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NOCIONES
DE LO QUE ERA SUDAMERICA
A MEDIADOS DEL SIGLO XVI
 

CONTORNOS DE LA TIERRA FIRME Y DE LAS ISLAS

p Mediado el siglo XVI, los españoles y los portugueses sabían a ciencia cierta que Sudamérica, muy poco fraccionada, tenía forma triangular, con el vértice dirigido al sur, y estaba unida con el macizo continental de México, por una estrecha franja de tierra, el istmo de Panamá y Tehuantepec, y luego por otra relativamente más extensa ya, con Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. Respecto al Yucatán, incluso después de su conquista se dudó aún durante cierto tiempo de si era una isla o no. Mas ya en el mapa de A. Ortelius (1570) se muestra como una península.

p La costa septentrional de Sudamérica, con las penínsulas de Paria, Araya, Paraguana y Goajira y los golfos que forman, incluidos el de Paria y el de Venezuela, a más del lago de Maracaibo, fueron descubiertos y explorados a mediados del siglo XVI por muchas expediciones españolas. Más al este, la costa de América del Sur fue recorrida por una serie de expediciones españolas y portugueses que descubrieron, en busca de un paso a la "mar del Sur”, los tres mares dulces: las desembocaduras del Oricono, del Amazonas y del La Plata, y casi todos los golfos. En consecuencia, las costas continentales del Caribe y del Atlántico quedaron relativamente bien representadas en los mapas.

p Parece una paradoja que la costa sudamericana del Pacífico se mostrase mejor en los mapas hechos antes del descubrimiento del Perú y Chile que después de haberse descubierto estos países. Y es que hasta los años 30 de ese siglo se conocían sólo dos franjas de la mencionada costa: la noroccidental, relativamente larga, y el extremo suroccidental, corto; en cuanto al litoral no explorado entre estas dos franjas, se mostraba de manera convencional, con una línea ligeramente ondulada (por ejemplo, en el mapamundi de D. Ribeiro, de 1529). Y esta línea representa casualmente mejor la dirección fundamental de la costa chileno-peruana que, por ejemplo, el mapamundi de Ortelius de 1570.

p Pese a que las cartas de marear se guardaban en secreto, pues registraban los nuevos descubrimientos, no tardaron en ser del 241 dominio público. Las copias de los mapas "rigurosamente secretos" las conseguían a menudo por elevadas sumas y, a veces, mediante ladrones, salteadores y asesinos a sueldo, los agentes diplomáticos, comerciales y financieros de los Estados europeos en las capitales y puertos pirenaicos. Los piratas que asaltaban en las rutas atlánticas las naves españolas y portuguesas mostraban, como es natural, gran interés por los mapas de que iban dotados los capitanes de las mismas. Los pilotos cautivos veíanse forzados a explicar sus cartas y experiencia de navegación a los piratas. Por otra parte, también los piratas que caían en manos de los españoles y portugueses tenían que confesar sus secretos antes de ir a la horca.

p Las monstruosas deformaciones de los contornos de Sudamérica, que se ven en algunos mapas (el de Sebastián Münster, de 1540, y el de Ortelius, de 1570), no se explican por el deseo de guardar secretos, sino por otras causas: por la incomprensión de la tierra firme fundamental, por torpes invenciones e incluso por la febril imaginación de los cartógrafos y por la utilización inadecuada de los mapas a gran escala y los libros de geografía para corregir y completar los mapas generales a pequeña escala.

En la segunda mitad del siglo XVI conocían las islas del Archipiélago de Chile, incluso una tan grande como es la de Chiloé, los navegantes españoles y los piratas ingleses, mas no los cartógrafos, quienes seguían creyendo hasta mediado el siglo XVII que la Tierra del Fuego era un saliente septentrional del continente antartico (sirva de ejemplo el mapamundi de Blavi, de 1640). Ahora bien, difícil es que llegaran a los cosmógrafos de aquella época los testimonios de los compañeros de Loaysa sobre el descubrimiento del "fin de la tierra" al sur del estrecho de Magallanes. No obstante, es raro que desconocieran el testimonio de los compañeros de Drake acerca del mar frío que se abre al sur de la Tierra del Fuego, pues la descripción del viaje de Drake alrededor del mundo fue publicada en Inglaterra a fines del siglo XVI por Ricardo Hakluyt, y la segunda edición lleva un mapa adjunto.

