Emacs-Time-stamp: "2007-08-16 13:28:37" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.02.21) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ bottom __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ [BEGIN] __NOTE__ Added ":" to end of "ETIOPIA" below. __TITLE__ Etiopia: la revolución desconocida __TEXTFILE_BORN__ 2006-02-28T11:04:43-0800 __TRANSMARKUP__ "Y. Sverdlov" [-8]
Raúl Valdés Vivó (1929) comenzó a escribir en 1946 en la revista Mella, la cual dirigió en la clandestinidad durante el batistato. Sufrió persecuciones y cárcel, y fue Secretario General de los comunistas universitarios y miembro de la Dirección Nacional de la Juventud Socialista. Al triunfar la Revolución fue Subdirector de Hoy.
En 1965 visitó las zonas liberadas de Viet Nam del Sur. En 1966 recorrió la RDV y fue uno de los pocos extranjeros que llegó hasta el paralelo 17 bajo los bombardeos yanquis. En 1967, fue nombrado Embajador ante el Reino de Cambodia, y en 1970 presentó sus credenciales en la selva, ante el FNL, más tarde Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur. En varias oportunidades visitó las zonas liberadas de Laos. En 1971 fue designado también Embajador en la RDV, por lo que su misión diplomática abarcó toda Indochina. Ella concluyó después de firmados los acuerdos de París, en 1974.
Son numerosos sus artículos periodísticos: editoriales, periodismo de guerra, crónicas y relatos. Ha escrito dos novelas, Los negros ciegos y La brigada y el mutilado, la primera editada en Cuba dos veces y en preparación en la Unión Soviética. Relatos de Viet Nam del Sur, con ediciones en español y en inglés, Embajada en la selva y antes: Paralelo 17 y 12 pequeños relatos vietnamitas son otros de sus libros. Es autor de la obra de teatro Naranjas en Saigón, editado por la Casa de las Américas, del libro Angola: fin del mito de los mercenarios, editado en Cuba, Portugal, Bulgaria, URSS, República Democrática Alemana, Checoslovaquia, México, Colombia, Mongolia, Inglaterra, Japón, Suecia y otros países, así como de poemas recogidos en distintos libros y por la prensa.
En la actualidad es miembro del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, a cargo de la esfera de Relaciones Exteriores dentro del Partido.
[-7] ETIOPIA
la revolucjón
desconocida
Edición: Gaspar Quintana Alberni~
Diseño: Andrés Hernández~
Realización: Rolando Zerquera Fálcalo~
Corrección tipográfica: Martha Lourdes Delgado Mosqueda
Miriam Martínez Acosta~
Primera edición, 1977
Editorial de Ciencias Sociales, calle 14 N° 4104, Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.
[-5]ÍNDICE
El Emperador es detenido, vía libre a la Revolución ........................................... 1
Una Revolución en busca de su ideología ....... 19
Cuando Haile Selassie luchaba por el poder...... 31
Imagen de la Revolución ....................... 53
Raíces de la espontaneidad ..................... 65'
Trabajo de la Revolución ....................... 75
Objetivos fundamentales de la Revolución Etíope .. 107
El impulso de la Revolución ...:................ 121
Diario de la Revolución ........................ 129
[-4] [-3]En Etiopía han adoptado medidas muy radicales. Un país feudal, donde los campesinos eran esclavos, nacionalizaron la tierra y les repartieron la tierra a los campesinos. Hicieron una reforma urbana: dejaron una sola casa, máximo que podía tener una familia. Organizaron un movimiento fuerte en las ciudades, una forma de organización que le llaman los Kebeles. Es decir, organizaron a todas las familias en los barrios urbanos de familias pobres. Nacionalizaron las principales industrias del país. Revolucionaron las Fuerzas Armadas, politizaron a los soldados, crearon Comités Políticos.
Aunque la Revolución Etíope se enfrenta a enemigos poderosos, el pueblo está decidido a luchar, pues ninguna revolución verdadera puede ser fácilmente vencida. Pensamos que el éxito y la consolidación de la Revolución Etíope tienen una enorme importancia para África.
FIDEL CASTRO Marzo de 1977
[-2] ~ [-1] __NUMERIC_LVL1__ [1] __ALPHA_LVL1__ EL EMPERADOR ES DETENIDO, VIA LIBRE A LA REVOLUCIÓN __ALPHA_LVL2__ I __NOTE__ How to include page [-6] and the one on page [-1] from Fidel Castro? [1] ~ [2] __NOTE__ _SECTION_LVL2_ ICuando a las 8 horas del día 12 de setiembre de 1974 ó 2 Meskerem 1967 (es decir, 2 de setiembre 7 años atrás en el almanaque etíope, donde los días cuentan sólo 12 horas: las de una misma jornada de sol) un pequeño ``VW'' de color blanco llegó a las puertas del Palacio Imperial de Addis = Ababa,^^*^^ después de atravesar velozmente el vasto jardín de altísimos eucaliptos y raras flores gigantes, de esas que nacen varias en un mismo tallo y que a veces tienen distintas tonalidades de rojo o amarillo, muy pocas personas sabían que era para detener al emperador Haile Selassie I, Rey de Reyes, Elegido de Dios, León de Judea, descendiente directo de la Reina de Saba y el Rey Salomón.
Aquella operación había sido muy celosamente guardada, un verdadero "top secret''. Los tres soldados escogidos _-_-_
^^*^^ El autor ha querido mantener el nombre de Addis Ababa y no de Addis Abeba para utilizar el mismo que emplean los etíopes. Addis quiere decir ``Nueva'' y Ababa, ``Flor''.
3 para efectuarla sólo conocieron su objetivo minutos antes de presentarse en Palacio en un ``VW''. El arresto y deposición del soberano había sido exigido a los generales y coroneles por un anónimo capitán, el mismo que el 28 de junio estableciera en la Cuarta División Militar el Cuartel General del Comité Coordinador de las Fuerzas Armadas, la Policía y el Ejército Territorial.No existe ninguna versión oficial de por qué fue empleado un automóvil tan pequeño. He oído varias extraoficiales: que no había otro vehículo disponible; que se le quiso dar una lección al Emperador; en fin, que se trataba de evitar el disgusto y la posible cólera de un pueblo que, no obstante protagonizar un levantamiento espontáneo masivo, se suponía excluía a Haile Selassie de la lista de .los culpables. Llevado del fanatismo más primitivo, inculcado hasta la intoxicación, hubiera podido quizá intentar libertar a su eterno jefe político y religioso, decano absoluto del poder en el mundo, quien había sobrevivido a un número casi incontable de reyes, presidentes, papas y patriarcas desde la Primera Guerra Mundial.
Súbitamente, sin embargo, el secreto dejó de serlo. Al doblar a máxima velocidad el vehículo, cerca del crucero del ferrocarril de Djiboutí, alguien reconoció la Augusta Persona, treinta siglos de dinastía ininterrumpida dentro de un cuerpo frágil de cuervo asustado, engarrotado, cogido por las náuseas del miedo y la tenaz esperanza de la inverosimilitud, y lo chilló a pulmón rompiente: "fEs el Emperador! ¡Lo llevan preso!" Todos, inclusive los que no tuvieron tiempo de verlo, lo vieron. Y, sorpresa mayor aún, la gente que se encontraba en la calle por donde pasaba el ``VW'' empezó a gritar lo que todavía no se atrevían a decir ni en voz baja los jefes militares: "¡Ladrón! ¡Asesino! ¡Monstruo!" Era la misma gente que cada tarde se aglomeraba en ciertas esquinas 4 previamente tomadas por el ejército y la policía, al detenerse el gran vehículo a prueba de balas durante unos minutos, en el afán de entregar al Emperador cartas con ingenuas peticiones. Era la misma gente que tenía por aspiración suprema que en la ancha avenida que cruza frente al Addis Ababa Hilton, el domingo, sus hijos recibieran la bendición y algún dinero de las manos sagradas, luego de las bodas en la tradición religiosa copta. La misma gente, en fin, que cada quince días acudía a Palacio a las audiencias que también presenciaban iodos los nobles, aunque para ellos, naturalmente, había asientos en el gran salón. Las audiencias del Emperador eran definitivas sobre pleitos entre pobres y ricos, entre pobres y pobres. Aquellos entre ricos y ricos se efectuaban sin tanto público, en los círculos íntimos de cortesanos perfumados, elegantes, duchos en reverencias y medio-sonrisas. A veces las audiencias despertaban gran interés, al constituirse el "Alfa Negus" (literalmente "Boca del Emperador'') al que se remitían en apelación final los casos que el Tribunal Supremo aceptaba dejar al juicio excelso del impoluto hacedor de justicia. Generalmente las risotadas que se levantaban de los asientos dejaban sin eco las lágrimas vertidas de pie, pero nadie llevaba los records y la fe se mantenía intacta. El pueblo seguía creyendo que el Emperador era bueno, que se trataba de malos colaboradores, de malos jueces, de malos ministros, de malos espíritus, a los cuales El también vencería. ¿Cómo iba a ser de otro modo si Etiopía contaba con un semidiós que los adolescentes creían libre de necesidades = fisiológicas?^^*^^
_-_-_^^*^^ Eso me lo contaron varios redactores del diario Herald Etiopian, y hay que pensar que era el razonamiento, no de embrutecidos campesinos, sino de hijos de burgueses con cierto nivel cultural. Cuando a uno de ellos le entró la duda (tenía ya trece años de edad) y le preguntó a la maestra, ésta le replicó airadamente: "Claro que no tiene necesidad de orinar. Y si muere algún día, el Sol perderá su luz. Pero, ¿quién no sabe eso?" (Sic.)
5Ahora, mientras el ``VW'' se empeñaba en huir, eran otros los sentimientos hacia el Emperador. "¡Ladróní ¡Asesino! ¡Monstruo!" Y, en algunas esquinas, monedas contra el techo, contra los cristales del parabrisas y las ventanas. Fracciones de ``birs'', precisamente con la efigie del mismo atemorizado animal ya incapaz de volar altivo, picotear, sacar entrañas. De sacos hechos de piel de chivo, de latas viejas, de algún que otro sQmbrero de copa recogido en el basurero de alguna mansión, negras manos huesudas, comidas a veces por la lepra, antes de crisparse, sacaban las monedas y las lanzaban al vehículo, que de frenar, habría sido detenido para siempre, y el Emperador habría perecido, destrozado, a manos de los mendigos que tan generosamente había creado.
El arresto del monarca que durante cincuenta años había sido amo y señor, juez y verdugo, liberó de su última atadura ideológica a la más espontánea revolución popular de la historia africana y quizá de la universal, iniciada el 13 de febrero de 1974 a partir de otro grito, el que dio un donnadie en algún garaje o alguna gasolinera de Addis Ababa contra el aumento de precio del combustible. Se supone que fue un taxista que, como enloquecido y como imitando a un vendedor ambulante, abandonó su automóvil y empezó a gritar por las calles. Pronto fueron muchos los protestantes, generándose tan fácil como inesperadamente una manifestación. Decenas, cientos, miles, marchando con una consigna: "¡Abajo el aumento de la gasolina!" Al llegar a la entrada de la Universidad, la manifestación se vio engrosada por dos contingentes de signos opuestos. Primero, los estudiantes. Después, los policías colocados previamente en los alrededores, a quienes les resultó realmente difícil disolver a palos y tiros al aire lo que ya era un motín callejero. Una suerte similar conoció una segunda manifestación, ésta originada por los estudiantes. Sin embargo, la tercera —el 16— fue permitida: verdad que sumaban casi cien mil personas, según 6 testigos presenciales. En fin, por primera vez en medio siglo, el día 23, el gobierno imperial volvió sobre sus pasos y anuló el aumento de precio provocador de las protestas. Pero ya entonces Addis Ababa estaba de cabeza y no se veía como regañar la tranquilidad. El 18 los maestros habían ido a la huelga en inusitada oposición a la llamada Revisión del Sector Educacional que lesionaba sus intereses. El 20 los estudiantes y los obreros salían a la vía pública con las primeras demandas abiertamente políticas de la conmoción en ciernes, acusando al gobierno de traicionar al Emperador. A su paso fueron aclamados por los choferes de taxi que cuarenta y ocho horas antes habían entrado en huelga, la cual sólo finalizarían al lograr la anulación del precio de la gasolina. Los claxons sonaban alegremente, mientras entre los gritos de la multitud, se escuchaban las primeras canciones revolucionarias del proletariado internacional jamás oídas en Etiopía, entremezcladas con el ritual grito de "¡Viva el Emperador!"
Sentado en el ``VW'' que conducía un soldado, de lampiño rostro infantil, aunque solemne por la cicatriz que le marcaba la frente diagonaimente, en el asiento posterior derecho, mientras otro soldado ocupaba el izquierdo y un tercero hacía compañía al chofer, Haile Selassie apretaba los dientes, contenía el aliento casi tan glacial como la temperatura ambiente de ese mes, sin atreverse a pensar, como si todo aquello le sucediera a otro, como si se tratara de ese momento de las pesadillas en que uno se dice "pero esto es un sueño''. Sólo cuando las altas rejas en que culmina la avenida central del jardín se abrieron, comprendió a plenitud que esta vez no se abrían por él puesto que no le saludaban, o nadie sabía quién iba o... "¡imposible!" Aún entonces su reflexión instintiva no fue dramática. Se concentró en pensar que nunca antes en su existencia octogenaria había siquiera imaginado montar en un vehículo tan pequeño. Recordó que pocas semanas atrás había 7 regalado varios a sus nietos y que hasta un bisnieto de seis años había demandado —y obtenido— el suyo, entre las risas de todos, inclusive de los criados, con el solo leve reproche de la madre... Así entretenía su mente el Emperador cuando oyó los gritos y el golpear de las monedas contra el techo y los cristales. "¡Dios mío! ¡Todos se han vuelto locos!" Casi de milagro, el pequeño automóvil, con el pequeño hombre dentro, consiguió escapar. La gran revolución podía seguir adelante pacíficamente, sin violencia ni sangre, tal como querían sus anónimos dirigentes militares.
__ALPHA_LVL2__ IIEl detenido fue encerrado en una amplia habitación del cuartel. Unos diez minutos más tarde, un joven oficial se le presentó y le leyó el decreto de su destitución. Terminada la lectura, el ex monarca pidió conocer el nombre del Jefe de la revuelta.
"¿Mengistu? ¿Pariente del que quiso derrocarme en el 60? Puede que no, porque no hubiera quedado en el ejército. Pero de todos modos tendré que abolir ese apellido tan pronto vuelva.a Palacio..."
Y su propia risa le hacía reír, hasta que pudo escuchar la del hombre que un minuto antes le leyera con susurrante voz nerviosa el documento emitido por el Comité Coordinador.
Otros decretos no le fueron dados a conocer, aunque significaran el fin del decadente e inmenso poder de Haile 8 Selassie: suspensión de la Constitución de 1955, disolución del Parlamento basado abiertamente sobre líneas clasistas nobles y feudales, abolición de la vieja política exterior que se trazaba bien lejos de Addis Ababa. Esos tres golpes el mismo día 12, preparando el terreno para, tres días después, formar, a partir del Comité Coordinador, el Consejo Administrativo Militar Provisional, el CAMP, el cual asumiría las funciones de Jefe de Estado.
