[1]
Emacs-Time-stamp: "2007-08-15 17:11:45"
__EMAIL__ webmaster@leninist.biz
__OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.02.03)
__WHERE_PAGE_NUMBERS__ top
__FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+
__FOOTNOTE_MARKER_SEQUENCE__ "continuous"
DUST JACKET:
PROGRESO
EL PAÍS DE LOS SOVIETS
En los virajes de la historia no cabe quedarse en la encrucijada a la espera de lo que venga. Hace falta tener voluntad de acción, voluntad de entrega a la obra constructora y al trabajo creador, y nosotros, hombres de ciencia, que siempré hemos puesto fuerzas al servicio de la humanidad, no debemos vacilar.
Profesor VLADIMIR BEJTEREV
¿Aceptarla o no aceptarla? Este dilema no ha existido para mí. ¡Es mi revolución!
Poeta VLADIMIR MAYAKOVSKI
Ya antes había dicho firmemente que, ocurriese lo que occurriera, no me separaría del pueblo ruso y quedaría con él. Así me he comportado desde el comienzo de la revolución hasta ahora.
General ALEXEI BRUSILOV
INSIDE DUST JACKET:Ofrecemos al lector un libro dedicado a uno de los problemas sociales más complejos: la incorporación de los intelectuales a la construcción del socialismo después de la Revolución Socialista de Octubre de 1917.
Esta obra es el fruto de muchos años de trabajo de Serguéi Fediukin, doctor en Ciencias Históricas, que ha estudiado la amplia información recogida en publicaciones de aquellos años, en libros y documentos diversos y ha logrado sintetizarla acertadamente.
El historiador describe las peculiaridades del paso de los intelectuales de la época zarista a las posiciones del socialismo, pincela la situación concreta de aquel período y nos muestra la suerte que corrieron algunos hombres de entonces. Fediukin no simplifica este proceso de transformación —contradictorio y espinoso en gran parte—, sino que saca a primer plano sus tendencias fundamentales y deja ver el nexo de los fenómenos de la vida ideológica y cultural del país con la realización del programa leninista de construcción de la nueva sociedad. De otro lado, expone cómo la clase obrera y los demás trabajadores cambiaron de actitud hacia los científicos, ingenieros, maestros, médicos y especialistas militares que abrazaron la causa de su pueblo.
El libro nos da a conocer de qué manera fue venciéndose el espíritu nihilista de una parte de los comunistas con respecto a los intelectuales y habla de la lucha del partido contra las tendencias oportunistas en esta esfera.
Son interesantes las páginas del libro que traen a la memoria el extraordinario influjo que ejerció sobre los intelectuales la personalidad de Vladímir líich Lenin.
[BEGIN] __SERIES__ EL PAIS DE LOS SOVIETS [2] ~ [3] __AUTHOR__ S.Fediukin __TITLE__ La Gran Revolución de Octubre y los Intelectuales __TEXTFILE_BORN__ 2006-02-23T13:05:33-0800 __TRANSMARKUP__ "Y. Sverdlov" __SUBTITLE__ Páginas de la historia de la incorporación de los intelectuales de la época zarista a la construcción del socialismo __PUBL__ EDITORIAL PROGRESO • __PUBL_CITY__ MOSCÚ [4]Traducido del ruso por Federico Pita
C. <t>f 1HIKIIH
BEJIHKHH OKTHEPb H HHTEJIJIHI EHHHH
Ha UCIItIHfKO.M H'ihlKe
&H3flaTeJlbCTBO «Oporpecc». 1976 r., c mMeHeHn>iMH © Traducción al español Editorial Progreso !97í,
Impresa en la URSS
10504--174 Of4-(0f)-7
5 __RUNNING_HEADER_RIGHT__ INTRODUCCIÓN __ALPHA_LVL1__ INTRODUCCIÓNLos intelectuales y la revolución... Sin duda alguna, este fue uno de los problemas sociales planteados por la Gran Revolución Socialista de Octubre que despertó singular interés en todo el mundo, promovió una gran polémica y dio motivo a no pocos juicios erróneos y falseamientos de la realidad.
En la vertiente de los siglos XIX y XX el capitalismo entró en su edad postrera: en la fase imperialista de desarrollo. Acercábase la época de las conmociones revolucionarias. En Rusia, donde maduraban con particular rapidez las premisas de la revolución, el proletariado debería asumir el cumplimiento de la más revolucionaria de las tareas del movimiento obrero internacional de aquellos tiempos: desbrozar el camino del socialismo.
En las filas del partido fundado por V. I. Lenin, intelectuales que figuraban entre los más eruditos de la época llevaban a cabo una amplia agitación política entre los obreros, encauzaban la acción de los trabajadores por la vía revolucionaria y ayudaban a las masas obreras a conocer la teoría marxista, a pertrecharse con la ideología clasista proletaria.
Lenin, genial pensador, estratega y táctico de la revolución, llevó tras él no sólo a los obreros avanzados, sino también a intelectuales de espíritu progresista que hicieron suya la ideología de la clase obrera y se convirtieron en revolucionarios profesionales.
No menos importante es el aspecto doctrinal de la cuestión. Por los clásicos del marxismo-leninismo se postuló y fundamentó ampliamente la tesis según la cual la clase obrera, sólo con sus propias fuerzas y hallándose en las condiciones de opresión económica y espiritual, no puede crear la conciencia socialista. La doctrina del socialismo debe llevarla al movimiento obrero su vanguardia, el partido marxista, al que, junto con los obreros avanzados, se incorporan personas instruidas de las clases pudientes, los intelectuales que han abrazado la causa del 6 proletariado. Por tanto, es lógico que la mejor parte de la intelectualidad no vaya ``cerca'' del ejército revolucionario del proletariado, sino que enraice en él, marchando en sus primeras filas.
Lenin hizo hincapié en la misión que correspondía desempeñar a los intelectuales revolucionarios también durante el período en que el joven Estado soviético, nacido de la revolución, emprendía la restructuración socialista de la sociedad. En el propio Gobierno soviético, presidido por V. I. Lenin, trabajó una pléyade de notables revolucionarios, dirigentes políticos y estadistas, que abordaron desde auténticas posiciones científicas la solución de los complejísimos problemas concernientes a la reorganización revolucionaria de la vida en la Rusia Soviética. El partido construía el nuevo Estado apoyándose, según la expresión de V. I. Lenin, en un material humano "de una calidad realmente moderna'', en "lo que haya de verdaderamente mejor en nuestro régimen social''. Aquí Lenin incluía, en primer lugar, a los obreros avanzados, a los que "atraía la lucha por el socialismo'', y, en segundo lugar, a "los elementos realmente instruidos'', "los elementos con conocimientos, educación, = instrucción"^^1^^.
En el informe dedicado al centenario del nacimiento de V. I. Lenin, el Secretario General del CC del PCUS, L. I. Brézhnev, dijo: "En aquella Rusia descompuesta y removida de cabo a rabo por la guerra y la revolución, en aquella complejísima trama de tendencias socioeconómicas y fuerzas políticas y de concepciones y estados de ánimo contradictorios, hacía falta una mente que penetrase hasta lo más profundo, un gran caudal de conocimientos y un audaz vuelo del pensamiento para poder mantener una clara orientación, descubrir y presentar en irreprochable forma teórica las líneas fundamentales del movimiento hacia el socialismo. Esto lo hizo = Lenin"^^2^^.
El autor de este libro no se propone analizar detalladamente el papel jugado por el sector de la intelectualidad que luchó contra la autocracia militando en el Partido Bolchevique, que, en unión del proletariado, hizo la Gran Revolución Socialista de Octubre y construyó el socialismo. En la obra que ofrecemos al lector se fija la atención en otro problema: en la actitud del Partido Comunista y del Estado soviético hacia la _-_-_
~^^1^^ V. I. Lenin. = Más vale poco y bueno. O. C., t. 45, págs. 389. 390. 391. (Esta y las demás referencias a los textos citados corresponden a las ediciones en ruso, salvo los casos señalados expresamente. —N. de la Edil.)
~^^2^^ Centenario del nacimiento de V. I. Lenin. = Recopilación de documentos. Moscú, 1970, págs. 118--119.
7 intelectualidad de la época zarista, intelectualidad que el régimen burgués-terrateniente dejó al País del Socialismo y que después de la revolución siguió viviendo largo tiempo bajo el influjo de las viejas ideas y de la sicología burguesa.Para arbitrar soluciones a este problema el Partido Comunista hubo de avanzar por sendas inexploradas, ya que debía buscar respuesta a cuestiones que nunca ni por nadie fueron planteadas.
Lenin, el dirigente y teórico del partido, veía en la incorporación de los intelectuales burgueses a la construcción de la nueva sociedad una de las condiciones indispensables para la victoria del socialismo. Por él se formularon los principios esenciales de la línea de conducta que se debía observar con ellos. De estos principios, los más importantes eran: atraer a la construcción del socialismo a todos los intelectuales, cualesquiera que fuesen sus ideas políticas; controlar su actividad; estudio de los obreros y campesinos con el concurso de los especialistas burgueses, y reducación de los intelectuales en el espíritu socialista. "Es imposible expulsar y exterminar a los intelectuales burgueses —decia Lenin—; lo que se debe hacer es vencerlos, transformarlos, refundirlos, = reducarlos..."^^3^^
Cuando en octubre de 1917 el proletariado de Rusia se convirtió en la clase gobernante no contaba con el número suficiente de especialistas que le ayudaran a llevar el timón del Estado, dirigir la economía nacional y asegurar la defensa del país y el desarrollo de la ciencia y de la cultura. En aquellos días los enemigos del bolchevismo declaraban que había sido una locura lanzarse a la conquista del poder por el proletariado sin disponer de los intelectuales propios que hacían falta. Mas la experiencia histórica del País de los Soviets refutó tales afirmaciones. La clase obrera de Rusia tomó la única decisión justa: se adueñó del poder sin esperar a que se formara una intelectualidad nueva, socialista.
El socialismo llevó por primera vez a la práctica el sistema de dirección planificada de la vida social.
En los primeros años de existencia del Poder soviético, el partido se planteó la tarea de formar una nueva intelectualidad, tarea que fue cumpliéndose paso a paso. Sin embargo, la preparación de nuevos intelectuales es un proceso muy complejo, que requiere largos años de trabajo y enormes gastos. Mas la joven república no tenía entonces a su disposición reservas para esta obra. De ahí que en los albores del Estado _-_-_
~^^3^^ V.~I. Lenin. = La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo. O. C.. t. 41, pág. 101.
8 soviético adquiriese singular importancia atraer a los intelectuales de la época zarista a la colaboración con el Poder soviético.``No podremos organizar el poder —señaló V. I. Lenin— si no se aprovecha esa herencia de la cultura capitalista que es = la intelectualidad"^^4^^. Para formar .el aparato del Estado y un ejército regular, restablecer y desarrollar la economía del país y elevar el nivel cultural de las masas populares eran precisos numerosos especialistas en todas las esferas de la economía, de la ciencia, de la técnica y del arte militar. Y aunque los intelectuales burgueses no comprendieron ni aceptaron en su mayoría la Revolución de Octubre, y después desconfiaron de los planes del Partido Comunista orientados hacia la transformación radical del país, no era posible prescindir de ellos. En esto estribaba una de las peculiaridades dialécticas del proceso de formación de la sociedad socialista en Rusia.
Lenin tuvo que encabezar y sostener una porfiada lucha de principios contra los elementos oportunistas dentro del partido, que negaban la necesidad vital de utilizar a los intelectuales burgueses. Dedicó muchas energías y tiempo para que el partido adoptara como línea general la única concepción justa: la de que la intelectualidad es un elemento social sin el que no es posible construir el socialismo.
Debe hablarse también de la inmensa influencia de la personalidad de Lenin sobre los intelectuales como dirigente político, como corifeo de la ciencia y como intelectual en todo el sentido de esta palabra. Su extraordinario bagaje de conocimientos, su profunda erudición, su tacto político a! zanjar muchos problemas ``sutiles'' y su conocimiento a fondo de los caminos y las encrucijadas de la intelectualidad rusa contribuyeron en buena medida a granjearle la simpatía de las personas cultas de la vieja sociedad.
El Partido Comunista y los organismos de los Soviets, económicos y militares dispensaron primordial atención a la tarea de incorporar a los intelectuales a la obra de la construcción del socialismo. Sería difícil mencionar un congreso del partido, de los sindicatos o de los Soviets celebrado en los primeros años del Poder soviético donde no se tratara en una u otra forma de la política de la clase obrera respecto a los intelectuales burgueses y de las vías y los métodos para inclinarles a participar en la edificación socialista y en la defensa del país. Del gran alcance que tenía este problema para _-_-_
~^^4^^ V. I. Lenin. Informe sobre la posición del proletariado ante la democracia pequeñoburguesa en la reunión de los funcionarios del partido. 27 de noviembre de 1918. O. C., t. 37, pág. 223.
9 el naciente Estado soviético puede juzgarse sabiendo que el VIII Congreso del PC (b) de = Rusia^^5^^ reunido en marzo de 1919. que aprobó el segundo programa del partido (las tareas del primero habían quedado cumplidas al triunfar la revolución), dedicó especialmente un apartado del programa al tema de los especialistas burgueses.A la par con la labor encaminada a incorporar y reducar a los intelectuales burgueses, el partido trabajó con gran celo para preparar especialistas entre los obreros y campesinos. No obstante, los intelectuales del viejo régimen seguían desempeñando un importantísimo papel en la vida económica y cultural del país. Lenin escribió: "Como cualquiera otra clase de la sociedad moderna, el proletariado no sólo forma su propia intelectualidad, sino que, además, conquista partidarios entre toda la gente = culta"^^6^^.
El partido y la clase obrera tuvieron que realizar un gran trabajo para asegurar que la parte más cualificada de la intelectualidad burguesa colaborase en la construcción del socialismo. En esta obra fueron logrados grandes éxitos, pero también hubo que lamentar serios reveses. Apoyándose en los aciertos y subsanando los errores, el Partido Comunista pudo establecer relaciones correctas entre la clase obrera y los intelectuales. La historia muestra que cualquier país que emprende la vía de desarrollo socialista tropieza inevitablemente con el problema de la utilización de los intelectuales burgueses y de la formación de nuevos especialistas entre los obreros y campesinos. Por ello, la experiencia del Estado soviético ha sido aprovechada por otros países socialistas, pero sin olvidar sus respectivas peculiaridades nacionales e históricas.
Esta experiencia de la Unión Soviética y de otros países socialistas acredita que sólo marchando decididamente por la senda de Lenin pueden los partidos comunistas y obreros asegurar el anudamiento de buenas relaciones entre la clase obrera, su partido y los intelectuales, así como la participación activa de éstos en la magna empresa de crear la nueva sociedad.
