las cuestiones fundamentales de la edificación política, económica y cultural de la joven República Soviética. En este tomo podrán leer el Proyecto de decreto sobre el control obrero y el Proyecto de decreto sobre la puesta en práctica de la nacionalización de los bancos y las medidas indispensables derivadas de ella, así como los discursos e intervenciones de Lenin en la reunión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia sobre la nacionalización de los bancos y la creación del Consejo Superior de Economía Nacional.

En respuesta a la furiosa resistencia de los terratenientes y capitalistas y al sabotaje de los empleados y altos funcionarios, Lenin exhortaba a las masas trabajadoras a tomar el poder en sus manos, a proteger y fortalecer el Poder soviético. En su llamamiento A la población decía: "Poned todo el poder en manos de vuestros Soviets. Proteged la tierra, el grano, las fábricas, los instrumentos de producción, los víveres y el transporte; cuidad de ellos como de las niñas de los ojos, pues todo eso es desde hoy exclusivamente vuestro, patrimonio del pueblo" (pág. 507 del presente volumen).

El Gobierno soviético disolvió la Asamblea Constituyente, abierta el 5 (18) de enero de 1918 y elegida de acuerdo con las listas confeccionadas antes de la Revolución de Octubre. La Asamblea Constituyente se negó a reconocer el Poder soviético y ratificar los decretos dictados por él, con lo que se opuso a la voluntad de la 17 mayoría del pueblo. En las Tesis acerca de la Asamblea Constituyente, en el artículo Gente del otro mundo y en el Proyecto de decreto disolviendo la Asamblea Constituyente, Lenin denuncia la esencia contrarrevolucionaria de ésta. Indica que sólo los Soviets están en condiciones de aplastar la resistencia de las clases poseedoras y sentar los cimientos de la sociedad socialista.

Lenin explica la política del Poder soviético en cuanto al problema agrario en varias obras que figuran en este tomo: Respuesta a las preguntas de los campesinos, La alianza de los obreros y de los campesinos trabajadores y explotados (Carta a la Redacción de ``Pravda''), proyecto de resolución y discurso de clausura del Congreso Extraordinario de los Soviets de diputados campesinos de toda Rusia. Estos y otros trabajos muestran la inmensa importancia que concedía Lenin al fortalecimiento de la alianza de la clase obrera con las masas trabajadoras del campesinado,, alianza que constituye la base del Poder soviético.

En el tomo figura un documento histórico escrito por Lenin: la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado. En ella se declaraba que Rusia era una República de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos y se ratificaban los decretos de la paz, sobre la tierra y otros. La Declaración aprobaba la política exterior del Gobierno soviético y subrayaba que la República de los Soviets se instituía sobre la base de la unión voluntaria de naciones libres como Federación de Repúblicas Soviéticas Nacionales. Entre las mayores conquistas de la Revolución de Octubre figuran la aplicación del programa nacional del Partido Bolchevique, la supresión de la opresión nacional y la garantía a todos los pueblos de Rusia de iguales derechos en todas las esferas de la vida económica, política y cultural.

La Declaración fue ratificada el 12 (25) de enero de 1918 en el III Congreso de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de toda Rusia y sirvió de base a la primera Constitución soviética.

En el informe Sobre la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo, pronunciado en el III Congreso de los Soviets, Lenin hizo el balance de la labor realizada por el Gobierno soviético durante los dos meses y pico transcurridos desde la instauración del Poder de los Soviets. Al analizar las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre, Lenin destacaba su grandiosa significación internacional: "Nuestra República Socialista de los Soviets se mantendrá firme, como antorcha del socialismo internacional y ejemplo para todas las masas trabajadoras" (pág. 577 del presente volumen).

La joven República Soviética no podría considerar estable su situación en tanto se encontrara en estado de guerra. Inglaterra, Francia y los EE.UU. rechazaron las conversaciones de paz. El 18 Gobierno soviético decidió emprender negociaciones con Alemania y Austria.

La intensa lucha sostenida por el Partido Comunista, con Lenin al frente, para sacar a la Rusia Soviética de la guerra y concertar la paz se ve reflejada en las siguientes obras: Acerca de la historia de la paz desdichada, Proyecto inicial de radiograma al Gobierno del Imperio Alemán, Posición del CC del POSD (bolchevique) de Rusia en el problema de la paz separada y anexionista, Una lección dura, pero necesaria y Peregrino y monstruoso. Lenin exigía la firma inmediata de la paz con Alemania. Hacía falta una tregua para afianzar el Poder soviético y crear un Ejército Rojo capaz de defender el país frente a los invasores imperialistas.

Los documentos que figuran en este tomo dan una idea de la lucha consecuente e intransigente de Lenin contra Trotski y el grupo antipartido de los "comunistas de izquierda'', encabezado por Bujarin; todos ellos, al unísono con la burguesía, los eseristas y los mencheviques, se pronunciaban contra la firma de la paz, poniendo en peligro la existencia de la república socialista. Trotski, que presidía la delegación soviética en las negociaciones de paz de Brest-Litovsk, infringió las indicaciones concretas del partido y se negó a firmar la paz con Alemania, declarando al mismo tiempo que el País de los Soviets cesaba la guerra contra Alemania y desmovilizaba su ejército. Aprovechándose de esta declaración, el Gobierno alemán emprendió la ofensiva en todo el frente. Sobre el Estado soviético se cernió una amenaza de muerte.

El 21 de febrero de 1918, Lenin, en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigió al pueblo un llamamiento, titulado ¡La patria socialista está en peligro! El Gobierno soviético llamaba a los obreros y campesinos a defender abnegadamente la república frente a las hordas de la Alemania burguesa e imperialista. Las masas populares se alzaron en defensa de la patria socialista. El joven Ejército Rojo rechazó heroicamente la ofensiva de las tropas alemanas.

Incluso después de haber sido aprobada en la reunión del CC del 23 de febrero de 1918, con motivo del informe de Lenin, la resolución de firmar la paz de Brest, Trotski y los "comunistas de izquierda" continuaron la lucha contra el partido y el Gobierno soviético con el propósito de frustrar el tratado de paz. Lenin desenmascaró a los "comunistas de izquierda'', los cuales exigían la continuación de la guerra y declaraban que, en interés de la revolución internacional, era aceptable incluso la posibilidad de la pérdida del Poder soviético, que se estaba convirtiendo, Según ellos, en un poder puramente formal. Lenin calificó esta declaración de "peregrina y monstruosa''. "¿Quizá los autores---escribía Lenin--- 19 supongan que los intereses de la revolución internacional exigen que ésta sea estimulada, y que el único estímulo podría ser la guerra, y en modo alguno la paz, susceptible de producir en las masas la impresión de una especie de "legitimación" del imperialismo? Semejante "teoría" estaría en completa contradicción con el marxismo, que ha negado siempre la posibilidad de ``estimular'' las revoluciones, las cuales se desarrollan a medida que se exacerban las contradicciones de clase que las engendran" (pág. 592 del presente volumen). Lenin destacaba que la conservación del Poder soviético, el fortalecimiento de la dictadura del proletariado era el mejor apoyo al movimiento emancipador internacional de los trabajadores.

Para resolver definitivamente el problema de la paz se convocó el Vil Congreso del PC (b) de Rusia, el cual se celebró del 6. al 8 de marzo en Petrogrado. En el congreso se entabló una dura lucha contra Trotski y los "comunistas de izquierda" que trataban de romper la unidad del partido y minar la dictadura del proletariado. En el presente tomo se publican el informe y el discurso de resumen de Lenin sobre el problema de la guerra y la paz. Lenin indicaba que había sido necesario concertar una paz durísima y mucho más humillante por culpa de quienes habían frustrado su firma en el momento oportuno. Señaló la tarea de fortalecer la capacidad defensiva del Estado soviético y adoptar las medidas más enérgicas para implantar el orden revolucionario y establecer una disciplina férrea, para organizar y robustecer el Ejército Rojo. El congreso confirmó el acierto de la línea leninista en el problema de la paz y consideró necesario ratificar el tratado de paz firmado por el Gobierno soviético con Alemania. Los "comunistas de izquierda" y Trotski fueron derrotados.

Con motivo del informe de Lenin sobre la revisión del programa del partido y el cambio de nombre de éste, el congreso aprobó una resolución, en la que se decía que el partido se denominaría en lo sucesivo Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Para redactar el nuevo programa del partido se eligió una comisión presidida por Lenin.

El IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia, reunido en Moscú el 14 de marzo de 1918, ratificó el Tratado de Paz de Brest. En el tomo han sido incluidos el informe de Lenin ante el congreso acerca de la ratificación del tratado de paz y la resolución sobre este problema, escrita por él y aprobada por el congreso.

En las complicadas y difíciles condiciones derivadas de la situación internacional e interior, el Partido Comunista, dirigido por Lenin, supo sacar al país de la guerra, conquistar una tregua que 20 permitió poner orden en la economía del país, crear el Ejército Rojo y conservar y afianzar el Estado soviético.

El lector encontrará en este tomo diversos trabajos de Lenin dedicados al restablecimiento de la economía del país, a su reorganización sobre bases socialistas y a la edificación del socialismo. Entre esos trabajos figuran los titulados ¿Cómo debe organizarse la emulación?, La tarea principal de nuestros días, Las tareas inmediatas del Poder soviético, Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués y los discursos de Lenin en el Congreso de Comisarios del Trabajo y en el I Congreso de los Consejos de Economía Nacional.

Lenin enseñaba que la tarea principal de toda revolución socialista, a diferencia de la revolución burguesa, es el trabajo creador para edificar una sociedad nueva, la sociedad socialista. Este trabajo sólo puede ser realizado con éxito con la participación activa de las amplias masas trabajadoras. Indicaba que los artífices del socialismo son las propias masas populares, que tienden al gran trabajo vivo y creador y emprenden por iniciativa propia la edificación de la sociedad socialista.

Lenin destacaba el viraje radical registrado en la historia de la humanidad, un viraje del abismo de sufrimientos, torturas, hambre y barbarie "al futuro luminoso de la sociedad comunista, al bienestar general y la paz duradera...'' (pág. 645 del presente volumen). Subrayaba que en nuestro país existen los recursos precisos---en las riquezas naturales, en las reservas de fuerzas humanas y en el magnífico impulso que la gran revolución ha dado a la capacidad creadora del pueblo---para hacer una Rusia verdaderamente vigorosa y opulenta.