De ese modo, se acababa una cierta dualidad de poderes y el país quedaba en manos del mando de los militares.
En realidad, ellos se habían apoderado del poder sin un cálculo previo, progresivamente, en la espiral del estallido de las masas en ciudades y campos.
El 23 de febrero, al anular el alza en el precio de la gasolina, el gobierno imperial pensó que anulaba el movimiento de protesta. Sin embargo, las masas concluyeron que era un síntoma de debilidad y siguieron en su acción, en la que se volcó la alarma general por las noticias acerca de hambrunas gestadas por la sequía de seis años consecutivos y la indiferencia oficial. Por medio de manifestaciones callejeras y huelgas se agitaban simultáneamente ¿as peticiones de todos y cada uno de los sectores del país: de los obreros del transporte a los empleados públicos, de los soldados a los bomberos. Parecía que todos, salvo el Emperador, tenían algo que pedir, y con urgencia inaplazable.
En medio de aquella situación caótica, el 27 de febrero tuvo que renunciar al cargo de Primer Ministro, Aklilou Habte-Wolde, representante de la oligarquía feudal más herrumbrosa, cuyo poder parecía inconmovible todavía el 12 de febrero.
La ley descubierta por Marx y a cuya luz actuara Lenín en su Octubre, de que la Revolución estalla allí y cuando 9 ni los de abajo ni los de arriba pueden seguir como antes en materia de gobierno, empezaba a cumplirse en Etiopía.
En esas circunstancias salió a relucir, el 28, enropado en frases altisonantes populistas, Endalkatchew Makonnen, nuevo Primer Ministro. Fue él quien declaró por primera vez que el momento era de cambios. Es más, como indicando al fin el arribo de un gobierno imperial "tan bueno" como el propio Emperador, el 25 de marzo fue creada una comisión de investigación en relación con los escándalos de malos manejos de fondos públicos y propiedades, enriquecimientos súbitos de funcionarios estatales y casos de manifiesta injusticia a la hora de hacer justicia. Varios miembros del anterior Gabinete fueron detenidos y confinados en sus domicilios, mientras el nuevo parecía aceptar el criterio de miembros del Parlamento —donde jamás nadie había nunca dicho nada en contra del gobierno— de que había que poner en libertad a los ex oficiales arrestados por simpatizar con los primeros brotes de protesta popular y negarse a reprimirlos.
Para sorpresa de los escépticos jefes militares, el 3 de julio el nuevo gobierno aceptaba trabajar con el Comité Coordinador, a la semana de creado éste. Y el 4 sancionó la muerte de Dejazmatch Tsehayu, jefe administrativo de la Región de Kaffa —el primer muerto—, ocurrida en el distrito de Ensaro, provincia de Selale, después de rehusar rendirse a miembros de las fuerzas de seguridad. Su hermano Fitaurari Tadesse y varios cómplices acabaron siendo capturados. El gobierno.imperial aplaudió la hazaña de la que todo el país había estado pendiente. El 6, el Comité Coordinador ordenaba a antiguos oficiales entregar las propiedades gubernamentales que ilegalmente retenían, a la par que decretaba la ansiada amnistía de presos políticos. Por último, el 8 salió de los cuarteles el famoso lema de "Ethiopia Tikdem": "Etiopía Primero.'' Rebozante de nacionalismo, pronto llegó a los miles de 10 exiliados en muchos países, entre ellos estudiantes hijos de papá, que habían conocido en París Mayo del 68 y volaban a casa con las maletas llenas de folletos de Mao.
Elevando el tono, la escala de medidas pasó a la abolición de dos instituciones feudales intocables: el Consejo de la Corona y el Tribunal de Justicia más alto, la llamada Corte Suprema Imperial Chilot.
En agosto el Palacio del Jubileo fue rebautizado como Palacio Nacional, pocas semanas después de darse satisfacción a un anhelo popular grande en el terreno económico: la congelación de las rentas de casas y tiendas. Para cerrar los escapes de dinero, la autorización de retirar fondos se entregó al Ministro de Finanzas.
Las medidas propuestas por el Comité Coordinador chocaban cada vez más con la intransigencia del Gabinete. Por eso, el 22 de julio se exigió el nombramiento de otro Primer Ministro. Lij Mikael Imru llegó así al cargo, lo cual no significaba ningún cambio sustancial en el gobierno.
A mediados de agosto, en aras de evitar un golpe por la espalda, la oficina del Jefe del Estado Mayor fue transferida del gabinete privado del Emperador, al Ministerio de la Defensa Nacional. A continuación, la limpieza llegó debajo de las mismas alfombras imperiales: la Compañía de Desarrollo de Recursos Nacionales, pantalla ideal para enriquecer siempre más a los ricos, quedó convertida, por exigencia de los militares, en propiedad pública. Y dos días más tarde —27 de agosto— la Compañía de Transportes de Ómnibus ``Anbassa''``(León''), la cual durante veintiún años facilitó la ceba de toda la aristocracia, siguió el mismo camino. Pero no fue hasta el 5 de setiembre cuando el polvo tocó las botas eternamente limpias del Emperador: al revisarse los libros de la nacionalizada Cervecería "St. George" y del Trust "Premio Haile Selassie'', se 11 supo que la cerveza había dejado once millones de ``birs'' en dividendos al Rey de Reyes. El pueblo seguía las noticias que daba la prensa e inclusive los analfabetos escudriñaban los periódicos que volaban de los estanquillos y de las manos de los niños vendedores.
Al rumor inicial de "¿Él? ¡Imposible!'', había seguido la duda. La clarificación de la misteriosa contabilidad de las instituciones del "Trust de la Beneficencia" ayudó a sembrarla. Se sabía que el ``Trust'' abarcaba cinco hospitales, tres clínicas, dos orfelinatos, dos hogares de ancianos y otras empresas similares. Ahora se conocía que abarcaba también varios hoteles, edificios y empresas agrícolas. Iba apareciendo así un semidiós a quien atraía el dinero. Al fin se supo que el Emperador poseía una fortuna personal tan inmensa que bien pudiera ser de las mayores, de no ser la mayor, del planeta. Pronto se dijo que depositada en Suiza.
El 11 de setiembre, el Comité Coordinador invitó al Emperador a que trajera a casa ese dinero para utilizarlo en sacar al país de la grave crisis económica. Le fueron mostrados los datos que técnicos del Consejo Económico y Social de la ONU, en el Comité Económico para África, manejaban y que revelaban que durante el período iniciado en 1970, a la fecha, el PIB, Producto Interno Bruto, de Etiopía había crecido sólo en 1,6 como tasa anual en por ciento. Como el aumento porcentual de la población era de 2,8 había una pérdida neta de 1,2 en el PIB por habitante. El producto agrícola era apenas cero; exactamente 0,4. Contabilizado en dinero el ingreso por habitante era de menos de 90 dólares al año.
El Comité Coordinador quiso apelar al sentimiento del Emperador, duro de entendederas para las cifras ajenas a sus propias cuentas bancarias. Ya entonces se sabía que la fortuna atesorada en Suiza por éste era de miles de millones de dólares.
12En la noche del 11 de setiembre fue exhibida por TV la película maldita que la policía secreta personal de Haile Selassie creyó que había sido decomisada y destruida.
El Comité Coordinador había invitado a todo el pueblo a verla y obtenido del Emperador la promesa de que también la vería. Promesa que fue cumplida.
Con gritos de horror contra unos pocos bostezos, ambos públicos asistieron a la ``premiere'' del documental del periodista británico Jonathan Dimbleby, "El hambre oculta".
La cámara había curioseado en la provincia de Wollo, a veces con rapidez reveladora de la prisa y el temor del camarógrafo. Pero las escenas logradas hacían evocar los campos de concentración nazis. Huesos sobre huesos, esqueletos de niños confundidos con los de los burros que ellos hacen marchar llevando encima cargas increíbles, como las bicicletas en Viet Nam. También se veía con nitidez la tierra seca por varios años sin lluvia, tierra típicamente de África, el continente donde menos llueve y donde mayor evaporación relativa existe. ¿Acaso esa hambruna y esa misma sequía no habían sido negadas? ¿ Acaso para que en Addis Ababa no se intranquilizara el pueblo con los rumores, no aparecieron en esos días documentales de cine que mostraban al Emperador dando carne, enormes trozos bien rojos, a sus perros y leones, en los jardines de Palacio?
El Emperador se hizo el nuevo sin mucho dramatismo ante las escenas que aparecían en la TV, pero acerca del dinero se limitó a decir que había nombrado heredero a su hijo. Y no era posible a un Emperador anular su testamento. "De veras que lo siento."
A las 7:30 horas del 12 de setiembre Mengistu y sus compañeros lograban el derrocamiento legal del pequeño gran ladrón.
13 __ALPHA_LVL2__ IIILa Revolución etíope, afanosa de evitar a toda costa la sangre, no hizo correr siquiera la del culpable máximo de aquellas montañas de huesos blancos, en caminos polvorientos, pertenecientes a no menos de doscientas mil personas.
El mayor castigo, razonó Mengistu ante el Comité Coordinador, sería hacer de Etiopía un país en manos de quien lo había creado durante siglos de esfuerzo sin jamás poseerlo.
No era fácil, sin embargo, convertir al pueblo en dueño.
Al quedar a solas con su nombre y apellido, Haile Selassie dejaba atrás un anecdotario increíble de maldades y ridiculeces. Su tricornio a lo Trujillo; su exigencia de que cada mañana todos sus Ministros fueran, no a verle, pues debían aproximársele con la cabeza baja e inclinados, sino a que él los viera marchar a sus poltronas, a obligar a otros a sufrir la misma humillación por ellos sufrida; su costumbre de cierta época de ordenar, después de él desayunar, a cuatro trompeteros que reunía en el comedor, salir y tocar desde los distintos ángulos de la azotea de Palacio, para así anunciar a los demás reyes del mundo que su Rey les permitía desayunar a continuación; su escenificación de cosas como ésta, que presenció el autor de este libro: llega Haile Selassie a Cambodia en visita oficial en 1969 y cuando, tras el saludo del príncipe Sihanouk que le aguardaba, se empieza a tocar el himno de Etiopía, el Emperador ordena interrumpirlo con un gesto, ya que —explicó— debía esperarse a que descendiera Lulú, la real perrita, del Boeing personal. Luego, el Jefe de Estado de Cambodia comentaría con algunos Embajadores que había tenido que reprimirse para no preguntar: " 14 Majestad, ¿podemos empezar o debe la perrita hacer primero pipí?"
Desde luego, el Emperador derramó por Lulú, a su muerte, las lágrimas que no le arrancaron los doscientos mil muertos de hambre en la provincia de Wollo. Verdaderas exequias imperiales la dejaron reposando en una tumba con inscripciones en oro, en que se leen el día del nacimiento y el de la muerte, debajo del nombre legendario.
Hay que decir que también el pueblo lloró con igual sinceridad. Lloraba junto a su Emperador, compartía su dolor, recogido en fotografías y películas y contado de boca en boca.
El oro gastado en el túmulo de Lulú es el mismo que asoma y asombra en las doscientas habitaciones del Palacio y provino de las minas que en forma oculta poseía el Emperador en la provincia de Sidamo. En ellas, el trabajo era hecho por verdaderos esclavos, reclutados a la fuerza, cazados como en una época los traficantes cazaban negros en África para las colonias europeas en América... Regresaba a su casucha de tablones y zinc un trabajador de la construcción, que durante doce horas había laborado por apenas el doble de lo que sacaba un mendigo algo afortunado, o un desocupado deambulaba al alba, temeroso de que la policía le destrozara la piel a palos, debajo de los periódicos con los cuales se protegió del frío de la madrugada en el portal de algún comercio, cuando de súbito lo capturaban y metían en un camión cerrado, sin ventanas. La luz la volverían a ver al llegar a la mina. Allí, todo el día encorvado a orillas de un riachuelo, con minutos para comer raciones de cárcel y, a la noche, algo increíble, un purgante obligatorio por si en el momento de cernir las arenas en busca de pepitas de oro, se había introducido alguna en la boca. En las heces fecales hurgaban los gendarmes especializados y si relumbraba algo en ellas, la sentencia sería inapelable.
15Lo más notable es que el conjunto del pueblo ignoraba el secuestro de cientos de hombres cada año y que nadie sospechaba, de saberlo, que podría ser obra del Emperador o siquiera que él lo supiera.
De hilos de oro las alfombras a pisar cada mañana, sobre las 11, al despertarse en el Palacio con ochocientos criados. De oro macizo la taza del inodoro, la bicicleta sin ruedas para ejercicios antes del baño, los lavabos, la banadera. Las ropas, ya era otra cosa. Dependía de quién iba a verlas. En las salidas vespertinas por las calles, que no hubiera mffcho oro sobre las ropas. En los recibos de Embajadores, las recepciones oficiales, los viajes a otros países, todo el posible, sin que el más elemental buen gusto fuera un limitante.
El Emperador tenía una angustiosa oromanía que no le daba reposo. He podido saber, por quienes frecuentaron su intimidad en el papel de intelectuales capaces de servirle de traductores con gobernantes extranjeros, sin que se enfangaran sus conciencias con crímenes o abusos, que a Haile Selassie le preocupaban también hasta la obsesión dos temores: la vejez y la muerte. Ya .aquí no acudía a intelectuales educados en Roma o París.
—Para estas cosas, África, lo nuestro.
Y con ello quería decir el "Ton Kuai'', el Brujo. Era ante él que toda la contenida soberbia de creerse Elegido de Dios, se disolvía como la neblina que sirve de hermosa, tensa sábana otoñal a Addis Ababa. La humildad más sincera, la plegaria pagana, el ruego de que le buscara fuerza y vida, de rodillas, las ofrecía a su propio amo espiritual, el amo físico de todo un pueblo.
En Addis Ababa, en el Kebele 08--0312, precisamente por ello con el número 12 en el carnet de identidad, en la casa 845, vive una cubana singular, Rogelia Emiliana 16 León, descendiente de un abuelo congolés y ciudadana etíope actualmente. Nacida y criada en Guanabacoa, en 1952 emigró a Etiopía al casarse con un joven etíope que había ido a Cuba a estudiar, llevado por un médico veterinario cubano, de apellido Barrera, quien no se sabe cuándo ni cómo empezó a trabajar en un criadero de caballos del Emperador. El padre de ese joven había presentido la guerra de 1935 (ataque de Mussolini) y logrado que su amigo Barrera regresara a Cuba con su hijo para hacerlo maestro rural. El matrimonio —hoy disuelto— se efectuó en Guanabacoa. Una vez en Addis Ababa, Rogelia aprendió el amarice y se hizo etíope por insistencia del destino, sin perder las ideas socialistas conocidas desde niña de sus padres cubanos. Ella es testigo de un hecho que talmente parece sacado de una película como "El exorcista".