_-_-_~^^5^^ PC (h) de Rusia: Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Fn 1898 (en el I Congreso) adoptó el nombre de Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), y en 1917 pasó a llamarse Partido Socialdemócrata (bolchevique) de Rusia. Fn el VII Congreso (1918) cambió su nombre por el de Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Con motivo de la formación de la URSS, el XIV Congreso acordó denominarlo Partido Comunista (bolchevique) de la URSS. Por último, en el XIX Congreso tomó su nombre actual: Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).
~^^6^^ V. I. l.enin. r-'l tivenlitrerisino revolucionario. O. C., t. fi. pág. 389.
10Hoy día la intelectualidad soviética constituye una gran fuerza integrada por treinta y tres millones de trabajadores de la ciencia, la técnica y la cultura. El número de intelectuales sigue creciendo con rapidez, en particular la intelectualidad científica y técnica, que aventaja en su ritmo de desarrollo a otros grupos sociales. Este proceso es lógico. Lo suscita el progreso científico-técnico y la propia política del partido, que refleja cabalmente las necesidades objetivas del desarrollo de la sociedad socialista.
En el curso de la transformación socialista del país se moldeó una intelectualidad de nuevo tipo, que se diferencia radicalmente de la intelectualidad burguesa. Obreros y campesinos escalaron las cumbres del saber y se convirtieron en científicos, ingenieros, agrónomos, maestros, médicos, artistas, administradores y jefes del Ejército Soviético. Los sociólogos burgueses, obsesionados por falsear la realidad socialista, dicen que en la URSS los intelectuales forman una "élite'', la "parte pensante" especial de la sociedad, una especie de "burguesía estatal" que cierra las puertas de su morada a la gente del pueblo. A este propósito citaremos un solo ejemplo, pero muy elocuente. En la fábrica de motores de turbina de los Urales se hizo una encuesta entre más de 1.100 ingenieros y técnicos medios. Resultó que el 44,4% de ellos eran de origen obrero; el 25,6%, procedían de campesinos; el 24,3%. de empleados, y sólo el 5,7% eran hijos de especialistas. Este ejemplo revela toda la inconsistencia de esa faramalla sobre el "espíritu de casta hereditario'', la formación de "élite" y otras patrañas. Los intelectuales soviéticos están entrañados en cuerpo y alma con su pueblo, unidos indisolublemente con él.
La intelectualidad soviética se distingue de la intelectualidad de la Rusia prerrevolucionaria no sólo por su composición social, sino también por sus características nacionales. En el socialismo todas las nacionalidades que pueblan la URSS han formado su intelectualidad propia.
La intelectualidad soviética es el reverso de la medalla de la intelectualidad burguesa en el ámbito de su mundo espiritual y a sus concepciones ideopolíticas. Le son inherentes el colectivismo, la acción social y un alto espíritu cívico.
Además de haber hecho cambiar el semblante social y espiritual de la intelectualidad, el socialismo ha confiado a su iniciativa nuevas tareas creadoras. Erigir la nueva sociedad no sólo supone desarrollar todo lo posible las fuerzas productivas. Requiere también educar a todos los soviéticos en el espíritu del ideario comunista científico. La lucha por esculpir el hombre de raigambre socialista es un aspecto esencial de la múltiple acción 11 de la intelectualidad soviética, en primer término de sus destacamentos en el campo de la literatura y el arte, que ejercen un influjo extraordinario en la vida ideológica y cultural del país.
Los intelectuales coadyuvan considerablemente a la creación de la base material y técnica del comunismo. Los científicos, ingenieros y técnicos medios forman una poderosa fuerza creativa de la sociedad soviética. En el último tiempo han hecho importantísimos descubrimientos y han alcanzado notables éxitos en las ramas principales de la ciencia y la técnica.
El análisis objetivo de la suerte corrida por los intelectuales rusos después de la Revolución de Octubre tritura todas las supercherías de los investigadores y publicistas burgueses reaccionarios sobre el ``calvario'' de la intelectualidad de Rusia, toda la cual, según ellos, rechazó el Poder soviético y luchó contra él, siendo perseguida por los bolcheviques, que obligaron a su mejor parte a abandonar la patria y privaron de los derechos civiles a los intelectuales que se quedaron en ella. Por lo común, a los investigadores burgueses no les interesan las tradiciones democráticas en el ideario de buen número de intelectuales de la época zarista, ni su amor al pueblo y a la patria, ni el poder de atracción de las ideas socialistas sobre la intelectualidad. El hecho de que los intelectuales burgueses colaboraran con el Poder soviético lo atribuyen a un motivo demasiado trivial: a la necesidad de "ganar un pedazo de pan" o al miedo que les infundía el "terror bolchevique".
Una versión muy extendida es la de que los bolcheviques "obligaron brutalmente" a los intelectuales a ponerse al servicio de sus objetivos políticos. Los historiadores burgueses tratan de hacer creer a los lectores que V. I. Lenin fundamentó cierto "sistema de violencia y coerción" que servía de base a las relaciones entre la clase obrera y los = intelectuales^^7^^.
Al polemizar con los historiadores burgueses, el autor de este libro cree ver su tarea en el análisis objetivo del proceso de paso de los intelectuales burgueses a las posiciones del Poder soviético, con lo cual quedará demostrada la fragilidad de esa versión.
Ahora bien, ¿cómo entender este término de ``paso''? Ténganse en cuenta que un intelectual podía trabajar en una u _-_-_
~^^7^^ L. Shapiro. The Coniuu/ni.st Party of the Soviet Union. N. Y., 1959; W. Chamherlin. Ruasian's Iron A)>e. Boston, 1934; J. Reshetar. Concite History of the Comnninist Party of the Soviet Union. N. Y., 1960; F. Lówental. Das Komniunistische F.xperiment. Tlieorie itnd Praxis der Marxismus-Lenimsinus. Koln, 1957; O. S. Counts. The Challenge of Soviet F.dncation. N. Y., 1957. y otras obras.
12 otra institución soviética y cumplir concienzudamente la labor encomendada, pero sin dejar de ser por sus convicciones políticas un enemigo del Poder soviético, un "emigrado interior''. Por ello, el paso de cualquier intelectual a las posiciones del socialismo sólo podía considerarse definitivo cuando ese intelectual se convertía en un hombre soviético en su fuero interno. De ahí que el autor haya estimado necesario mostrar por qué caminos fueron llegando los intelectuales burgueses a la comprensión de las ideas socialistas.En el presente estudio se fija sobre todo la atención en aquella parte de la intelectualidad que recibió a la Revolución de Octubre enseñando los dientes o que adoptó una actitud neutralista, expectante. El libro está dedicado principalmente a exponer la política del Partido Comunista y del Estado soviético con esa parte de intelectuales, los procedimientos que se emplearon para atraerlos a la construcción del socialismo y los resultados a que se llegó. El libro se refiere sobre todo a la intelectualidad rusa, pero debe advertirse que los procesos operados entre los intelectuales de otros pueblos de la Unión Soviética ofrecen gran interés para el historiador y pueden servir de tema a un estudio especial.
Por último, señalemos que este trabajo abarca el período comprendido entre octubre de 1917 y la mitad de la década de 1930, tiempo en que, a la par de darse cima a la construcción de los fundamentos del socialismo, finalizó el paso de los intelectuales a la causa del Poder soviético. Por entonces ya se había creado en la URSS una nueva sociedad, integrada por trabajadores y libre de antagonismos de clase. También se había formado, en lo fundamental, la nueva intelectualidad soviética. Mas en la finalidad de este libro no entra la tarea de explicar el papel y la situción de esta nueva intelectualidad.
[13] __NUMERIC_LVL1__ Capítulo 1 __ALPHA_LVL1__ LOS INTELECTUALESEn la historia de la intelectualidad de Rusia hay muchas páginas heroicas vinculadas a nombres de gloriosos luchadores por la libertad del pueblo.
A comienzos del siglo XX, cuando Rusia era ya un país capitalista, los intelectuales democráticos habían recorrido un largo camino de lucha política contra el régimen de servidumbre^^1^^ y la autocracia zarista.
En las condiciones del capitalismo la intelectualidad es heterogénea por su situación de clase y por sus opiniones políticas. La engrosan personas que proceden tanto de las clases explotadoras como de las clases explotadas. En concordancia con esto, la intelectualidad (o más exactamente, sus diversos grupos) expresa las aspiraciones y los intereses sociales de las clases a las que sirve. Lenin escribió que "la intelectualidad se llama precisamente así porque es la que refleja y expresa de modo más consciente, decidido y exacto el desarrollo de los intereses de clase y de grupos políticos en toda la = sociedad"^^2^^.
La aparición del proletariado en el escenario de la lucha política originó una diferenciación dentro de la intelectualidad. Los intelectuales más revolucionarios fueron uniéndose cada _-_-_
~^^1^^ El régimen de servidumbre dimana del "derecho de servidumbre'', que era el derecho del dueño de la tierra en el feudalismo a disponer de la persona, el trabajo y los bienes del siervo de la gleba. El concepto de "derecho de servidumbre" proviene del rasgo esencial de la servidumbre: el siervo estaba afecto a una heredad y no se desligaba de ella al cambiar de dueño. Las supervivencias de la servidumbre en Rusia, que se conservaron después de la reforma de 1861, fueron liquidadas por la Gran Revoluci\'on Socialista de Octubre
~^^2^^ V. I. Lenin. Tareas de lu juventud. O. C., t. 7, pág. 343.
14 vez más apretadamente con el proletariado. Al mismo tiempo se desarrolló un proceso de consolidación de los sectores burgueses de la intelectualidad, que evolucionaron con rapidez hacia la derecha.También se pusieron en movimiento los intelectuales pequeñoburgueses, que se distinguían por su versatilidad política, amorfía de clase y vaguedad de objetivos de lucha. Cuando la revolución va en ascenso, estos intelectuales se sienten capaces de combatir valientemente y pelear en las barricadas. Mas en cuanto se vuelven las tornas, y más aún si viene la derrota, huyen despavoridos y, con frecuencia, van a parar al campo de los enemigos.
A la par que se formaba la intelectualidad burguesa y pequeñoburguesa, fue configurándose la intelectualidad proletaria, socialdemócrata, que llevó a cabo una inmensa labor de difusión del marxismo entre las masas obreras de Rusia. Esta intelectualidad atraía a su seno las figuras más relevantes de la intelectualidad burguesa y pequeñoburguesa que habían hecho suyo el ideario de la clase obrera y las iniciaba en la práctica de la lucha revolucionaria. Con la intelectualidad socialdemócrata se fundían los obreros revolucionarios más capacitados. El Partido Bolchevique les pertrechaba con el conocimiento de la teoría revolucionaria y les elevaba al nivel de organizadores y dirigentes del movimiento obrero.
Al preparar a la clase obrera para los combates revolucionarios, V. I. Lenin y el Partido Bolchevique dedicaron gran atención a crear las relaciones más correctas entre el proletariado y los intelectuales. La línea política del partido consistía en aislar a los intelectuales liberal-monárquicos, denunciar su conciliación con el zarismo y su famosa postura "suprapartidaria''. Por supuesto, esto no significaba que el partido se negase a colaborar con los elementos progresistas de la intelectualidad burguesa. Completamente distinta era la actitud de los bolcheviques hacia los intelectuales democráticos. Sin dejar de criticar su volubilidad y sus vacilaciones entre la burguesía y el proletariado, los bolcheviques atraían a los intelectuales demócratas a la acción revolucionaria por las reivindicaciones democráticas generales y el derrocamiento de la autocracia.
Los acontecimientos de la primera revolución rusa (19051907) demostraron que la intelectualidad democrática, impotente por sí misma, podía ser una fuerza importante en la lucha contra la autocracia siempre que se uniera con las masas trabajadoras bajo la dirección del proletariado. Los intelectuales participaron activamente en los tempestuosos eventos de 1905.
15Sin embargo, cuando la primera revolución rusa fue derrotada y en el país se desencadenó la furia de la reacción, muchos intelectuales, sobre todo los de etiqueta liberal, se apresuraron a arrepentirse de sus "pecados revolucionarios'', denigrando por todos los medios la revolución y calumniando a la socialdemocracia.
No obstante, sería erróneo considerar que la intelectualidad en pleno se había apartado del pueblo y traicionado la revolución. Sus mejores hombres, personificados por los intelectuales socialistas, militantes del partido, prosiguieron su incansable labor encaminada a crear las condiciones para un nuevo estallido revolucionario y a preparar a las masas para decisivos combates de clase.
El periodo de nuevo ascenso revolucionario (1912--1914) también levantó los ánimos entre parte de la intelectualidad. Reanudóse la afluencia de intelectuales al Partido Bolchevique y a otros partidos políticos opuestos a la autocracia zarista. Se celebraron congresos de maestros y de otros grupos de la intelectualidad. Los intelectuales demócratas protestaron airadamente contra la feroz matanza de los obreros huelguistas en el río Lena, de Siberia, en 1912 y la represión de los marineros de la flota del Báltico en 1913. Mas esta reanimación, ligada con el ascenso revolucionario general, quedó interrumpida al estallar la guerra mundial.
La política belicista de la autocracia contaba con el apoyo de los terratenientes y de las altas capas de la burguesía comercial e industrial. El virus del chovinismo contagió también, por lo menos al comenzar la guerra, a amplios estratos de la burguesía media, de la intelectualidad burguesa y de los profesionales.
La guerra puso al desnudo toda la podredumbre del régimen autocrático, irremediablemente condenado a desaparecer. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, se pronunciaron desde el primer momento por la derrota del zarismo en la guerra, por la transformación de ésta de guerra imperialista en guerra civil. Las derrotas de las tropas zaristas en la guerra, el desbarajuste económico, el brusco descenso del nivel de vida de los trabajadores y el creciente espíritu revolucionario de las masas influyeron en la radicalización de los intelectuales.
Sin embargo, en las "altas esferas" de la intelectualidad no se pensaba todavía en el derrocamiento revolucionario del zarismo. V. Stankévich, destacado dirigente del partido de = los mencheviques^^3^^, escribió: "Todos mantenían una actitud _-_-_
~^^3^^ Menchevismo: tendencia oportunista de la socialdemocracia rusa. Se formó en 1903, en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia __NOTE__ Footnote cont. on page 16 16 definidamente negativa respecto a las posibilidades de la acción popular, por temor a que el movimiento de masas, una vez puesto en marcha, pudiese discurrir por los cauces de la extrema izquierda, creándose así dificultades extraordinarias para conducir la guerra. Incluso la cuestión del paso a un régimen constitucional suscitaba serios temores y el convencimiento de que el nuevo poder no podría evitar rigurosas medidas para mantener el orden e impedir la propaganda derrotista"~^^4^^.
No obstante, bajo los embates de las masas populares, alentadas por los bolcheviques, en febrero de 1917 se desplomó la monarquía que tenía siglos de existencia. En unos días fue barrida por la revolución. Los intelectuales burgueses se apresuraron a reconocerla y a declarar que era "su revolución".
