p Teóricamente no cabe duda de que entre el capitalismo y.el comunismo media determinado período de transición que debe combinar los rasgos y las propiedades de estas dos formas de economía social. Este período de transición tiene que ser por fuerza un período de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente, o, en otras palabras, entre el capitalismo que ha sido derrotado pero no destruido, y el comunismo qué ha nacido pero que todavía es débil.
La necesidad de toda una época histórica caracterizada por
estos rasgos de transición, tiene que ser evidente, no sólo para el
marxista, sino para cualquier persona culta que tenga algún cono-
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cimiento de la teoría del desarrollo. Y, sin embargo, todos los
discursos sobre el tema de la transición al socialismo que
escuchamos de los actuales demócratas pequeñoburgueses (como lo son,
pese a su falso rótulo socialista, todos los dirigentes de la II
Internacional, incluyendo a individuos tales como MacDonald y
Jean Longuet, Kautsky y Friedrich Adler) se caracterizan por el
total desconocimiento de esta verdad evidente. Los demócratas
pequeñoburgueses se distinguen por su aversión a la lucha de
clases, porque sueñan con evitarla, por su empeño en suavizar y
conciliar, en eliminar las aristas cortantes. Tales demócratas, por
consiguiente, o bien eluden el reconocimiento de toda una etapa
histórica de transición del capitalismo al comunismo, o consideran
su deber forjar planes para conciliar las dos fuerzas en litigio, en
lugar de dirigir la lucha de una de esas fuerzas.
Notes
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