"Recuerdo como si fuera hoy que un día, la directora de la escuela donde yo era conserje, cerca de donde vivo, trajo —cuenta Rogelia— doce muchachitas negras. No sólo más que yo. Más que todos los etíopes que he conocido en veinticinco años. Es tanta su negrura que no tienen pelo. Mínimo. Vive esa raza en la frontera con Sudán. Son fuertes. Las doce niñas lo eran. ¡Hermosas! No se abren las orejas porque no son cristianas, sino musulmanas. Al verlas llegar a la escuela, pensé que el propósito era educarlas bien, enseñarles el amárico, pues hablaban un dialecto, hacerlas finas. Imaginé que llegarían a amantes de algún personaje de la Corte. El mismo Emperador tal vez. ¡Quién podía saber! Pero un día la directora me dijo la verdad. De dos en dos las llevaban en diciembre, por el cumpleaños del Emperador, a Palacio. No al de aquí, sino al que está en Bishoust, como a sesenta kilómetros. Es el Palacio Debre-Sait. Esas dos nunca regresaban. Las veían salir vestiditas de blanco, lindas, perfumadas. Allá eran sacrificadas. Su sangre se arrojaba al lago 17 del Palacio y el Emperador, desnudo, tomaba un baño, él solo, y bebía aquella agua. Después dejaba que se metieran en tropel los criados, la gente del lugar. Las niñas eran tan inocentes, que al ver el retrato del Emperador en que aparecía junto a '3 Selassies', ¿cómo se dice? ¡la Santísima Trinidad!, como el cuarto santo o algo así, ellas se inclinaban y decían 'Padre'. Durante cinco años se repetía aquello. Cada diciembre. No sé qué les dirían a las que quedaban, pero cualquier cosa iban a creerlo. Es probable que les hicieran creer que las desaparecidas habían regresado a sus aldeas. Al quedar sólo dos, la directora no pudo con el sufrimiento. Y se propuso salvar a Debritu, la más gordita, muy inteligente, y a la otra cuyo nombre olvidé. Todavía más linda, delgada. A mediados del 73, o del 72, a las dos les abrió las orejas como si se hubieran bautizado. ¡Así no servían para el baño de sangre! Y nadie dijo nada, que yo sepa. Porque la religión copta era tan fuerte, que hasta la Corona la respetaba... Hace un año supe que Debritu terminó sus doce grados y la otra el noveno... El baño de sangre, bueno, la explicación era que en el lago vivía el Diablo y que el Diablo quería que el Emperador se volviera viejo y perdiera fuerza. Para complacerle, había que darle sangre musulmana, de esa raza pura, inocente. ¡Qué sé yo...! Pero es que el Emperador llegó al Trono matando. La Reina estaba casada con lyasu, un Príncipe. Haile Selassie aspiraba a Rey. En una comida envenenó al Príncipe y se casó con la viuda. Dicen que ella ya estaba en estado de gestación y que eso explica por qué el Emperador despreciaba a su hijo mayor, que no era de él, y prefería a Makonnen, el segundo, el que murió en un accidente, aunque aseguran lo mató un capitán de aviación, por celos. Yo también era conserje en el Hospital, por las noches, para ganar algo más. No dejaron a ningún médico ni a nadie ver el cadáver. Historias como esas, conozco muchas. El Emperador era un hombre terrible, un verdadero demonio."
18 ~ __NUMERIC_LVL1__ [2] __ALPHA_LVL1__ UNA REVOLUCIÓN EN BUSCA DE SU IDEOLOGÍA [19] [20]La Revolución de 1974 en Etiopía no tiene precedentes. En el pasado hubo innumerables levantamientos espontáneos de unas clases contra otras, pero no se conoce de ninguno que surgiendo así, desde su primer día corriera hacia el marxismo-leninismo, hacia la ideología capaz de darle la explicación de su propio origen y de sus objetivos, instintivamente buscados.
Marx vio en las filosofías de Hegel y Feuerbach, no obstante las ideas reaccionarias de ambos acerca de la política, las raíces más remotas de la ideología del proletariado. Raíces que ellos mismos, pese a su genialidad, no hubieran sido capaces de descubrir y menos de cultivar, desafiando el orden social al que servían. Fueron Marx y su "otro yo'', Engels, pensadores todavía más profundos y corazones más puros, los maestros de la clase a la cual la historia le daba por misión enterrar, junto a sus cadenas, toda esclavitud, toda humillación, todo temor. La clase obrera debía abatir —predijeron los padres de la revolución— el. dominio burgués y pasar, al cabo de la etapa de su dictadura inevitable para consolidar la victoria y edificar la nueva sociedad sin explotadores, a la humanidad humanizada, sin clases, fronteras, Estado.
21El proletariado —proclamó y probó Lenin— debía actuar en alianza con el resto de los explotados, en primer término los campesinos, debido al hecho de que el capitalismo no había sido capaz de erradicar el feudalismo por completo.
Marx y Engels creían en la revolución mundial única. Lenin, advirtiendo el desarrollo desigual del capitalismo por países y áreas, precisó que la revolución proletaria se produciría en unos sitios —aquellos donde las contradicciones se agruparan y donde hubiera fuerzas capaces de aprovecharse de ello— antes que en otros. La conciencia de que la revolución tocaba a las puertas la dio precisamente la ideología que prepararon para los explotados y oprimidos, científicos nacidos en las filas enemigas burguesas.
La fusión entre la clase obrera y su ideología clasista propia se efectúa en el partido. Con el surgimiento de éste, la clase obrera empieza a pasar de "clase en sí'', o sea, una que no sabe lo que quiere y ciegamente es explotada, a " clase para sí'', la que actúa ya en pro de su plena liberación. Ese proceso culmina con la toma del poder.
Marx y Engels fundaron el primer partido del proletariado de modo que abarcó varios países a la vez: la I Internacional, cuya labor fue titánica. La misma no dirigió tácticamente a la Comuna de París de 1871, aquel "asalto al cielo" increíble y sorprendente que por primera vez, aunque fuera sólo por tres meses y en una ciudad, venció al yugo burgués. Ella ni siquiera la auspició. Sin embargo, la estrategia de que el cambio social empieza con la toma del poder político, la aprendieron los heroicos comuneros en la Internacional.
Lenin creó el partido de nuevo tipo expresamente como Estado Mayor de, por y para la revolución. Después lo condujo a la victoria en la Gran Revolución Socialista de 22 Octubre para dar vida al Primer Estado Obrero y Campesino de la historia universal.
La Unión Soviética tuvo que ser hombre —fuerte, audaz, sabio— aún de niño, desde la cuna misma, para imponer a sangre, sudor y fuego su existencia. La prueba suprema la tuvo al enfrentar la peor y más cruel respuesta imperialista ante ese acontecimiento que indicaba la llegada de la hora en que los trabajadores se liberan: la agresión del fascismo.
El principal resultado del choque fue un salto de las barreras de las fronteras: el socialismo se hizo uno de los dos sistemas mundiales, ya en lucha final. Con ello apareció la perspectiva de imponer —por primera vez— la paz en el planeta. La memoria humana recuerda no menos de catorce mil guerras importantes, incluyendo dos mundiales. Con la creación del campo socialista (lo que condenó a muerte al viejo sistema colonial y debilitó las bases mismas del sistema imperialista) surgió también la posibilidad de hacer la revolución sin que su creadora fuera la guerra.
Y Etiopía muestra todavía otra cosa, sin que la ideología de la revolución le abriera paso previamente en forma ostensible. En Etiopía primero el pueblo hizo la revolución, por medio del instrumento creado para evitarla, el viejo ejército, y después ella comenzó a descubrirse a sí misma.
Esto no quiere decir que para hacer la revolución puede prescindirse del factor ideología.
Al contrario.
Significa que la ideología marxista-leninista penetra hoy tan profundamente por todas partes, circula arriba y abajo en el planeta con tanta fuerza, que llega, inclusive, allí donde los libros se queman y los partidos populares se 23 consideran tan criminales como la lectura revolucionaria. Es el fenómeno de respirar por los poros, insensiblemente, cuando se ha ordenado tapar nariz y boca.
Como señaló Fidel al visitar Etiopía, su revolución prueba la verdad de que la lucha de clases rige la historia.
No es de extrañar ese avance del marxismo-leninismo en un país donde no se veían marxista-leninistas por ninguna parte. Había obreros, había masas campesinas, había pueblo explotado al máximo, golpeado, estrujado, ofendido, burlado, y aunque se le engañara durante decenios para que aceptara su destino y adorara como un dios al simple jefe de sus enemigos de clase, un buen día el agua salió de cauce, en ese torrente que es la revolución, según sentenció Julio Antonio Mella.
La revolución etíope ha sido espontánea en el sentido de que nadie fijó de antemano el día de su estallido y por lo tanto no hubo preparativos previos en organización y educación.
Cuando así de golpe pueden crearse las condiciones de la revolución, es de imaginar con cuanta mucha más seguridad ella se puede producir allí donde se organiza y educa a una fuerza de vanguardia obrera y campesina para, en el MOMENTO OPORTUNO, aquel que no admite ni un minuto de adelanto, como indicara Lenin, pues sería prematuro, ni uno de atraso, porque se perdería la ocasión, lanzar a las masas obreras y campesinas al asalto.
En Etiopía se confirma hasta la saciedad que el siglo xx j debe ser el último con sociedades divididas en clases antagónicas. Los explotados, los oprimidos, los que no tienen nada que perder aparte de sus cadenas, pueden vencer a sus contrarios.
Ese carácter espontáneo confirma que es la hora del cambio. Allí mismo donde no hay pronóstico y donde 24 inclusive los nubarrones se creen muy distantes, de un simple relámpago, de un primer remolino de invisible viento, brota el huracán. Y barre con todo. El Imperio de tres mil años se desvaneció en tres días.
Mueren uno tras otro los mitos que paralizan a las masas o que impiden que su acción termine en total victoria.
Con el triunfo de la Revolución Cubana, dirigida por Fidel Castro, en 1959, no sólo el socialismo llegó a América sino que murió el doble mito, vinculado a la geografía, de que a la sombra de Estados Unidos no podía haber un sol revolucionario capaz de durar y que lejos del contacto geográfico inmediato con la URSS tampoco podría arribarse a la creación de Estados socialistas.
Viet Nam, Laos y Cambodia acabaron por enterrar ese tipo de mentiras con sus revoluciones enfrentadas directamente a las fuerzas armadas norteamericanas.
Y el pueblo de Angola, heroico vencedor —como Mozambique— del colonialismo portugués sostenido por la OTAN, apoyó después al MPLA de Agostinho Neto cuando éste proclamó una independencia verdadera, en momentos en que se aprestaba a resistir la invasión del gran gendarme del imperialismo en África, el régimen racista-fascista de Pretoria y del pequeño gendarme y payaso, Mobutu, émulo de Haile Selassie y sátrapa de Zaire, detrás de fuerzas que el Pekín traidor del socialismo también armó y alentó.
A la resistencia angolana se unió el apoyo internacionalista de Cuba. En este caso, como en el combate de Viet Nam, la solidaridad soviética hizo frente a los recursos del imperialismo volcados del bando de la opresión.
Etiopía sigue ese proceso pero le otorga nueva calidad.
En Viet Nam actuaba un Partido leninista forjado por Ho Chi Minh, capaz de dirigir las diferentes etapas de la 25 resistencia al colonialismo y al neocolonialismo y su transformación en revolución socialista.
En Cuba, en el torrente de un siglo de luchas comenzadas contra el yugo colonial español y seguidas contra el neocolonialismo yanqui, nació, tras el Octubre de Lenin, un Partido del proletariado que marcharía al encuentro de] Movimiento que daría origen a la Revolución el 26 de Julio de 1953, con el asalto del ``Moneada''. En esa batalla emergieron el Jefe de la Revolución y el programa táctico capaz de aglutinar y movilizar a todo el pueblo en el único camino en que podría colectivamente educarse. Fue en la escuela insuperable de su propia experiencia revolucionaria que las masas cubanas hicieron suyas las ideas marxistar leninistas que Fidel sustentara tras búsqueda propia desde sus días de estudiante. Dos de esas ideas le guiaban: contar con las masas y conquistar, con ellas y para ellas, un poder realmente revolucionario.
Se unieron ese Partido y ese Movimiento, más la organización antimperialista nacida del estudiantado para pelear contra la tiranía, y se creó el Partido Comunista de Cuba, cerebro y corazón actual del proceso de construcción del socialismo. Con razón la antigüedad en el Partido se cuenta desde el día de Playa Girón en 196Í: el del enfrentamiento abierto entre Cuba en revolución y el imperialismo en contrarrevolución.
En Angola la lucha liberadora fue encabezada por un Movimiento, el MPLA, que está pasando a Partido de la clase obrera y del socialismo. Algo similar acontece en Mozambique con el FRELIMO, creado por Mondlane, cuyo jefe a la muerte de éste es Samora Machel.
Pero en Etiopía no había ni un partido clásico marxista-- leninista ni tampoco un movimiento revolucionario civil. Ni siquiera un tipo de agrupación clandestina militar, como la de los Oficiales Libres de Nasser en Egipto o 26 luego la de Khadafi en Libia, vinculadas a la religión musulmana, pero tendientes a ir hacia el pueblo.
El Jefe de la Revolución Etíope, el hoy teniente coronel Mengistu Haile-Mariam, ha dicho que debido a que la revolución irrumpió espontáneamente, en momentos en que no había un partido de la clase obrera, "la garantía más sólida de la revolución'', no fue posible ahorrarse muchas de las amargas luchas que hoy existen.
¿Cómo fue posible el triunfo de una revolución sin partido; revolución sin algún movimiento revolucionario organizado?
De la respuesta surge una verdadera gran lección de dialéctica. Las condiciones objetivas de miseria y opresión empujaron a las masas populares a entrar en acción con creciente decisión, que se fue haciendo mayor en la misma medida en que el gobierno imperial maniobraba y retrocedía. El embarazo no requirió siquiera nueve meses: a los ocho, fue destronado Haile Selassie y la revolución venció definitivamente.
El carácter inicial del estallido popular era el propio de una revolución nacional democrática, antifeudal, antimperialista, antiburguesía burocrática. Eso explica que el ejército entrara en ella en bloque. A su vez, el ala derechista —superior— del instituto armado conspir6 desde el 13 de febrero de 1974 para atar a la revolución: Primero fue el proyecto de dejarla en reforma; después, en con. trarrevolución.
Se empezó por querer reducir el cambio a un simple inten- \ to por modernizar el viejo aparato estatal que se había resquebrajado de anacrónico y corrompido. "A los gritos de unos taxistas, unos estudiantes, unos obreros'', como dijera irónicamente un general, cuyo nombre no quiso se revelara, a un corresponsal de una agencia capitalista extranjera en marzo de 1974.
27Aparte de su masiva espontaneidad, que no podía más que sustentarse en una lucha de clases que ninguna de las clases enfrentadas quería o podía reconocer pero que existía y aumentaba hasta darle a la caldera esa presión inaguantable, lo más sorprendente de la Revolución Etíope fue que la dirección le correspondió a las Fuerzas Armadas. Tal sorpresa tuvo una lógica oculta: o el ejército o nadie. Etiopía se hubiera convertido en una sociedad sin orden social.
La situación objetiva de un país carente de un verdadero gobierno cuando más lo requería y de una masa sin vehículos ideológicos y organizativos capaces de imponer un nuevo régimen social, dio al ejército, la única institución del Estado todavía en pie en medio del estallido, del desastre económico, la hambruna y el desconcierto, una especie de mandato: el de mandar.
¿Mandar en nombre de quién? ¿Al servicio de qué clase? ¿En alianza con cuáles fuerzas internacionales, de las dos mayores que luchan en el mundo?