En Retrogrado y otras ciudades de Rusia se constituyeron los Soviets de diputados obreros y soldados. En el Soviet de Retrogrado, como en muchos otros, la mayoría de las personas elegidas para integrar su órgano rector —el Comité Ejecutivo— estaba compuesta por representantes de los mencheviques y de la intelectualidad burguesa. En Retrogrado se formó el Gobierno Provisional, presidido por el príncipe Lvov.
A fin de evitar que siguiera desarrollándose la revolución, asegurar el poder incompartido de la burguesía y continuar la guerra hasta la "victoria final'', algunos portavoces de la intelectualidad burguesa —el abogado Kerenski, los profesores Miliukov, Kishkín y Manúilov, el médico Shingariov, el literato Peshejónov y otros— entraron en el Gobierno Provisional. Se iniciaron los ametrallamientos de manifestantes y las expediciones punitivas contra los trabajadores.
El derrocamiento de la monarquía y la instauración de la república burguesa correspondía sobre todo a los intereses de los grupos de intelectuales ocupados en la esfera de la producción capitalista y que formaban parte del aparato del Estado.
La intelectualidad rusa apoyó al Gobierno Provisional en sus acciones. "¡Guerra hasta la victoria final!" Este lema adquirió inmensa popularidad en algunos círculos. Los llamamientos del Gobierno Provisional a guerrear contra los "bárbaros alemanes" _-_-_ __NOTE__ Footnote cont. from page 15 (POSDR). En el congreso, la mayoría de los socialdemócratas se pronunció a favor del programa revolucionario leninista y de los principios leninistas de la estructura orgánica del partido; la minoría los rechazó. De ahí la denominación de bolcheviques (mayoritarios) y mencheviques (minoritarios). En vísperas de la Gran Revolución Socialista de Octubre, los mencheviques se pasaron definitivamente al campo de la burguesía contrarrevolucionaria.
~^^4^^ V. Stankévich. Memorias. 1914--1919. Berlín, 1920, pág. 65.
17 y ``en aras de la libertad y de la paz eterna" indujeron a error a Alexéi Tolstói e incluso Máximo Gorki llegó a creer en ellos. El escritor Vladímir Korolenko se dejó arrastrar por aquellos vientos que corrían entre la intelectualidad rusa y en marzo de 1917 publicó en el periódico Russkie viédomosti un artículo titulado "La patria está en peligro'', en el que exhortaba a la sociedad a estar presta "para los combates, para las batallas, para derramar su sangre y la sangre ajena".Mas a las amplias masas trabajadoras no les seducía la perspectiva de pasar de la opresión del zarismo a la opresión de la burguesía y ofrendar su sangre en defensa de los intereses de los señores burgueses. "La peculiaridad del momento actual en Rusia —escribió V. I. Lenin— consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado suficiente de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del = campesinado"^^5^^. El país avanzaba inconteniblemente hacia la revolución socialista. Y en cuanto la clase obrera planteó el problema de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado como cuestión del día, parte considerable de los intelectuales dieron la espalda al movimiento revolucionario, ya que el objetivo supremo de la intelectualidad no radicaba en implantar en Rusia el poder de la clase obrera, sino crear la república burguesa.
Los acontecimientos que se produjeron entre febrero y octubre de 1917 confirmaron una vez más que los intelectuales, en su inmensa mayoría, sólo pueden ir en unión con el proletariado cuando la lucha está enfilada hacia la conquista de las libertades democráticas generales. En cambio, en el combate por la revolución socialista la intelectualidad es una aliada nada segura. Esto se reflejó incluso en algunas personas poco firmes que se consideraban ``bolcheviques''. En la resolución del VI Congreso del partido (1917), se decía: "El abandono de las filas del partido proletario por los intelectuales, iniciado en 1905, cobró proporciones masivas después de la Revolución de Febrero, cuando el contenido de clase de la acción de nuestro partido hizo inevitable que los elementos no proletarios definieran su actitud hacia = él"^^6^^.
_-_-_~^^5^^ V. I. Lenin. IMS tareas del proletariado en la presente revolución. O. C"., t. 31. pág. 114.
~^^6^^ El PCUS en las resoluciones \ acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del CC. t. I. Moscú. 1970, pág. 499.
__PRINTERS_P_17_COMMENT__ 2---1088 18La Gran Revolución Socialista de Octubre, realizada en la noche del 24 al 25 de octubre de = 1917^^7^^, conmocionó todo el país, hizo germinar los procesos sociales más profundos y envolvió en su torbellino a todas las clases y capas de la sociedad. En tanto que las clases adoptaron una actitud clara hacia la revolución socialista, la intelectualidad, capa social intermedia, no lo hizo así. La intelectualidad, que por su origen, relaciones laborales y otros vínculos estaba ligada con otras clases, entre ellas clases contrapuestas, constituía por su fisonomía política un grupo muy abigarrado y heterogéneo. Del intelectual ruso eran característicos, en grado considerable, el eclecticismo ideológico, la poca firmeza de principios y la vaguedad de ideales sociales.
El factor clasista (el origen y la situación social) no era siempre lo determinante en la postura adoptada por uno u otro intelectual ante la revolución. La historia de la intelectualidad rusa de aquel tiempo conoce situaciones tan paradójicas que no siempre cabe enjuiciarla con los criterios corrientes. Por ejemplo, el barón von Taube, que era general, mandó en Siberia tropas soviéticas y murió en una prisión de Kolchak, y, por el contrario, Kornílov, hijo de un escribiente militar y de una kazaja analfabeta, estuvo al frente de las fuerzas contrarrevolucionarias en la lucha contra los trabajadores. El príncipe Pototski, por encargo del Gobierno soviético, efectuó los trabajos de restablecimiento de las factorías petroleras de Bakú, mientras que el "demócrata" Sávinkov organizó conjuras y sublevaciones antisoviéticas. El noble Blok escribía la palabra "Revolución" con mayúscula, en tanto que otro noble, Bunin, redactaba un periódico de los guardias blancos.
Por ello no sería exacto y objetivo en todos los casos fundarse únicamente en la situación social al enfocar la actitud de algunos intelectuales hacia la revolución socialista. No se puede considerar incuestionable que si el intelectual procedía de una familia obrera o campesina debería defender por fuerza sus intereses. Ni tampoco que si el intelectual era de origen noble o burgués procedería sin duda alguna como paladín de los terratenientes y capitalistas. Por supuesto, estas excepciones no van en menoscabo de la exactitud y justedad general del enfoque clasista de los fenómenos sociales.
Una parte de los intelectuales de Rusia, consciente de los cambios progresistas que el nuevo régimen social aportaría al _-_-_
~^^7^^ El 14 de febrero de 1918 se implantó en el país el calendario gregoriano (el llamado nuevo estilo). Por eso, la fecha de la revolución se consideran los días 7-8 de noviembre de 1917.
19 destino de la patria, reconoció la Revolución de Octubre y puso sus conocimientos y experiencia al servicio del Poder soviético. En la historia de aquellos días hay inscritos muchos nombres de eminentes científicos, ingenieros, escritores, artistas, médicos y otros intelectuales que abrazaron la causa del pueblo revolucionario.Uno de los primeros intelectuales de la época zarista que se pusieron de parte del Poder soviético y lo apoyaron con entusiasmo fue el insigne científico materialista ruso Kliment Timiriázev. Sus artículos y cartas dirigidos a los intelectuales jugaron un notable papel en la incorporación de relevantes figuras de la ciencia, la cultura y el arte a la construcción del socialismo.
Estando ya en el lecho de la muerte, Timiriázev mandó llamar al médico comunista V. Vaisbrod y, en presencia de su hijo, le expresó sus últimas palabras dirigidas al Partido Comunista y a V. I. Lenin: "Siempre procuré servir a la humanidad y en estos graves minutos para mí me alegra verle a usted, representante del partido que sirve verdaderamente a la humanidad. Los bolcheviques, que aplican el leninismo, trabajan, así lo creo y estoy convencido de ello, para la felicidad del pueblo y lo conducirán a ella. Yo siempre estuve con ustedes y fui de los suyos... Hágale saber a Vladímir Ilich mi admiración por su genial enfoque de los problemas mundiales en la teoría y en la práctica. Me considero dichoso de ser contemporáneo suyo y testigo de su gloriosa actividad. Me inclino ante él y quiero que todos lo = sepan"^^8^^. Estas palabras se convirtieron en el "símbolo de la fe" para los intelectuales que habían reconocido incondicionalmente el Poder soviético.
También entre los primeros que acogieron con alborozo la revolución había dos grandes poetas rusos del siglo XX: Alexandr Blok y Vladímir Mayakovski. "¿Aceptarla o no aceptarla? Este dilema... no ha existido para mí. ¡Es mi revolución!'', dijo Mayakovski. En el artículo "La intelectualidad y la Revolución'', publicado el 19 de enero de 1918, A. Blok hizo un llamamiento a los intelectuales: "Con todo el cuerpo, con todo el corazón, con toda la conciencia, escuchad a la Revolución".
En aquellos graves días, A. Blok, autor de poesías profundamente líricas, habló en su poema Los doce con la voz de las plazas y las calles:
"¡El paso revolucionario marcad!
¡El incansable enemigo no duerme!
_-_-_~^^8^^ Kommunistícheski trud, 29 de abril de 1920.
20Atizaremos el incendio universal
con dolor para todos los burgueses..."
Habiendo roto decidida y valientemente con el mundo del pasado, A. Blok instó a los intelectuales a ayudar con sus conocimientos y su talento al pueblo revolucionario. A la pregunta de un periódico burgués: "¿Pueden los intelectuales trabajar con los bolcheviques?'', Blok contestó sin la menor vacilación: "Pueden y están obligados a hacerlo''. Blok acertó a comprender la naturaleza social y el significado histórico universal de la Revolución de Octubre. "La importancia de lo vivido por nosotros en unos instantes de la historia —escribió poco después de la victoria de la Revolución de Octubre— equivale a la importancia de un lapso de tiempo de varios siglos... Cada vez se perfilan más claramente en nuestros días los rasgos, no de una época intermedia, sino de una nueva era..."^^9^^.
Con sencillez y naturalidad ofreció su colaboración al nuevo poder el poeta Valeri Briúsov. En su autobiografía escribe: "Después de la Revolución de Octubre, ya a finales de 1917 empecé a trabajar con el Gobierno = soviético..."^^10^^.
Hechos análogos se observaron también en los medios artísticos. Uno de los que comprendió el hondo sentido de que sucedía fue el famoso cantante Leonid Sóbinov. De lleno aceptó la Revolución de Octubre el conocido director de escena Evgueni Vajtángov: "La revolución, con una línea roja, ha dividido el mundo en ``viejo'' y = ``nuevo''\thinspace''~^^11^^. Decía a los alumnos de su estudio teatral: "Abrid las ventanas: que entre aquí el aire fresco. Que entre aquí la vida. No hay que temer a la vida. Nosotros debemos marchar juntos con la = vida"^^12^^. Algunos literatos y artistas saludaron la revolución convencidos de que brindaría posibilidades de creación artística en nuevas formas. Ya en los primeros días que siguieron a la Revolución de Octubre Vsévolod Meierhold dedicó su talento al servicio del pueblo revolucionario.
El eminente jurista y destacada personalidad social A. Koni se ofreció asimismo al nuevo poder. Este senador, académico y miembro del Consejo de Estado acogió la Revolución de Octubre calificándola de nueva era de la humanidad.
_-_-_~^^9^^ A. Blok. Obras, t. VIII, págs. = 132--133.
~^^10^^ Valeri Briúsov. Poesías. Poemas. Moscú, 1958, pág. II.
~^^11^^ E. Vajtángov. Documentos y artículos. Moscú, 1959, pág. 166.
~^^12^^ Borís Zajava. Vajtángov y su estudio. = Moscú, 1930, pág. 77.
21Apenas fue implantado el Poder soviético en la ciudad de Kozlov, el seleccionista ruso Iván Michurin se presentó a los comisarios locales y les expresó su disposición a trabajar para la revolución. "Acogí la Revolución de Octubre como algo que debía suceder —escribió—, como una necesidad histórica por su justedad e inevitabilidad, e inmediatamente me dirigí a todos los especialistas de la agricultura honrados, invitándoles a ponerse de parte del Poder soviético y marchar incondicionalmente por la vía de la clase obrera y su = partido''~^^13^^.
Con entusiasmo saludaron la Revolución de Octubre el notable ingeniero metalúrgico ruso Mijaíl Kurako y el talentoso ingeniero de minas, profesor Mijaíl Protodiákonov. Robert Klasson, destacado especialista energético, consagró todos sus conocimientos y experiencia a la obra de la revolución.
El geólogo Andréi Arjánguelski, futuro académico, tuvo posibilidad de observar el desarrollo de la revolución en el campo, en la = gubernia^^14^^ de Riazán. "Comprendí—escribió— qué gran obra se había realizado, aunque percibía confusamente las perspectivas que se abrían ante nosotros. Saqué la conclusión de que había llegado el momento de cambiar mi actitud hacia el Estado y de empezar a ayudar al nuevo Poder a formar la nueva vida. Por eso, en enero de 1918 fui a Moscú para hacer esto"~^^15^^.
Aquí se han citado sólo unos cuantos nombres de prestigiosas personalidades de la cultura, la ciencia y el arte. Mas, a la par con ellas, millares de intelectuales "de fila" —médicos, maestros, agrónomos, pintores, escultores y actores— se adhirieron sin reserva al nuevo poder. El primer Comisario del Pueblo de Cultura del País de los Soviets, Anatoli Lunacharski, dijo que "con agradecimiento podemos mencionar decenas de grandes nombres y referirnos a centenas, o quizás, a millares de modestos trabajadores que inmediatamente, o poco más o menos pronto, pero con absoluta sinceridad, se incorporaron al trabajo de defensa y construcción de la nueva patria socialis- = ta"^^16^^. Los mejores representantes de la intelectualidad democrática no sólo acogieron calurosamente la revolución, sino que _-_-_
~^^13^^ I. Michurin. Obras, t. 1. Moscú, 1948, pág. 609.
~^^14^^ La gubernia (provincia) era la unidad superior de la organización administrativa y local de Rusia. La división del país en gobiernos fue suprimida entre 1924 y 1929, siendo sustituida por la división de la URSS en regiones y territorios.
~^^15^^ Véase V. Uliánovskaya. Formación de la intelectualidad científica en la URSS. 1917--1937. Moscú, 1966. pág. 66.
~^^16^^ A. Lunacharski. Acerca déla intelectualidad. Recopilación de artículos. Moscú. 1923, pág. 42.