En la primavera de 1918, Lenin escribió su obra Las tareas inmediatas del Poder soviético, en la que expuso las bases de la política económica de la dictadura del proletariado y señaló las vías y los métodos concretos para la transformación socialista de Rusia.

El paso del capitalismo al socialismo en la Rusia Soviética se efectuó existiendo en la economía del país elementos de cinco tipos de economía. Entonces predominaba en Rusia la pequeña hacienda. El partido tenía ante sí la tarea de vencer al elemento pequeñoburgués, fortalecer el sector socialista, hacerlo predominante y, luego, único y omnímodo. Lenin planteaba en primer plano en el terreno de la edificación económica la tarea de organizar la contabilidad y el control populares más rigurosos de la producción y la distribución. Hacía hincapié en que sólo así podría coronarse con el éxito la lucha contra la burguesía y afianzar el socialismo.

Lenin estimaba que una de las tareas básicas de la revolución socialista consistía en alcanzar una productividad del trabajo 21 superior a la capitalista. Indicaba que para elevar la productividad del trabajo era necesario, ante todo, desarrollar la industria pesada. Consideraba que otra condición importante era elevar el nivel cultural de los trabajadores y la disciplina laboral, crear una disciplina nueva, consciente, de los trabajadores, organizar mejor el trabajo y fomentar el progreso técnico. Exhortaba a librar una lucha implacable contra la relajación pequeñoburguesa, contra los holgazanes, aprovechados y especuladores.

Lenin estudió los problemas de la dirección de la economía del país por el Estado proletario y fundamentó el principio del centralismo democrático, de una organización fuerte y armónica de la dirección de la producción y del mando unipersonal. Veía en la emulación socialista uno de los medios más importantes de educación comunista. Esta cuestión la había planteado y desarrollado ya antes, en diciembre de 1917, en el artículo ¿Cómo debe organizarse la emulación? Señalaba que sólo el socialismo crea la posibilidad de impulsar la emulación entre las masas, con participación de la mayoría de los trabajadores, los cuales pueden revelar en ella sus dotes y talentos, de los que el pueblo es manantial inagotable.

El trabajo de Lenin Las tareas inmediatas del Poder soviético tiene importancia histórica y es una notable obra del marxismo.

Los "comunistas de izquierda" lucharon contra el plan leninista. Su posición conducía, en la práctica, a defender el elemento pequeñoburgués y la relajación anarquista. Lenin criticó duramente a los "comunistas de izquierda" en el artículo Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués, mostrando que eran portavoces de los intereses "del enfurecido pequeñoburgués" (pág. 716 del presente volumen).

Figuran en este tomo las Tesis sobre la situación política actual, escritas en mayo de 1918. Lenin expone en ellas la situación en que se encontraba entonces el país. Se había creado una situación gravísima en extremo en el abastecimiento de víveres. Los kulaks y especuladores saboteaban el monopolio del trigo y ocultaban el grano, con la esperanza de ahogar la revolución por medio del hambre. La lucha por el pan se fundía con la lucha por el socialismo. En su carta a los obreros de Petrogrado, titulada El hambre, Lenin señaló la tarea de organizar una ``cruzada'' masiva de los obreros avanzados al campo para ayudar a los campesinos pobres en la lucha contra los kulaks. Miles y miles de obreros respondieron al llamamiento del partido. Se formaron destacamentos encabezados por comunistas, que fueron enviados a las aldeas, donde cohesionaron a los campesinos pobres y les ayudaron a romper la resistencia de los kulaks y a descubrir los sobrantes de grano que ocultaban.

En junio de 1918 se constituyeron los comités de campesinos 22 pobres. Fueron puntos de apoyo de la dictadura del proletariado en el campo y realizaron una gran labor en la lucha contra los kulaks y en el abastecimiento de trigo a la población de las ciudades y al ejército. La organización de estos comités tuvo gran importancia para el desarrollo de la revolución socialista y el afianzamiento del Poder soviético en el campo.

En un discurso pronunciado en el VII Congreso del PC(b) de Rusia, Lenin dijo: "... al comenzar las transformaciones socialistas, debemos plantearnos claramente el objetivo hacia el cual tienden, en resumidas cuentas, estas transformaciones: el de crear la sociedad comunista...'' (pág. 631 del presente volumen). Inspirado por las ideas inmortales de Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética orienta las poderosas fuerzas del pueblo soviético hacia el cumplimiento de la ingente tarea de edificar el comunismo en nuestro país.

Las ideas de Lenin alumbran el camino triunfal de la lucha que sostienen por la edificación del socialismo y el comunismo los trabajadores de los países socialistas, dirigidos por los partidos comunistas y obreros. Estas ideas sirven de estrella polar a los pueblos del mundo entero en su lucha por la paz, la democracia y el socialismo.

Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PCUS Editorial del Estado de Literatura Política

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LENIN. 1918

[23] __ALPHA_LVL1__ CARTAS DESDE LEJOS^^1^^

PRIMERA CARTA

LA PRIMERA ETAPA DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN

La primera revolución, engendrada por la guerra imperialista mundial, ha estallado. Seguramente, esta primera revolución no será la última.

A juzgar por los escasos datos de que se dispone en Suiza, la primera etapa de esta primera revolución, .concretamente la revolución rusa del 1 de marzo de 1917, ha terminado. Seguramente, esta primera etapa no será la última de nuestra revolución.

¿Cómo ha podido producirse el ``milagro'' de que sólo en 8 días---según ha afirmado el señor Miliukov en su jactancioso telegrama a todos los representantes de Rusia en el extranjero--- se haya desmoronado una monarquía que se había mantenido a lo largo de siglos y que se mantuvo, pese a todo, durante tres años ---1905--1907---de gigantescas batallas de clases en las que participó todo el pueblo?

Ni en la naturaleza ni en la historia se producen milagros, pero todo viraje brusco de la historia, incluida cualquier revolución, ofrece un contenido tan rico, desarrolla combinaciones tan inesperadas y originales de formas de lucha y de correlación de las fuerzas en pugna, que muchas- cosas deben parecer milagrosas a la mentalidad pequeñoburguesa.

Para que la monarquía zarista pudiera desmoronarse en unos días, fue precisa la conjugación de varias condiciones de importancia histórica universal. Indiquemos las principales.

Sin los tres años de formidables batallas de clases, sin la energía revolucionaria desplegada por el proletariado ruso en 1905--1907, hubiera sido imposible una segunda revolución tan rápida, en el sentido de que ha culminado su etapa inicial en unos cuantos días. La primera revolución (1905) removió profundamente el terreno, arrancó de raíz prejuicios seculares, despertó a la vida política y a la lucha política a millones de obreros y a decenas de millones de campesinos, reveló a cada clase y al mundo entero el verdadero carácter de todas las clases (y todos los principales partidos) de la sociedad rusa, la verdadera correlación de sus intereses, sus fuerzas, sus modos de acción, sus objetivos inmediatos y 24 posteriores. La primera revolución y la época de contrarrevolución que le siguió (1907--1914) pusieron al desnudo la verdadera naturaleza de la monarquía zarista, llevaron ésta a su "último extremo'', descubrieron toda su putrefacción, toda la ignominia, todo el cinismo y todo el libertinaje de la banda zarista con el monstruo de Rasputin a la cabeza; descubrieron toda la ferocidad de la familia de los Románov, esos pogromistas que anegaron Rusia en sangre de judíos, de obreros, de revolucionarios, esos terratenientes, "los primeros entre sus iguales'', poseedores de millones de deciatinas de tierra y dispuestos a todas las atrocidades, a todos los crímenes, dispuestos a arruinar y a estrangular a no importa cuantos ciudadanos para resguardar la "propiedad sacrosanta" suya y de su clase.

Sin la revolución de 1905--1907, sin la contrarrevolución de 1907--1914, habría sido imposible una ``autodefinicien'' tan precisa de todas las clases del pueblo ruso y de todos los pueblos que habitan en Rusia, la definición de la actitud de esas clases---de unas hacia otras y de cada una de ellas hacia la monarquía zarista--- que se reveló durante los 8 días de la revolución de febrero-marzo de 1917. Esta revolución de 8 días fue ``representada'', si puede permitirse la metáfora, como si se hubiera procedido con anterioridad a unos diez ensayos principales y secundarios; los ``actores'' se conocían, sabían sus papeles, sus puestos, conocían su situación a lo largo y a lo ancho, en todos los detalles, conocían hasta los menores matices de las tendencias políticas y de las formas de acción.

Pero, para que la primera, la gran revolución de 1905, condenada como "una gran rebelión" por los señores Guchkov, Miliukov y sus acólitos, condujera a los doce años a la ``brillante'' y ``gloriosa'' revolución de 1917, que los Guchkov y los Miliukov declaran ``gloriosa'' porque les ha dado (por el momento) el poder, se precisaba, además, un "director de escena" grande, vigoroso, omnipotente y capaz, por una parte, de acelerar extraordinariamente la marcha de la historia universal, y, por otra, de engendrar crisis mundiales económicas, políticas, nacionales e internacionales de una fuerza inusitada. Aparte de una aceleración extraordinaria de la historia universal, se precisaban virajes particularmente bruscos de ésta para que en uno de ellos pudiera volcar, de golpe, la carreta de la sangrienta y enlodada monarquía de los Románov.

Este "director de escena" omnipotente, este acelerador vigoroso ha sido la guerra imperialista mundial.

Hoy ya no cabe duda de que la guerra es mundial, pues Estados Unidos y China están ya participando a medias en ella, y mañana lo harán totalmente.

25

Hoy ya no cabe duda de que la guerra es imperialista por ambas partes. Sólo los capitalistas y sus secuaces, los socialpatriotas y los socialchovinistas---o, aplicando en lugar de definiciones criticas generales nombres de políticos bien conocidos en Rusia---, sólo los Guchkov y los Lvov, los Miliukov y los Shingariov, de un lado, y, de otro, sólo los Gvózdiev, los Potrésov, los Chjenkeli, los Kerenski y los Chjeídze pueden negar o velar este hecho. Tanto la burguesía alemana como la burguesía anglo-francesa hacen la guerra para saquear otros países, para estrangular a los pequeños pueblos, para establecer su dominación financiera en el mundo, para proceder al reparto y redistribución de las colonias, para salvar, engañando y dividiendo a los obreros de los distintos países, el agonizante régimen capitalista.