VOLUMEN DE CONOCIMIENTOS ADQUIRIDOS
DE LA OROGRAFÍA E HIDROGRAFÍA
DE SUDAMÉRICA

Los ^ conquistadores exploraron los Andes desde el istmo de Panamá hasta la isla de Chiloé. Los navegantes que prestaban servicio a los destacamentos de conquistadores veían en tierra firme, por el lado del océano, algo así como una cadena 242 243 ininterrumpida de altas montañas entre los 8° de latitud norte y los 44° de latitud sur. Los participantes en las expediciones sabían por experiencia propia que los Andes constaban de dos o varias cordilleras que se extendían a lo largo de los meridianos. Cuando las tramontaron en varios sitios, se enteraron de que muchos pasos se encontraban a inmensa altura. Vieron que las Cordilleras Occidentales se prolongan a menudo por la propia costa, y algunos trechos fueron denominados Cordillera de la Costa; que al norte de las largas cordilleras salen otras más cortas, o sierras; que entre las cordilleras hay hondonadas, sitas en su mayor parte muy por encima del nivel del mar y que alcanzan su máxima anchura en el centro (la desértica Puna con los grandes lagos Titicaca y Poopó). Pero estos conocimientos no fueron recogidos en los mapas generales del siglo XVI. Claro que no se debe culpar de ello a los cartógrafos, ya que para dibujar el relieve del continente no utilizaban más que fuentes escritas y, por añadidura, casuales.

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p Explorando y conquistando de norte a sur los países latinoamericanos situados a lo largo del Océano Pacífico, los españoles recorrieron en dos o tres decenios varias franjas climáticas con gran variedad de suelos y vegetación. Al subir a las montañas desde la zona de la depresión ribereña, que en algunos trechos prolongados medía sólo unos kilómetros a lo ancho, y a veces desaparecía totalmente, los conquistadores conocieron por ruda experiencia las zonas verticales muy manifiestas y las denominaron ora con palabras españolas ora con palabras indígenas. Unas y otras cuajaron en la nomenclatura geográfica o en la terminología científica físico-geográfica.

p Al noroeste, poco más o menos entre los 8° de latitud norte y los 4° de latitud sur, los conquistadores subieron del primer escalón, o tierra caliente, franja pantanosa del litoral cubierta de húmeda selva ecuatorial, al segundo escalón, o tierra templada, franja boscoso-montañosa muy húmeda, y luego al tercer escalón, o tierra fría, franja de bosque mixto y monte bajo, para llegar al cuarto escalón, o tierra helada, alta meseta entre montañas con una peculiar vegetación esteparia o páramo.

p Más al sur, aproximadamente entre los 4° y 28° de latitud sur, los españoles desembarcaron en la costa del Perú o Norte de Chile, fueron a parar a una zona del litoral desierta, muy árida, pero no tórrida debido a la influencia de la corriente fría Peruana. Denominaron esta franja, que se eleva sobre el nivel del mar en estrechos escalones relativamente bajos, con el simple nombre de 244 Costa, y las montañas que se extienden al este de ella, según fuera su situación geográfica, Cordillera Occidental, Central u Oriental. Caminaban con guías indígenas a lo largo de las abruptas vertientes desnudas o pobladas de escasos matorrales de la Cordillera Occidental, abriéndose paso hacia las quebradas más próximas o cómodas para avanzar, y subían por su seco cauce o sus tortuosas cornisas a las mesetas (Puna) esteparias o semidesérticas de entre las montañas. Tras esas mesetas se extiende la Cordillera Oriental. Los conquistadores cruzaban las mesetas, utilizando a menudo puentes colgantes a través de los ríos montañosos que, si eran grandes, fluían hacia el norte. El mayor río montañoso que corre entre las Cordilleras Occidental y Oriental recibió el nombre de Marañón  [244•22 . Después de la travesía de Orellana por el Amazonas ya no se podía suponer que el Marañón desembocara en el mar Caribe, pero los cartógrafos seguían dudando, aún diez años después, de si podía ser identificado con el Amazonas superior.