22 también la ``hicieron'', en unión de los obreros, los soldados y los campesinos.No debe considerarse casual que cierta parte de la intelectualidad se uniera al pueblo revolucionario y aceptara la Revolución de Octubre. Sería erróneo suponer que en la década anterior a la revolución toda la intelectualidad de Rusia se había pasado al campo de la reacción. Entre una parte de los intelectuales se mantenían vivas las tradiciones democráticas, que les llamaban a servir al pueblo trabajador. Precisamente la fidelidad a los mejores ideales, auténticamente democráticos, de los intelectuales revolucionarios, movió a muchos científicos, técnicos, literatos y artistas a romper con la vieja ideología y trazarse como objetivo de su vida y trabajo la emancipación del pueblo. La Revolución de Octubre fue acogida por ellos como una grandiosa tempestad que desbrozaba el camino para el resurgimiento económico y cultural de Rusia. Muchos intelectuales progresistas supieron comprender que los bolcheviques eran cabalmente los verdaderos portavoces y defensores de los intereses del pueblo.
Para explicar la actitud de esta parte de los intelectuales debe tenerse en cuenta también la exacta definición clásica de tales situaciones dada por C. Marx y F. Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, en el que escribieron: "...En los períodos en que la lucha de clases se acerca a su desenlace, el proceso de desintegración de la clase dominante, de toda la vieja sociedad, adquiere un carácter tan violento y tan agudo que una pequeña fracción de esa clase reniega de ella y se adhiere a la clase revolucionaria, a la clase en cuyas manos está el = porvenir"^^17^^. Esto es lo que sucedió con cierta parte de los intelectuales de la Rusia zarista. En los días de los choques más duros entre las clases supo elevarse por encima de la ideología de la burguesía y de la nobleza, a las que había estado íntimamente ligada, comprender el sentido lógico y la necesidad histórica de la revolución socialista y seguir la bandera del proletariado revolucionario. El factor que le impulsó a adoptar esta decisión fue la profunda insatisfacción hacia el régimen político de la Rusia prerrevolucionaria y la visión crítica de la realidad rusa.
Sin embargo, sólo una parte relativamente pequeña de la intelectualidad se unió sinceramente al pueblo, aceptó la Revolución de Octubre y reconoció el Poder soviético. Gran número de intelectuales no supieron comprender los _-_-_
~^^17^^ C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista. Moscú. 1959, págs. 43--44.
23 acontecimíenlos que se producían y adoptaron una postura neutral, expectante, declarando que no se mezclaban en la "política''. Estos intelectuales procedían principalmente de las capas pequeñoburguesas. No querían ir contra el pueblo y por eso no se enfrentaban a los bolcheviques, los que, aun siendo, a juicio suyo, unos ``usurpadores'', gozaban del apoyo de los obreros y campesinos. Muchos de estos intelectuales continuaron trabajando en empresas e instituciones, pero lo hacían únicamente por "penosa necesidad''. No creían que los obreros y campesinos, bajo la dirección de los bolcheviques, pudiesen crear un potente Estado.Pero, a la vez, esta parte de la intelectualidad era consciente de que su trabajo lo necesitaba el pueblo. Por ejemplo, una asamblea de la Unión de Ingenieros celebrada en Petrogrado en diciembre de 1917 aprobó una resolución en la que se decía que los ingenieros de Rusia no apoyaban la idea del sabotaje y que se incorporaban a la obra de restablecimiento de la economía del país. Mas, al mismo tiempo, los asistentes a la asamblea manifestaron que no compartían la ideología y la táctica de los bolcheviques.
Muchos intelectuales, incluso de espíritu liberal, que poco antes de esto habían aplaudido entusiasmados el derrocamiento del zarismo, después de la revolución socialista no quisieron intervenir en los acontecimientos, por considerar que la revolución era el mayor infortunio que había podido caer sobre Rusia. He aquí, por ejemplo, los recuerdos del académico L. Orbeli sobre el estado de espíritu del gran fisiólogo ruso Iván Pávlov en los primeros años del Poder soviético: "La Revolución de Octubre causó gran pesar a Iván Petróvich, creía que la patria había perecido, que las potencias beligerantes la despe- = dazarían"^^18^^. Hubieron de transcurrir años para que I. Pávlov pudiese apreciar debidamente el alcance de la revolución socialista para los destinos del pueblo y se convirtiera en un ardiente patriota soviético. Iván Pávlov no fue un caso único en su pesimismo. Algunos otros científicos y artistas auguraron francamente que la cultura perecería en las condiciones de la nueva Rusia. El académico Serguéi Oldenburg, secretario perpetuo de la Academia de Ciencias, en su informe sobre la actividad de la misma en 1917 habló con amargura a sus colegas: "El pueblo ruso no ha resistido la gran prueba histórica y no se ha mantenido firme en la gran lucha mundial: las masas atrasadas e ignorantes cedieron ante la engañosa seducción de _-_-_
~^^18^^ L. Orbeli. Memorias. Moscú-Leningrado, 1966. pág. 83.
24 frivolas y criminales promesas, y Rusia se ve al borde de la perdición".Muchos intelectuales cayeron en un profundo pesimismo, tomando el fin de la dominación de la burguesía, la clase a la que creían la depositaría única de la cultura, por el fin de la cultura en general. Temerosos y desesperados lloraban el pasado de Rusia, no viendo un rayo de esperanza en los temibles eventos que sacudían al país.
Grupos considerables de científicos, escritores, maestros, médicos, ingenieros y artistas declararon que se hallaban "al margen de la política" y no deseaban mezclarse en los acontecimientos. Debe decirse que buen número de los ``neutrales'' habrían apoyado sinceramente de seguro al Poder soviético de no habérselo impedido su temor al pueblo revolucionario, al espectro de los excesos y destrucciones de la cultura y de los valores culturales, temor que dimanaba de la falsa idea que la intelectualidad tenía del pueblo.
Un grupo importante de intelectuales, lejos de aceptar la revolución socialista o declararse neutral ante ella, emprendió la vía del sabotaje de las medidas del Poder soviético o de la lucha activa contra él. Funcionarios de las instituciones del Estado y especialistas de las empresas dejaron de acudir al trabajo en señal de protesta contra la conquista del poder por la clase obrera y torpedeaban el cumplimiento de medidas del Gobierno vitales para el pueblo, tratando de este modo de desprestigiar al nuevo poder ante los trabajadores.
El sabotaje se hacía en las más diversas formas. Las más difundidas eran la deserción del servicio, las huelgas, la preterición de las disposiciones de los órganos del Poder soviético, el boicot de los empleados y especialistas que colaboraban con el nuevo poder, la negligencia en el cumplimiento de las obligaciones del servicio, etcétera. A la vida normal de las ciudades causaban gran daño el sabotaje y las huelgas de los empleados de las instituciones del Estado y de los organismos municipales. Se interrumpía el transporte, dejaban de funcionar las centrales eléctricas y cerraban sus puertas los hospitales. Los organismos de abastecimiento suspendían el suministro de víveres y de combustible a la población.
En los sabotajes participaban diversas categorías de intelectuales, pero lo que repercutía más sensiblemente eran las huelgas de maestros y del personal médico. El 2 de diciembre de 1917, respondiendo al llamamiento de la dirección contrarrevolucionaria de la Unión de Maestros de toda Rusia, los maestros de Moscú se sumaron a la huelga de los empleados de la administración urbana de Moscú. De los cuatro mil maestros 25 fueron muy pocos los que continuaron dando clases en las escuelas. Los maestros de espíritu antisoviético se mantuvieron en huelga durante tres meses. Fueron a la huelga también los maestros de Petrogrado. Hubo asimismo paros breves de maestros en Ufa, Ekaterinburgo y Astraján. Las secciones locales de la Unión de Maestros de toda Rusia desplegaron una amplia campaña de apoyo a los maestros huelguistas, recogiendo dinero para ellos, organizaron mítines de protesta contra las medidas del Gobierno y desarrollaron una propaganda antisoviética en las escuelas, entre los alumnos.
La directiva de la Sociedad de Médicos Rusos, denominada Sociedad de Pirogov, en memoria de N. Pirogov, condenó duramente la "usurpación" del poder por los bolcheviques y exhortó a los trabajadores de medicina a sabotear las medidas del Poder soviético en ia esfera de la sanidad. Las huelgas y los sabotajes en los establecimientos sanitarios adquirieron proporciones particularmente considerables en Moscú y Petrogrado. Las directivas de las asociaciones de practicantes, enfermeras y farmacéuticos aprobaron resoluciones en las que se recomendaba no mantener contacto laboral con los bolcheviques. "Médicos de todos los rangos y posiciones, generales del cuerpo de medicina y mediocres médicos rurales "amantes del pueblo" se contaminaron con la prédica del sabotaje "ideológico" —escribió en aquellos días el médico bolchevique Z. Soloviov—. Cubiertos con la toga del "proletariado intelectual en lucha'', toga trivial, alquilada y muy ancha para ellos, se dedicaron, minuciosa y concienzudamente, a destruir el aparato de que disponían para prestar asistencia médico-sanitaria a las grandes masas. Los médicos de los hospitales cerraron las puertas de ellos ante los enfermos; los médicos sanitarios dejaron campo libre a las epidemias para que creciesen y se = multiplicaran"^^19^^. En efecto, en enero y febrero de 1918, sobre el terreno propicio del desbarajuste económico, el hambre y el frío, en Moscú aumentaron los casos de tifus.
Los profesores burgueses, aunque sin llegar a abandonar la labor de enseñanza en los centros docentes superiores, también eran hostiles en su mayoría al Poder soviético. En noviembre y diciembre de 1917, las altas esferas del profesorado declararon que no reconocían el nuevo poder y que consideraban usurpadores a los bolcheviques. Algunos catedráticos y profesores declararon el boicot a los colegas suyos que habían decidido colaborar con el Poder soviético y hacían la vida imposible a los estudiantes democráticos.
_-_-_~^^19^^ Noticias de la medicina soviética, 1918, N° 2-3, pág. 3
26El estudiantado, que en su mayoría procedía de las clases pudientes, también se mostró hostil a la revolución. Rememorando una de sus primeras visitas a un centro docente superior en aquel período, A. Lunacharski escribió: "Recuerdo la terrible impresión que me produjo, unos días después de haber sido nombrado Comisario del Pueblo, mi primera visita en calidad de tal a uno de los centros superiores de enseñanza de Leningrado. Verdad es que no se confirmó la advertencia que alguien me hizo a lápiz en un papel gris de que se me recibiría con una obstrucción química, aunque sí me vi rodeado literalmente de ojos de lobo. Los muchachos y muchachas que llenaban el auditorio me miraban como a un = enemigo"^^20^^.
Boicoteó igualmente el nuevo poder parte considerable de la intelectualidad técnica. De sus opiniones y estado de ánimo era portavoz la Unión de Ingenieros de toda Rusia, organización constituida poco después de la Revolución de Febrero para defender los intereses profesionales de los ingenieros, pero que, en realidad, participaba activamente en la lucha política contra la clase obrera desde las posiciones de la burguesía. La actitud de la parte reaccionaria de los especialistas hacia el Poder soviético apareció formulada con la mayor precisión en las intervenciones de los delegados y en las resoluciones del congreso de esta asociación celebrado a comienzos de enero de 1918 en Moscú. El congreso acordó prohibir a los afiliados a la Unión de Ingenieros que colaborasen con las organizaciones cuya política contribuía a "desmoronar la industria" y las apoyaran con sus conocimientos y experiencia.
En ciertos círculos de la intelectualidad artística se reaccionó con gran hostilidad contra la victoria de la Revolución de Octubre. En los primeros días siguientes a ella, en señal de protesta contra el Poder soviético, fueron suspendidos durante varios días los espectáculos en algunos teatros de Petrogrado y Moscú. Gran parte de los actores de la compañía del Teatro Alexandrinski saboteó todas las medidas del Poder soviético. Entre sus enemigos más implacables se encontraban V. Davídov e Y. Yúriev, corifeos de la compañía.
Los intelectuales reaccionarios declararon traidores a quienes colaboraban con los Soviets; tomaron represalias contra ellos y les condenaron al ostracismo. He aquí cómo se describía en una reseña periodística de aquellos días la asamblea de una organización de escritores: "Se ha celebrado la asamblea ordinaria de la sociedad de escritores Sredá, con asistencia de _-_-_
~^^20^^ A. Lunacharski. Diez años de las Facultades Obraras. ``El estudiantado rojo''. 1929. N° II, pág. 2.
27 unos sesenta escritores, poetas, periodistas e invitados, entre ellos I. Bunin, E. Chírikov y otros. Presidió Yuli Bunin. Después del debate, con autorización del presidente, hizo una declaración el señor Orlov, quien dijo: "Entre nosotros, señores, se encuentra en el presente momento un escritor que no debe estar aquí. Todos nosotros le conocemos: es el señor Serafimóvich, Ha aceptado hacerse cargo de la sección literaria y artística de las Noticias del Soviet de diputados obreros y soldados de Moscú. De ese modo se ha unido a los actuales usurpadores del poder, y para él no debe haber sitio entre nosotros...'' El escritor Chírikov manifestó: "Voy a hablar contra el señor Serafimóvich, aunque haya sido mi antiguo compañero de trabajo en Znanie. No puedo estar junto con él... No puedo darle la = mano..."^^21^^.Al poeta Valeri Briúsov se le persiguió por sus antiguos colegas literatos. Fue expulsado de sociedades literarias, se le boicoteó, etcétera.
Parte de los intelectuales no se limitó a un breve sabotaje contra el nuevo poder o a la preterición del mismo durante sus primeros meses de existencia. Convirtióse en enemigo ideológico de la revolución socialista.
El grupo más considerable de esta parte de intelectuales lo constituían los oficiales, los profesores reaccionarios y muchos abogados e ingenieros descollantes. Entre ellos había también maestros, médicos y otros componentes de las capas democráticas de la intelectualidad. Sus voceros eran los escritores y publicistas reaccionarios.
El 26 de noviembre de 1917 se organizó en Petrogrado, en el cinematógrafo Soleil, un aparatoso mitin de protesta contra las acciones del Gobierno soviético. Entre los participantes en el mitin figuraban literatos mencheviques y sin partido: V. Bazárov, F. Dan, V. Zasúlich, A. Potrésov, A. Peshejónov, D. Merezhkovski, Z. Guíppuis, F. Sologub y otros. Coincidiendo con el mitin se publicó un número especial de un periódico que sólo apareció esa vez: la Gaceta-protesta de la Unión de Escritores Rusos, con artículos que llevaban significativos títulos, tales como "El muro rojo'', "Los Borbones'', "Servidores del demonio'', "Profanación del ideal" y ``Violadores''. El escritor A. Remízov reaccionó ante la Revolución de Octubre con la obra antisoviética Canto a la perdición de la Tierra Rusa. Era un grito desgarrador, en el que se ponía de manifiesto con extraordinaria plenitud y veracidad el impotente furor y la _-_-_
~^^21^^ Noticias del Soviet de diputados obreros \ soldados de Moscú. 6 de diciembre de 1917.