La guerra imperialista debía---ello era objetivamente inevitable--- acelerar extraordinariamente y recrudecer de manera inusitada la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, debía transformarse en una guerra civil entre las clases enemigas.

Esta transformación ha comenzado con la revolución de febreromarzo de 1917, cuya primera etapa nos ha mostrado, en primer lugar, el golpe conjunto infligido al zarismo por dos fuerzas: toda la Rusia burguesa y terrateniente con todos sus acólitos inconscientes y con todos sus orientadores conscientes, los embajadores y capitalistas anglo-franceses, por una parte, y, por otra, el Soviet de diputados obreros, que ha empezado a ganarse a los diputados soldados y campesinos.

Estos tres campos políticos, estas tres fuerzas políticas fundamentales que son: 1) la monarquía zarista, cabeza de los terratenientes feudales, cabeza de la vieja burocracia del generalato; 2) la Rusia burguesa y terrateniente de los = octubristas^^2^^ y los demócratas = constitucionalistas^^3^^, detrás de los cuales se arrastraba la pequeña burguesía (cuyos representantes más señalados son Kerenski y Chjeídze); 3) el Soviet de diputados obreros, que trata de hacer aliados suyos a todo el proletariado y a todos los sectores pobres de la población; estas tres fuerzas políticas fundamentales se han revelado con plena claridad, incluso en los 8 días de la "primera etapa'', incluso para un observador obligado a contentarse con los escuetos telegramas de los periódicos extranjeros y tan alejado de los sucesos como lo está quien escribe estas líneas.

Pero antes de desarrollar esta idea, debo volver a la parte de mi carta consagrada al factor de mayor importancia: la guerra imperialista mundial.

La guerra ha atado entre sí con cadenas de hierro a las potencias beligerantes, a los grupos beligerantes de capitalistas, a los ``amos'' del régimen capitalista, a los señores de la esclavitud capitalista. Un 26 amasijo sanguinolento: eso es la vida social y política del momento histórico que vivimos.

Los socialistas que desertaron al campo de la burguesía en el comienzo de la guerra, todos esos David y Scheidemann en Alemania, los Plejánov, Potrésov, Gvózdiev y Cía. en Rusia, vociferaron largamente y a grito pelado contra las ``ilusiones'' de los revolucionarios, contra las ``ilusiones'' del Manifiesto = de Basilea^^4^^, contra el "sueño-farsa" de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Ensalzaron en todos los tonos la fuerza, la vitalidad, la facultad de adaptación reveladas, según ellos, por el capitalismo; ¡ellos, que han ayudado a los capitalistas a ``adaptar'', domesticar, engañar y dividir a la clase obrera de los distintos países!

Pero "quien ría el último, ríe mejor''. La burguesía no consiguió aplazar por largo tiempo la crisis revolucionaria engendrada por la guerra. Esta crisis se agrava con una fuerza irresistible en todos los países, empezando por Alemania, que sufre, según la expresión de un observador que la ha visitado recientemente, "un hambre genialmente organizada'', y terminando con Inglaterra y Francia, donde el hambre se acerca también y donde la organización es mucho menos ``genial''.

Es natural que la crisis revolucionaria estallara antes que en otras partes en la Rusia zarista, donde la desorganización era la más monstruosa y el proletariado el más revolucionario (no debido a sus cualidades singulares, sino a las tradiciones, aún vivas, del "año 1905''). Aceleraron esta crisis las durísimas derrotas sufridas por Rusia y sus aliados. Estas derrotas sacudieron todo el viejo mecanismo gubernamental y todo el viejo orden de cosas, enfurecieron contra él a todas las clases de la población, exasperaron al ejército, exterminaron a muchísimos de los viejos mandos, salidos de una nobleza rutinaria y de una burocracia extraordinariamente podrida, y los remplazaron con elementos jóvenes, nuevos, principalmente burgueses, = raznochintsi^^5^^, pequeñoburgueses. Los lacayos descarados de la burguesía o los hombres simplemente faltos de carácter, que clamaban y vociferaban contra el ``derrotismo'', se ven hoy ante el hecho de la ligazón histórica entre la derrota de la monarquía zarista, la más atrasada y bárbara, y el comienzo del incendio revolucionario.

Pero si las derrotas al empezar la guerra desempeñaron el papel de un factor negativo, que aceleró la explosión, el vínculo entre el capital financiero anglo-francés, el imperialismo anglofrancés y el capital octubrista y democonstitucionalista de Rusia ha sido el factor que ha acelerado esta crisis, mediante la organización directa de un complot contra Nicolás Románov.

27

Por razones bien comprensibles, la prensa anglo-francesa silencia este aspecto, extraordinariamente importante, de la cuestión, mientras que ¡a prensa alemana lo subraya con maliciosa alegría. Nosotros, los marxistas, debemos mirar la verdad cara a cara, serenamente, sin dejarnos desconcertar por la mentira oficial, por la mentira diplomática y dulzarrona de los diplomáticos y de los ministros del primer grupo beligerante de imperialistas, ni por los guiños y las risitas burlonas de sus competidores financieros y militares del otro grupo beligerante. Todo el curso de los sucesos en la revolución de febrero-marzo muestra claramente que las embajadas inglesa y francesa, con sus agentes y sus ``influencias'', que llevaban mucho tiempo haciendo los esfuerzos más desesperados para impedir los acuerdos " separados" y una paz separada entre Nicolás II (esperamos y haremos lo necesario para que sea el último) y Guillermo II, organizaron directamente un complot con los octubristas y los demócratas constitucionalistas, con parte del generalato y de la oficialidad del ejército, sobre todo, de la guarnición de San Petersburgo, para deponer a Nicolás Románov.

No nos hagamos ilusiones. No incurramos en el error de quienes---como algunos miembros del = ``CO''^^6^^ o = ``mencheviques''^^7^^, que vacilan entre la posición de los Gvózdiev y los Potrésov y el internacionalismo, deslizándose con excesiva frecuencia hacia el pacifismo pequeñoburgués---están dispuestos a ensalzar el " acuerdo" entre el partido obrero y los demócratas constitucionalistas, el ``apoyo'' del primero a los últimos, etc. Esa gente, rindiendo tributo a su vieja y manoseada doctrina (que nada tiene de marxista), echa un velo sobre el complot tramado por los imperialistas anglo-franceses con los Guchkov y los Miliukov para destronar a Nicolás Románov, el "primer espadón'', y poner en su sitio a espadones más enérgicos, menos gastados, más capaces.

Si la revolución ha triunfado tan rápidamente y de una manera tan radical---en apariencia y a primera vista---, es únicamente porque, debido a una situación histórica original en extremo, se fundieron, con ``unanimidad'' notable, corrientes absolutamente diferentes, intereses de clase absolutamente heterogéneos, aspiraciones políticas y sociales absolutamente opuestas. A saber: la conjuración de los imperialistas anglo-franceses, que empujaron a Miliukov, Guchkov y Cía. a adueñarse del poder para continuar la guerra imperialista, para continuarla con más encarnizamiento y tenacidad, para asesinar a nuevos millones de obreros y campesinos de Rusia a fin de dar Constantinopla... a los Guchkov, Siria... a los capitalistas franceses, Mesopotamia... a los capitalistas ingleses, etc. Esto de una parte. Y de otra parte, un profundo movimiento 28 proletario y de las masas del pueblo (todos los sectores pobres de la población de la ciudad y del campo), movimiento de carácter revolucionario, por el pan, la paz y la verdadera libertad.

Sería necio hablar de ``apoyo'' por parte del proletariado revolucionario de Rusia al imperialismo democonstitucionalista y octubrista, ``amasado'' con dinero inglés y tan repugnante como el imperialismo zarista. Los obreros revolucionarios han estado demoliendo, han demolido ya en gran parte y seguirán demoliendo la ignominiosa monarquía zarista hasta acabar con ella, sin entusiasmarse ni inmutarse si en ciertos momentos históricos, de breve duración y de coyuntura excepcional, viene a ayudarles la lucha de Buchanan, Guchkov, Miliukov y Cía., con vistas a sustituir a un monarca por otro, ¡y preferiblemente por otro Románov!

Las cosas han ocurrido así, y solamente así. Así, y solamente así, puede considerar las cosas el político que no teme la verdad, que sopesa con lucidez la correlación de las fuerzas sociales en la revolución, que aprecia cada "momento actual'', no sólo en todo lo que tiene de original en el instante dado, sino también desde el punto de vista de resortes más profundos, de una correlación más profunda de los intereses del proletariado y de la burguesía, tanto en Rusia como en todo el mundo.

Los obreros de Petrogrado, lo mismo que los obreros de toda Rusia, han combatido con abnegación contra la monarquía zarista, por la libertad, por la tierra para los campesinos, por la paz, contra la matanza imperialista. El capital imperialista anglo-francés, para continuar e intensificar esta matanza, urdió intrigas palaciegas, tramó un complot con oficiales de la guardia, instigó y alentó a los Guchkov y a los Miliukov, tenía completamente formado un nuevo gobierno, que fue el que tomó el poder en cuanto el proletariado hubo asestado los primeros golpes al = zarismo^^8^^.

Este nuevo gobierno en el que los octubristas y los " renovadores = pacíficos"^^9^^, Lvov y Guchkov, ayer cómplices de Stolypin el Verdugo, ocupan puestos de verdadera importancia, puestos cardinales, puestos decisivos, tienen en sus manos el ejército y la burocracia, este gobierno, en el que Miliukov y otros demócratas constitucionalistas figuran más que nada como adorno, como rótulo, para pronunciar melifluos discursos profesorales, y el ``trudovique'' Kerenski desempeña el papel de flauta para engañar a los obreros y a los campesinos, ese gobierno no es una agrupación accidental de personas.

Son los representantes de una nueva clase llegada al poder político en Rusia, la clase de los terratenientes capitalistas y de la burguesía, que desde hace largo tiempo dirige económicamente nuestro país y que tanto durante la revolución de 1905--1907 como 29 durante la contrarrevolución de 1907--1914 y, finalmente, durante la guerra de 1914 a 1917---en este período con singular celeridad---, se ha organizado políticamente con extraordinaria rapidez, apoderándose de las administraciones locales, de la instrucción pública, de congresos de todo género, de la Duma'', de los comités de la industria de = guerra^^12^^, etc. Esta nueva clase estaba ya "casi del todo" en el poder en 1917; por eso los primeros golpes han sido suficientes para que el zarismo se desmoronase, abandonando el campo a la burguesía. La guerra imperialista, al exigir una increíble tensión de fuerzas, aceleró a tal extremo el proceso de desarrollo de la Rusia atrasada, que, "de golpe"---en realidad aparentemente de golpe---, hemos alcanzado a Italia, a Inglaterra y casi a Francia, hemos obtenido un gobierno ``parlamentario'', de "coalición'', ``nacional'' (es decir, adaptado para continuar la matanza imperialista y para engañar al pueblo).