Hoy es evidente que si bien es verdad que en Etiopía el marxismo-leffinismo no había penetrado con fuerza suficiente para llegar a la creación de un partido o un movimiento, el aliento universal de las ideas del socialismo sí había llegado a hombres de la oficialidad media. Uno de ellos, hijo de un esclavo, había conocido en Estados Unidos la discriminación racial, pese a estar allí en calidad de cadete de un monarca mimado por Washington, lo mismo que la guerra de Viet Nam, los incendios de Detroit por las masas negras, la rebeldía estudiantil, el malestar general que condujo al escándalo de Watergate, etc. Es decir, a través de su experiencia norteamericana, Mengistu se asomó al mundo contemporáneo, con sus revoluciones, rebeldías y conflictos en auge incontenible.
28Al regresar a la Patria, ese joven capitán tropezó con el abismo entre el lujo imperial y el hambre de las masas.
El lenguaje que en algún momento encontrara en "El Manifiesto Comunista" se le hizo la verdad de las verdades. Sin vacilar tomó partido de clase junto a los explotados, los oprimidos, los humillados de Etiopía. Y al verlos salir espontáneamente en iracunda protesta a las calles de Asmara y de Addis Ababa, los vio como a los suyos. Es más, se decidió a promover en el seno de las Fuerzas Armadas el movimiento reivindicativo y, ante todo, la idea revolucionaria de que los soldados no debían disparar contra el pueblo. Esto dio un signo indeleble al Comité Coordinador de las Fuerzas Armadas, cuyos jefes no se atrevieron a oponerse, al comprender que agarrarse al Emperador y a su régimen moribundo era aferrarse a un buque que hacía aguas en alta mar y en tiempos de tormenta. Estos jefes, no sin el consejo de alguno de los trescientos asesores militares de Estados Unidos, entraron de buen grado en el Comité Coordinador.
Al mismo tiempo, quizás por temer violar las jerarquías, cosa que hubiera anarquizado al único organismo que había podido escapar a la anarquía social, había sido designado Presidente del Comité Coordinador el Jefe de las Fuerzas Armadas, teniente general Aman Mickael Andom.
Débil era la revolución pese a todo. Tenía que serlo desde el instante que se hacía Jefe de la Revolución a quien era jefe pero no .revolucionario.
El Spínola etíope hizo todo lo que estuvo a su alcance por meter en cintura al proceso espontáneo que lo encumbraba. Ocultó su espada en fraseología demagógica y la levantó con presteza y energía para golpear desde dentro a traición.
29Esos crímenes recientes, sumados a otros muchos que le ayudaron a llegar a donde llegó bajo alguien como Haile Selassie, lo condujeron, junto a otros sesenta altos oficiales, al pelotón de fusilamiento. Era el 24 de noviembre de 1974.
El escalafón militar dio entonces la Presidencia del CAMP al brigadier general Teferi Bente, quedando como su primer vice el ahora teniente coronel Mengistu y como segundo el teniente coronel Atnafu Abate.
La lucha por el poder continuaría porque Bente era enemigo, no por oculto menos jurado, de la ideología que adoptaba la Revolución. Llevado por esa enemistad, enraizada en prejuicios y ambiciones de clase explotadora, retomó los hilos del complot de Andom para tejer con ellos la mortaja del proceso revolucionario al cual se había sumado, por cierto, en el último minuto.
A los tres años menos diez días de su estallido, la Revolución adquirió al fin, con la llegada de Mengistu a la jefatura suprema, el curso que podría llevarla a la victoria completa y definitiva.
¿Cómo es y en qué consiste esta Revolución?
Habría que empezar por analizar la historia de Etiopía, su economía, su sociedad, su política, y esto debe hacerse en torno al hombre que se creyó un semidiós y cuyo derrocamiento produjo el surgimiento de la Revolución.
30 __NUMERIC_LVL1__ [3] __ALPHA_LVL1__ CUANDO HAILE SELASSIE LUCHABA POR EL PODER __ALPHA_LVL2__ I [31] ~ [32] __NOTE__ _SECTION_LVL2_ IEn 1916 un golpe de Estado palaciego en Addis Ababa derrocó a un Emperador niño.
El Emperador Lidj lyasu, nieto del fundador del Estado etíope, Menelik II, fue destronado aunque en verdad no ejercía ningún poder debido a su poca edad. Más bien el golpe iba dirigido contra el regente, Taran Makonnen, un ambicioso hombre joven.
En ausencia de un varón en la línea de sucesión, la hija de Menelik II, Zaiditu, tomó la Corona imperial.
El regente, hijo del general victorioso en la guerra italo-etíope de 1895--1896, no aceptó la pérdida del poder que hasta entonces ejerciera y, en la práctica, constituyó un segundo órgano de mando.
La dualidad de poderes reflejaba más que el choque de ambiciones personales, la aguda contradicción que se desarrollaba en e1 seno de las clases dominantes.
De una parte, con la Emperatriz, se alineaban los círculos más conservadores de la nobleza feudal. Sus integrantes, los grandes propietarios y el alto clero, eran partidarios 33 de una unidad estatal formal, no efectiva, que permitiera al país presentarse ante el mundo como uno solo, pero que en realidad continuara dividido en numerosas regiones, en cada una de las cuales un ras (gobernador, jefe militar) fuera como un pequeño emperador. Las iglesias y monasterios coptos poseían grandes extensiones de tierras y temían a la centralización.
En el otro bando se aliaban la pequeña burguesía comercial y los pocos intelectuales que habían venido formándose en Etiopía: su consigna era "una sola Etiopía'', lo que suponía un gobierno central fuerte. "Jóvenes Etíopes" fue el nombre de su movimiento, lidereado por ese ras Tarafi Makonnen que había llegado a la regencia con irrefrenable ánimo de mando.
Un tercer bando, algo neutral, lo formaba el ejército.
Esta lucha política se alzaba sobre el fondo de la más contradictoria sociedad, en la cual se entremezclaban la esclavitud, un feudalismo en su primera fase y supervivencias tribales. A ese abigarrado cuadro se añadía, como un parche, un voraz capitalismo incipiente.
Siendo profunda y sin cuartel, aquella lucha política ``arriba'' no era todo, ni lo esencial. La lucha de clases fundamental se desarrollaba, en forma espontánea, a veces violenta, entre les campesinos y sus crueles y todopoderosos explotadores amos feudales. Hacía mucho que las tierras comunales campesinas se habían venido extinguiendo y quedaban apenas islotes en apartadas regiones. Los campesinos debían trabajar para el propietario de la tierra (señor feudal o iglesia) de noventa a ciento veinte días al año a cambio de la parcela de mala calidad que éste le asignaba. También debía entregarle un pago en especie (cosecha o cabezas de ganado, según el tipo de economía) y cumplir con otros deberes y caprichos. Encima de esta explotación y opresión, se amontonaban los 34 impuestos del Estado y los que el propietario imponía a su antojo.
Dos tipos de impuestos dictados por la Corona eran particularmente duros: el ``dergo'' y el ``gabar''.
El primero consistía en que el campesino debía dar comida y servir a cuantos nobles, oficiales y funcionarios del gobierno y también tropas de paso, atravesaran o acamparan en tierras de su región. Bastaba que dijeran llevar una orden del ras.
El ``gabar'' se proponía todavía más directamente el sostenimiento permanente del aparato militar y estatal. Las familias campesinas debían garantizar el mantenimiento de las guarniciones y las administraciones locales. Según el rango del oficial así era el montante del ``gabar''. Los de mayor jerarquía y los gobernadores, contaban por miles a los campesinos obligados a entrar en él. Cada familia debía también mantener un soldado como mínimo, además de aportar sus hijos al ejército.
Siendo así oprimidos los campesinos no eran los últimos en esa sociedad. Peor aún era la vida de los esclavos, quienes trabajaban en las casas de los feudales y, una parte menor de ellos, en el campo. Hay que advertir que en la década del 30, sin embargo, su número no era tan elevado como la prensa de Mussolini aducía en justificación del ataque fascista.
Los tres movimientos de la corte en pugna, coincidían en el mantenimiento del feudalismo. No obstante el de los "Jóvenes Etíopes'', al empeñarse en reunir el rompecabezas y centralizar el Estado, favorecía el desarrollo de las fuerzas productivas y cierto grado de civilización moderna. Propugnando la ampliación del mercado interno, abogaba por eliminar la esclavitud y la producción de subsistencia que practicaban los sectores conservadores 35 e introducir el comercio basado en la moneda. En ese sentido, ese movimiento era histórico y relativamente el más avanzado.
En un momento dado él se concentró en exigir el cese de la esclavitud a sabiendas de que la Emperatriz se opondría tercamente, a pesar de que la declinación de la esclavitud era inevitable. Ya a mediados del xix, Teodoro II abolió la trata de esclavos y a fines del siglo Menelik II decretó que sólo los prisioneros de guerra podían ser reducidos a la esclavitud y después limitó su duración a siete años. En 1924 otro decreto normó las categorías de esclavos a ser liberados y estableció cómo y cuándo. También el decreto establecía que a los esclavos que sirvieran en el ejército se les liberaba de inmediato.
En definitiva tales normas se prestaban al "luego, tarde y nunca" y pretendían más el cese del sistema de la esclavitud abierta que de la esclavitud disimulada, pero a los conservadores y al clero les parecieron revolucionarias. "Si algo cambia en algo, todo puede cambiar en todo'', decía la Emperatriz.
Cuando iba acercándose a un punto de ruptura la puja solapada entre el regente Tafari Makonnen y la Emperatriz en torno a la esclavitud y a cómo aboliría, la muerte del Ministro de la Guerra, en 1926, favoreció al primero: le permitió asumir el control del ejército. Gracias a esto pudo derrotar, dos años después, dos rebeliones en su contra alentadas abiertamente por la Emperatriz. En 1930, tras una tercera intentona, encabezada por su anterior esposo, murió la Emperatriz. Hacía mucho que estaba desprovista de poder verdadero. No obstante, sus funerales fueron grandiosos. Un nuevo Emperador tuvo Etiopía en su larga y difícil historia de treinta siglos. El propio regente se dio a sí mismo el rango con el nombre de Haile Selassie I. Al ceñirse la ansiada Corona, estaba lejos de imaginar que sería el último de los Emperadores etíopes.
36 __ALPHA_LVL2__ IIEl nuevo monarca completó con energía la expansión del feudalismo, pero dentro de coordenadas bien precisas que se trazaban ahora desde Addis Ababa.
Este proceso se había iniciado en el siglo anterior, a fines del cual el imperialismo internacional, apenas nacido, procedía en la célebre Conferencia de Berlín (1895) al " Reparto de África''. Europa estaba sedienta de materias primas, mercados, esferas de influencias, mano de obra barata. El esfuerzo en pro de la centralización se concibió en Etiopía también como una barrera al expansionismo europeo.
¿Cuál era el cuadro en esas circunstancias?
La aristocracia feudal etíope había derrotado en el norte a sus oponentes y se abalanzaba sobre el sur para meter a todo el país en el puño de un solo Estado. Haile Selassie aceleró el logro de ese objetivo con vistas a oponerse al inminente reparto del país por los gobiernos europeos. Necesitaba, en consecuencia, que el pueblo lo siguiera. Sin embargo, por razones de clase, no fue a buscar el apoyo popular mediante democracia alguna, sino inculcando la más absoluta sumisión, la plena fanatización, el total control imperial. "Etiopía soy yo'', pensaba. Y procuró que todos los etíopes pensaran lo mismo.
Mella calificó al tirano Machado de Mussolini tropical.
Haile Selassie era un Mussolini feudal, con aspiraciones a semidiós.
Para llegar a jefe político indiscutido, Haile Selassie se hizo primero regente y luego jefe militar. Ya jefe político, buscando eternizar su poder, se haría jefe espiritual.
37La Iglesia Copta local se había desprendido de la Católica Romana desde el siglo v. Sin embargo, libre del padrinazgo del Vaticano, había caído bajo el de Egipto. Todos sus obispos, salvo uno, eran de nacionalidad egipcia y su designación la hacía el Patriarca de Alejandría. Y como , Inglaterra en aquella época dominaba la tierra de las pirámides, tenía una excelente vía indirecta para interferir en los asuntos internos de Etiopía.
Sólo en 1929, Addis Ababa pudo lograr un acuerdo con El Cairo que alteraba las reglas del juego: en lo adelante el Patriarca designaría sólo el = ``Abuna'',^^*^^ pero los demás obispos de Etiopía serían elegidos de entre el clero local. Unos veinte años después (1951) Etiopía obtuvo también la designación del ``Abuna''. Todo esto creaba condiciones ideales para darle un carácter místico al culto de la personalidad del Emperador. Su retrato fue colocado en las iglesias. Los sermones debían ser precedidos de plegarias en su honor. Inclusive llegó a endosársele a Haile Selassie frases y hechos atribuidos a Cristo. Pintores alemanes bien conocidos dibujaron escenas de Cristo con los humildes sustituyendo el rostro del Mártir del Gólgota por el del Emperador y estos cuadros se colocaban en lugares visibles. En los altares mismos, a la trilogía de la Santísima Trinidad se añadía el rostro afable, con los ojos entornados, bien afeitada la barba, del hombre que a su título de Emperador había añadido, en segundo término, el de "Elegido de Dios''. La propaganda oficial además, apuntando hacia todos los gustos, también lo comparaba con David, el rey judío.
Haile Selassie se presentaba como descendiente de la Reina de Saba y el Rey Salomón. Los niños etíopes, en la cuna misma, escuchaban las leyendas de cómo ambos se conocieron, cómo al principio ella, pudorosa, se negaba a _-_-_
^^*^^ Arzobispo.
38 casarse con él, y cómo él, sabio entre los sabios, le dijo que podían hacer una apuesta: de levantarse ella a medianoche a tomar agua, se casarían. Desde luego, Salomón supo arreglárselas para que la sed fuera más fuerte que una férrea voluntad virginal.Por último, alegando la antigüedad de la monarquía etíope —la más veterana del planeta— y la victoria del Emperador Tewodros sobre el Islam en 1855, se completó el real título oficial con el "Rey de Reyes'', lo que haría sonreír a más de un monarca europeo... aunque ninguno se atreviera a malquererse con el Emperador por esa muestra de vanidad, sin importancia al lado de lo que significaba Etiopía en riquezas y posición geográfica.
__ALPHA_LVL2__ IIIEn el terreno social, la Etiopía de Haile Selassie no cambió sustancialmente en medio siglo de reinado totalitario.
Su labor de gobernante consistió, en esencia, en llevar a su culminación el proceso iniciado desde comienzos del siglo xix, dirigido a consolidar el poder de la aristocracia feudal, para lo cual fue necesario vencer a otros elementos aristocráticos menos inteligentes, más apegados a maneras de producir y de pensar francamente anacrónicas. Haile Selassie fue una especie de Bismarck, pero sin abandonar las posiciones de clase de la feudalidad. Se aburguesó en grado mínimo. Temía —con razón— que el desarrollo económico capitalista desarrollara a la clase obrera, abriera el país a las ideas revolucionarias, diera origen a una 39 intelectualidad numerosa que vería con ojos de asombro primero y de repudio y asco después su endiosamiento, su avidez de riquezas, poder, gloria personal.