28 desesperación bíblica de los que en octubre de 1917 habían quedado privados de las fábricas y las grandes haciendas. "Harapiento y mudo —escribió A. Remízov— estoy de pie en un desierto donde un día se alzara Rusia. Mi alma está cerrada. Todo lo que tenía me lo han robado, me han arrancado la ropa que llevaba. ¿Qué necesito? No sé. Nada me hace falta. Y la vida no tiene sentido. La rabia hierve en el alma, hierve impotente, pues media vida ha sido consumida en aras de la Rusia que se ha convertido ahora en nada y que hubiera podido serlo todo... Compréndanlo, nuestra vida se alarga a duras penas"^^21^^.Por sus convicciones políticas, este grupo de intelectuales era heterogéneo. Una parte la componían monárquicos impenitentes, que no habían perdido las esperanzas de restaurar el poder del "legítimo soberano''; otra parte estaba formada por miembros de los partidos burgueses, que luchaban contra los bolcheviques y la clase obrera bajo la bandera de una "auténtica democracia'', es decir, de la república burguesa. Entre los contrarrevolucionarios más furibundos figuraban también quienes se hacían pasar por revolucionarios y socialistas. Mas toda esta gente de diferentes ideas políticas estaba maridada y vinculada por un sentimiento común: el odio a los bolcheviques, al Poder soviético, a la dictadura de la clase obrera.
Los intelectuales contrarrevolucionarios no mostraban escrúpulos al elegir los medios de lucha contra el Poder soviético. Participaron en los destacamentos de guardias blancos, colaboraron con los intervencionistas, organizaron conjuras y sublevaciones, desplegaron calumniosas campañas en la prensa burguesa dentro del país y en el extranjero; todo era aceptable para el ``probo'' intelectual en el combate contra los obreros y los campesinos.
¿Por, qué, pues, los intelectuales que se llamaban a sí mismos ``populares'' y proclamaban en alta voz su amor al "hermano menor" —los obreros y campesinos—, adoptaron en su mayoría una actitud hostil al Poder soviético y se unieron a los saboteadores, huelguistas y contrarrevolucionarios? Las causas son varias. Naturalmente, muchos trabajadores intelectuales estaban estrechamente ligados con las clases explotadoras: la burguesía y la nobleza. Algunos procedían de estas clases y estaban unidos con ellas, por decirlo así, con "lazos de sangre'', vivían en una situación privilegiada y, por supuesto, no querían verse privados de todos sus = beneficios.^^22^^
_-_-_~^^21^^ Skifi. Recopilación. 2, Retrogrado, 1918, pág. 197.
~^^22^^ [MISSING IN ORIGINAL.]
29Por añadidura, los intelectuales burgueses no podían resignarse a que los puestos clave de la dirección en el Estado revolucionario estuvieran ocupados no por ellos ni por la burguesía de cuyos intereses eran defensores, sino por el "hermano menor'', por los obreros y los campesinos. Debe tenerse presente que muchos intelectuales de Rusia estaban adheridos a los partidos burgueses y pequeñoburgueses: de los demócratas = constitucionalistas^^23^^, los mencheviques y los = eseristas^^24^^, y si no formaban parte de ellos formalmente, en todo caso simpatizaban con sus programas. Los demócratas constitucionalistas, los mencheviques y los eseristas apoyaban a los saboteadores, moral y materialmente. Para este fin se destinaban recursos de diferentes organizaciones sociales y mutualidades, dinero de los ministerios, etcétera.
En la actitud de los intelectuales jugó un papel importante la circunstancia de que la dirección de las asociaciones a que pertenecían, como, por ejemplo, la Unión de Ingenieros de toda Rusia, la Unión de Maestros de toda Rusia, las asociaciones de médicos y de estudiantes y otras organizaciones, estaba integrada, en general, por mencheviques y eseristas o por demócratas constitucionalistas, dirección que mediante su autoridad y presión directa impelió a los miembros de las asociaciones a organizar huelgas y mítines de protesta contra el Poder soviético. El espíritu gremial y de solidaridad estaba muy arraigado en estas asociaciones y muchos se sumaron a la actitud de su dirección antisoviética movidos por un sentimiento de ``camaradería".
Por último, en la intelectualidad influyeron perniciosamente los llamamientos anarquistas de la organización = Proletkult^^25^^ a "tirar por la borda" la cultura burguesa, la proyectomanía de algunas figuras soviéticas de la instrucción, la cultura y el arte —planes de destrucción de la antigua escuela y del teatro, de rebajamiento de la misión de las universidades al nivel de _-_-_
~^^23^^ "" Los demócratas constitucionalistas formaban el partido principal de la burguesía imperialista de Rusia fundado en octubre de 1905. Pretendían mantener el zarismo bajo el aspecto de monarquía constitucional, procurando atraerse a los campesinos.
~^^24^^ Los eseristas, o socialistas revolucionarios, componían un partido pequeñoburgués que surgió en Rusia entre finales de 1901 y comienzos de 1902.
~^^25^^ Proletkult era la abreviatura de! nombre de la organización educativa y cultural Cultura proletaria, fundada en septiembre de 1917. Los planteamientos esenciales de esta organización eran erróneos en gran parte, como, por ejemplo, la prédica de la teoría sobre la creación de una "cultura puramente proletaria'', rompiendo con el desarrollo cultural anterior. Proletkult se desmoronó a comienzos de los años 30.
30 propagandistas de la ciencia, etcétera. Por ejemplo, a muchos pedagogos les parecieron absurdas, y no sin razón, las propuestas sobre la restructuración de la escuela hechas en los primeros meses de existencia del Poder soviético por algunos funcionarios del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública. Proponían, entre otras cosas, suprimir las clases, las lecciones, los deberes para casa, renunciar a los programas y manuales e implantar las elecciones de los maestros por los alumnos. Huelga decir que estas sugerencias ``izquierdistas'' desconcertaron a muchos pedagogos, quienes, defendiendo de la destrucción a la escuela amada por ellos, se pronunciaron contra el nuevo poder.A propósito de tales extremismos, A. Lunacharski señaló justamente que de ellos se aprovechaban los reaccionarios para sus fines antisoviéticos. "A los maestros de la oposición, contrarrevolucionarios, les alegraron incluso la brusquedad de las consignas y la intransigencia de los que querían volver a crear todo. Esto les permitía o bien ayudar con sus propias manos a la destrucción y decir después "¡Véase adonde nos han llevado los bolcheviques!" o bien encastillarse en sus viejas posiciones: "No sabemos cómo dar un solo paso hacia vuestras lejanas = estrellas""^^26^^.
En la prensa burguesa de aquel tiempo se podía leer con frecuencia que el sabotaje y las huelgas de parte de los intelectuales constituían su reacción contra las medidas impuestas por las autoridades revolucionarias a determinados sectores de la población, entre ellos a la intelectualidad: detenciones, despidos laborales, desahucios de apartamentos, hoteles, etcétera, y ``azuzamiento'' de los obreros por los bolcheviques contra la intelectualidad. Pero, en realidad, ocurría todo lo contrario. Era la intelectualidad reaccionaria y su prensa quienes azuzaban a las masas pequeñoburguesas contra los representantes de las autoridades revolucionarias e instigaban a las acciones antisoviéticas. Desde los primeros días, el Poder soviético mostró una actitud de confianza hacia los intelectuales, hizo todo lo posible para mejorar su situación y los exhortó a incorporarse a la labor constructora conjunta. Únicamente cuando se perfiló la postura antisoviética de algunos círculos de la intelectualidad y éstos respondieron con el sabotaje y las huelgas a los llamamientos de colaboración, los órganos soviéticos se vieron obligados a recurrir a la violencia.
_-_-_~^^26^^ Comisariado del Pueblo de Instrucción. 1917--1920 (Balance resumido). Moscú, 1920, págs. 4--5.
31Acerca de ello, V. I. Lenin escribió: "El sabotaje lo iniciaron los intelectuales y los funcionarios, en su mayoría burgueses y pequeñoburgueses... La irritación de los obreros y campesinos a causa del sabotaje de la intelectualidad es inevitable, y si cabe ``culpar'' a alguien es sólo a la burguesía y a sus cómplices voluntarios e involuntarios.
Si nosotros —continuaba V. I. Lenin— hubiésemos "azuzado" contra la ``intelectualidad'', deberíamos haber sido ahorcados por ello. Mas lejos de instigar al pueblo contra ella, hemos propagado en nombre del partido y en nombre del Poder la necesidad de facilitar a los intelectuales mejores condiciones de trabajo"^^27^^.
Por tanto, nada más que una parte de la intelectualidad hizo suya sinceramente la causa del pueblo. Por el contrario, la mayoría se enfrentó al Poder soviético o adoptó una actitud de neutralidad ante él. El Partido Comunista hubo de llevar a cabo una ingente labor para atraer hacia el Poder soviético no sólo a los intelectuales vacilantes, sino también a los que mantenían una actitud hostil, para reducarlos y aprovechar sus conocimientos y experiencia en la obra del fortalecimiento y la defensa del primer Estado socialista del mundo.
__ALPHA_LVL2__ SE LOGRA VENCER EL SABOTAJE. VIRAJE DE LAUno de los primeros pasos en el establecimiento del contacto entre el Poder soviético y la intelectualidad fue la superación del sabotaje. Era preciso arrancar a los intelectuales del influjo de la gran burguesía e inclinarlos a servir al pueblo. Ya el 15 de noviembre de 1917, por encargo del Gobierno soviético, el Comisario del Pueblo de Instrucción, A. Lunacharski, hizo un llamamiento en el que invitaba a los intelectuales a ayudar al pueblo trabajador. "Acudid en ayuda de él. Está rebosante de fuerzas, pero cercado por la desgracia. Gloria a quienes en la grave hora de la prueba de fuego están con el pueblo... Oprobio a quienes le abandonan. Y sabed que la revuelta, la indecente revuelta de la intelectualidad contra el pueblo trabajador, si _-_-_
~^^27^^ V. I. Lenin. Respuesta a la carta abierta de un especialista. O. C.. t. 38. pág. 220.
32 acaso continuara, sembraría de nuevas espinas su camino ya sin ellas lleno de martirios, pero no podría detener su carro. El pueblo os llama a trabajar juntos... No hay retorno al pasado".El sabotaje de los intelectuales no era un fenómeno extendido a todas partes y omnicomprensivo. A él sólo fueron arrastrados ciertos grupos de la intelectualidad, principalmente en las ciudades: empleados de las instituciones, maestros y médicos. Procede señalar a la vez que no todos los maestros, médicos y empleados se declararon en huelga. Gran número de ellos protestaron enérgicamente contra tales formas de oposición al poder revolucionario e hicieron públicas su desconformidad con la línea política de los líderes antisoviéticos de las asociaciones de intelectuales y su baja en ellas.
Dieron el ejemplo los pocos intelectuales comunistas afiliados a esas asociaciones, manteniendo con valentía y firmeza la única actitud justa: máximo apoyo al Gobierno soviético y lucha contra los promotores y organizadores del sabotaje. En la reunión del 26 de diciembre de 1917 de la directiva de la Sociedad de médicos Pirogov se dio lectura a una carta del médico bolchevique I. Rusakov con motivo del acuerdo de huelga aprobado por la directiva de la sociedad. En su carta, I. Rusakov protestaba enérgicamente contra este acuerdo y comunicaba que se daba de baja en la sociedad. Una carta análoga escribió el médico Z. Soloviov. Los médicos comunistas M. Vladímirski, N. Semashko, V. Obuj y otros llevaron a cabo una gran labor de esclarecimiento entre los trabajadores de medicina, explicándoles lo que era en esencia el Poder soviético y qué fines perseguía e invitándoles a una colaboración activa y práctica con él.
Las huelgas del personal médico levantaron una ola de protestas entre la población y, también, entre los médicos que habían permanecido fieles a su deber profesional. Los militares que se curaban en uno de los lazaretos protestaron contra la huelga del personal sanitario y pidieron a los médicos que no dejaran sin asistencia facultativa, víveres y combustible a los soldados víctimas de la guerra. Las alumnas de los Cursos Superiores Femeninos declararon en una resolución su plena solidaridad con sus compañeras de estudio que habían remplazado en sus puestos a los saboteadores. El comité sindical de empleados inferiores del Hospital urbano Yáuza acordó denegar productos alimenticios a los huelguistas y considerarlos despedidos. Al mismo tiempo, expresó profundo agradecimiento a los trabajadores sanitarios que no habían abandonado el cumplimiento de sus obligaciones.
33El proceso de viraje de las personas honradas hacia la colaboración con el Poder soviético también avanzó entre los maestros La actitud antisoviética de los dirigentes de la Union de Maestros de toda Rusia suscitó la protesta de la población y de muchos maestros progresistas, que exigieron poner fin al criminal sabotaje y no convertir la escuela en instrumento de la lucha política. En las redacciones de periódicos y revistas se recibían cartas de pedagogos que manifestaban su rompimiento con la dirección contrarrevolucionaria de la Unión de Maestros. He aquí lo que decía una de aquellas cartas colectivas: "Los abajo firmantes protestamos contra la posición adoptada por la Unión de Maestros de toda Rusia, que en momentos tan decisivos ha tomado partido claramente por los enemigos del pueblo, colocándose entre los saboteadores y expulsando de sus filas por convicciones políticas a los más prestigiosos trabajadores de la enseñanza. Protestamos, creemos inadmisible continuar en tal asociación y declaramos darnos de baja en ella''. Incluso organizaciones que estaban muy influenciadas por la dirección contrarrevolucionaria de la Unión de Maestros se rebelaron contra la política de sabotaje. A demanda de los maestros de Moscú, a finales de febrero de 1918 se efectuó un referéndum sobre el problema de la huelga. De los 1.305 participantes en él, 1.289 se pronunciaron por el cese de la huelga.
Entre los trabajadores del arte aparecían cada vez más personas deseosas de colaborar honradamente con el nuevo poder. Por ejemplo, en el Teatro Alexandrinski, al que ya nos hemos referido como uno de los centros de sabotaje, había fuerzas que acogieron lealmente los llamamientos del Gobierno soviético. Al frente de este grupo estaba el actor I. Urálov. Según el testimonio de un contemporáneo, en los momentos de mayor desenfreno de los saboteadores, cuando intentaban suspender las representaciones y hasta exigían cerrar el teatro "en señal de protesta'', I. Urálov y, con él, E. KorcháguinaAlexandróvskaya, M. Domásheva, A. Chizhévskaya y P. Leshkov, además de otros actores, prepararon urgentemente un espectáculo con el que se pudiera sustituir la representación interrumpida por los saboteadores. En la dirección del teatro se acentuó el influjo de los artistas que apoyaban el Poder soviético.
Sin embargo, a comienzos de 1918 un grupo de 35 personas anunció que abandonaba la compañía del teatro. Lunacharski se vio obligado a destituir de la dirección del teatro a F. Bátiushkov, uno de los promotores del sabotaje. En respuesta a su disposición, siguió la amenaza de baja colectiva de la __PRINTERS_P_33_COMMENT__ 3---1088 34 compañía. Al ver la lista de los que ``abandonaban'' el teatro, A. Lunacharski comentó: "En fin, amigos míos, por triste que sea, sin ellos el Teatro Alexandrinski no nos hace falta''. Así y todo, mantuvo su decisión, pero hizo grandes esfuerzos para explicar a los artistas lo que el pueblo y el Poder soviético esperaban de ellos. Su paciente, inteligente y flexible política acabó por triunfar. La vida de la compañía del Teatro Alexandrinski fue entrando por un cauce normal.