Al lado de este gobierno---que no es, en el fondo, más que un simple agente de las ``firmas'' de multimillonarios, "Inglaterra y Francia'', desde el punto de vista de la guerra presente---ha aparecido un gobierno obrero, el gobierno principal, no oficial, no desarrollado aún, relativamente débil, que expresa los intereses del proletariado y de todos los elementos pobres de la población de la ciudad y del campo. Este gobierno es el Soviet de diputados obreros de Petrogrado que busca ligazón con los soldados y con los campesinos, así como con los obreros agrícolas; como es natural, con éstos, sobre todo, más que con los campesinos.

Tal es la verdadera situación política que nosotros debemos ante todo esforzarnos por establecer con la máxima precisión y objetividad, a fin de dar a la táctica marxista la única base sólida que ha de tener: los hechos.

La monarquía zarista ha sido derrocada, pero todavía no ha sido rematada.

El gobierno octubrista y democonstitucionalista, gobierno burgués, que quiere llevar la guerra imperialista "hasta el final'', es en realidad agente de la firma financiera "Inglaterra y Francia'', y se ve obligado a prometer al pueblo todas las libertades y todas las dádivas compatibles con el mantenimiento del poder sobre el pueblo y con la continuación de la matanza imperialista.

El Soviet de diputados obreros es una organización obrera, es el embrión del gobierno obrero, representante de los intereses de todas las masas pobres de la población, es decir, de las nueve décimas partes de la población, que busca la paz, el pan y la libertad.

La lucha de estas tres fuerzas determina la situación presente, que es el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución.

La contradicción entre la primera fuerza y la segunda no es 30 profunda, es una contradicción temporal, suscitada solamente por la coyuntura del momento, por un brusco viraje de los acontecimientos en la guerra imperialista. En el nuevo gobierno todos son monárquicos, pues el republicanismo verbal de Kerenski no es serio ni digno de un político; es, objetivamente, politiquería. Aún no había el nuevo gobierno asestado el golpe de gracia a la monarquía zarista, cuando ya estaba entrando en tratos con la dinastía de los terratenientes Románov. La burguesía octubrista y demócrata constitucionalista necesita la monarquía como cabeza de la burocracia y del ejército, para salvaguardar los privilegios del capital contra los trabajadores.

Quien pretenda que los obreros deben apoyar al nuevo gobierno en nombre de la lucha contra la reacción del zarismo (y eso es lo que pretenden, por lo visto, los Potrésov, los Gvózdiev, los Chjenkeli y, también, pese a su posición evasiva, los Chjeídze), traiciona a los obreros, traiciona la causa del proletariado, la causa de la paz y de la libertad. Porque, de hecho, precisamente este nuevo gobierno ya está atado de pies y manos por el capital imperialista, por la política imperialista belicista, de rapiña; ya ha iniciado las transacciones (¡sin consultar al pueblo!) con la dinastía; ya se afana por restaurar la monarquía zarista; ya invita a un candidato a reyezuelo, a Mijaíl Románov; ya se preocupa de afianzar su trono, de sustituir la monarquía legítima (legal, basada en viejas leyes) por una monarquía bonapartista, plebiscitaria (basada en un sufragio popular amañado).

¡Para combatir realmente contra la monarquía zarista, para asegurar realmente la libertad, y no sólo de palabra, no en las promesas de los picos de oro de Miliukov y Kerenski, no son los obreros quienes deben apoyar al nuevo gobierno, sino este gobierno quien debe ``apoyar'' a los obreros! Porque la única garantía de la libertad y de la destrucción completa del zarismo es armar al proletariado, consolidar, extender, desarrollar el papel, la importancia y la fuerza del Soviet de diputados obreros.

Todo lo demás son frases y mentiras, ilusiones de politiqueros del campo liberal y radical, maquinaciones fraudulentas.

Ayudad al armamento de los obreros o, al menos, no lo estorbéis, y la libertad será invencible en Rusia, nadie conseguirá restaurar la monarquía, y la república se verá asegurada.

De lo contrario, los Guchkov y los Miliukov restaurarán la monarquía y no harán nada, absolutamente nada, de lo que han prometido en cuanto a las ``libertades''. Todos los politiqueros burgueses en todas las revoluciones burguesas han ``alimentado'' al pueblo y embaucado a los obreros con promesas.

Nuestra revolución es burguesa, y por eso los obreros deben 31 apoyar a la burguesía, dicen los Potrésov, los Gvózdiev y los Chjeídze, como dijera ayer Plejánov.

Nuestra revolución es burguesa, decimos nosotros, los marxistas, y por eso los obreros deben abrir los ojos al pueblo para que vea la mentira de los politiqueros burgueses y enseñarle a no creer en las palabras, a confiar únicamente en sus propias fuerzas, en su propia organización, en su propia unión, en su propio armamento.

El gobierno de octubristas y demócratas constitucionalistas, de los Guchkov y los Miliukov, no puede dar al pueblo---aunque lo quisiera sinceramente (sólo niños de pecho pueden creer en la sinceridad de Guchkov y Lvov)---ni la paz, ni el pan, ni la libertad.

La paz, porque es un gobierno de guerra, un gobierno de continuación de la matanza imperialista, un gobierno de rapiña que desea saquear Armenia, Galitzia, Turquía, conquistar Constantinopla, reconquistar Polonia, Curlandia, el país lituano, etc. Este gobierno está atado de pies y manos por el capital imperialista anglo-francés. El capital ruso no es más que una sucursal de la ``firma'' universal que maneja centenares de miles de millones de rublos y que se llama "Inglaterra y Francia".

El pan, porque este gobierno es burgués. Cuanto más, dará al pueblo, como lo ha hecho Alemania, "un hambre genialmente organizada''. Pero el pueblo no querrá tolerar el hambre. El pueblo llegará a saber, y sin duda bien pronto, que hay pan y que se puede obtener, pero únicamente con medidas desprovistas de todo respeto hacia la santidad del capital y de la propiedad de la tierra.

La libertad, porque este gobierno es un gobierno de terratenientes y capitalistas, que teme al pueblo y ha entrado ya en tratos con la dinastía de los Románov.

En otro artículo trataremos de los objetivos tácticos de nuestra conducta inmediata respecto a este gobierno. Mostraremos en qué consiste la peculiaridad del momento actual, del paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, y por qué la consigna, la "tarea del día'', en este momento debe ser: ¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo proletario y popular en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución.

Limitándonos por el momento a analizar la lucha de clases y la correlación de fuerzas de clase en la etapa actual de la revolución, debemos plantear aún esta cuestión: ¿Quiénes son los aliados del proletariado en la presente revolución?

Estos aliados son dos: en primer lugar, la amplia masa de los semiproletarios y, en parte, de los pequeños campesinos de Rusia, masa que cuenta con decenas de millones de hombres y constituye 32 la inmensa mayoría de la población. Esta masa necesita la paz, el pan, la libertad y la (ierra. Esta masa sufrirá inevitablemente cierta influencia de la burguesía, y sobre todo de la pequeña burguesía, a la que se acerca más por sus condiciones de existencia, vacilando entre la burguesía y el proletariado. Las duras lecciones de la guerra, que serán tanto más duras cuanto más enérgicamente sea hecha la guerra por Guchkov, Lvov, Miliukov y Cía., empujarán a esta masa inevitablemente hacia el proletariado, la obligarán a seguirle. Ahora debemos aprovechar la libertad relativa del nuevo régimen y los Soviets de diputados obreros para esforzarnos en ilustrar y organizar, sobre todo y por encima de todo, a esta masa. Los Soviets de diputados campesinos, los Soviets de obreros agrícolas, son una de las tareas más esenciales. No sólo nos esforzaremos por que los obreros agrícolas formen sus Soviets propios, sino también por que los campesinos pobres e indigentes se organicen separadamente de los campesinos acomodados. En la carta siguiente trataremos de las tareas especiales y de las formas especiales de la organización, cuya necesidad se impone hoy día con gran fuerza.

En segundo lugar, aliado del proletariado ruso es el proletariado de todos los países beligerantes y de todos los países en general. Hoy este aliado se encuentra en gran medida abrumado por la guerra y sus portavoces son con excesiva frecuencia los socialchovinistas, que en Europa se han pasado, como Plejánov, Gvózdiev y Potrésov en Rusia, al campo de la burguesía. Pero cada mes de guerra imperialista ha ido liberando de su influencia al proletariado, y la revolución rusa acelerará infaliblemente este proceso en enormes proporciones.

Con estos dos aliados, el proletariado puede marchar y marchará, aprovechando las particularidades del actual momento de transición, primero a la conquista de la república democrática y de la victoria completa de los campesinos sobre los terratenientes, en lugar de la semimonarquía guchkoviano-miliukoviana, y después al socialismo, pues sólo éste dará a los pueblos, extenuados por la guerra, la paz, el pan y la libertad.

N. Lenin

Escrita el 7 (20) de marzo de 1917.

Se publicó resumida el 21 y el 22 de
marzo de 1917 en los núms. 14 y 15 del
periódico ``Pravda''.

Apareció íntegra por vez primera en
1949 en la cuarta edición de las ``Obras''
de V. I. Lenin, tomo 23.

T. 31, págs. 11--22.

33 __ALPHA_LVL1__ LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN LA PRESENTE REVOLUCIÓN~^^15^^

Habiendo llegado a Petrogrado únicamente el 3 de abril por la noche, es natural que sólo en nombre propio y con las consiguientes reservas, debidas a mi insuficiente preparación, pude pronunciar en la asamblea del 4 de abril un informe acerca de las tareas del proletariado revolucionario.

Lo único que podía hacer para facilitarme la labor---y facilitársela también a los opositores de buena fe---era preparar unas tesis por escrito. Las leí y entregué el texto al camarada Tsereteli. Las leí muy despacio y por dos veces: primero en la reunión de bolcheviques y después en la de bolcheviques y mencheviques.