Al mismo tiempo, la resuelta oposición de Haile Selassie al desmembramiento del país por las potencias colonialistas europeas contribuiría a que la nación le concediera la máxima autoridad, de la cual él abusaría por egoísmo de clase y egolatría y avidez de tirano.
Representante de señores feudales que desde 1880 (y antes inclusive) habían sido capaces de oponerse a las incursiones europeas en el sur, suroeste y este del país, evitando su caída bajo el dominio extranjero, y que también habían ido progresivamente centralizando su poder estatal en un complejo proceso que Haile Selassie completó, hay un hilo lógico en su política que determina su conducta frente al fascismo y explica su aureola internacional.
En lo interno, el orden feudal no era y no podía ni quería ser sino feudalismo. A medida en que desde el norte avanzó ese orden rumbo al centro y al sur del inmenso país de más de un millón de kilómetros cuadrados ( décimo del continente africano en extensión) el destino de los campesinos fue haciéndose peor y peor. La comunidad campesina se vio condenada a muerte, lo mismo que el paternalismo de débiles señores.
Las masas campesinas fueron convertidas en siervos y, de hecho, en esclavas. Haile Selassie abolió por completo la esclavitud de los prisioneros de guerra para reducir a una real esclavitud a las amplias masas laboriosas.
En efecto, en 1931 apareció el decreto imperial que daba libertad inmediata a los esclavos durante los funerales mismos de su amo. Cuatro años después, la institución como tal se declaraba abolida. En 1933, a tenor de ello, 1 427 esclavos fueron emancipados y 3 647 al año 40 siguiente, según cifras oficiales. Sin embargo, muchos murieron siendo esclavos mucho después de 1935. El gobierno no vigilaba con gran celo que las leyes abolicionistas se cumplieran, y los señores, la iglesia, los mercaderes, los altos oficiales y funcionarios, hacían lo indecible por dejar convertir en herrumbre las cadenas.
La reforma de las instituciones del feudalismo resultó aún más lenta que la abolición de la esclavitud. Y estuvo siempre orientada a conservar lo esencial del feudalismo pero bajo un aspecto más apropiado al triunfo de la burguesía en el conjunto del mundo.
Fue únicamente en mayo de 1935 que el movimiento en el poder de los "Jóvenes Etíopes" se decidió a convertir en Ley la supresión del sistema ``gabar'', prometido desde la oposición una veintena de años atrás. Y sólo en la provincia de Maji, debido a las constantes e irritadas acciones de los campesinos, que hicieron temer levantamientos, se llevó a la práctica. En cuanto al ``dergo'', fue igualmente suprimido más en la teoría que en la vida.
En lo político, las reformas fueron algo más efectivas. Ello favorecía a la clase feudal dominante, en cuanto transformaba su orden en más... ordenado. En nada beneficiaba a los de abajo.
La primera Constitución que tuvo el Estado etíope (1931) consagraba su centralización. El centro: Addis Ab#ba, y el centro del centro: el Emperador. Un Parlamento con dos Cámaras no hacía sombra al Monarca absoluto. Sólo él designaba los senadores. Los miembros de la Cámara Baja eran elegidos entre y por los nobles, pero siempre previa consulta de cada propuesta al Emperador. En todo caso, ese Parlamento ornamental tenía que limitarse a aprobar los decretos del Emperador.
Como todo Estado moderno, el etíope requería de un ejército profesional. En busca de un poder extranjero que no 41 albergara apetitos respecto a Etiopía, se le pidió.a Bélgica el asesoramiento militar. Los primeros aviadores fueron entrenados por ella mientras se construía el primer aeropuerto y se adquirían en Bruselas los primeros aviones militares.
A los doce años de poder, Haile Selassie no habría podido enorgullecerse de su obra educacional. No obstante, lo hacía. Las treinta escuelas elementales y secundarias que tenía en 1930 le parecían muchas. Cuando fue destronado en 1974, tras medio siglo de mando, dejaba 95 % de analfabetos y unos seis mil estudiantes universitarios en un país de treinta millones de habitantes.
En cambio, la capital fue remozada convenientemente. Las frías alturas del Monte Entotto, de más de 2 800 ra, con su río y sus paisajes de una extraordinaria belleza verde, se prestaban a levantar un cascarón de lujo, de amplias avenidas y palacios, en el cual las "villas miserias" que lo rodean escaparan al huésped de los céntricos hoteles modernos, como el esplendoroso Hilton.
En 1887, la capital había recibido el nombre de "Addis Ababa" ``(Nueva Flor" en amárico) con el alegato de que era el resurgimiento de la ``Ababa'' (``Flor'') que siglos atrás había existido en otro sitio del país. El fundador del título de Emperador, Menelik II, fue también el de la capital única para todo el país.
Descubrimientos arqueológicos vinieron en apoyo de la egolatría enfermiza de Haile Selassie. Una de las teorías acerca del surgimiento de la humanidad dice que ella pudo haber surgido dentro o en los alrededores de Etiopía. En Gambore, una aldea sacada del fondo de la tierra, cuya edad se calcula en- millón y medio de años, aparecieron fósiles, instrumentos de trabajo y objetos, junto al asombroso esqueleto de una muchacha de unos veinte años de edad que se .calcula vivió hace cuatro millones de años.
__NOTE__ End of paragraph? Hard to tell without reading it. 42El país cuenta con su propio lenguaje oficial: el amárico, cuyo alfabeto de origen críptico y de tiempos de la Reina de Saba, como los de otros países de la región, data del siglo iv a.n.e. Se trata de un lenguaje semítico que proviene del Ghe'ez, lenguaje de la Iglesia Copta, del cual utiliza la misma escritura, pero al que se le añadieron las vocales para su habla y difusión entre las masas analfabetas. El segundo lenguaje es el afán oromo o galla, que las migraciones del siglo xvi esparcieron por Etiopía y que, dado que los galas son más numerosos que los amaras, es el más hablado, aunque este último grupo ha sido siempre el dominante. En realidad existen decenas de idiomas y dialectos entre las ochenta y tantas nacionalidades del país.
Haile Selassie no sólo no resolvió el problema nacional, sino que lo agravó. Como representante del grupo feudal más poderoso, de origen amara, siempre procuró discriminar y oprimir a las demás nacionalidades. Además de una pugna de intereses, se trataba también de evitar que la verdadera división a destacar —la de clases— se pusiera de relieve.
La revolución recibiría como herencia el problema nacional. El de Eritrea y Ogaden, en primer término.. El imperialismo, la reacción árabe y las fuerzas clasistas contrarrevolucionarias internas, verían en este problema un "talón de Aquiles" para combatir el único proceso histórico, por revolucionario y socialista, capaz de resolverlo.
Haile Selassie encontró y dejó un país predominantemente agrícola. El poco desarrollo industrial de Etiopía —y éste fue uno de los boquetes abiertos de golpe en la nave del mito del semidiós ajeno a intereses materiales— se hizo en provecho personal del Emperador. Rey de feudales, era él apenas el único burgués en la clase dominante.
43En 1974, la industria daba sólo el 8 % o menos del Producto Nacional. Su agricultura, más del 90 %. Pero paradójicamente, sólo un quinto de la tierra cultivable se trabajaba. Un factor de esto es social: el feudalismo. Otro, climático: se tenía preferencia por las alturas. La población rural se concentró secularmente en las regiones del norte y el centro. La densidad de población es en ellas muchas veces la del sur.
Haile Selassie encontró y dejó a una gran masa de los campesinos (no menos de dos millones cuatrocientos mil de un - total de seis millones) carentes por completo de tierras, los cuales debían asentarse en condiciones feudales en propiedades de terratenientes absentistas. Las rentas a pagar iban del 50 al 75 % del producto agrícola. Cuando la sequía del Wollo mató el 1 % de la población de todo el país, los sobreviventes comprendieron que el sistema de propiedad de la tierra típicamente feudal, que no permitía al campesino guardar nada para la época de las "vacas flacas" y que, por el contrario, los mantenía desnutridos, casi desnudos, trabajando catorce horas con azadas de palo como siglos atrás, era el mayor culpable. Este fue otro golpe para que hiciera agua el imperio y m encarnación más odiosa.
En contraste con la miseria, la pobreza y el desamparo de las masas, en el otro extremo brillaban la opulencia, el despilfarro, el lujo.
Una sola familia terrateniente poseía alrededor de veinte millones de hectáreas de tierra: la familia Biry, de la provincia de Harar, y dominaba a más de setecientos mil campesinos.
¿Es de extrañar que en 1976 el cabeza de esa familia cayera en combate al frente de un verdadero ejército privado, tras incendiar, matar, sabotear por todos los medios, alzado contra la reforma agraria que desconocía el título de 44 ``ras'' de su fallecido padre y que hizo dueños a los campesinos que eran sus siervos? ¿Sorprende el que fueran los propios campesinos los que le acosaran día y noche hasta darle caza, como a uno de esos lobos que de noche merodean en las afueras de Addis Ababa?
Naturalmente en tiempos de la agresión fascista, el Emperador exiliado tuvo que hacer promesas al pueblo para aumentar la resistencia siempre heroica que no dio tregua al invasor en parte alguna y que motivó su derrota cuatro años antes de la caída del fascismo.
Después de la victoria sobre el ocupante italiano, las masas exigieron que las promesas se cumplieran y en su ingenuidad política creían que el propio Emperador era su mejor amigo. No lo veían parte del sistema sino por encima de él. Buen amo de todos, en el camino entre la Tierra y el Cielo, entre los Hombres y Dios.
En 1942 salieron nuevos decretos ratificando la abolición de la esclavitud. En 1950 nadie podía ``ver'' un esclavo, aunque se vieran nuevos campesinos pobres o nuevos criados sujetos a todo tipo de humillaciones dentro de la misma piel que conoció cadenas.
Al fin el sistema ``gabar'' fue enterrado, en la misma tumba que la esclavitud. En lo sucesivo, los cuarteles en las localidades tendrían un lugar en el presupuesto central, y los militares, un sueldo fijo, que saldría de Addis Ababa y no directamente de la escasa comida de las familias campesinas, aunque fueran ellas las que seguirían siendo aportadoras —contra su miseria eterna— de los fondos del tesoro público. Etiopía no dejaba de ser Etiopía, pero se modernizaba.
También el sistema de impuestos experimentó cambios. Se fijó uno en dinero no sólo sobre las tierras cultivadas, sino sobre las improductivas. Esto abrió paso al surgimiento de una burguesía rural. Comerciantes y 45 burócratas de las ciudades pudieron adquirir tierras ociosas. En otros casos los terratenientes extendieron los cultivos. A veces devolvieron al Estado tierras que algún día inmemorial habían tomado
El Estado era Haile Selassie, quien así pudo, ser generoso en el reparto de grandes parcelas entre la incipiente burguesía rural que formaban sus amigos dentro de los " Jóvenes Etíopes" y en la administración del país. Como el Emperador estimulaba a los grandes propietarios al aburguesamiento, demostrándoles que era más fácil adquirir obreros agrícolas asalariados que campesinos y que podrían obtener mejores dividendos, los cambios eran aceptados sin mucho refunfuño.
La propaganda oficial que inundaría toda el África presentaría a Haile Selassie como un padre de la Reforma Agraria. El mayor tropiezo lo reveló la Iglesia. El clero se opuso al menor cambio, hasta que el Emperador pudo sobornarla y controlarla. Ella pretendía que el feudalismo que siempre había existido siguiera en todo igual.
De este modo, en el paisaje de Etiopía apareció algo de capitalismo, sin que desaparecieran las dos clases fundamentales de toda su historia: feudales explotadores y campesinos explotados. Haile Selassie se las arreglaba para ser el arbitro superior, más allá de las pugnas por aspiraciones y derechos encontrados. Todos acudían a él.
En 1950, cansados de esperar que el Emperador se " enterara" de su penosa vida, aunque quejándose de los cortesanos que no le decían la vferdad, las masas campesinas du la provincia de Gojam se rebelaron francamente contra los amos feudales. A duras penas quisieron creer que las tropas del ejército imperial tenían órdenes de combatir junto a los terratenientes y contra ellas. Igual sucedió en el sur a fines de la década del 50. Centenares de campesinos cayeron gritando "¡Viva el Emperador!"
__NOTE__ End of paragraph? Hard to tell without reading it. 46Haile Selassie, al tiempo que aplastaba sin misericordia las revueltas, sabía también —arte muy suyo— derramar lágrimas por los abusos de buenos hijos que no prestaban debida atención a sus consejos ni a las reglas cristianas. Aconsejó moderación a Jos feudales y llegó a establecer un Comité Especial que dictaminaría con justicia en el problema agrario, pues'o a) order del día.
Entre las medidas de alivio escritas con "inercuro cromo" se dictó la siguiente: distribuir parcelas pertenecientes al Estado entre los campesinos más hambrientos y darles préstamos en dinero. En 1961 se repartieron parte de las tierras estatales de la provincia de Arussi, cercana a la capital, entre los hombres que las labraban y se les brindaron préstamos para comprarla.
Siguiendo con los actos teatrales, en 1965 la firma imperial apareció en una Ley que, respecto a las rentas, creaba el tope de 50 °/o de ¡as cosechas y ello en el caso de que el campesino empicara ganado de tiro y semillas facilitados por el terrateniente. También se prohibía que el señor metiera las manos en los bolsillos de ``sus'' campesinos para pagar sus propios impuestos. Tras esta firma, los campesinos en todo el país y los estudiantes en Addis Ababa aclamaron al Emperador. Pronto la Cámara de Representantes aprobó la Ley. El Senado, sin embargo, la vetó. El Emperador prometió que él seguiría luchando por su pueblo campesino.
En 1955 se había establecido otra Constitución que difería de la anterior en la forma. Su lenguaje era más refinado y demagógico y ciertamente contenía promesas —que luego debían recogerse en leyes complementarias— de ciertos cambios sociales. Desde luego, la esencia del sistema permanecía inmutable. El poder imperial se tornaba aún nu'.s solido Así, la Cámara Baja pasaba a ser elegida por el voto universal y secreto, con lo que se hacía un poco más susceptible a la presión popular.
__NOTE__ End of paragraph? Hard to tell without reading it. 47El Senado seguía siendo designado por el índice con las sortijas más deslumbradoras del mundo.
Con todo, la campaña electoral de 1957 daba un margen, ciertamente muy pequeño, pero importante en un país donde nunca existió alguno para el debate público. En varias tribunas y periódicos se abogó por la Reforma Agraria de la cual el Emperador aparecía como campeón. En diciembre de 1960 estalló en Addis Ababa la sublevación del oficial apellidado Mengistu. Ella también fracasó. Sin embargo, presentó la novedad de la consigna de imponer la reforma, además de ser el antecedente de la actuación del ejército en 1974 contra el Emperador.
Haile Selassie quiso avanzar en un terreno menos minado: la educación. No puede decirse que mucho ni lo posible. Hizo algo. En 1950 abrió una Universidad, para los hijos de los ricos, naturalmente. Le dio el nombre que consideraba más honroso y augusto, el suyo, y buenos edificios. Permitió que los jóvenes salieran al extranjero a estudiar, xen especial a Estados Unidos.
Hizo una Biblioteca, así como algunos teatros y cines.
Llegó a una cifra que le pareció record ya que el 5 °/o de la población infantil tenía posibilidades de ir a escuelas primarias.