Cada día más y más intelectuales se persuadían de que habían sido engañados, de que habían servido de ciego instrumento en manos de la burguesía y de sus edecanes para la lucha contra el pueblo revolucionario. Las medidas del Gobierno soviético para mejorar la situación de la intelectualidad y para proteger los valores culturales, sus disposiciones tan progresistas sobre la implantación de una nueva ortografía, la separación entre la Iglesia y el Estado y entre la escuela y la Iglesia y la firme política del Gobierno soviético en los problemas cardinales de la vida del país mostraron a las más amplias capas de la intelectualidad que el nuevo poder actuaba en beneficio del pueblo, incluidos los intelectuales. Todo lo que había de honrado y sano en la intelectualidad de Rusia rompió con la contrarrevolución y emprendió el camino de la colaboración con el Poder soviético.
A la par con esto, el nuevo poder hubo de emplear medidas coercitivas contra los saboteadores y huelguistas más inconciliables. A iniciativa de V. I. Lenin, en diciembre de 1917 se formó la Comisión Exraordinaria de toda Rusia (Cheka) para combatir la contrarrevolución y el sabotaje. Suscitó su formación la necesidad de acabar cuanto antes con la resistencia de las clases derrocadas y sus fautores entre la intelectualidad burguesa. La Cheka sostuvo una enérgica acción contra el sabotaje, desenmascarando y castigando a sus inspiradores y organizadores.
El sabotaje causó enorme daño a la naciente República de los Soviets; la lucha contra él fue complicada y difícil, pues la intelectualidad poseía un arma de la que carecían los obreros: los conocimientos.
Ya en los primeros días del Poder soviético el partido y la clase obrera promovieron de entre sus filas a centenas de organizadores talentosos, que remplazaron con éxito a los especialistas saboteadores. Los obreros y los comunistas más instruidos asumieron la dirección de los bancos, de la instrucción pública y de muchas fábricas. Por ejemplo, al bolchevique N. Markin, antiguo marinero, se le encargó de normalizar la actividad del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros. 35 Dirigió la edición de los documentos diplomáticos secretos: los tratados secretos del zarismo contrarios a los intereses del pueblo. Sin embargo, los obreros de vanguardia sólo pudieron ser utilizados principalmente para formar el aparato administrativo. En cuanto a las esferas de la economía y de la cultura, en las que se exigía conocimientos especiales, los intelectuales, en los que estaban personificados estos conocimientos, eran imprescindibles.
Acabar con el sabotaje significaba lograr que volviese al trabajo el especialista saboteador e impelerle a cumplir sus obligaciones. Debe señalarse que en aquel tiempo no se reprimió con rigor a los saboteadores. En realidad, no se les impuso otros castigos que la confiscación de sus fondos, la detención por poco tiempo de los dirigentes del sabotaje, la privación de la ración de alimentos y la suspensión de sueldo. Aquello fue una lucha, pero no una lucha contra la intelectualidad como tal, sino contra los desertores del frente del trabajo, que habían condenado al pueblo a nuevos sufrimientos. Como todo poder legítimo, el Poder soviético tenía perfecto derecho, incluso desde el punto de vista de la legalidad burguesa, a imponer el cumplimiento de sus obligaciones directas ante el Estado a los ciudadanos que se negaban a hacerlo guiándose por fines políticos preconcebidos.
El Poder soviético castigó no sólo por la organización del sabotaje, sino también por la persecución a los intelectuales que habían aceptado el programa soviético. Les defendió contra las represalias de los reaccionarios y les prestó apoyo moral.
En la primavera de 1918 el sabotaje de la intelectualidad había sido, en lo fundamental, vencido. Un motivo muy importante que influyó en el cambio de actitud de los intelectuales fue la marcha triunfal del Poder soviético por el país, el desplome del viejo aparato del Estado y su remplazamiento por un nuevo aparato. La disolución de la Asamblea Constituyente^^28^^ echó por tierra las esperanzas de las fuerzas _-_-_
~^^28^^ La Asamblea Constituyente en Rusia era una institución representativa de la población. La convocación de la Asamblea Constituyente la preparó el Gobierno Provisional en 1917 bajo la presión de las masas. Las elecciones se celebraron en noviembre, pero según las listas confeccionadas antes de la Revolución de Octubre. Por ello, en la Asamblea Constituyente predominaban los partidos contrarrevolucionarios. Convocada en Petrogrado el 5 (18) de enero de 1918, la Asamblea se negó a ratificar los decretos del II Congreso de los Soviets sobre la tierra, la pa7. y el paso del poder a los Soviets y la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado. El 6 de enero, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia disolvió por decreto la Asamblea Constituyente.
36 contrarrevolucionarias en una victoria próxima. Esta circunstancia no podía dejar de reflejarse en la posición de los grupos que saboteaban el nuevo poder. Por ejemplo, los delegados al Congreso de maestros de la gubernia de Moscú señalaron en una resolución sobre la actitud de los maestros hacia el Poder soviético que la coyuntura política había cambiado bruscamente en el último tiempo en el sentido del paso de todo el aparato del Estado, tanto en el centro como en las localidades, a manos de los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados. El congreso reconoció que era "imposible la acción colectiva de los maestros contra este poder en forma de huelgas" y estimó necesario para los maestros entrar en relaciones prácticas con el Poder de los Soviets.Señalaremos que el cese del sabotaje de los intelectuales estuvo ligado en cierta medida a la reanudación en febrero de 1918 de las operaciones militares de la Alemania imperial contra la República Soviética. Esto repercutió especialmente en los médicos huelguistas. Su situación en unas condiciones de fervor general del pueblo para hacer frente al enemigo se hizo angustiosa y equívoca, provocando contra ellos el odio del pueblo, que los miraba como a cómplices de facto de los ocupantes alemanes. Esta fue una de las razones por la que la asamblea de trabajadores de medicina de Moscú acordó el 2 de marzo de 1918 formar un cuerpo sanitario para atender a las unidades del Ejército Rojo. A los defensores de la patria enfermos y heridos ofrecieron su ayuda la Unión de Enfermeras de toda Rusia y los estudiantes de la Academia Militar de Medicina. El conocido microbiólogo D. Zabolotni dirigió el trabajo de los equipos antiepidémicos.
La intervención militar extranjera, emprendida por los países de la Entente, y la exacerbación de la guerra civil también aceleraron el proceso de diferenciación de la intelectualidad y el viraje hacia su colaboración con el Poder soviético. Grupos considerables de intelectuales ofrecieron sus servicios al nuevo poder. Por ejemplo, en marzo de 1918, el presidente de la Academia de Ciencias, A. Karpinski, en una carta a A. Lunacharski, comunicaba que entre el personal de la Academia había arraigado la opinión de que era necesario colaborar con el Poder soviético. Muchos intelectuales que se consideraban situados al margen de la política empezaron a interesarse vivamente por los acontecimientos políticos que conmovían al país. Así lo prueban los mítines de intelectuales y sus intervenciones a través de la prensa. Todos los intelectuales honrados reaccionaron con la mayor indignación al conocer el abominable atentado contra V. I. Lenin. En este período se 37 empezó a constituir organizaciones de masas de los intelectuales que se regían por los principios soviéticos. Algunas de estas nuevas asociaciones de intelectuales surgieron espontáneamente, a iniciativa de las personas más progresistas y siempre obtuvieron el apoyo más resuelto del Partido Comunista y del Estado soviético. Ya a finales de 1917, un grupo de trabajadores de medicina progresistas puso comienzo a la formación en Petrogrado de su asociación profesional, a la que se dio el nombre de Unión Federal de Trabajadores de Medicina de toda Rusia. A mediados de marzo de 1918, también en Moscú y su gubernia organizaron los trabajadores de medicina su asociación profesional, que, según sus estatutos, tenía entre otras tareas la de "prestar su concurso al Poder soviético en la organización de la obra médica y en el estudio de los problemas médico-sanitarios, en consonancia con las tareas de la República Soviética y de la organización de los trabajadores de medicina que aceptaban el programa del Poder soviético''. A fines de 1917, en oposición a la contrarrevolucionaria Unión de Maestros de toda Rusia, se fundó la Unión de Maestros Intemacionalistas, que agrupaba a todos los trabajadores en la esfera de la enseñanza y de la educación que "se mantenían sobre el terreno de la revolución social..."
Organizaciones y asociaciones análogas se formaron igualmente entre los intelectuales:artistas, pintores y periodistas, así como entre los funcionarios del Estado. A comienzos de 1919, los sindicatos que reconocían el Poder soviético agrupaban: 58.683 trabajadores de correos y telégrafos; 505.241 trabajadores de las instituciones de los Soviets, sociales y comerciales; 27.234 trabajadores de banca; 12.613 trabajadores de farmacias; 97.779 trabajadores de medicina; 27.586 trabajadores del arte; 18.557 trabajadores agronómicos, y 15.007 trabajadores de silvicultura. En total, unas 800.000 personas.
En el otoño de 1918 fue más rápido el proceso de viraje de los intelectuales hacia la colaboración con el Poder soviético. Por entonces un número considerable de especialistas burgueses ya trabajaban en instituciones y empresas soviéticas, centros científicos y escuelas superiores y servían en unidades del Ejército Rojo. Interesante exponente del viraje de la intelectualidad hacia el Poder soviético fueron los mítines conjuntos de obreros e intelectuales celebrados durante el otoño de 1918 en diversas grandes ciudades del país. En la organización de estos mítines participaron Máximo Gorki y A. Lunacharski. Al que tuvo lugar en Petrogrado el 6 de octubre asistieron más de 20.000 personas. Los reunidos aprobaron unánimemente una resolución que decía:
38"La asamblea de obreros e intelectuales convocada por la Comuna de Trabajo de Retrogrado y presidida por Máximo Gorki, después de haber oído a varios oradores, reconoce que la historia del último año ha mostrado el profundo carácter popular de la Revolución de Octubre... La asamblea considera necesario el acercamiento entre el pueblo-dictador trabajador revolucionario y los elementos sanos de la intelectualidad trabajadora, que reconoce la justedad de la política general del Poder soviético y está duspuesta a sostener estrechamente unida con la clase obrera y con los campesinos pobres la gran lucha por el socialismo''. Las resoluciones de tales mítines influían sobre amplios círculos de intelectuales, incluidos los que se negaban obstinadamente a colaborar con el Poder soviético.
Una ilustración no menos brillante del viraje de la democracia pequeñoburguesa hacia el Poder soviético fue el cambio de actitud política de una parte de los miembros de los partidos de los mencheviques y de los eseristas. Temeroso de perder definitivamente el prestigio entre las masas, ya sin ello profundamente deteriorado, el CC del partido de los mencheviques, reunido del 17 al 21 de octubre de 1918, aprobó una resolución en la que exhortaba a rechazar por el partido la colaboración política "con las clases hostiles a la democracia''. En otra resolución, del 14 de noviembre, el CC de los mencheviques expresó su disposición a romper "decidida e irrevocablemente" su alianza con la burguesía y "adoptar una actitud incondicionalmente adversa a la intervención de los rapaces extranjeros...'' Los mencheviques declararon que reconocían el Poder soviético "como hecho de la realidad, pero no como principio''. A pesar de que la última reserva acreditaba que los mencheviques seguían siendo esencialmente enemigos del bolchevismo, su declaración de que renunciaban a la lucha activa contra el Poder soviético fue valorada como un hecho positivo por el Gobierno soviético.
Una posición semejante adoptaron los eseristas de derecha. En la resolución aprobada el 8 de febrero de 1919 por su conferencia se llamaba a las organizaciones eseristas de derecha a combatir contra los guardias blancos y los intervencionistas. La conferencia se pronunció en contra del derrocamiento del Poder soviético mediante la lucha armada y la formación de un bloque con la burguesía.
El Partido Comunista comprendía muy bien que la naturaleza social de la pequeña burguesía determinaba sus constantes fluctuaciones en dependencia de la correlación de las fuerzas en lucha en cada momento dado y que los partidos 39 pequeñoburgueses eran compañeros de viaje poco seguros, proclives a la vacilación y a la traición, como habría de demostrar el giro ulterior de los acontecimientos. Mas a pesar de todas estas vacilaciones y traiciones de la democracia mencheviqueeserista, los bolcheviques apoyaron el viraje de estos partidos hacia el Poder soviético, ya que, en definitiva, de lo que se trataba no era de los partidos pequeñoburgueses, sino de las masas pequeñoburguesas, incluida la intelectualidad.
``No basta apoyar este viraje y acoger amistosamente a quienes vienen hacia nosotros —escribió V. I. Lenin—. Un político que comprenda sus tareas debe aprender a suscitar ese viraje en las distintas capas y grupos de la amplia masa democrática pequeñoburguesa si está convencido de que existen causas históricas serias para semejante viraje''. Pero esto no significa en modo alguno, advirtió Lenin, que se deba renunciar a reprimir a los enemigos. "Sería una farsa intentar ``convencerlos'', y, en general, "influir psicológicamente" en ellos. Pero en la misma medida, si no más, sería ridículo y estúpido insistir exclusivamente en la táctica del aplastamiento y del terror con relación a la democracia pequeñoburguesa cuando la marcha de los acontecimientos la obliga a orientarse hacia = nosotros"^^29^^.
Las causas del viraje de la democracia pequeñoburguesa hacia el Poder soviético en aquel período hay que buscarlas ante todo en la política del Partido Comunista con respecto a los intelectuales, así como en los cambios operados en la situación interior e internacional de la República Soviética en el otoño de 1918. El período transcurrido desde la Revolución de Octubre había enseñado mucho a los intelectuales. Vieron que el Poder soviético era fuerte y que las masas populares, bajo la dirección de los bolcheviques, se afanaban por restablecer la economía, conservar los valores culturales y concertar la colaboración honrada con la intelectualidad. En su artículo Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin, V. I. Lenin señaló los motivos principales que promovieron el viraje de la democracia pequeñoburguesa hacia la colaboración con el proletariado y el derrumbamiento de sus ilusiones. Estos motivos habían sido, en primer lugar, la bancarrota del imperialismo alemán y la anulación del tratado de Brest en noviembre de 1918, que dificultó mucho el acercamiento entre la intelectualidad y el Poder soviético, y, en segundo lugar, la implacable revelación _-_-_
~^^29^^ V. I. Lenin. Las precioxux confesiones de Pitirim Sorokin. O. C.. t. 37. pág. 194.