Publico estas tesis personales mías acompañadas únicamente de brevísimas notas explicativas, que en mi informe fueron desarrolladas con mucha mayor amplitud.

TESIS

1. En nuestra actitud ante la guerra, que por parte de Rusia sigue siendo indiscutiblemente una guerra imperialista, de rapiña, también bajo el nuevo gobierno de Lvov y Cía., en virtud del carácter capitalista de este gobierno, es intolerable la más pequeña concesión al "defensismo revolucionario".

El proletariado consciente sólo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria, que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones: a) paso del poder a manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado a él adheridos; b) renuncia de hecho, y no de palabra, a todas las anexiones; c) ruptura completa de hecho con todos los intereses del capital.

Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas, que admiten la guerra sólo como una necesidad y no para fines de conquista, y dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante, explicarles la ligazón indisoluble del capital con la guerra imperialista y demostrarles que sin derrocar

2-74

34 el capital es imposible poner fin a la guerra con una paz verdaderamente democrática y no con una paz impuesta por la violencia.

Organizar la propaganda más amplia de este punto de vista en el ejército de operaciones.

Con fraternización en el frente.

2. La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado.

Este tránsito se caracteriza, de una parte, por el máximo de legalidad (Rusia es hoy el más libre de todos los países beligerantes); de otra parte, por la ausencia de violencia contra las masas y, finalmente, por la confianza inconsciente de éstas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo.

Esta peculiaridad exige de nosotros habilidad para adaptarnos a las condiciones especiales de la labor del partido entre masas inusitadamente amplias del proletariado, que acaban de despertar a la vida política.

3. Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones. Desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria " exigencia" de que deje de ser imperialista.

4. Reconocer que, en la mayor parte de los Soviets de diputados obreros, nuestro partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente al bloque de toáoslos elementos pequeñoburgueses y oportunistas---sometidos a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado---, desde los socialistas populares = l4 y los socialistas-revolucionarios = hasta el Comité de Organización (Chjeídze, Tsereteli, etc.), Steklov, etc., etc.

Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.

Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores.

5. No una república parlamentaria---volver a ella desde los 35 Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás---, sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba.

Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia^^*^^.

La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y amovibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado.

6. En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros.

Confiscación de todas las tierras de los latifundistas.

Nacionalización de todaslas tierras del país, de las que dispondrán los Soviets locales de diputados braceros y campesinos. Creación de Soviets especiales de diputados campesinos pobres. Hacer de cada gran finca (con una extensión de unas 100 a 300 deciatinas, según las condiciones locales y de otro género y a juicio de las instituciones locales) una hacienda modelo bajo el control de diputados braceros y a cuenta de la administración local.

7. Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros.

8. No "implantación" del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros.

9. Tareas del partido:

a) celebración inmediata de un congreso del partido;

b) modificación del programa del partido, principalmente:

1) sobre el imperialismo y ¡a guerra imperialista,

2) sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un ``Estado-Comuna''^^**^^,

3) reforma del programa mínimo, ya anticuado;

c) cambio de denominación del partido~^^***^^.

10. Renovación de la Internacional.

Iniciativa de constituir una Internacional revolucionaria, una Internacional contra los socialchovinistas \ contra el ``centro''^^****^^.

_-_-_

^^*^^ Es decir, sustitución del ejército permaiK'tite con el armamento general del pueblo.

^^**^^ F,s decir, cíe un F.stado cuyo prototipo dio la Comuna de París.

^^***^^ En lugar de ``socialdcmoeracia'', cuyos líderes oficiales han traicionado al socialismo en el mundo entero, pasándose a la burguesía (lo mismo los "deíensistas" que los vacilantes ``kautskianos''). debemos denominarnos __MISSING__ text. /Y

^^****^^ Kn la soe ialdemocrae ia internacional se llama "centre vacila entre los chovinistas (o "deíensistas'') y los internai Kautsky y Cía. en Alemania, I.ongncl y Cía. en Francia, Chhje\'idze y Cía. en Rusia, Turati v Cía. en Italia, Mac Dónald y Cía. en Inglaterra, etc.

36

Para que el lector comprenda por qué hube cíe resaltar cíe manera especial, como rara excepción, el ``caso'' de opositores de buena fe, le invito a comparar estas tesis con la siguiente objeción del señor Goldenberg: Lenin---dice---"ha enarbolado la bandera de la guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria''. (Citado en el periódico = Edinstvo^^16^^, del señor Plejánov, núm. 5.)

Una perla, ¿verdad?

Escribo, leo y machaco: "Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas..., dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante..."

Y esos señores de la burguesía, que se llaman socialdemócratas, que no pertenecen ni a los grandes sectores ni a los defensistas revolucionarios de filas, tienen la osadía de reproducir sin escrúpulos mis opiniones, interpretándolas así: "ha enarbolado (!) la bandera (!) de la guerra civil" (¡ni en las tesis ni en el informe se habla de ella para nada!) "en el seno (!!) de la democracia revolucionaria..."

¿Qué significa eso? ¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?, ¿en qué se diferencia de Rússkaya = Voíía^^17^^?

Escribo, leo y machaco: "Los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y, por ello, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas..."

Pero cierta clase de opositores exponen mis puntos de vista i ¡como un llamamiento a la "guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria"!!

He atacado al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Y he demostrado que sin los Soviets de diputados obreros y soldados no está garantizada la convocatoria de la Asamblea Constituyente ni es posible su éxito.

¡¡¡Y se me imputa que soy contrario a la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente!!!

Calificaría todo eso de expresiones ``delirantes'' si decenas de años de lucha política no me hubiesen enseñado a considerar una rara excepción la buena fe de los opositores.

En su periódico, el señor Plejánov ha calificado mi discurso de ``delirante''. ¡Muy bien, señor Plejánov! Pero fíjese cuan torpón, inhábil y poco perspicaz es usted en su polémica. Si me pasé dos horas delirando, ¿por qué aguantaron cientos de oyentes ese ``delirio''? ¿Y para qué dedica su periódico toda una columna a reseñar un ``delirio''? Mal liga eso, señor Plejánov, muy mal.

Es mucho más fácil, naturalmente, gritar, insultar y vociferar que 37 intentar exponer, explicar y recordar cómo enjuiciaban Marx y Engels en 1871, 1872 y 1875 las experiencias de la Comuna de París = 1H y qué decían acerca del tipo de Estado que necesita el proletariado.

Por lo visto, el ex marxista señor Plejánov no desea recordar el marxismo.

He citado las palabras de Rosa Luxemburgo, que el 4 de agosto de 1914'"' denominó a la socialdemocracia alemana "cadáver maloliente''. Y los señores Plejánov, Goldenberg y Cía. se sienten ``ofendidos''... ¿en nombre de quién? ¡En nombre de los chovinistas alemanes, calificados de chovinistas!

Los pobres socialchovinistas rusos, socialistas de palabra y chovinistas de hecho, se han armado un lío.

Escrito el 4 y el 5 (17 y 1H) de abril de ¡917.

Publicad» el 7 de abril de 191 7 en el núm. 26 del periódico ``Pravda''.

T. 31. págs. 113--118.

38 __ALPHA_LVL1__ LA DUALIDAD DE PODERES

El problema del poder del Estado es el fundamental en toda revolución. Sin comprenderlo claramente no puede ni pensarse en participar de modo consciente en la revolución y mucho menos en dirigirla.

Una particularidad notable en grado sumo de nuestra revolución consiste en que ha engendrado una dualidad de poderes. Es necesario, ante todo, explicarse este hecho, pues sin ello será imposible seguir adelante. Es menester saber completar y corregir las viejas " fórmulas'', por ejemplo, las del bolchevismo, acertadas en general, como se ha demostrado, pero cuya realización concreta ha resultado ser diferente. Nadie pensaba ni podía pensar antes en la dualidad de poderes.

¿En qué consiste la dualidad de poderes? En que junto al Gobierno Provisional, gobierno de la burguesía, se ha formado otro gobierno, débil aún, embrionario, pero existente sin duda alguna y en vías de desarrollo: los Soviets de diputados obreros y soldados.

¿Cuál es la composición de clase de este otro gobierno? El proletariado y los campesinos (estos últimos con uniforme de soldado). ¿Cuál es el carácter político de este gobierno? Es una dictadura revolucionaria, es decir, un poder que se apoya directamente en la conquista revolucionaria, en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo, y no en la ley promulgada por el poder centralizado del Estado. Es un poder completamente diferente del de la república parlamentaria democrático-burguesa del tipo general que impera hasta ahora en los países avanzados de Europa y América. Esta circunstancia se olvida con frecuencia, no se medita sobre ella, a pesar de que en ella reside toda la esencia del problema. Este poder es un poder del mismo tipo que la Comuna de París de 1871. Los rasgos fundamentales de este tipo de poder son: 1) la fuente del poder no está en una ley, previamente discutida y aprobada por el Parlamento, sino en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo y en cada lugar, en la ``conquista'' directa del poder, para emplear un término en boga; 2) sustitución de la policía y del ejército, como instituciones apartadas del pueblo y 39 contrapuestas a él, por el armamento directo de todo el pueblo: con este poder guardan el orden público los propios obreros y campesinos armados, el propio pueblo en armas: 3) los funcionarios y la burocracia son sustituidos también por el poder directo del pueblo o, al menos, sometidos a un control especial, se transforman en simples mandatarios, no sólo elegibles, sino amovibles en todo momento, en cuanto el pueblo lo exija; se transforman de casta privilegiada, con una elevada retribución, con una retribución burguesa de sus ``puestecitos'', en obreros de un ``arma'' especial, cuya remuneración no excede el salario corriente de un obrero calificado.

En esto, y sólo en esto, radica la esencia de la Comuna de París como tipo especial de Estado. Y esta esencia es la que han olvidado y desfigurado los señores Plejánov (los chovinistas manifiestos, que han traicionado el marxismo), los señores Kautsky (los ``centristas'', es decir, los que vacilan entre el chovinismo y el marxismo) y, en general, todos los socialdemócratas, socialistas-revolucionarios, etc., cine dominan hoy día.

Salen del paso con frases, se refugian en el silencio, escurren el bulto, se felicitan mutuamente una y mil veces por la revolución y no quieren reflexionar en qué son los Soviets de diputados obreros y soldados. No quieren ver la verdad manifiesta de que en la medida en que esos Soviets existen, en la medida en que son un poder, existe en Rusia un Estado del tipo de la Comuna de París.