En fin, creó el rango de Primer Ministro para que en el extranjero apreciaran que su política evolucionaba de acuerdo con los tiempos.
Buscaba particularmente ser ``aceptado'' por Estados Unidos, cuya protección anhelaba, receloso de los viejos colonizadores europeos y también de la Unión Soviética. Le era imposible no tener relaciones diplomáticas con la última debido a su apoyo contra el fascismo, pero el régimen social soviético le producía el temor que cabe suponer. El Emperador no se sintió tranquilo hasta que no 48 transformó al país en el más seguro aliado militar de Washington en África.
En la economía, la postguerra se caracterizó por un proceso que la Revolución de 1974 debió cortar en seco. La Etiopía feudal abrió las puertas al capital extranjero, en particular norteamericano.
Haile Selassie buscaba así un vínculo permanente con Occidente que le pusiera a salvo de las conmociones que la rebelión de Nasser había introducido en la zona y más tarde de las revoluciones que estallaban desde Viet Nam a Cuba, mientras la URSS y el campo socialista acrecentaban su presencia en el mundo y las ideas de profundos cambios sociales sacudían todo el llamado Tercer Mundo.
Todo esto dio lugar a un proceso paradójico, aunque no inédito en la historia: Haile Selassie fue mal comprendido arriba y abajo y criticado desde la ``derecha'' y desde la izquierda. La entrega de bases militares a Estados Unidos y las facilidades para que llegara con sus dólares y "modo de vida'', provocaban descontento en los sectores sociales más aristocráticos y entre los más pobres. La corriente de cierto aire fresco auspiciada por el auge tímido, aunque indudable, del capitalismo, había permitido la aparición de ideas marxistas entre algunos intelectuales y estudiantes y facilitado objetivamente algunas acciones de protesta de las masas más oprimidas, lo que irritaba a la nobleza. Por supuesto, ambos fenómenos tenían un sello de espontaneidad y no rebasaban el horizonte de la lucha contra un enemigo inmediato: patrón o terrateniente. El Estado al servicio de las clases explotadoras escapaba y mucho más su jefe absoluto. Desde la acera opuesta, los elementos más conservadores tampoco aceptaban que su dominio fuera menguado por competidores extranjeros y preferían seguir "la marchita" sin mucha modernización en las formas de explotación. Tampoco 49 la Iglesia Copta simpatizaba con pennilir la actuación de otras religiones, como la protestante que prolifera en Estados Unidos.
Verdadero as del equilibrio, Haile Selassic siempre sabía hablar el lenguaje adecuado a las circunstancias. En la Liga de las Naciones ganó fama por sus frases contra el fascismo, que indudablemente respondían al interés de combatirlo, como hacía el pueblo etíope con todo heroísmo, pese a que defender a aquella Etiopía significaba defender en lo inmediato el régimen dominante que asfixiaba, estrujaba y embrutecía a las masas populares. En la postguerra Haile Selassie afianzó su imperio pero orlándolo de cierta democracia formal. Su política exterior de postguerra, muy activa, tuvo igual estilo. A la hora de ceder bases al mismo país que retomaba los pasos del fascismo en el antisovietismo y la cruzada mundial anticomunista, para cubrir esa traición, hacía de Addis Ababa la sede de la Organización de la Unidad Africana y el gobierno imperial se presentaba como No Alineado, amante de la paz y hasta progresista.
Cuando se quita toda escoria demagógica, se aprecia que el crecimiento económico mínimo que propició Haile Selassie fue a costa de impo-tantes concesiones al capital imperialista. Estado^ T .udos y Alemania Occidental recibieron aquellas que les permitían durante medio siglo la prospección y extracción del petróleo que parece hay en Etiopía, en especial en Ogaden. El conjunto de la minería de materiales raros cayó también en manos foráneas. Igual ocurrió con las comunicaciones y el transporte terrestre y aéreo. En las industrias se produjo todo un reparto: La azucarera, Holanda; la textil, Gran Bretaña y Bélgica; la química, Japón; la energía, Francia. En fin, Etiopía país feudal con un capitalismo embrionario, quedó neocolonizada. Bien pronto se encontraría llena de deudas y sin perspectivas de un real desarrollo.
50Con treinta millones de habitantes, el total de obreros de Etiopía no llegó a doscientos mil.
El Emperador se vanaglorió mucho de haber creado la Banca Nacional. En realidad se limitó a quitarle a los ingleses, cuando se vieron obligados a retirarse en 1954, la concesión que en materia bancaria habían obtenido en 1905. Menelik II había introducido el primer papel moneda en 1915 por medio del llamado Banco de Abisinia. Pero la Banca bajo Haile Selassie no sólo debía imprimir moneda con su retrato entre exponentes de la flora y fauna del país —lo que la Revolución suprimiría—, sino que le permitió amasar y sacar de Etiopía hacia Suiza esa asombrosa fortuna cuyo monto exacto se desconoce pero que indudablemente es una de las mayores, de las jamás acumuladas por un individuo.
En consecuencia, la revolución tenía que ser, en sus primeros momentos, además de antifeudal, también antimperíalista y antiburguesía burocrática.
51 ~ [52] __NUMERIC_LVL1__ [4] __ALPHA_LVL1__ IMAGEN DE LA REVOLUCIÓN __NOTE__ _SECTION_LVL2_ I [53] [54] __NOTE__ _SECTION_LVL2_ ILa contrafigura de Haile Selassie es la propia Revolución que lo derrocó.
Al explicar — una vez más — las causas de su estallido, Mengistu Haile -Mariam dijo, en el acto del Tercer Aniversario de su victoria, en la Plaza bautizada desde el primer momento "Plaza de la Revolución'', lo siguiente:
"El hecho de que la economía etíope carecía de base y era motivo de burla en todas partes, sirvió para abrir el camino de la lucha. El otro factor que ayudó a provocar la Revolución fue el despertar de las amplias masas en relación con las enfermedades políticas, económicas y sociales y los defectos de Etiopía y el hecho de que las fuentes de beneficios y riquezas eran propiedad exclusiva de los feudales y las gentes vinculadas a ellos por lazos de interés propio y actividad personal."
Y después puntualizó: "El mundo sabe que derrocar una monarquía que ha existido durante tres mil años, no es una lucha fácil. Tampoco lo fue darles fin a los feudales que se habían consolidado a través del tiempo y a la burguesía que tenía firme interés en el poder y autoridad. La tarea de desmantelar el sistema monárquico, rodeado 55 por innumerables reaccionarios, astutos y políticamente avisados, requería una lucha ardorosa. Las amplias masas de Etiopía habían sido capaces de aprender cuál era la lucha que necesitarían para derrocar el sistema monárquico y que la fuerza unida de las masas oprimidas realmente puede demoler las filas consolidadas de la reacción. Quisiera enfatizar aquí el punto que esta Revolución no pertenece a ningún individuo, a un solo grupo o a un segmento en particular. La Revolución pertenece a las masas oprimidas. Así entre nosotros no puede haber una pugna por acreditar en la historia ser el primero en promover la Revolución."
Y continuó: "Habiendo desarraigado y desmantelado el viejo orden que era la fuente de la opresión, nuestra Revolución no ha caído en el sonambulismo. Tiene un objetivo y propósito definido, que guía a las amplias masas oprimidas y que salvaguarda su interés básico. Tiene como principio rector el marxismo-leninismó: el faro de esperanza para todos los pueblos oprimidos."
Se puede resumir en seis los factores fundamentales que contribuyeron a la volcánica erupción de esta Revolución que sorprendió al mundo precisamente porque en su atlas de luchas sociales contemporáneas no aparecía ningún volcán en esta zona:
1. El alza en espiral del costo de la vida.
2. El abominable sistema de tenencia de tierras.
3. La brusca extensión del hambre, que llegó a hambruna-, en particular en la provincia de Wollo.
4. La pérdida súbita de la dirección política por parte de las autoridades gobernantes: el país quedó sin gobierno.
565. El levantamiento espontáneo de las masas obreras y campesinas y de los intelectuales urbanos contra el régimen feudal-burgués.
6. La toma de conciencia de los miembros de las fuerzas armadas de que eran parte del pueblo y no instrumento de la opresión.
Etiopía es hasta hoy un caso excepcional en que la crisis social general no sólo se transforma en crisis dentro de las Fuerzas Armadas sino hace de ellas el factor de solución de la misma. Otras muchas veces, desde Egipto con Nasser a Libia con Khadafi (aunque este último fue un conspirador político que entró deliberadamente en el ejército para completarse contra el poder reaccionario), pasando por los ejemplos de Perú y Portugal, las Fuerzas Armadas han sido eje en situaciones de cambio antioligárquico.
Pero en Etiopía se dan dos rasgos notables. Primero, no se trata de una revolución militar sino popular, tan masiva como espontánea, a la cual la fuerza armada brinda el factor de dirección, en ausencia de un partido o movimiento revolucionario y, segundo, este factor, lejos de aminorar, frenar o desvirtuar la revolución o pretender jugar el papel de las masas, tiende a lo contrario, a más revolución, a más participación del pueblo, a que el proletariado instaure su dictadura en alianza con el campesinado, a que los revolucionarios militares y civiles se unan en un partido marxista-leninista capaz de ser el Estado Mayor que toda revolución necesita.
Por supuesto que no todos los cuadros de mando de las Fuerzas Armadas estaban sinceramente por seguir este camino. Sin embargo, ninguno se atrevió en los primeros días a buscar otro, porque el derrumbe del viejo orden 57 fue de tal naturaleza telúrica, que no quedaba margen para hacer otra cosa que sumarse a la revolución de las masas o ser barrido por ella.
Pronto ocurrió la inevitable decantación de clase. Los Spínolas no provienen del uso del binóculo arrogante ni de la mentalidad colonialista y fascista. Su veta principal se asienta en el hecho de que representan a los intereses de las clases dominantes.
El general Andom llegó a máxima figura castrense gracias a que contaba con la aprobación del Emperador y todos los poderosos del dinero, la tierra y la fe. Lo mismo hubiera podido llegar a banquero, noble u obispo.
El caso de Teferi Bente, su sucesor en la presidencia del CAMP y también traidor ajusticiado, fue algo diferente en la forma, pero no en esencia. Bente llegó inclusive a adherirse a la transformación socialista de la Revolución, pero en él se despertó una desmedida ambición personal de poder, igual a su punto de vista nacionalista y a su temor a que el pueblo demandara no sólo cambios cada <JGZ más profundos y rápidos, sino ser él mismo el protagonista de la victoria. Teferi Bente llegó así a vincularse (lo que ha podido ser documentalmente probado) con la CÍA y otros servicios secretos para un verdadero golpe el 3 de febrero de 1977 a las nueve de la mañana. Una hora antes, los elementos realmente revolucionarios, cpn Mengistu al frente, decidieron sencillamente un contrapolge anticipado que ahorró ríos de sangre al país y salvó el contenido popular y el impulso de la Revolución.
En ambos casos, desde luego, cada jefe completado contaba con un grupo y éste debía ser también reprimido por la justicia revolucionaria.
La originalidad de Etiopía no lo es tanta si uno examina de cerca el problema campesino. En esto ella está más cerca de Francia prerrevolucionaria, que de África.
58José Pérez Novoa, primer Embajador de Cuba en Addis Ababa, ha escrito en un trabajo inédito:
"En África la dominación colonial impuso fronteras que para ellos, los colonialistas, fueron los límites de sus áreas de dominación, bautizándolas con nombre de Estados. Sin embargo, estas líneas no definieron realmente Estados acorde con la población existente, ni tampoco esfuerzos para su homogenización nacional. El dominante avanzó hasta donde le permitieron sus fuerzas contra, el otro opositor colonialista y en ella demarcó las fronteras de dominación haciendo abstracción, lógicamente, de en qué forma quedaba una nacionalidad o una tribu pobladora de la zona, dando como consecuencia que, en esas áreas parceladas, con nombres de país, una parte de una nacionalidad o de una tribu, quedara dividida en varias partes.
"En el terreno económico, el sistema colonial no integró a un desarrollo común a estos habitantes, manteniendo, por ende, la formación económica social en que se encontraba cada una de esas tribus, primando en casi todas ellas el sistema de autoconsumo, por lo que estaban desvinculadas, en su mayoría, de las relaciones comerciales capitalistas de intercambio, primando a lo largo de todo el dominio colonial la individualidad tribal, la estructura tribal, no sintiéndose parte integral de ese Estado superpuesto, ni de esa nación. Siendo para ellos su Estado y su nación, la etnia a la cual pertenecen. Ante todo, son bacongos', 'fulas', etc.
``Inclusive es muy difícil definir un campesino, pues no por vivir en el campo se fundamenta este concepto, pues muchos de los nativos africanos cosechan lo que consumen, pero no en una posición económica productiva campesina.
"En resumen general, el dominio colonial superpuso su estructura de dominación sobre la estructura de 59 desarrollo étnico africano, sin destruirla ni desarrollarla, sólo congelándola en el tiempo."
En cambio, Etiopía es otra cosa. Dice ese mismo estudioso autor:
"En estt país sí existía un Estado estructurado al servicio de una clase dominante nacional, creado en un largo proceso histórico. La nacionalidad amanea desde el siglo pasado fue sometiendo a su dominio a las otras nacionalidades y creando con ellas una estructura de dominio estatal y todos sus órganos. Al triunfar el proceso de febrero de 1974 y en sus consiguientes tres años, la lucha ha tenido, necesariamente, que definirse en el marco ineludible de la lucha de clases.
"En Etiopía de lo que se trataba era de que las masas campesinas, los trabajadores y el pueblo oprimido, luchaban contra la clase dominante feudal y su aparato estatal, dándole por ello, en primera instancia, el carácter de lucha entre opresores y oprimidos dentro del marco nacional. Esto constituye una de las razones que obligan a que la Revolución Etíope tenga un acentuado concepto de la lucha de clases y se dé en ella, posiblemente, una de las más fuertes batallas que en el terreno clasista se presente en todo el continente africano."
¿Y qué se ve al analizar la lucha obrera?
El proletariado ha sido un participante de la primera hora en la Revolución Etíope pese a su pequenez numérica relativa. Sus huelgas aisladas y de tipo gremial en el pasado, desafiantes er medio del sistema imperante, alentaron a los estudiantes y, al deteriorarse la situación general en 1974, constituyeron un elemento de radicalización indiscutible. Es cierto que son apenas doscientos mil, en industrias de transformación, textil, cuero, calzado, alimentación, comunicaciones y transporte (los taxistas prácticamente iniciaron el estallido), construcción, etc., 60 pero todos fueron en febrero de 1974 a las huelgas generales que nadie convocaba.
Los líderes sindicales oficiales, fieles al Emperador, boquiabiertos, trataron primero de conducir como ovejas a los trabajadores al carril del reformismo, pero terminaron, igual que los más altos oficiales de las Fuerzas Armadas, siendo arrastrados por la ola ya incontenible de la insurrección popular. La clase pronto también dio nuevos líderes. Y no es casual que los dos dirigentes realmente revolucionarios que, una vez conquistada la democracia sindical obtuvieron la confianza de las masas obreras, llevados a Secretarios Generales, hayan sido asesinados cobardemente por la contrarrevolución.
Un aliado importante de los obreros y campesinos ha sido el estudiantado. De su seno surgió, en la década del 60, un movimiento con la consigna de "Tierra a los Labradores" que empezó por presionar al Parlamento que entonces discutía una reforma agraria de tanta timidez como podía esperarse de un gobierno eminentemente feudal.