40 por el curso de los acontecimientos de la falsedad de la fe en la "democracia pura".La firma, en marzo de 1918. de la increíblemente penosa paz de Brest con Alemania obedeció a la necesidad de obtener una tregua en la guerra y no permitir al imperialismo alemán que aplastara la revolución. En su gran mayoría, la intelectualidad juzgó esta paz como ``humillante'', ``vergonzosa'' y ``traidora''. "La amargura, la ira y la furiosa indignación suscitadas por esta paz son comprensibles'', escribió = Lenin^^30^^. Todo esto creó enormes dificultades para atraer moralmente a los intelectuales hacia el Poder soviético.
Una importante razón del viraje de la intelectualidad hacia el Poder soviético fueron los acontecimientos de la guerra civil, que hicieron ver claramente a los intelectuales que la intervención y la contrarrevolución de los guardias blancos constituían una amenaza de muerte para Rusia. Ante la intelectualidad se planteó el dilema de aceptar el Poder soviético, que defendía los intereses del pueblo trabajador, o pronunciarse por la república burguesa, bajo la égida del imperialismo anglo-norteamericano, que restablecía la reacción en todo el mundo.
La parte de la intelectualidad en la que estaban arraigados los sentimientos patrióticos y que estimaba la independencia nacional de Rusia se iba convenciendo día tras día de que era sólo el Partido Bolchevique quien defendía esta independencia y decidió ponerse al servicio del Poder soviético. El conocido físico soviético Abraham loffe refiere en su libro Mi vida y trábalo, cómo llegó a reconocer la legitimidad de los Soviets: "El significado de la Revolución de Octubre no lo comprendí de golpe. En la toma del poder por los bolcheviques vi al principio un episodio de la revolución, determinada por el afán de poner fin a la guerra, y pensaba que los campesinos, provistos de armas como resultado de la desmovilización, jugarían el papel decisivo, pero que no serían capaces de mantenerse en el poder. Sin embargo, mi estancia durante el verano en Crimea, donde bajo la protección del ejército de ocupación alemán se mantenía el poder de la burguesía, el atentado a Lenin en Moscú y el odio feroz de los liberales crimeos al proletariado me decidieron definitivamente a fijar mi actitud. Para mi ya no cabía duda: aquí, ante el proletariado, un esplendoroso futuro; allí, ante la burguesía, el mísero pasado podrido. Al regresar en septiembre de 1918 a Petrogrado decidí firmemente unir para siempre mi destino con el País de los Soviets y contribuir con mi aporte a la _-_-_
~^^30^^ Ibídem. pág. 190.
41 futura construcción''. El camino seguido por A. loffe hacia el Poder soviético fue el típico de muchos intelectuales.El viraje de la intelectualidad hacia la colaboración con el Poder soviético fue tomado en consideración y aprovechado inmediatamente por el Partido Comunista. Lenin escribió varios artículos en los que analizó las causas del acercamiento de la pequeña burguesía al proletariado y formuló las tareas del partido en la nueva situación. En una asamblea de activistas del partido celebrada el 27 de noviembre de 1918 en Moscú, V. I. Lenin dijo que era necesario aprovechar al máximo el viraje de la intelectualidad hacia el Poder soviético y atraer a grupos cada vez más considerables de ella a la construcción del socialismo.
La actividad del Partido Comunista en esta dirección adquirió gran amplitud sobre todo después de aparecidas las resoluciones del VIII Congreso del partido, que expresó en el Programa el criterio cardinal del partido sobre la intelectualidad, atribuyendo una importancia vital a la utilización de la experiencia y los conocimientos de los intelectuales en provecho de la edificación del socialismo. Las resoluciones del congreso contribuyeron mucho a la vez a hacer cambiar la actitud de las masas trabajadoras hacia la intelectualidad y a que esta misma modificara su conducta.
La política del Partido Comunista, política justa, fundada en el análisis de la correlación objetiva de fuerzas entre las clases y de la naturaleza social de la intelectualidad, reportó fructíferos resultados. El Estado soviético incorporaba a su aparato un número cada vez mayor de especialistas. Científicos, ingenieros, maestros, médicos, expertos militares y otros especialistas iban entrando al servicio del Poder soviético.
El Partido Comunista se daba perfecta cuenta de que las vacilaciones de los intelectuales con inclinación hacia la burguesía continuarían en el futuro, que el éxito más insignificante de la contrarrevolución movería a parte de la intelectualidad a ganar el campo del enemigo y de que, al cambiar la situación, retornaría a servir al Poder soviético. Lenin enseñaba a no temer esta volubilidad de los intelectuales. Dijo que sus titubeos eran inevitables. "Pero nosotros, a través de todas estas vacilaciones, conseguiremos que las capas de los intelectuales cultos engrasen las filas de los colaboradores soviéticos y eliminaremos a los elementos que continúen apoyando a los guardias = blancos"^^31^^.
_-_-_~^^31^^ V. I. Lenin. Informe sohre el programa del partido, pronunciado el 19de ni/ir:n. (VIII Coiif-reso del PC (h) de Rusia.) O. C.. t. 38. pág. 169.
[42] __NUMERIC_LVL1__ Capítulo II __ALPHA_LVL1__ LA POLÍTICALa clase obrera de Rusia empezó a construir el socialismo en una situación extraordinariamente complicada y difícil. La guerra mundial había dejado extenuada la ya de por sí débil economía del país. La industria sufría una aguda insuficiencia de mano de obra, materias primas y equipo. Las fuerzas productivas de la agricultura también habían sido quebrantadas. La población del inmenso país pasaba hambre. El poder de los obreros y campesinos debía hacer frente a la encarnizada resistencia de la contrarrevolución interior, apoyada por los imperialistas extranjeros.
La falta casi absoluta de personal cualificado para dirigir el Estado, la economía y el ejército planteaba arduas tareas a la clase obrera y al Gobierno revolucionario. Es natural, pues, que en el período inicial de la existencia del Estado soviético fuera importantísimo incorporar a los intelectuales de la Rusia zarista a la construcción del socialismo, a la defensa del país y a la preparación de nuevos especialistas entre los obreros y campesinos. "La cuestión de los especialistas burgueses está planteada en el ejército, en la industria, en las cooperativas, en todas partes. Es una cuestión muy importante en el período de transición del capitalismo al = comunismo"^^1^^, dijo V. I. Lenin en el VIII Congreso del partido.
La historia de la lucha revolucionaria no conocía la experiencia de utilización a gran escala por los obreros y los campesinos, de especialistas ajenos a su causa y, en muchos casos, hostiles a ella. Esta cuestión tampoco había sido _-_-_
~^^1^^ V. I. Lenin. Informe sobre el programa del partido, pronunciado el 19 de marzo. (VIII Congreso del PC (h) de Rusia.) O. C., t. 38. pág. 165.
43 __RUNNING_HEADER_RIGHT__ LA POLITICA DEL PARTIDO COMUNISTA... elaborada teóricamente. Lenin señaló: "Cuando incluimos en el programa revolucionario de nuestro partido el problema de los especialistas, resumíamos la experiencia práctica de nuestro partido sobre uno de los problemas más importantes. No recuerdo que los precedentes maestros del socialismo, que previeron mucho de la futura revolución socialista y señalaron muchos de sus rasgos, no recuerdo, digo, que se manifestaran sobre este = problema"^^2^^.En la solución del problema de la incorporación de los intelectuales que la vieja sociedad había dejado al Estado proletario, el Partido Comunista se rigió por los planteamientos básicos formulados por V. I. Lenin y por sus indicaciones prácticas.
En muchas de sus obras que tratan del período prerrevolucionario, Lenin puso al descubierto la naturaleza de clase de los intelectuales como capa social intermedia que vacila entre las clases fundamentales de la sociedad y trazó las vías y formas de utilización de los especialistas burgueses. En su obra ¿Se mantendrán los bolcheviques en el podef. (septiembre de 1917), escribió que el proletariado, después de tomar el poder, pone a su servicio a los economistas, ingenieros, agrónomos y otros especialistas, pero implanta obligatoriamente sobre ellos el control de las organizaciones obreras.
Lenin dispensó especial importancia a este problema después de la conquista del poder político por el proletariado, cuando la naciente República Soviética perseguía el objetivo de aprovechar para la transformación socialista de Rusia todas las realizaciones de la ciencia, la técnica y la cultura del capitalismo. Lenin consideraba que el socialismo hay que empezar a construirlo sobre la base tecnoeconómica que ha quedado de la vieja sociedad, utilizando por todos los medios a la intelectualidad burguesa, en cuyos conocimientos, habilidad y experiencia está personificado el aspecto ``espiritual'' de la producción capitalista. "... Del capitalismo aplastado no se puede vivir —señalaba—. Hay que tomar toda la cultura que dejó el capitalismo y construir el socialismo a base de ella. Hay que tomar toda la ciencia, la técnica, todos los conocimientos, el arte. Sin eso no podemos edificar la vida de la sociedad comunista. Y esa ciencia, esa técnica y ese arte los poseen los especialistas, están en sus = cabezas"^^3^^.
Lenin advertía que la tarea de atraer a los especialistas de la vieja sociedad a la construcción del socialismo, con abstracción _-_-_
~^^2^^ V. I. Lenin. Informe del Comité Central. O. C., t. 38. pág. 139.
~^^3^^ V. 1. Lenin. Exitos y dificultades del Poder soviético. O. C.. t. 38. pág. 55.
44 __RUNNING_HEADER_LEFT__ S. FEDIUKIN de sus ideas políticas, es compleja y difícil, pero, a la vez, no hay más remedio que cumplirla, porque tiene inmenso alcance para el proletariado. No es casual, pues, que V. I. Lenin caracterizase la utilización de los intelectuales burgueses como una forma de la lucha de = clases.^^4^^ Ahora bien, es una forma especial de la lucha de clases, que se distingue sustancialmente de formas como el aplastamiento de la resistencia de las clases explotadoras, la guerra civil y otras.No era una forma de lucha de clase contra la intelectualidad como tal, sino una lucha por ella.
En tanto que respecto a las antiguas clases explotadoras el proletariado seguía la política de aplastamiento de su resistencia, en orden a la intelectualidad de la época zarista el Partido Comunista se orientaba a ejercer una "sistemát(ica) influencia rectora (también = lucha, pero de género especial, superación, verdad es, de cierta resistencia, pero = completamente distinta...)"^^5^^. AI mismo tiempo, esta forma de la lucha de clases presuponía que el sujeto paciente de la influencia no era sólo la intelectualidad. El Partido Comunista debería llevar a cabo una tesonera y sistemática labor a fin de hacer cambiar la actitud de la clase obrera y todas las masas trabajadoras hacia los intelectuales. Es más, se necesitaba lograr la unidad de criterio y de acción en el propio seno del partido, venciendo los estados de ánimo sectarios de izquierda y nihilistas entre una parte de los comunistas. Por lo tanto, esta forma de la lucha de clases era multifacética y complicada, no estando exenta de contradicciones dialécticas.
A juicio de V. I. Lenin, una condición imprescindible de la incorporación de los intelectuales de la Rusia zarista a la construcción del socialismo era la implantación del control sobre su actividad por parte de la clase obrera y de su partido. El Partido Comunista y la clase obrera invitaban a los intelectuales a colaborar activamente. Para asumir la dirección política de la sociedad, la clase obrera había sido preparada por toda la experiencia anterior de la lucha de clases y no estaba dispuesta a ceder a nadie su "mando supremo''. Mas en lo que se refería al ejercicio práctico de su dictadura, a la "técnica de la gobernación'', a la aptitud, apoyada en fundamentos científicos, para organizar la vida económica y cultural del país, la experiencia del proletariado victorioso era escasa y debería adquirirla. Por ello, V. I. Lenin consideraba necesario que los obreros y campesinos aprendieran de modo sistemático y _-_-_
~^^4^^ Véase V. I. Lenin. La dictadura del proletariado. O. C.. t. 39, pág. 264.
~^^5^^ Recopilación leninista. Moscú-Leningrado, III, pág. 494.
45 perseverante las enseñanzas de estos intelectuales, de los especialistas en el ámbito de la ciencia, la técnica, la cultura y el arte militar. Podríamos aducir numerosos ejemplos demostrativos de cómo Lenin criticaba acerbamente la presunción burocrática y la propia idea de que la clase obrera no tenía que aprender nada de la burguesía vencida. "Nuestra tarea —dijo— es atraer, a modo de ensayo, gran cantidad de especialistas, remplazados luego mediante el adiestramiento de nuevo personal de mando, de un nuevo conjunto de especialistas que habrán de aprender el dificilísimo, nuevo y comlejo oficio de administrar"^^6^^.Para Lenin, el problema de la participación de los especialistas del viejo régimen en la construcción soviética estaba ligado indisolublemente con la cuestión general de la actitud hacia la herencia cultural del pasado. Señaló una y otra vez que eran los trabajadores, con todo derecho, los herederos de la "suma de conocimientos humanos" y que sin llegar a poseer esta herencia, sin conocer todas las realizaciones de la cultura universal no podrían poner manos a la construcción de la cultura del futuro, la cultura socialista, y, por consiguiente, serían incapaces de edificar el socialismo. Lenin entendía que el conocimiento y la transformación con sentido creador de la cultura creada a lo largo del desarrollo de la sociedad humana constituían una condición obligatoria e indispensable.
Definir claramente la posición del Partido Comunista en orden a la herencia cultural del pasado era importante también para atraerse moralmente a las fuerzas culturales de la nación, pues los intelectuales burgueses cambiarían su actitud hacia el proletariado, serían vencidos moralmente y empezarían a ponerse de su parte nada más que cuando viesen en la realidad que las capas avanzadas de la clase obrera no sólo tenían en alta estima la cultura, sino que ayudaban a llevarla a las masas.
En aquellos tiempos estaban extendidas entre círculos bastante amplios de la intelectualidad de la Rusia zarista las tendenciosas ideas de que la revolución provoca el derrumbamiento general de la cultura y la muerte de la civilización. Los intelectuales burgueses, perplejos, desesperados, gemebundos, repitiendo los viejos prejuicios, intimidados y asustándose a sí mismos, lloraban la cultura ``pereciente''. Atribuían a todos los trabajadores el anarquismo de las capas pequeñoburguesas, que les atemorizaba y repelía. El académico S. Oldenburg, _-_-_
~^^6^^ V. I. Lenin. = El VII Congreso de los Soviets de tuda Rusia. .O.C., t. 39, pág. 431.
46 refiriéndose a sus inquietudes en aquellos complicados días, las describía con estas palabras: "Sobre todo era grande el peligro para la cultura, cuyas profundas raíces arrancaban de la vieja vida anterior y, por eso, parecía a menudo completamente inaceptable o poco adecuada para el nuevo régimen. De ahí que fuera excepcionalmente difícil encontrar en este aspecto el verdadero camino. Hubo momentos en que parecía llegar el fin de la cultura, y de la ciencia, ligada a ella, en que parecía que nadie las necesitaba en aquella gran revolución realizada con tanta rapidez".Los literatos mencheviques y eseristas instigaban los juicios pesimistas sobre los procesos históricos y espirituales suscitados por la Revolución de Octubre. Y debe decirse que muchos intelectuales de la época zarista picaron en el anzuelo de las falaces afirmaciones que culpaban a los bolcheviques de la destrucción de la civilización, no vieron más que el derrumbamiento de lo viejo y declararon abiertamente que no trabajarían bajo la dirección del Poder soviético.