Subrayo "en la medida'', pues sólo se trata de un poder en estado embrionario. Este poder, pactando directa y voluntariamente con el Gobierno Provisional burgués y haciendo una serie de concesiones efectivas, ha cedido y cede sus posiciones a la burguesía.

¿Por qué? ¿Quizá porque Chjeídz.e, Tsereteli, Steklov y Cía. cometan un ``error''? ¡Tonterías! Así puede pensar un filisteo, pero no un marxista. La causa está en el insuficiente grado de concienciay en la insuficiente organización de los proletarios y de ¡os campesinos. El ``error'' de los jefes mencionados reside en su posición pequeñoburguesa, en que embotan la conciencia de los obreros en vez cíe abrirles los ojos, en que les inculcan ilusiones pequeñoburguesas en vez de destruirlas, en que refuerzan la influencia de la burguesía sobre las masas en vez de emanciparlas de esa influencia.

Lo dicho debiera bastar para comprender por qué también nuestros camaradas cometen tantos errores al formular " simplemente" esta interrogante: ¿se debe derribar inmediatamente al Gobierno Provisional?

Respondo: 1) se le debe derribar, pues es un gobierno oligárquico, un gobierno burgués, y no de todo el pueblo; un gobierno que no puede dar ni paz, ni pan, ni plena libertad; 2) no se le puede derribar inmediatamente, pues se sostiene gracias a un pacto directo e 40 indirecto, formal y efectivo, con los Soviets de diputados obreros y, sobre todo, con el principal de ellos, el Soviet de Petrogrado; 3) en general, no se le puede ``derribar'' por la vía habitual, pues se asienta en el " apoyo" que presta a la burguesía el segundo gobierno, el Soviet de diputados obreros, y éste es el único gobierno revolucionario posible, que expresa directamente la conciencia y la voluntad de la mayoría de los obreros y campesinos. La humanidad no ha creado hasta hoy, ni nosotros conocemos, un tipo de gobierno superior ni mejor que los Soviets de diputados obreros, braceros, campesinos y soldados.

Para convertirse en poder, los obreros conscientes tienen que ganarse a la mayoría: mientrasno exista violencia contra las masas, no habrá otro camino para llegar al poder. No somos = blanquistas^^20^^, no somos partidarios de la conquista del poder por una minoría. Somos marxistas, partidarios de la lucha proletaria clasista contra la embriaguez pequeñoburguesa, contra el defensismo chovinista, contra las frases hueras, contra la dependencia respecto de la burguesía.

Formemos un partido comunista proletario; los mejores militantes del bolchevismo han creado ya los elementos de ese partido; unámonos estrechamente en la labor proletaria clasista y veremos cómo vienen a nosotros, en masas cada vez mayores, los proletarios y los campesinos pobres. Porque la vida se encargará de destruir cada día las ilusiones pequeñoburguesas de los "socialdemócratas'', de los Chjeídze, de los Tsereteli, de los Steklov, etc., de los " socialistasrevolucionarios'', de los pequeños burgueses todavía más ``puros'', etc., etc.

La burguesía defiende el poder único de la burguesía.

Los obreros conscientes defienden el poder único de los Soviets de diputados obreros, braceros, campesinos y soldados, el poder único que es necesario preparar esclareciendo la conciencia proletaria, emancipando al proletariado de la influencia de la burguesía, y no por medio de aventuras.

La pequeña burguesía---los "socialdemócratas'', los socialistasrevolucionarios, etc., etc.---vacila, entorpeciendo este esclarecimiento, esta emancipación.

Tal es la verdadera correlación de las fuerzas de las clases que determina nuestras tareas.

Publicado el 9 de abril de 1917 en el núm. 28 de ``Pravda''.

T. SI, paga. 145--148.

41 __ALPHA_LVL1__ LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN NUESTRA REVOLUCIÓN

(PROYECTO DE PLATAFORMA DEL PARTIDO PROLETARIO)

Escrita el 1» (23) de abril de 1917. El epílogo fue escrito el 28 de mayo (10 de junio) de 1917.

Publicado en septiembre de 1917 en un folleto, en Petrogrado, por la Editorial "I'ribói".

T. 31, p\'ags. 149--186.

[42] ~ 43

El momento histórico que vive Rusia se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

CARÁCTER DE CLASE DE LA REVOLUCIÓN REALIZADA

1. El viejo poder zarista, que sólo representaba a un puñado de terratenientes tendales, dueños de toda la máquina del Estado (ejército, policía, burocracia), ha sido destruido, suprimido, pero no rematado. La monarquía no está formalmente aniquilada. La banda de los Románov continúa urdiendo intrigas monárquicas. Las gigantescas posesiones de los terratenientes feudales no han sido liquidadas.

2. El poder del Estado ha pasado en Rusia a manos de una nueva clase: la clase de la burguesía y de los terratenientes aburguesados. En esa medida, la revolución democrática burguesa en Rusia está terminada.

La burguesía instaurada en el poder ha formado un bloque (una alianza) con elementos manifiestamente monárquicos, que se distinguieron de 1906 a 1914 por el apoyo, celoso en extremo, prestado a Nicolás el Sanguinario y a Stolypin el Verdugo (Guchkov y otros políticos, más derechistas que los demócratas constitucionalistas). El nuevo gobierno burgués de Lvov y Cía. ha intentado e iniciado negociaciones con los Románov para restaurar la monarquía en Rusia. Encubriéndose con una fraseología revolucionaria, este gobierno entrega los puestos dirigentes a los partidarios del antiguo régimen. Se esfuerza por reformar lo menos posible todo el aparato del Estado (ejército, policía, burocracia), poniéndolo en manos de la burguesía. El nuevo gobierno ha empezado ya a impedir por todos los medios la iniciativa revolucionaria de las acciones de masas y la toma del poder por el pueblo desde abajo, única garantía de los verdaderos éxitos de la revolución.

Hasta hoy, este gobierno no ha señalado siquiera el plazo de convocatoria de la Asamblea Constituyente. Deja intacta la 44 propiedad terrateniente del suelo, base material del zarismo feudal. Este gobierno no piensa siquiera en investigar, hacer públicos y controlar los manejos de las organizaciones financieras monopolistas, de los grandes bancos, de los consorcios y carteles capitalistas, etc.

Las carteras más importantes y decisivas del nuevo gobierno (los ministerios del Interior y de la Guerra, es decir, el mando del ejército, de la policía y de la burocracia, de todo el aparato destinado a oprimir a las masas) se hallan en manos de monárquicos notorios y de partidarios reconocidos de la gran propiedad terrateniente. A los demócratas constitucionalistas, republicanos de la última hornada, republicanos bien a pesar suyo, se les han concedido puestos secundarios, que no tienen relación directa ni con el mando del pueblo ni con el aparato de poder del Estado. A. Kerenski, representante de los trudoviques y "también-socialista'', no desempeña más papel que el de adormecer con frases sonoras la vigilancia y la atención del pueblo.

Por todas estas razones, el nuevo gobierno burgués no merece, ni aun en el campo de la política interior, ninguna confianza del proletariado, y es inadmisible que éste le preste el menor apoyo.

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LA POLÍTICA EXTERIOR DEL NUEVO GOBIERNO

3. En el campo de la política exterior, que las circunstancias objetivas colocan hoy en primer plano, el nuevo gobierno es un gobierno de continuación de la guerra imperialista, de una guerra en alianza con las potencias imperialistas, con Inglaterra, Francia, etc., por el reparto del botín capitalista y por la estrangulación de los pueblos pequeños y débiles.

A pesar de los deseos expresados con la mayor claridad a través del Soviet de diputados soldados y obreros en nombre de la mayoría indudable de los pueblos de Rusia, el nuevo gobierno---subordinado a los intereses del capital ruso y a los de su poderoso amo y protector, el capital imperialista anglo-francés, el más rico del mundo---no ha dado ningún paso efectivo para poner fin a esa matanza de pueblos, organizada en interés de los capitalistas. Ni siquiera ha hecho públicos los tratados secretos, manifiestamente rapaces (sobre el reparto de Persia, el saqueo de China, el saqueo de Turquía, el reparto de Austria, la anexión de la Prusia Oriental, la anexión de las colonias alemanas, etc.), que encadenan a Rusia, sin duda alguna, al rapaz capital imperialista anglo-francés. Ha refrendado esos tratados concertados por el zarismo, que en el transcurso de varios siglos ha 45 expoliado y oprimido a más pueblos que los demás déspotas y tiranos; por el zarismo, que no sólo oprimía al pueblo ruso, sino que lo deshonraba y corrompía, convirtiéndolo en verdugo de otros pueblos.

El nuevo gobierno, que ha refrendado esos tratados rapaces y bochornosos, no ha propuesto a todos los pueblos beligerantes un armisticio inmediato, a pesar de haberlo exigido claramente la mayoría de los pueblos de Rusia a través de los Soviets de diputados obreros y soldados. El gobierno se ha limitado a simples declaraciones y frases solemnes, sonoras y pomposas, pero completamente hueras, que en boca de los diplomáticos burgueses han servido y sirven siempre para engañar a las masas ingenuas y crédulas del pueblo esclavizado.

4. Por ello, el nuevo gobierno no sólo no merece la más mínima confianza en su política exterior, sino que seguir exigiéndole que proclame los deseos de paz cíe los pueblos de Rusia, que renuncie a las anexiones, etc., etc., significa, en realidad, engañar al pueblo, hacerle concebir esperanzas irrealizables, retrasar el esclarecimiento de su conciencia; significa contribuir indirectamente a conciliar al pueblo con la continuación de la guerra, cuyo verdadero carácter social no está determinado por las buenas intenciones, sino por el carácter de clase del gobierno que la hace, por los nexos que ligan a la clase representada por ese gobierno con el capital financiero imperialista de Rusia, Inglaterra, Francia, etc., por la política real y efectiva que esa clase sigue.

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LA ORIGINAL DUALIDAD DE PODERES Y SU SIGNIFICACIÓN DE CLASE

5. La peculiaridad esencial de nuestra revolución, la que más imperiosamente requiere una atención reflexiva, es la dualidad de poderes surgida ya en los primeros días que siguieron al triunfo de la revolución.