Cada vez que en el país estallaron revueltas campesinas (Bale, Sidamo, Gojam, Wollo y particularmente Eritrea) los estudiantes de Addis Ababa y Asmara salieron a las calles en franca protesta contra su represión.
Los aconteciminetos de Mayo del 68 en Francia, a los que se sumaron muchos estudiantes etíopes becados en París, avivaron la rebeldía.
Del seno de los estudiantes salieron los militantes, a veces casi todos, de los distintos pequeños grupos clandestinos marxistas, que se han caracterizado por su falta de vinculación con la clase obrera, recordando aquellos primeros grupos marxistas de fines del siglo xix en Rusia, cuando todavía Lenin no los había fundido con el proletariado para crear el verdadero partido de nuevo tipo.
61Una diferencia esencial se mantiene: En 1900 Petrogrado poseía las concentraciones de obreros industriales de que carecía Addis Ababa en 1974. Pese a esto, Lenin había señalado que en su conjunto la Rusia zarista padecía no tanto del desarrollo del capitalismo como de su insuficiente desarrollo. La Etiopía igualmente zarista sufría de un desarrollo, inusitado para la época, de feudalismo. Con razón dijo Fidel, el 14 de marzo último, al visitar Etiopía apenas seis semanas después de que los líderes consecuentemente revolucionarios apartaran del poder a los elementos traidores de derecha, que la Revolución Etíope era mezcla de la Revolución Francesa y de la Revolución Bolchevique.
Respecto al estudiantado, cada día se suma más al proceso, pero es indudable que también en su seno se ha producido similar decantación a la que han conocido las Fuerzas Armadas.
No hay que olvidar que quienes podían enviar sus hijos a las escuelas secundarias, para no hablar de la Universidad, en Addis Ababa o en el extranjero, eran las familias de la aristocracia, la feudalidad y el gran capital. Existe, además, otro factor señalado por Pérez Novoa: "A lo largo de las expresiones de oposición a Selassie, el sector principal de represión fue el ejército, formándose claramente una contradicción antagónica ejército-estudiantado. Como el peso principal del actual proceso revolucionario es precisamente el ejército y, en especial, de ese ejército, se abre en el terreno subjetivo un abismo difícil de saltar en la integración estudiantes-dirigentes."
Debe igualmente señalarse que, atrincherados eri un civilismo que sólo tendría justificación de haber seguido las Fuerzas Armadas en el bando opresor, numerosos estudiantes han caído en ese mismo bando, inclusive si no lo desean ni lo quieran reconocer. El llamado Partido Revolucionario Popular Etíope, dedicado al terrorismo 62 contrarrevolucionario en las ciudades, se nutrió originalmente de estudiantes. El maoísmo les dio buen aliento, como era de esperar. Por temor a aliarse con el factor militar que ayer sirvió a la reacción, sin poder comprender que hoy sirve a la revolución, estos individuos han caído en brazos de los terratenientes derrocados y en las redes del complot del imperialismo internacional y la reacción árabe contra la Revolución Etíope. Presentes están también la repugnancia pequeñoburguesa a la disciplina, a la organización, a cederles a las masas, aunque se les invoque a cada minuto, su lugar de fuerza motriz principal de la historia.
No hay, sin embargo, que exagerar. En verdad, el grueso del estudiantado se suma más y más a la Revolución. Y ello irá en aumento en la misma medida en que él se nutra con los hijos de los obreros y campesinos que antes no tenían acceso al estudio. Segundo, la vida misma les permite descubrir a los estudiantes honestos de qué parte está la revolución y de cuál la contrarrevolución. Tercero, las acciones odiosas que los jefes del PRPE auspician, como el asesinato de líderes obreros, ha abierto los ojos de muchos elementos engañados. Todo esto explica la reciente escisión del PRPE, con el surgimiento de un ala que abandona a la contrarrevolución.
Tan pronto se instauró el poder revolucionario, en diciembre de 1974, se desplegó el llamado "Programa de la Campaña del Trabajo Nacional'', que envió a las áreas rurales a sesenta mil estudiantes de las escuelas superiores y universitarios, maestros y soldados, para enseñar a leer y escribir a las masas pobres y embrutecidas, ayudar a organizarías en asociaciones campesinas y, también, lo que en Etiopía es algo decisivo, a que aprendieran el alfabeto de toda revolución: distinguir entre las clases amigas y las enemigas, entre las fuerzas revolucionarias y contrarrevolucionarias .
63La consigna principal de la Campaña es un antídoto contra la fanfarronería pequeñoburguesa: "Aprender de las masas y a la vez enseñarlas."
Este autor ha podido conocer a muchos participantes de la Campaña y realmente es así, como ellos mismos reconocen, que han devenido marxista-leninistas.
64 __NUMERIC_LVL1__ [5] __ALPHA_LVL1__ RAÍCES DE LA ESPONTANEIDAD __NOTE__ _SECTION_LVL2_ I [65] [66] __NOTE__ _SECTION_LVL2_ IPara comprender con mayor claridad el porqué del sorprendente estallido de febrero de 1974 es útil ver en su conjunto el complicadísimo proceso histórico de Etiopía.
Lo primero a subrayar es que ella fue el único Estado africano que logró mantener su independencia en la etapa en que, entrando en la época del imperialismo, las grandes potencias del capital completaban el reparto del mundo, a fines del siglo xix.
No faltaron aspirantes a desmembrar y dominar Etiopía. La lucha armada del pueblo, en una geografía montañosa y aislada, permitió la conservación de la independencia estatal etíope. Ünicamente Eritrea, especie de gorra que cubre la cabeza de Etiopía, con los dos puertos que 'le dan acceso al mar, había sido segregada en el siglo xix, al caer en las manos de Italia, la cual le dio precisamente ese nombre en 1890.
El proceso histórico etíope ha sido realmente complejo. Entre el 300 y el 570 a.n.e., los etíopes eran dueños del sur de Arabia. La historia alteró la ecuación. En el último cuarto del siglo vi, los árabes invadieron y 67 conquistaron todo el Medio Oriente, el norte de África, el sur de Europa. Por once siglos fueron ellos los amos. En el primer cuarto del siglo xvi se produjo su declinación global y el colapso de su imperio. Este se lo disputaron entonces dos rivales colocados en ambas partes del Mediterráneo: Turquía y Portugal, los cuales se enfrentaron en el Medio Oriente y el Océano Indico. Sobre Etiopía se levantó una amenaza directa.
Las fuerzas turcas emprendieron su marcha hacia el Mar Rojo en 1520. Aproximadamente unos cincuenta años después (1572), el Khedive otomano que dominaba a Egipto controló el puerto de Massawa, cerca de Asmara, y estableció guarniciones en las costas bajas occidentales. Cuando tres años más tarde las fuerzas del Khedive fueron vencidas en Gundet por los etíopes, y cuando en 1576 esa victoria se repitió en Gura, los turcos decidieron retirarse. Sin embargo, otra filosa espada se alzó sobre el país: Italia.
En 1896, ya francamente empezada la era imperialista del devenir histórico mundial, coincidiendo con la última guerra de los cubanos contra España y la intervención de Estados Unidos en la misma, para apoderarse de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, cuyos pueblos también luchaban por la independencia, Italia se abalanzó sobre Etiopía.
La famosa batalla de Adowa, sin embargo, salvó en aquel momento a los etíopes de caer bajo el dominio italiano. En Adowa han tenido siempre los patriotas de Etiopía una fuente de aliento contra la agresión extranjera.
Exactamente cuarenta años después, Mussolini intentaría borrar la derrota y ocupar todo el lejano país.
El 5 de diciembre de 1934, en Ogaden, cerca de la presa leí oasis Wal Wal, a unos cien kilómetros del otro conín tradicional de Somalia, entonces colonia italiana, chocaron las fuerzas de Roma y de Addis Ababa. Se trataba 68 de un incidente fronterizo, sin mayor importancia, originado en el tránsito de las caravanas.
Pero Mussolini, avivando al máximo las pasiones, bramó desde el famoso balcón de sus balandronadas históricas en la Plaza Venecia, y mientras toda la nación italiana era envenenada de chovinismo, rechazó que se aplicara el procedimiento de arbitraje previsto en el Tratado de 1928, que la Liga de las Naciones había auspiciado para resolver los problemas entre los dos países. Pronto Roma demandaría que el oasis Wal Wal se añadiera a sus territorios coloniales en Somalia.
Italia buscaba anexarse el occidente de Etiopía para consumar su viejo proyecto de un ferrocarril que uniera sus posesiones en Etiopía y en Somalia. En esto rivalizaba con Francia, dueña del puerto de Djiboutí y también del ferrocarril que lo unía con Addis Ababa. Para hacer frente a París, la Roma fascista había pedido a Londres una alianza, concertada en 1925. Los ingleses, por su parte, querían obtener la concesión para levantar una represa en el Nilo Azul, en el lago Tana, y una carretera que enlazara el área de la represa con el Sudán. Así el imperialismo británico sería el mayor beneficiario de la economía de los países de la cuenca del Nilo.
En París era Ministro del Exterior nada menos que Fierre Laval, luego abierto servidor del nazismo, quien no vaciló en firmar con Mussolini, en 1935, al mes del incidente del oasis Wal Wal, un acuerdo. Laval buscaba a su vez que Italia le ayudara a amortiguar las contradicciones crecientes de Francia con la Alemania nazi. A cambio del apoyo galo, Italia renunció a sus pretensiones sobre Túnez y otras colonias francesas. Roma recibió, por su parte, el 20 % de las acciones del ferrocarril Djiboutí-Addis Ababa y la anhelada seguridad (en acuerdo secreto) de contar con Francia para la conquista de Etiopía.
69En forma bochornosa y cínica, a los ojos del mundo, se hacía el reparto de naciones enteras. Inglaterra, como después ante el complot contra la República Española, se declaró indiferente en relación con Etiopía siempre • que, a cambio, se admitieran sus derechos sobre el lago Tana. Similar posición adoptó el Congreso de Estados Unidos, en agosto de 1935, con su "Acta de Neutralidad" que estipulaba la prohibición de vender armas lo mismo a la víctima que a los victimarios. La suerte de Etiopía estaba echada.
Sólo la Unión Soviética se pronunció con claridad y firmeza en favor de la independencia de Etiopía (entonces llamada Abisinia) y de la paz mundial, a la que el conflicto en germen amenazaba seriamente.
En esas condiciones, Mussolini declaró que el diferendo italo-abisinio dejaba de ser un "conflicto diplomático" y se volvía "histórico''. Por lo tanto, debía resolverse con "el empleo de las armas".
En la noche del 2 de octubre de 1935, las tropas italianas estacionadas en Eritrea y Somalia invadieron Etiopía. El gobierno de Haile Selassie pidió con urgencia ayuda a la Liga de las Naciones y el 7, gracias a la intransigente actitud de la URSS, ella se vio obligada a concluir que el gobierno de Mussolini había recurrido a la guerra en contra de las obligaciones que le fijaba el Artículo 12 del Convenio de la Liga de 1928, y llamó a la aplicación de las sanciones prevista's en el Artículo 16. Sin embargo, las mismas nunca se le aplicaron a Italia. Todas las potencias imperialistas sabotearon impúdicamente el hacerlo.
El 9 de diciembre, el -canciller británico Hoare y el francés Laval propusieron un nuevo plan para arreglar el prob'lema. No podía ser más canallesco. Que Etiopía cediera a Italia todo el occidente de la provincia de Ogaden y las regiones situadas entre ella y Eritrea: las de Dankali y 70 Tigre. En "compensación" se le ofrecía a Etiopía el puerto eritreo de Assab ¡previo elevado pago! Claro que Londres podía aportar el dinero si la economía etíope le caía en las manos graciosamente. Como si el despojo no fuera bastante, la Etiopía Central, incluyendo la capital, debían situarse bajo el control de ``consejeros'' de la Liga de las Naciones, quienes serían designados por Inglaterra, Francia e Italia. Desde luego, Etiopía rechazó sancionar su propio suicidio.
Ante el crimen así gestado, la URSS y los pueblos del mundo se movilizaron para ayudar al indefenso Estado africano agredido. En muchos países surgieron Comités de Defensa de Etiopía, en particular en los de África. Se organizaron Batallones de Voluntarios en África del Sur, Egipto y Siria y un Comité de Apoyo de los Sindicatos Negros de Estados Unidos.
La Internacional Comunista, por medio de los informes de Dimitrov y Togliatti en su VII Congreso, había previsto que el fascismo saldría a la agresión abierta y llamado al frente único y a la acción. Ahora, ante Etiopía, se aprestaba a defenderla apasionadamente.
Mussolini, a su vez, recibió el respaldo de la Iglesia Católica, muy hermanada en aquellos tiempos con los intereses coloniales en África y Asia. El Vaticano aspiraba, además, a que la victoria italiana condujera a un retorno a su seno de la disidente Iglesia Copta . El cardenal Schuter calificó la guerra de "misión nacional y misión católica".
La justa lucha por la independencia produjo una verdadera insurrección patriótica en el pueblo etíope. El heroísmo de sus masas descalzas, que peleaban con lanzas, presagió el de los españoles, poco después víctimas también del fascismo. Sin embargo, Etiopía, que apenas disponía de fusiles y carecía de un mando militar único y 71 que, además, debía luchar en dos frentes, norte y sur, no pudo resistir. Su ejército regular era pequeño y en las regiones se hacía el reclutamiento del modo más apresurado, estando al frente los ``ras'', a quienes el pueblo odiaba por sus abusos en tanto que terratenientes.
La superioridad en armas, el uso con absoluta impunidad de la aviación y también de gases asfixiantes y venenosos, dio a la Italia fascista un triunfo relativamente fácil. Por ejemplo, en la batalla de Azebo Galla, Mussolini perdió un centenar de soldados y Etiopía cerca de veinte mil. Otro factor negativo para los etíopes fue la mala conducción militar. Haile Selassie se negaba a cambiar de táctica inclusive cuando era imposible resistir más la acometida italiana. No escuchó a sus consejeros militares que abogaban por ganar las montañas y pasar a una tenaz y hábil guerra de guerrillas.
El 5 de mayo el general Badoglio pudo enviar un telegrama a Mussolini anunciándole la toma de Addis Ababa, Harar y Diré Dawa. A la superioridad bélica se había unido la traición abierta de Haile Selassie Gugsa, yerno y rival del Emperador.
El 9 de mayo, ante el Gran Consejo del Fascismo, Mussolini exclamó con su habitual pose teatral: "¡La Etiopía es italiana! Italiana de hecho y de derecho. Con la población de Etiopía, la paz es un hecho consumado. El nuevo Emperador de Etiopía es el Rey Víctor Manuel."
El 30 de junio la Liga de las Naciones examinó la moción del gobierno etíope contra el reconocimiento de la conquista italiana. Sólo la URSS la apoyó. La votación arrojó veintitrés votos en contra y veinticinco abstenciones.
Para afianzar la conquista, Mussolini quiso llevar dé inmediato a medio millón de italianos a trabajar en las minas y tierras fértiles de las nuevas posesiones del " Imperio Italiano de África Oriental''. Buscaba también 72 hacer de Etiopía una base estratégica. Sin embargo, el plan debió ser abandonado porque los etíopes siguieron peleando aún mucho después que el gobierno imperial por entero había emigrado.