Complicó la situación el que V. I. Lenin y el Partido Comunista hubieron de luchar contra la actitud nihilista mantenida por Pmletkult. Aprovechándose del inmenso afán de conocimientos y de cultura que mostraba el pueblo, Proletkult extendió por todo el país una red de clubes obreros, círculos literarios, estudios de artes plásticas y grupos teatrales. Todo esto era muy necesario y útil. Sin embargo, los dirigentes de Proletkult divergían radicalmente en sus planteamientos de la política del Partido Comunista. Declaraban que la tarea primordial de la clase obrera consistía en crear una "cultura proletaria específica'', que repudiara por entero la herencia de las generaciones anteriores. Los dirigentes de Proletkult rechazaban las mejores obras del genio humano fundándose en que habían sido creadas en las condiciones de la sociedad explotadora. Estos ``revolucionarios'' incitaban a destruir los museos, a "quemar a Rafael'', a "pisotear las flores del arte''. Proponían suprimir en las escuelas la enseñanza de la historia y de la literatura clásica, reducir los cursos de ciencias naturales, etcétera.
Los ideólogos de Proletkult menospreciaban a la intelectualidad artística de la época zarista, pues consideraban que la tarea de la construcción de la cultura proletaria sólo podía ser cumplida por las fuerzas del propio proletariado, esto es, por los científicos, pintores, artistas, ingenieros, etcétera, salidos de su seno. Incluso la idea misma del carácter del arte proletario se reducía en ellos a negar el contenido ideofigurativo del arte y su significación estética.
47Lenin fustigó despiadadamente a los ideólogos de Proletkult, tildándoles de fantaseadores aislados de la vida, que podían inferir considerable daño al Estado y al pueblo. En su discurso en el III Congreso del Komsomol, celebrado en octubre de 1920, dijo: "La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no es una invención de los que se llaman especialistas en cultura proletaria. Eso es pura necedad. La cultura proletaria tiene que ser el desarrollo lógico del acervo de conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad capitalista, de la sociedad terrateniente, de la sociedad = burocrática"^^7^^.
A la vez, V. I. Lenin y el Partido Comunista subrayaban que heredar la cultura del pasado y penetrarse de ella no significaba ser poco escrupulosos en la selección del acervo cultural. Combatieron porfiadamente los intentos de enfocar con criterio simplista y global la herencia cultural y se opusieron a quienes afirmaban que era posible aprovechar incondicionalmente y sin crítica alguna todos los elementos de la vieja cultura. Heredar la cultura de la sociedad precedente significaba que se debía separar de ella todo lo rutinario, reaccionario y antipopular y poner al servicio de la nueva sociedad todos los elementos valiosos, saludables y democráticos contenidos en ella.
Como ya se ha dicho, parte considerable de la intelectualidad burguesa reaccionó hostilmente ante la Revolución de Octubre o se declaró neutral respecto al poder proletario. ¿Cuál fue la actitud del Poder soviético hacia los diferentes grupos de la intelectualidad?
En cuanto a los intelectuales que se habían alistado en el campo de la contrarrevolución y los intervencionistas, contra ellos se sostuvo una lucha sin cuartel, que llegaba hasta el terror. Pero en cuanto estos intelectuales empezaron a vacilar y desde las posiciones enemigas fueron pasando a las de neutralidad y de colaboración con el Poder soviético, con ellos se establecieron relaciones de entendimiento y de buena vecindad.
No tuvo nada de extraño ni fue inesperado que cierta parte de los intelectuales burgueses se proclamara neutral ante el poder de los obreros y campesinos y declarase que se mantenía "al margen de la política'', pues no hay revoluciones que puedan triunfar y convencer de pronto, logrando que al momento se ponga la fe en ellas. Hubiera sido ingenuo esperar que inmediatamente después de la toma del poder por el proletariado todas las clases y capas de la sociedad harían suya la ideología socialista. La tarea no estribaba en que al día siguiente _-_-_
~^^7^^ V. I. Lenin. Tareas de las juventudes comunistas. O. C.. t. 41. pág. 304.
48 de la revolución se hicieran partidarios de ella los que sustentaban otras ideas. El objetivo del partido consistía en atraer a la obra del robustecimiento de la nueva sociedad y conquistar moralmente a los intelectuales que se decían neutrales. Más aún, V. I. Lenin consideraba la neutralidad como un peldaño en la vía de la intelectualidad hacia el reconocimiento de las ideas socialistas: "... de la hostilidad al bolchevismo pasar a la neutralidad, y luego a = apoyarlo..."^^8^^.Huelga decir que en una situación de encarnizada lucha de clases la neutralidad de la pequeña burguesía y de los intelectuales no es más que una ficción, un prejuicio político. El intelectual que se definiese como neutral entraría a servir a los enemigos del Poder soviético apenas la contrarrevolución alcanzara cualquier éxito, por pequeño que fuera. Así y todo, esta neutralidad inconsistente, vacilante e indefinida fue reconocida y ayudó al robustecimiento del Poder soviético. Si el Partido Comunista hubiese visto en la neutralidad de los intelectuales un mal absoluto y hubiera conducido la lucha contra él partiendo de que el neutral es un enemigo, en realidad o en potencia, entonces, como dijera Lenin, nos habríamos desbaratado a sí mismos. Desarrollando esta idea, Lenin añadió: "Y cuando dicen que quieren ser neutrales y vivir en términos de buena vecindad con nosotros, respondemos: eso es, precisamente, lo que = deseamos"^^9^^.
Además, los comunistas razonaban como hombres prácticos: en unas condiciones de agudísima falta de especialistas cualificados, era necesario utilizar a la intelectualidad neutral, apolítica, y sacar de esa actitud suya el mayor provecho posible. Había que llegar a un acuerdo con ella, establecer un compromiso. Es más, habría sido un error temer el espíritu reaccionario de tales o cuales elementos, inevitable en el primer período de la existencia del Poder soviético. Por el contrario, era preciso atraerlos ampliamente a la obra de la construcción y de la defensa del Estado socialista.
La neutralidad de los intelectuales fue, hasta cierto momento, ventajosa para el Poder soviético. Por sus concepciones ideológicas, la intelectualidad, sobre todo sus altas esferas, estaba más cerca de la burguesía que de la clase obrera, y si, esgrimiendo un ``apoliticismo'' y una ``neutralidad'' espectrales no se había decidido a levantar la espada por la _-_-_
~^^8^^ V. I. Lenin. = Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin. O. O, t. 37, pág. 193.
~^^9^^ V. I. Lenin. = Reunión de activistas del partido de Moscú. O. C., t. 37. pág. 220.
49 contrarrevolución, sino que tomó el camino de la colaboración con el Poder soviético, esto debía ser apreciado como un fenómeno positivo. De otro modo, habrían ganado los enemigos de la revolución y el Poder soviético se hubiera visto privado de un número considerable de especialistas altamente cualificados. En aquel tiempo para el Estado soviético fue preferible que cierta parte de los intelectuales se mantuviera ajena a los partidos, apolítica y neutral a que tomara parte en la lucha activa contra la dictadura del proletariado.A la par que veía en la neutralidad de los intelectuales un fenómeno objetivamente útil para el Poder soviético, el Partido Comunista les explicaba que debían abandonar su neutralismo y que no era posible que viviesen en la sociedad soviética y permanecieran extraños a sus intereses y aspiraciones.
La política leninista de incorporación de los intelectuales burgueses a la dirección de la economía y del ejército y al desarrollo de la cultura fue objeto de virulentos ataques de los grupos oportunistas, sobre todo el de los "comunistas de izquierda"^^10^^. Por ejemplo, a comienzos de 1918, en sus Tesis sobre el momento actual, los ``izquierdistas'', en vez de analizar sensatamente la situación y tomar en consideración el estado real de las fuerzas, levantaron un alboroto demagógico, acusando a V. I. Lenin de que aplicaba una política de "restablecimiento de la dirección de los capitalistas'', de "centralización burocrática de la República Soviética y trapichees de gabinete con negociantes burgueses y pequeñoburgueses''. En los momentos en que la clase obrera estaba dedicada a cumplir complejas tareas de organización, los ``izquierdistas'' seguían enseñando los dientes a las medidas prácticas del partido para organizar la economía, sobre todo en lo que se refería a la utilización de los especialistas burgueses. La opinión de los "comunistas de izquierda" de que los especialistas burgueses eran un elemento puramente parasitario, del que, en realidad, se podía prescindir en la producción, sólo hacía el juego a los enemigos del Poder soviético.
Añádase a esto que las consignas demagógicas de los "comunistas de izquierda" encontraban eco entre cierta parte de los obreros. Los ``izquierdistas'' se aprovecharon hábilmente de la desconfianza de las masas obreras a los especialistas, como _-_-_
~^^10^^ Los "comunistas de izquierda" constituían un grupo fraccionalista en el Partido Comunista, organizado en diciembre de 1917. durante el período de las negociaciones sobre la paz de Brest con Alemania. La lucha del partido contra los "comunistas de izquierda" giró en torno a diversos problemas cardinales del marxismo-leninismo en la nueva situación histórica.
__PRINTERS_P_49_COMMENT__ 4---1088 50 auxiliares de la burguesía —desconfianza natural en aquella situación—, para oponerse a la política leninista de máxima utilización de los especialistas de la vieja sociedad para construir el socialismo.Lenin criticó duramente a los "comunistas de izquierda'', diciendo que su actitud no podía ser más vergonzosa y significaba la completa abjuración del marxismo. Señaló que los ``izquierdistas'' no habían comprendido toda la complejidad y las peculiaridades de las formas de la lucha de clase que el proletariado debería sostener después de la conquista del poder. No tenían en cuenta que no todas las contradicciones formadas en el capitalismo a lo largo de un proceso histórico se solucionan por el simple hecho de la conquista del poder y de la expropiación de la burguesía por el proletariado y que la clase obrera sólo puede resolverlas a través de una larga y porfiada lucha de clases.
Nada, en verdad, distinguía de los "comunistas de izquierda" a los anarquistas en la cuestión de la intelectualidad de la Rusia zarista. Acusando calumniosamente a Lenin de "complicidad con la burguesía'', los anarquistas exigían la represión masiva de la intelectualidad como principal método de influencia del Poder del Estado sobre ella. El anarquista A. Gue, en una sesión del Comité Ejecutivo Central de toda = Rusia^^11^^, declaró que a los ``especialistas'' sólo se les podía obligar a trabajar bajo amenaza de fusilamiento.
La cuestión sobre la incorporación de oficiales y generales del antiguo ejército a la defensa del país provocó discusiones verdaderemante tempestuosas. Esta cuestión era tan delicada y compleja, y su justa solución tenía tanta importancia para fijar la política general del partido con relación a los intelectuales y para la defensa de la República de los Soviets, que hubo de ser sometida al examen del VIII Congreso del partido.
La mayoría de los delegados al congreso apoyaron a V. I. Lenin y reprobaron la opinión de los "comunistas de izquierda" y de otros que se oponían a la incorporación de la intelectualidad de la vieja sociedad a la construcción del Estado soviético. Además de aprobar la línea leninista, el congreso incluyó un apartado en el nuevo Programa del partido, que decía: "... La tarea de desarrollar las fuerzas productivas exige la utilización inmediata, amplia y múltiple de los especialistas de _-_-_
~^^11^^ El Comité Ejecutivo Central (CEO de toda Rusia fue hasta 1937 el órgano legislativo, ejecutivo y de control superior de la RSFSR. Era elegido por el Congreso de los Soviets de toda Rusia. Funcionó hasta el momento de ser elegido el Soviet Supremo de la RSFSR.
51 la ciencia y de la técnica que nos ha dejado el capitalismo, a pesar de que en la mayoría de los casos están penetrados inevitablemente de la ideología y de las costumbres burguesas... El partido debe, en estrecha unión con los sindicatos, seguir su línea anterior: de un lado, no hacer la menor concesión política a esta capa social burguesa y reprimir sin piedad todo conato contrarrevolucionario de ella; de otro lado, combatir con igual inclemencia la presunción falsamente radical, y de hecho ignara, según la cual los trabajadores están en condiciones de superar el capitalismo y el régimen burgués sin necesidad de aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos, sin seguir una larga escuela de trabajo junto con = ellos"~^^12^^.Sin embargo, aún después de que la política de incorporación de los intelectuales burgueses a la construcción del socialismo había sido formulada como tesis programática del partido, no cesó la acción de algunos comunistas sectarios contra la línea leninista. Poco después del VIII Congreso del partido, A. Shliápnikov, que dirigía a la sazón el Buró Central de los Sindicatos, publicó en Pravda el artículo Acerca de los especialistas, en el que acusaba a la dirección del partido de "connivencia con los especialistas" y atribuía al partido la consigna "Todo, a los especialistas''. Shliápnikov motejó al CC del partido de haberse apartado de la clase obrera y de ser complaciente con los intelectuales burgueses y exigía del partido que rechazara el servicio de los especialistas.
A comienzos de 1920, la lucha en torno a la incorporación de la intelectualidad se recrudeció con motivo de la postura del llamado grupo del "centralismo = democrático"^^13^^, que, al tiempo de defender la "infinita colegiabilidad" en la dirección de la economía nacional, condenaba la dirección unipersonal y la centralización de la administración del Estado. Los miembros de este grupo no se oponían abiertamente a la utilización de los especialistas burgueses, pero, al igual que los "comunistas de izquierda'', intentaron aprovecharse para sus fines de la desconfianza a los especialistas por parte de los obreros.
El grupo del "centralismo democrático" fue derrotado en el IX Congreso del partido, que se reunió en la primavera de 1920. _-_-_
~^^12^^ El PCUS en las resoluciones v acuerdos de los Congresos \ Conferencias \ de los Plenos del CC. t. 1. Moscú. 1970. pág. 52.
~^^13^^ El grupo del "centralismo democrático" era un grupo antipartido, que se oponía a la dirección centralizada del Estado, a la dirección unipersonal y a la participación de los especialistas de la Rusia zarista en la producción. En el fondo, este grupo rechazaba la disciplina de partido y para con el Estado y la función rectora del partido en los Soviets y en los sindicatos.
52 En el informe al congreso, V. I. Lenin mostró la total inconsistencia de los argumentos de este grupo. Defendió firmemente las tesis programáticas sobre la incorporación de los especialistas burgueses a la dirección de la economía bajo el control y la dirección del partido y del Estado. Apoyando la línea leninista, el congreso, en la senda resolución "Los especialistas en la industria" volvió a poner de relieve el gran significado de la cuestión de los especialistas para el restablecimiento y el desarrollo de las fuerzas productivas del país, reiteró las exigencias programáticas respecto a los especialistas burgueses y