Esta dualidad de poderes se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: el gobierno principal, auténtico y efectivo de la burguesía, el "Gobierno Provisional" de Lvov y Cía., que tiene en sus manos todos los órganos del poder, y un gobierno suplementario, accesorio, de ``control'', encarnado en el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no dispone de los órganos de poder del Estado, pero que se apoya directamente en la indudable mayoría absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados.

46

El origen y la significación de clase de esla dualidad de poderes residen en que la revolución rusa de mar/o de 1917, además de barrer toda la monarquía /arista y entregar todo el poder a la burguesía, se acercó de lleno a la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos. Precisamente esa dictadura (es decir, un poder que no se basa en la ley, sino en la fuerza directa délas masas armadas de la población), y precisamente de las clases mencionadas, son el Soviet de Petrogrado y los Soviets locales de diputados obreros y soldados.

6. Otra peculiaridad importantísima de la revolución rusa consiste en que el Soviet de diputados soldados y obreros de Petrogrado, el cual goza, según todos los indicios, de la confian/a de la mayoría de los Soviets locales, entrega voluntariamente c\ poder del Estado a la burguesía y a su Gobierno Provisional, le cede voluntariamente la primacía suscribiendo con él el compromiso de apoyarle, y se contenta con el papel de observador, de fiscalizador de la convocatoria de la Asamblea Constituyente (hasta hoy, el Gobierno Provisional no ha señalado siquiera el plazo de su convocatoria).

Esta circunstancia extraordinariamente original, que la historia no había conocido bajo semejante forma, ha entrelazado, formando un todo dos dictaduras: la dictadura de la burguesía (pues el gobierno de Lvov y Cía. es una dictadura, es decir, un poder que no se apoya en la ley ni en la voluntad previamente expresada del pueblo, sino que ha sido tomado por la fuerza y, además, por una clase determinada, la burguesía) y la dictadura del proletariado y de los campesinos (el Soviet de diputados obreros y soldados).

No cabe la menor duda de que ese ``entrelazamiento'' no está en condiciones de sostenerse mucho tiempo. En un Estado no pueden existir dos poderes. Uno de ellos tiene que reducirse a la nada, y toda la burguesía de Rusia labora ya con todas sus fuerzas, por doquier y por todos los medios, para eliminar, debilitar y reducir a la nada los Soviets de diputados obreros y soldados, para crear el poder único cicla burguesía.

La dualidad de poderes no expresa más que un momento transitorio en el curso de la revolución, el momento en que ésta ha rebasado ya los cauces de la revolución democrática burguesa corriente, pero no ha llegado todavía al tipo ``puro'' de dictadura del proletariado y de los campesinos.

La significación de clase (y la explicación de clase) de esta situación transitoria e inestable consiste en lo siguiente: nuestra revolución, como todas las revoluciones, ha requerido de las masas el mayor heroísmo, los más grandes sacrificios en la lucha contra el zarismo, y ha arrastrado al movimiento, de golpe, a un número inmenso ríe pequeños burgueses.

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Una de las principales características científicas y políticoprácticas de toda verdadera revolución consiste en que engrosa de un modo increíblemente rápido, brusco y súbito el número de los "hombres de la calle" que empiezan a tomar parte activa, independiente y efectiva en la vida política, en la organización del Estado.

En Rusia sucede lo mismo. Rusia está hoy en ebullición. Millones y decenas de millones de hombres que se habían pasado diez años aletargados políticamente, en quienes el espantoso yugo del zarismo y los trabajos forzados al servicio de los terratenientes y de los fabricantes habían matado toda sensibilidad política, han despertado y comenzado a incorporarse a la vida política. ¿Y quiénes son esos millones y decenas de millones de hombres? Son, en su mayoría, pequeños propietarios, pequeños burgueses, gentes que ocupan un lugar intermedio entre los capitalistas y los obreros asalariados. Rusia es el país más pequeñoburgués de toda Europa.

Esta gigantesca ola pequeñoburguesa lo ha inundado todo, ha arrollado al proletariado consciente no sólo por la fuerza del número, sino también ideológicamente; es decir, ha arrastrado y contaminado con sus concepciones pequeñoburguesas de la política a grandes sectores de la clase obrera.

En la vida real, la pequeña burguesía depende de la burguesía: su vida es (por el lugar que ocupa en la producción social) la del propietario, no la del proletario, y en su forma de pensar sigue a la burguesía.

Una actitud de confianza inconsciente hacia los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo: eso es lo que caracteriza la política actual de las masas en Rusia, ése es el fenómeno que ha brotado con rapidez revolucionaria en el terreno económico-social del país más pequeñoburgués de Europa. Tal es el cimiento de clase sobre el que descansa el ``acuerdo'' (insisto en que, al decir esto, no me refiero tanto al acuerdo formal como al apoyo efectivo, al acuerdo tácito, a la cesión inconsciente y confiada del poder) entre el Gobierno Provisional y el Soviet de diputados obreros y soldados, acuerdo que ha proporcionado a los Guchkov una buena tajada, el verdadero poder, mientras que al Soviet no le ha dado más que promesas, honores (hasta cierto momento), adulaciones, frases, seguridades y reverencias por parte de los Kerenski.

La debilidad numérica del proletariado en Rusia, su insuficiente grado de conciencia y de organización: he ahí el reverso de la misma medalla.

Todos los partidos populistas, incluyendo a los eseristas, han sido siempre pequeñoburgueses, lo mismo que el partido del Comité de Organización (Chjeídze, Tsereteli, etc.); los revolucionarios sin 48 partido (Stcklov y otros) se han dejado también arrastrar por la ola no se han impuesto a ella, no han tenido tiempo de imponerse.

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PECULIARIDAD DE LA TÁCTICA QUE SE DERIVA DE LO EXPUESTO

7. De la peculiaridad de la situación real, tal como queda expuesta, se desprende obligatoriamente para el marxista---que debe tener en cuenta los hechos objetivos, las masas y las clases, y no los individuos, etc.---la peculiaridad de la táctica del momento presente.

Esta peculiaridad destaca a primer plano la necesidad de "echar vinagre y bilis en el jarabe de las frases democrático-revolucionarias" (para decirlo con la felicísima frase empleada por Teodoróvich, un camarada mío del Comité Central de nuestro partido, en la sesión de ayer del Congreso de empleados y obreros ferroviarios de toda Rusia, que se está celebrando en Petrogrado). Es necesaria, por tanto, una labor de crítica y esclarecimiento de los errores de los partidos pequeñoburgueses---el eserista y el socialdernócrata---, una labor de preparación y cohesión de los elementos del partido prolciario consciente, del Partido Comunista, una labor de liberación del proletariado de la embriaguez pequeñoburguesa ``general''.

Aparentemente, esto "no es más" que una labor de mera propaganda. Pero, en realidad, es la labor revolucionaria más práctica, pues es imposible impulsar una revolución que se ha estancado, que se ahoga entre frases y se dedica a "marcar el paso sin moverse del sitio'', no por obstáculos exteriores, no porque la burguesía emplee contra ella la violencia (por el momento, Guchkov sólo amenaza con emplear la violencia contra la masa de soldados), sino por la inconsciencia confiada de las masas.

Sólo luchando contra esa inconsciencia confiada (lucha que puede y debe librarse únicamente con las armas ideológicas, por la persuasión amistosa, invocando la experiencia de la vida), podremos desembarazarnos del desenfreno de frases revolucionarias imperante e impulsar de verdad tanto la conciencia del proletariado como la conciencia de las masas, la iniciativa local, audaz y resuelta, de las mismas y fomentar la realización, desarrollo y consolidación no autorizacíos de las libertades, de la democracia, del principio de posesión de toda la tierra por la totalidad del pueblo.

8. La experiencia de los gobiernos burgueses y terratenientes del mundo entero ha creado dos métodos para mantener la esclavización 49 del pueblo. El primero es la violencia. Nicolás Románov I (Nicolás el Garrote) y Nicolás II (el Sanguinario) enseñaron al pueblo ruso todo lo posible e imposible en este método de verdugo. Pero hay, además, otro método, que han elaborado mejor que nadie las burguesías inglesa y francesa, ``aleccionadas'' por una serie de grandes revoluciones y movimientos revolucionarios de masas. Es el método del engaño, de la adulación, de las frases, de las promesas sin fin, de las míseras limosnas, de las concesiones en las cosas insignificantes para conservar lo esencial.

La peculiaridad de la situación actual en Rusia estriba en el tránsito vertiginosamente rápido del primer método al segundo, del método de la violencia contra el pueblo al método de las adulacionesy del engaño del pueblo con promesas. Como el gato de la fábula , Miliukov y Guchkov escuchan y hacen lo que les parece. Detentan el poder, protegen las ganancias del capital, hacen la guerra imperialista en interés del capital ruso y anglo-francés y se limitan a contestar con promesas, declamaciones y declaraciones efectistas a los discursos de tales "amos del gato" como Chjeídze, Tsereteli y Steklov, que amenazan, apelan a la conciencia, conjuran, imploran, exigen, proclaman... El gato escucha y sigue haciendo lo que le parece.

Pero cada día que pase, la inconsciencia confiada y la confianza inconsciente irán desapareciendo, sobre todo entre los proletarios y los campesinos pobres, a quienes la vida (su situación económicosocial) enseña a no confiar en los capitalistas.

Los líderes de la pequeña burguesía ``tienen'' que enseñar al pueblo a confiar en la burguesía. Los proletarios tienen que enseñarle a desconfiar de ella.

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EL DEFENSISMO REVOLUCIONARIO Y SU SIGNIFICACIÓN DE CLASE

9. El fenómeno más importante y destacado de la ola pequeñoburguesa que lo ha inundado "casi todo" es el defensismo revolucionario. Es éste, precisamente, el peor enemigo del desarrollo y del triunfo de la revolución rusa.

Quien haya cedido en este punto y no haya sabido sobreponerse, está perdido para la revolución. Pero las masas ceden de otro modo que los líderes y se sobreponen de otro modo, por otro procedimiento, por otro proceso de desarrollo.

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El dcfensismo revolucionario es, de una parte, fruto del engaño de las masas por la burguesía, fruto de la confiada inconsciencia de los campesinos y de un sector de los obreros, y, de otra parte, expresión de los intereses y del punto de vista del pequeño propietario, interesado hasta cierto punto en las anexiones y ganancias bancarias y que conserva ``religiosamente'' las tradiciones del zarismo, el cual corrompía a los rusos convirtiéndolos en verdugos de otros pueblos.