La ocupación fascista fue todo lo brutal que podía esperarse. Más de cuatrocientos mil etíopes fueron asesinados, trescientos mil murieron de hambre y treinta y cinco mil perecieron en los campos de concentración.
Las autoridades coloniales italianas acudieron también a todo tipo de intrigas y maniobras en su afán de dominar a los pueblos de Etiopía. Azuzaron a los tigrais y a los galas contra los amaras y a los somalíes contra los donakiles, fomentaron disputas entre musulmanes y cristianos, formularon mil promesas, etc.
Todo fue inútil. Al cabo de cinco años de heroica, ininterrumpida resistencia, la ocupación parcial fue derrotada en el contexto de la ofensiva que las tropas aliadas lanzaron en África Oriental. Pero el factor fundamental de la liberación fue la lucha de las guerrillas campesinas etíopes. El 5 de mayo de 1941 Addis Ababa fue liberada, y hacia fines de año, ningún invasor quedaba en el país. La pérdida de Etiopía marcó el inicio del ocaso del régimen mussolinesco y significó un duro golpe a la estrategia global del eje Roma-Berlín-Tokío.
Para Etiopía, en especial para su pueblo, la victoria sobre los invasores fascistas no se tradujo en la independencia verdadera. Inglaterra quiso aprovecharse de la entrada de sus tropas, como fuerza aliada, para convertirse en nuevo ocupante, y pese a las protestas del gobierno etíope, la presencia británica se prolongó hasta 1954.
Toda esta prolongada batalla explica el patriotismo del pueblo de Etiopía, exaltado por su Revolución.
73 ~ [74] __NUMERIC_LVL1__ [6] __ALPHA_LVL1__ TRABAJO DE LA REVOLUCIÓN __ALPHA_LVL2__ I [75] [76] __NOTE__ _SECTION_LVL2_ IBurlándose de los golpes de mano que los caudillos y partidos de las clases dominantes explotadoras, señores de la tierra y la banca, se daban entre sí en Europa a mediados del siglo xix, antes de que el comunismo como un fantasma pleno de realidad levantara el rostro desafiante del proletariado en escena, Marx escribió lo siguiente: "Las llamadas revoluciones de 1848 no fueron más que pequeños hechos episódicos, ligeras fracturas y fisuras en la dura corteza de la sociedad europea. Bastaron, sin embargo, para poner de manifiesto el abismo que se extendía por debajo. Demostraron que bajo esa superficie, tan sólida en apariencia, existían verdaderos océanos, que sólo necesitaban ponerse en movimiento para hacer saltar en pedazos continentes enteros de duros peñascos."
Ese mismo análisis es aplicable al África del siglo xx.
Si en 1970 se hubiera hecho el más honesto plebiscito en Etiopía, el Emperador habría sin dudas ratificado su inmenso poder. Todo el pueblo —salvo muy contadas excepciones— más que creer en él ciegamente, lo adoraba.
Ello era el fruto de siglos de feudalismo durante los cuales los instrumentos de producción avanzaron poco y las 77 ideas de redención todavía penetraron más lentamente. Y ello era también el resultado de un trabajo sistemático de propaganda elaborado con las técnicas publicitarias más modernas y dirigido a engañar a las masas, a evitar que pensaran por sí mismas, a confiar en todo y para todo en el Emperador.
Aunque sus ridiculeces, caprichos y abusos —que alcanzaban inclusive a sus hijos y allegados— no siempre podían soportarse fácilmente por los cerebros más europeizados de las dos clases dominantes, latifundistas y capitalistas burocráticos, ellas aceptaban a Haile Selassie y favorecían su mito, porque de ese modo existía la más segura garantía que en toda África pudiera haber contra los cambios revolucionarios abocados tras la muerte del fascismo y, consiguientemente, del viejo sistema colonial.
De buenas a primeras toda esa sumisión se vino abajo. Las masas dejaron de creer en el Emperador y empezaron a hacerlo en sí mismas. En ausencia de una clase oprimida que fuera capaz de asumir el mando, al faltar inclusive las fracciones de ella que se agrupaban en partidos o movimientos, se creó el vacío. Sólo el ejército podía llenarlo. Y es aquí cuando surge el otro rasgo que, tanto como la espontaneidad, provoca admiración y también recelos respecto a la Etiopía actual.
Analizar ese rasgo —el factor militar— es interesante y provechoso.
Durante mucho tiempo era legítima la pregunta de qué podía hacer el ejército con el poder.
Ya hoy se trata de analizar lo que ha hecho.
Desde luego que así como los instrumentos de producción no son nada sin el hombre ya que inclusive las máquinas automáticas necesitan de alguien que las conciba, cree e 78 inserte en el proceso creador, detrás del ejército ha estado y está todo el pueblo etíope.
Y el pueblo va sustituyendo progresivamente al ejército como el más decisivo elemento de la Revolución. Etiopía se hace más y más ``civil''.
Es decir, en forma consciente y organizada, los campesinos y los obreros, gran parte de la pequeña burguesía urbana y algunos sectores medios de la burguesía, así como muchos intelectuales, se han convertido en los verdaderos protagonistas.
El ejército no ha regresado a los cuarteles. No sólo pelea en las fronteras del este contra los invasores, o defiende Asmara de los zarpazos de las fuerzas escisionistas alentadas por la reacción árabe y el imperialismo, sino que él también desarrolla la conciencia de que pertenece al pueblo y debe servirlo.
En medio de la revolución ocurre un maravilloso proceso de revolucionarización de los soldados y cuadros de mando. En masa acuden los trabajadores de las ciudades y los campos a los centros de entrenamiento y entran en las milicias, ya hoy la fuerza fundamental de la defensa. Los milicianos acuden, con el mínimo de aprendizaje en el manejo de las armas, a las trincheras, a combatir junto a sus hermanos, los militares profesionales.
Iguales consideraciones pueden hacerse en relación con la economía, la educación, la justicia.
Como "muchachos con zapatos nuevos'', las masas, afiebradas por la alegría de sentirse más que libres, dueñas, se organizan, discuten, estudian, aprenden, dirigen, sin que ningún aspecto de la vida social les sea indiferente o esté fuera de su radio de acción.
¿Qué ha ocurrido?
79También fue Marx quien lo descubrió: "En todas las manifestaciones que provocan el desconcierto de la burguesía, de la aristocracia y de los pobres profetas de la regresión, reconocemos a nuestro buen amigo Robin Goodfellow, al viejo topo que sabe cavar la tierra con tanta rapidez, a ese digno zapador que se llama Revolución."
Hay observadores que se esfuerzan por ser desapasionados, pero que, de antemano, sin haber ido nunca a Etiopía después de febrero de 1974, se la imaginan aún en medio del caos social, en el momento de la caída del viejo régimen, o en la etapa subsiguiente en que se sucedían los golpes y contragolpes en las alturas.
Tampoco hay que preguntarles. Pero, ¿qué querían? Desde la Revolución francesa hasta la revolución que pueda estar haciéndose ahora mismo en cualquier parte, ésa es siempre la regla y no la excepción.
Ahora bien, si la violencia persiste y se acrecienta en Etiopía, los culpables son los enemigos de su revolución popular.
El Chile de Allende heroico intentó menos, muchísimo menos que Etiopía, y el imperialismo y las clases dominantes no vacilaron en emplear métodos de extremo salvajismo para estrangularlo.
En África del Sur y Rhodesia se soprepasan todos los records en las olimpíadas del crimen.
El número de ministros y generales traidores que los tribunales revolucionarios de Etiopía han debido conducir en tres años ante los pelotones de fusilamiento, precisamente para evitar que Andom fuera Pinochet, o que en Addis Ababa se instaure un régimen fascista como el de Pretoria o Salisbury, es una cifra insignificante en comparación con los campesinos que en un mes —y durante 80 decenios— asesinaban los terratenientes cuando su Emperador detentaba el poder absoluto, inapelable y altanero.
En cuanto a las mentiras acerca de matanzas de quinientos estudiantes en un día, que la prensa capitalista de New York y París presenta como tomadas de "fuentes fidedignas'', he oído en Addis Ababa a diplomáticos de Estados Unidos y Francia lamentarse de que esa prensa haya podido dar crédito a semejantes imbecilidades.
Es cierto que se han producido tiroteos en forma esporádica en los que uno o dos terroristas, aparte de algún que otro miliciano de los kebeles o agente del orden, mueren, pero esto no es culpa de la revolución sino de la contrarrevolución.
De todas maneras las pérdidas humanas en las ciudades y campos irán desapareciendo en la medida en que se consolide el nuevo Estado democrático-revolucionario de los obreros y campesinos. Por lo demás, la Universidad se ha reabierto y el 80 % de los alumnos acude a ella, para decir un porcentaje conservador.
Ni caos social ni baño de sangre. Etiopía es predominantemente el espejo de otra cosa, de una genuina revolución.
En lenguaje poético Marx hablaba de "verdaderos océanos" que de pronto empiezan a moverse: las masas. Y los "duros peñascos" que ellos hacen saltar son las injusticias sociales que les privaban de libertad, dignidad, tierra, alimentos, ropas, zapatos, salud, esperanzas.
La Revolución ha hecho más cambios en sólo tres años en Etiopía que los que ocurrieron en tres milenios.
La enumeración de las principales conquistas hasta hoy logradas por las masas es alentadora, aunque no serán las principales vistas desde una perspectiva futura. Entonces se hablará de superación del abismal subdesarrollo, 81 industrialización, bienestar creciente, forja de un etíope nuevo, culto y avanzado.
Una relación de sus logros es imposible, porque ¿cómo se cuantifica el sentimiento de igualdad?
__ALPHA_LVL2__ IIEl primer dato en el ``haber'' de la Revolución Etíope fue la deposición de Haile Selassie y el fin de su régimen de monarquía feudal absoluta.
La caída de la familia Borbón significó el afrancesamiento de Francia y la posibilidad para los franceses de darse una personalidad nacional, hasta entonces embrionaria.
Para Etiopía el proceso tiene alcances muchísimo más profundos.
Hay que partir en el análisis del hecho de que Etiopía tenía oficialmente una esclavitud marginal hasta 1950 y un feudalismo insolente hasta hace sólo tres años, con terratenientes dueños de extensiones mayores que la superficie de Cuba.
Hay que valorar también que la creencia de que el Emperador reinaba "por derecho divino'', en el tercer cuarto del siglo del átomo y de los vuelos cósmicos, era no solo aceptada por las masas sino que otra idea no podía entrarles en las mentes, cegadas por un fanatismo total trasmitido casi como herencia sanguínea y remachado por sermones oídos desde la cuna, la escuela, todos los órganos de la vida social.
82Hasta febrero de 1974 los etíopes veían a Haile Selassie como lo más parecido y cercano a un dios, ajeno a las flaquezas humanas, el egoísmo, la avaricia y la cobardía.
Más de un novelista filosofador ha descrito esa especie de cataclismo que dentro de la mente de muchos creyentes se produce cuando sienten, por comprender mejor la naturaleza de la naturaleza, que "Dios ha muerto''. No es fácil muchas veces el camino hacia esa nueva convicción, que por lo demás no es indispensable para luchar contra los males sociales.
¿Cómo sería el proceso que condujo a los treinta millones que idolatraban a Haile Selassie a desconfiar de él, a renegar de él, a despreciarlo, a odiarlo con tanta fuerza como antes tuvo su adoración?
En una sola noche, fueron quemados millones de retratos del "Elegido de Dios" por las mismas manos que antes de rodillas tocaban el suelo a su paso. Con el mismo brillo que provocaban las lágrimas si alguna vez desde lejos se veía el rostro supremo, los ojos ardían mientras las llamaradas reducían a cenizas la imagen que ahora era símbolo de la maldad y la hipocresía.
Desde luego, algo mucho más intenso que una llama debió encenderse en el alma de los etíopes.
Es fácil decir ``conciencia''. Pero, ¿cómo, más que llevarla al entendimiento de gentes tan ignorantes como ignoradas, era hacer que cada uno la inventara para sí mismo, 'la descubriera a pesar suyo, por entre la maleza de prejuicios y oscurantismos?
Yo tuve una experiencia muy aleccionadora. Le pregunté a un "sevañá'', de esos que cuidan edificios desde hace veinte, veinticinco años, tres décadas, quién le hizo creer en la Revolución cuando antes creía en el Emperador, y 83 este sereno de piel tan negra y cuarteada como bota de campaña, me respondió: "Nadie."
Pero después, al parecer por temor a que no confiara en la sinceridad de su evolución, rectificó y exclamó: "¡ Todos!"
Ése es el secreto. ¡Ése!
Es decir, el descreimiento en el mito, la desintoxicación, ocurrió como únicamente podía ocurrir. A la vez para todos.
Sincronizados en su despertar colectivo por golpes terribles que permitieron la identificación de clase, todos los campesinos comprendieron que el hambre no provenía de que faltara el agua en la tierra, sino de que sobraba en ella el terrateniente y que el más terrateniente de los terratenientes era el Emperador.
Así también los trabajadores de los taxis y los ferrocarriles, el telégrafo y las oficinas públicas, los vendedores de periódicos y los desempleados, de súbito, todos, vieron que el gran culpable era el que tenían como padre y amigo.
No se trataba de un semidiós sino de un semidiablo.
Entonces los gritos de "¡Abajo el Emperador!'', que en alguna que otra ocasión habían salido de gargantas de audaces estudiantes, a la entrada de la Universidad, dejó de ser la voz del mal y la locura y se tornó la voz del bien, la verdad y la razón.
Es imposible determinar quién fue el primer de los etíopes sencillos en hacerse revolucionario entre febrero y setiembre de 1974. Tuvieron que ser muchos simultáneamente.
Y cuando el oleaje empezó a batir los cuarteles y los soldados y los policías comenzaron a formar comités, lo mismo que los obreros y los campesinos, y a presentar 84 tambi\'en demandas de aumentos de salarios, y en especial cuando los oficiales fueron sumándose a la acción espontánea de la protesta, los que todavía podían creer en Haile Selassie se volvieron los integrantes derrotados de una minoría silenciosa.
El complejísimo problema de la toma de conciencia, que presentó sin dudas mil y una variantes, puede ilustrarse con lo que me contó quien es ahora coronel y una importante figura en el proceso.
Él me explicó que un día de marzo de 1974 supo que, también en su unidad, se había creado una comisión para pedir alguna mejoría en los salarios que permitiera hacer frente al alza a saltos de los precios. Decidió no comentar el asunto y "hacerse de la vista gorda".
Sin embargo, de buenas a primeras, se vio entre los elegidos a acudir, con soldados y sargentos seleccionados por la masa en reuniones anteriores, a las puertas del Ministerio de Defensa para entregar allí las peticiones, en vista de que los mandos superiores habían adoptado una actitud de insólita ``neutralidad''.
En verdad nadie podía ni quería exigir que se tomaran los "canales reglamentarios" y la palabra ``indisciplina'' estaba como borrada de todos los diccionarios desde hacía semanas. En aquellos momentos, diariamente y a todas horas, miles y miles de personas salían en manifestaciones a las calles, ahora sin patrullaje policíaco o militar.
No obstante, todavía los mandos