p Los buscadores españoles de Eldorado remontaron el Orinoco hasta la desembocadura del Meta, y cuando bajaron al delta vieron en la orilla izquierda sabanas pantanosas y secas, la vasta depresión de los Llanos del Orinoco, y en la orilla derecha, el extremo noroccidental del Macizo de Guayana. Los expedicionarios de Orellana cruzaron latitudinalmente la gigantesca depresión del Amazonas y, no lejos del delta, vieron una serie de elevaciones en la margen izquierda del curso bajo del Amazonas: el extremo sudeste del Macizo de Guayana. Este macizo tuvo entre los cartógrafos de la segunda mitad del siglo XVI mejor suerte que los Andes. Así, en el mapa de Ortelius los montes occidentales (¿ Andes Chilenos y Peruanos?) están demasiado alejados del Océano Pacífico e interrumpidos más allá del 10° de latitud sur, en cambio, hacia el norte del Amazonas inferior, más allá del Ecuador, se muestran las montañas latitudinales de las que escurre el Río Negro. También es posible que Ortelius las confundiera con los Andes Caribanos, descubiertos a comienzos del siglo XVI y mostrados en mapas anteriores (por ejemplo, en el de Münster).

p De los grandes ríos, para mediados del siglo XVI estaba relativamente bien explorado el sistema del La Plata. Ya en el mapa de Ribeiro, de 1529, se muestra con precisión el Paraná inferior con los cursos bajos del Paraguay y el Uruguay. Los cartógrafos 245 de los años 40 ora repiten lo que dibujó Ribeiro (Medina, cerca de 1545) o lo deforman (Mercator, 1541). Más tarde aún, Ortelius, indudablemente enterado de las expediciones españolas de los años cuarenta (Cabeza de Vaca, Irala), confunde, a pesar de todo, el Uruguay con el Paraná, el Paraná, con el Paraguay y el Paraguay con uno de sus afluentes derechos (tal vez el Pilcomayo).

p Desde mediados de siglo, los portugueses conocían únicamente el extremo oriental de la Meseta del Brasil (Macizo Brasileño). Los españoles, por su parte, cruzaron la Meseta del Brasil por los ríos del sistema del Paraná, al sur de la misma, demqstrando que, al menos algunos de estos ríos nacen en el Macizo Brasileño, cerca del mar, y descubrieron cataratas, incluida la enorme del Iguazú, fenómeno que, como se supo posteriormente, es típico de los ríos que se abren paso por la Meseta del Brasil. Los españoles recorrieron de sur a norte y de este a oeste parte del valle del La Plata y obtuvieron la primera noción parcial de la pantanosa y selvática zona deEntrerríos y de la PampaHúmedaySeca.

Por último, caminando a occidente desde el río Paraguay en busca de plata, subieron por la tórrida región del Gran Chaco, cruzando ralo arbolado y parajes semidesérticos, a la Puna, en los Andes Centrales, entablando así comunicación permanente entre La Plata y la Costa Peruana. El más conocido de los otros sistemas fluviales era el del Magdalena. Los españoles exploraron desde el curso alto hasta la desembocadura este río principal, eje del país de los chibchas y patria de Eldorado, y el aurífero Cauca, su mayor afluente.

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Notes

[244•22]   No se ha aclarado si la denominación viene del portugués “maranha” (maraña) o “maranhan” (invención). Es posible que sea una coincidencia casual. En el norte del Brasil hay toda una región que se llama Maranhan, denominación que ha quedado también para un Estado brasileño.