La burguesía engaña al pueblo especulando con el noble orgullo de éste por la revolución y presenta las cosas como si el carácter político-social de la guerra hubiese cambiado, por lo que a Rusia se refiere, a consecuencia de esta etapa de la revolución, de la sustitución de la monarquía de los /ares por la casi república de Guchkov y Miliukov. Y el pueblo lo ha creído---hasta cierto tiempo---, gracias, sobre todo, a los viejos prejuicios que le hacían ver en cualquier pueblo de Rusia que no fuera el ruso una especie de propiedad o feudo de éste. La infame corrupción del pueblo ruso por el zarismo, que lo habituó a ver en los demás pueblos algo inferior, algo que pertenecía "por derecho propio" a Rusia, no podía borrarse de golpe.

Debemos saber explicar a las masas que el carácter político-social de la guerra no se determina por la "buena voluntad" de personas, de grupos ni aun de pueblos enteros, sino por la situación de la clase que hace la guerra; por la política de esta clase, que tiene su continuación en la guerra; por los vínculos del capital, como fuerza económica dominante de la sociedad moderna; por el carácter imperialista del capital internacional; por el vasallaje financiero, bancario y diplomático de Rusia respecto de Inglaterra y Francia, etc. No es fácil exponer hábilmente todo esto, de modo que lo entiendan las masas. Ninguno de nosotros sería capaz de hacerlo de buenas a primeras sin incurrir en errores.

Sin embargo, la orientación, o mejor dicho, el contenido de nuestra propaganda tiene que ser así y sólo así. La más insignificante concesión al defensismo revolucionario es una traición al socialismo, una renuncia total al internacionalismo, por muy bellas que sean las frases y muy "prácticas" las razones con que se justifique.

La consigna de "¡Abajo la guerra!" es, naturalmente, justa, pero no tiene en cuenta la peculiaridad de las tareas del momento, la necesidad de cambiar la actitud ante las grandes masas. Recuerda, a mi parecer, la consigna de "¡Abajo el zar!'', con que los desmañados agitadores de los "buenos tiempos pasados" se lanzaban al campo, sin pararse a pensar, para volver... cargados de golpes. La masa de partidarios del defensismo revolucionario obra de buena fe, no en un sentido personal, sino en un sentido de clase, es decir, pertenece a 51 unas clases (obreros y campesinos pobres) que realmente no tienen nada que ganar con las anexiones ni con la estrangulación de otros pueblos. Es distinta de los burgueses y los señoies ``intelectuales'', quienes saben muy bien que es imposible renunciar a las anexiones sin renunciar a la hegemonía del capital, y que engañan vilmente a las masas con bellas frases y promesas sin cuenta ni tasa.

La masa de partidarios del defensismo ve las cosas de un modo simple, pequeñoburgués: "No quiero anexiones, pero los alemanes ``arremeten'' contra mí y, por tanto, defiendo una causa justa y no unos intereses imperialistas''. A hombres de este tipo hay que explicarles sin cesar que no se trata de sus deseos personales, sino de las relaciones y condiciones políticas, de masas, de clases, del entronque de la guerra con los intereses del capital y con la red internacional de bancos, etc. Ese es el único modo serio de luchar contra el defensismo, el único que nos promete el éxito, lento tal vez, pero seguro y duradero.

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¿COMO SE PUEDE PONER FIN A LA GUERRA?

10. A la guerra no se le puede poner fin por "deseo propio''. No se le puede poner fin por decisión de una sola de las partes. No se le puede poner fin "clavando la bayoneta en la tierra'', según la frase de un soldado defensista.

A la guerra no se le puede poner fin mediante un ``acuerdo'' entre los socialistas de diferentes países, por medio de una "acción" de los proletarios de todos los países, por la ``voluntad'' de los pueblos, etc. Todas las frases de este tipo, que colman los artículos de los periódicos defensistas, semiclefensistas y semiinternacionalistas, así como las innumerables resoluciones, proclamas y manifiestos y las resoluciones del Soviet de diputados soldados y obreros, no son más que bondadosos, inofensivos y vacuos deseos de pequeños burgueses. No hay nada más nocivo que esas frases en torno a la "expresión de la voluntad de paz de los pueblos'', el turno que han de seguir las acciones revolucionarias del proletariado (después del proletariado ruso, le ``toca'' al alemán), etc. Todo eso es acttiar a lo Luis Blanc, son sueños melifluos; es jugar a las "campañas políticas'', es, en realidad, repetir la fábula del gato.

La guerra no ha sido engendrada por la voluntad maligna de los bandidos capitalistas, aunque es indudable que se hace sólo en interés suyo y sólo a ellos enriquece. La guerra es el producto de medio siglo de desarrollo del capital mundial, de sus miles de millones de hilos y 52 vínculos. Es imposible salir de la guerra imperialista, es imposible conseguir una paz democrática, una paz no impuesta por la violencia, sin derribar el poder del capital y sin que el poder del Estado pase a manos de otra clase, del proletariado.

Con la revolución rusa de febrero-marzo de 1917, la guerra imperialista comenzó a transformarse en guerra civil. Esta revolución ha dado el primer paso hacia el cese de la guerra. Pero sólo un segundo paso puede asegurar ese cese, a saber: el paso del poder del Estado a manos del proletariado. Eso será el comienzo de la "ruptura del frente" en todo el mundo, del frente de los intereses del capital; y sólo rompiendo ese frente, puede el proletariado redimir a la humanidad de los horrores de la guerra y asegurarle el bien de una paz duradera.

La revolución rusa, al crear los Soviets de diputados obreros, ha llevado ya al proletariado de Rusia hasta el umbral de esa "ruptura del frente" del capital.

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EL NUEVO TIPO DE ESTADO QUE BROTA EN NUESTRA REVOLUCIÓN

11. Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., son incomprendidos no sólo en el sentido de que la mayoría no ve con claridad su significación de clase ni su papel en la revolución rusa; son incomprendidos también en el sentido de que representan una nueva forma, o más exactamente, un nuevo tipo de Estado.

El tipo más perfecto, más avanzado de Estado burgués es la república democrática parlamentaria. El poder pertenece al Parlamento; la máquina del Estado, el aparato y los órganos de gobierno son los usuales: ejército permanente, policía y una burocracia prácticamente inamovible, privilegiada y situada por encima del pueblo.

Pero desde finales del siglo XIX, las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado, "no es ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra" ' = ¿¿. Nos referimos al Estado del tipo de la Comuna de París, que sustituye el ejército y la policía, separados del pueblo, con el armamento directo e inmediato del pueblo. En esto reside la esencia de la Comuna, calumniada por los escritores burgueses, y a la que, entre otras cosas, atribuían erróneamente la intención de ``implantar'' en el acto el socialismo.

La revolución rusa comenzó a crear, primero en 1905, y luego en 53 1917, un Estado precisamente de ese tipo. La República de los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., congregados en la Asamblea Constituyente de los representantes del pueblo de toda Rusia, o en el Consejo de los Soviets, etc.: he ahí lo que está encarnando ya en la vida de nuestro país, ahora, en este momento, por iniciativa de un pueblo de millones y millones de hombres, que crea la democracia, sin previa autorización, a su manera, sin esperar a que los señores profesores demócratas constitucionalistas escriban sus proyectos de ley para crear una república parlamentaria burguesa, y sin esperar tampoco a que los pedantes y rutinarios de la ``socialdemocracia'' pequeñoburguesa, como los señores Plejánov o Kautsky, renuncien a sus tergiversaciones de la teoría marxista del Estado.

El marxismo se distingue del anarquismo en que reconoce la necesidad del Estado y del poder estatal durante el período revolucionario, en general, y en la época del tránsito del capitalismo al socialismo, en particular.

El marxismo se distingue del .``socialdemocratismo'' pequeñoburgués y oportunista de los señores Plejánov, Kautsky y Cía. en que el Estado que considera necesario para esos períodos no es un Estado como la república parlamentaria burguesa corriente, sino un Estado del tipo de la Comuna de París.

Las diferencias fundamentales entre este último tipo de Estado y el antiguo estriban en lo siguiente:

De la república parlamentaria burguesa es muy fácil volver a la monarquía (la historia lo demuestra), ya que queda intacta toda la máquina de opresión: el ejército, la policía y la burocracia. La Comuna y los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., destruyen y eliminan esa máquina.

La república parlamentaria burguesa dificulta y ahoga la vida política independiente de las masas, su participación directa en la edificación democrática de todo el Estado, de abajo arriba. Los Soviets de diputados obreros y soldados hacen lo contrario.

Los Soviets reproducen el tipo de Estado que iba formando la Comuna de París y que Marx calificó de "forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo" = M.

Suele objetarse que el pueblo ruso no está preparado todavía para ``implantar'' la Comuna. Es el mismo argumento que empleaban los defensores del régimen de la servidumbre, cuando decían que los campesinos no estaban preparados aún para la libertad. La Comuna, es decir, los Soviets de diputados obreros y campesinos, no ``implanta'', no se propone ``implantar'' ni debe implantar ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad 54 económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo. Cuanto mayores son la bancarrota económica y la crisis engendrada por la guerra, más apremiante es la necesidad de una forma política, lo más perfecta posible, que facilite la curación de las horrendas heridas causadas por la guerra a la humanidad. Y cuanto menos experiencia tenga el pueblo ruso en punto a organización, tanto más resueltamente habrá que emprender la labor de organización del pueblo mismo y no exclusivamente cíe los politiqueros burgueses y funcionarios con "puestecitos lucrativos".

Cuanto más rápidamente nos desembaracemos de los viejos prejuicios del seudomarxisrno, del marxismo desnaturalizado por los señores Plejánov, Kautsky y Cía.; cuanto más celosamente ayudemos al pueblo a crear sin demora y por doquier Soviets de diputados obreros y campesinos, a que éstos se hagan cargo de toda la vicia; cuanto más largas den los señores Lvov y Cía. a la convocatoria de la Asamblea Constituyente, más fácil resultará al pueblo pronunciarse a favor de la República de los Soviets de diputados obreros y campesinos (por medio de la Asamblea Constituyente o sin ella, si Lvov tarda mucho en convocarla). En esta nueva labor de organización del pueblo mismo serán inevitables al principio ciertos errores, pero es mejor equivocarse y avanzar que esperar a que los profesores y juristas reunidos por el señor Lvov escriban las leye